miércoles, 26 de mayo de 2010
ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (5 de 8)
La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. También esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia.
romereportsesp — 21 de mayo de 2010 — www.romereports.com
sábado, 22 de mayo de 2010
PENTECOSTÉS
EL ESPÍRITU SANTO
San Cirilo de Jerusalén
EL AGUA VIVA DEL ESPÍRITU SANTOEl agua que yo le daré se cnvertirá en él en manantial de agua viva, que brota para comunicar vida eterna.
Se nos habla aquí de un nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los que son dignos de ella.
Mas ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu?
Porque el agua es condición para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos, porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque deslizándose en uncurso siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo, ella es siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.
De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno solo siempre el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito. Y, del mismo modo que el árbol seco, el recibir el agua, germina, así también el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de justicia.
Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos efectos, según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.
En efecto, se sirve de la lengua de uno para comunicar la sabiduría; a otro le ilumina la mente con del don de profecía; a éste le da el poder de ahuyentar los demonios; a aquél le concede el don de interpretar las Escrituras. A uno lo confirma en la temperancia; a otro lo instruye en lo pertinente a la misericordia; a éste le enseña a ayunar y a soportar el esfuerzo de la vida ascética; a aquél a despreciar las cosas corporales; a otro más lo hace apto para el martirio.
Así se manifiesta diverso en cada uno, permaneciendo él siempre igual en sí mismo, tal como está escrito: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad.
Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás.
Y del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y, levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba."
San Cirilo de Jerusalén
Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1, 11-12: 16
Patrología Griega 33, 931-935, 939-942
Se lee en el Oficio de Lecturas del lunes VII después de Pascua
Liturgia de las Horas, Tomo II, pp. 984-985
Si por inadvertencia he publicado una foto que tiene derechos reservados le ruego me avise para bajarla del blog y le pido mis disculpas bojorgeh@gmail.com
miércoles, 19 de mayo de 2010
ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (4 de 9)
4 El Magisterio de Juan Pablo II sobre el sufrimiento
Para referirnos sólo al Magisterio más reciente, recordemos que el Papa Juan Pablo II, ha vuelto a proponernos en su carta encíclica Salvifici Doloris, sobre el valor salvífico del sufrimiento, la enseñanza cristiana sobre el sufrimiento humano y en particular del cristiano:
"El sufrimiento - enseña el Papa - está en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo".
En este amor enseñado por el sufrimiento y aprendido en él, se realiza totalmente y alcanza
su dimensión definitiva el significado salvífico del sufrimiento.El sufrimiento es pues una escuela de amor y una fuente de amor (Salvifici Doloris Nº 30).
Esta encíclica de Juan Pablo II es una cumbre de la literatura universal sobre el misterio del sufrimiento y sobre su sentido divino: teológico y místico.
El Papa alude a dos formas del sufrimiento:
1) sufrimiento con Cristo y
2) sufrimiento por Cristo.
Con Cristo, porque, como hemos visto, los sufrimientos de los justos antes de Cristo y de los discípulos después de El, son comunión y participación en el sufrimiento salvador de Cristo.
Es Él quien sufre en todos ellos. Junto con Cristo, verdadero hombre, los cristianos aprenden mediante la pedagogía del sufrimiento:
"y aprendió sufriendo a obedecer" (Hebreos 5,8).
Obedecer es un sinónimo bíblico de amar. Cristo aprendió sufriendo a amar a Dios, obedeciéndolo y sirviéndolo con sus obras, abrazando su voluntad y cumpliéndola.
Por eso Jesús: "habiendo sido probado en el sufrimiento puede ayudar a los que se ven probados" (Hebreos 2,18).
Sufrir por Cristo como se anuncia en las bienaventuranzas:
"Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa" (Mateo 5,11).
Aún cuando promete el ciento por uno a los que lo sigan, dejando algo por él, Jesús no esconde que esto sucederá con persecuciones (Marcos 10,30).
Por Cristo y con El, tendrán que sufrir sus discípulos lo que El y como El.
Por Cris
to sufrió Juan Pablo II el atentado y con él sufrió por su Cuerpo místico, ofreciendo toda su vida de manera ejemplar, con Cristo al Padre.Esto nos lleva pues a considerar, a continuación, un aspecto específico del sufrimiento de Cristo: "Convenía que el Mesías padeciera ‘estas cosas’ para entrar ‘así’ en su gloria".
Muchos son los dolores de la Pasión, y a quien los medita y considera atentamente le parece que agotan el repertorio de los posibles sufrimientos humanos, morales y físicos.
Pero cuando el Resucitado explica a los de Emaús que el Mesías debía padecer estas cosas (en griego tauta: estas cosas.). para entrar así en su gloria: ¿se refiere al conjunto de los sufrimientos padecidos? ¿A alguno en particular? ¿A qué aspecto de la pasión se refiere? Se refiere, a mi parecer, al principal motivo del escándalo de los de Emaús.
A responder a estas preguntas apuntan las entradas que seguirán.
miércoles, 12 de mayo de 2010
ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (3 de 9)
"El - Jesucristo - es quien sufría tantas penalidades en la persona de muchos otros: El es quien fue muerto en la persona de Abel y atado en la persona de Isaac, El anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue vendido en la persona de José, él fue expósito en la persona de Moisés, degollado en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la persona de los profetas" (Melitón de Sardes)
Imagen: El cordero (Zurbarán)
3. El sufrimiento como pedagogía purificadora de los justos
3.1 El Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento conoce ya el tema de la purificación del justo por los sufrimientos:
"Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba ... porque en el fuego se purifica el oro y los adeptos de Dios en el horno de la humillación" (Eclo. 2,1-5).
"Debemos dar gracias al Señor Nuestro Dios que ha querido probarnos como a nuestros Padres. Recordad lo que hizo con Abraham, las pruebas que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando pastoreaba el rebaño de Labán, el hermano de su madre. Cómo les puso a ellos en el crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros, los que nos acercamos a El, no para castigarnos, sino para amonestarnos" (Judit 8,25.27).
Así se arroja nueva luz sobre el misterio del sufrimiento de los justos, que no es castigo por los pecados. A los malos Dios los corrige con castigos saludables, para tratar de despertarlos de sus pecados:
"para que aprendan que por allí mismo por donde uno peca por allí es castigado" (Sabiduría 16,1).
De esta manera Dios les revela: "que el juicio de Dios les es hostil" (Sabiduría 16,18).
En cambio, a los justos, como a Job, el Señor los introduce en su misterio a través de sufrimientos:
"meditaba yo para entenderlo, pero me resultaba muy difícil: hasta que entré en el misterio de Dios..." (Salmo 72,16-17).
Con esta doctrina sapiencial que explica el motivo de los sufrimientos y pruebas del justo, los sabios del Antiguo Testamento salieron al encuentro de ese gran escándalo, que se ventila especialmente en el libro de Job y que matiza la aplicación de su doctrina sobre la retribución.
Es también el argumento que agitan los salmos 36 y 72. Sólo que estos tratan otro aspecto problemático de la realidad de la vida, que debe reconciliarse con la doctrina sapiencial sobre la retribución: el éxito irritante y la bienandanza escandalosa de los malvados.
La doctrina del justo sufriente en al Antiguo Testamento no es sólo un tema de la doctrina de los sabios, mero objeto de meditación sapiencial. Es también una cumbre acerca de la salvación mesiánica, en la figura del Siervo sufriente (Isaías 53). Es con esta figura mesiánica del siervo sufriente que va a enlazar la predicación de Jesús.
3.2 El Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento recogerá explícitamente esta doctrina del valor pedagógico y salvador de los sufrimientos del justo.
Así por ejemplo, leemos en la Carta a los Hebreos: "Sufrís para vuestra corrección". En los sufrimientos de los creyentes se muestra el amor de Dios Padre: "a quien ama, el Señor le corrige y azota a todos los hijos que acoge ... como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? (Hebreos 12,5-8).
El valor salvífico del sufrimiento es también un tema importante en el Nuevo Testamento: "necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido" (Hebreos 10,36).
En las pruebas se han de demostrar las virtudes; más aún, las pruebas las producen y aumentan: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo que es la Iglesia" (Colosenses 1,24).
Pablo sabe y enseña que la paciencia en las tribulaciones es el camino propio del discípulo: "la tribulación engendra la paciencia; la paciencia engendra la virtud probada; la virtud probada la esperanza, y la esperanza no falla ... " (Romanos 5,3-4).
Y la misma enseñanza se repite en las Cartas de Pedro y de Santiago: "Alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo" (1ª Pedro 4,13). "Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento, pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas" (Santiago 1,3).
En la tribulación se ejercita la paciencia: una ciencia cristiana del sufrimiento, una sabiduría que Dios enseña a los suyos mediante pruebas pedagógicas y santificantes. Hay pues una pedagogía de la tribulación, por la que el discípulo se configura con su Maestro. Jesús lo enseña claramente: "el que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz y me siga" (Marcos 8,34). "Es necesario que pasemos por muchas persecuciones para entrar en el Reino de Dios" (Hechos 14,22).
3.3 Los Santos Padres
En la tradición patrística se continúa profundizando en este "evangelio del sufrimiento".
Véase por ejemplo cómo reexpone el tema una autor antiguo:
"El - Jesucristo - es quien sufría tantas penalidades en la persona de muchos otros: El es quien fue muerto en la persona de Abel y atado en la persona de Isaac, El anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue vendido en la persona de José, él fue expósito en la persona de Moisés, degollado en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la persona de los profetas" (Melitón de Sardes, Homilía sobre la Pascua Sources Chrétiennes T. 123, Nº 65-71, pp. 95-101. El trozo lo leemos en el Oficio Divino, como segunda lectura, en el Oficio de Lecturas del Jueves Santo (T.2, pp. 432-433)
En los sufrimientos de Cristo se ha manifestado, por lo tanto, un Misterio que estaba sucediendo y preparándose desde siglos y generaciones en los sufrimientos de los justos anteriores a El y que se manifiesta ahora en los santos (Colosenses 1,26).
Ese mismo misterio, manifestado en Cristo, ilumina ahora el sentido de los padecimientos de los creyentes. Es Cristo quien padece en ellos: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hechos 9,4-5). Es Cristo quien sigue sufriendo en nosotros, que somos su cuerpo, como antes sufría en la persona de los justos del Antiguo Testamento.
La comunión de los santos es también una comunión en los padecimientos (Filipenses 3,10). Los de Cristo son de todos; los de los discípulos son de Cristo: "El que a vosotros desprecia a mí me desprecia" (Lucas 6,16); "lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mateo 25.40.45). Cuando Pedro hace tropezar a Jesús, nos hace tropezar a todos, y por eso Jesús lo corrige mirando a los discípulos (Mateo 16,23).
El que hace tropezar en el camino del seguimiento a un pequeño, es como quien hace tropezar a Cristo (Mateo 18,6; Marcos 9,42).
miércoles, 5 de mayo de 2010
ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (2 de 9)
Ungido contra UngidoEl argumento del Ungido contra ungido, pertenece a la esencia de aquella consolación pascual de los de Emaús y alimentaba el fuego que sentían arder en sus corazones mientras Jesús les iba explicando por el camino este misterio a la luz de las Escrituras, cuyo evidencia les abrasaba el corazón.
2 La Consolación que dan las Escrituras
Jesús resucitado les sale al paso en el camino a los discípulos de Emaús, escandalizados por el conflicto entre los príncipes del pueblo, ungidos de Dios, y Jesucristo, también ungido, como el Mesías.
Jesús los consuela mediante la explicación de las Sagradas Escrituras, demostrándoles que, según ellas: "Era necesario que el Ungido padeciera "estas cosas" y entrara así en su gloria" (Lucas 24,26-27.44-48).
Es este un primer ejemplo magistral y ejemplar, dado por Jesús mismo, de lo que en la tradición cristiana se conocerá como "el consuelo que dan las Escrituras":
San Ignacio de Loyola, en la cuarta semana de sus Ejercicios Espirituales, invita al ejercitante que contempla los misterios de la resurrección del Señor, a que se detenga a contemplar "el oficio de consolar que Cristo Nuestro Señor trae" (EE 224 y 303).
El argumento del Ungido contra ungido, pertenece a la esencia de aquella consolación pascual de los de Emaús y alimentaba el fuego que sentían arder en sus corazones mientras Jesús les explicaba este misterio en las Escrituras.
Pretendo aventurarme a reconstruir aquí el posible contenido de aquella argumentación escriturística de Jesús resucitado, quien los consuela explicándoles lo que había en todas las Escrituras referente a sí mismo, y mostrándoles que, en ellas, se habla de la necesidad de que el justo no solamente padeciera, sino que padeciera estas cosas, algo así.
En esta "ley del sufrimiento" que va a transformarse en "evangelio del sufrimiento", hay dos facetas que merecen ser señaladas a la atención del ejercitante, pero también de todo cristiano: una es la purificación de los justos por medio de los sufrimientos, y el valor pedagógico de las pruebas y tribulaciones. Otra es una forma particular y específica de la tribulación: la persecución de un elegido a manos de otro elegido, el sufrimiento que un ungido infiere a otro ungido.
Vamos a ocuparnos en ésta y subsiguientes entradas, de exponer ambos aspectos.
miércoles, 28 de abril de 2010
ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (1 de 9)
Ungido contra Ungido"Era necesario que el Mesías padeciera estas cosas"
(Lucas 24,26)
" El Oficio de Consolar que Cristo trae"
(EE 224 y 303)
El drama de la acedia, que no entendían los discípulos de Emaús, es un misterio que se encuentra a lo largo de toda la historia de la salvación. Ese drama ilumina particularmente las situaciones de acedia eclesial. Por eso me pareció oportuno reproducir aquí este estudio que se ocupa de la acedia ante la Cruz, de la rivalidad entre miembros de un mismo pueblo de Dios, y de los remedios que Dios mismo quiso poner a este mal. A lo largo de las siguientes ocho entradas trato de explorar cuál pudo ser el contenido de la explicación de las Sagradas Escrituras que Jesús les dio a los discípulos y con la que les ardía el corazón por el camino.
1 El Escándalo de la Cruz
La muerte de Nuestro Señor Jesucristo les resultaba a los discípulos de Emaús particularmente incomprensible porque había sucedido por sentencia de "nuestros sumos sacerdotes y magistrados". Lo que les resultaba más desconsolador y escandaloso era que hubiese muerto así.
Se trata del hecho doloroso e incomprensible de la muerte de un ungido a manos de otro ungido. De "un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo" a manos de "nuestros sacerdotes y magistrados", o sea del pueblo elegido de Dios representado por sus autoridades.
El término ungido lo usamos, en esta exposición, unas veces en su sentido estricto y propio de Mesías-Cristo y otras veces en un sentido más amplio, de: elegido, amado, predilecto. En el vocabulario del amor, los términos latinos diligere-dilectus-dilectio y sus derivados castellanos dilección-dilecto-elegido-electo denotan que el amor implica siempre una elección (Josef Pieper ha tratado este tema en su estudio El amor, Rialp, Madrid 1972).
El drama arquetípico de Caín-Abel lo desata el hecho de que Dios prefirió la ofrenda de Abel.
Nos llevaría demasiado lejos y por caminos intelectuales ajenos a nuestra finalidad espiritual, entrar en las profundidades de este tema por vía filosófica o teológica.
Pero el drama evangélico, por sus propios caminos, - que son los de Jesús y el pueblo elegido, sus príncipes y sus magistrados -, nos sumerge en él.
El arquetipo bíblico del Ungido contra ungido, que queremos bosquejar aquí, tiene un valor de test exploratorio de nuestro corazón. Nos ayuda a darnos cuenta de que, quizás, tampoco nosotros tenemos paz con el hecho de que Dios tenga preferencias. Esa cutirreacción del alma, cuando da positivo, muestra que, en donde estos relatos sacan roncha, existe el virus de la acedia y la envidia (Pueden verse los estudios de René Girard de sobre la violencia y la envidia: La violence et le sacré, Paris 1972).
El arquetipo bíblico arroja luz sobre conflictos familiares, entre hermanos, esposos, padres e hijos; en las comunidades parroquiales, religiosas; en el seno de movimientos laicales. En general, puede iluminar la significación espiritual de la existencia de conflictos en la Iglesia, que implican a personas que quieren servir a Dios y sin duda son amadas todas ellas por El
Por eso, este estudio bíblico puede iluminar también la significación espiritual de la existencia de conflictos en la Iglesia entre personas que quieren servir a Dios.
En efecto, al publicar inicialmente este artículo en el Boletín de Espiritualidad (Set-Oct 1991) Nº 131, pp.8-15, el P. Miguel Ángel Fiorito S.J. agregó en este lugar la siguiente Nota de la Redacción:
“Por ejemplo, entre superior y súbdito. Ambos buscan un "bien": el súbdito por ejemplo, la "eficacia" en la acción... o la "justicia"; pero mezclado con algo que no es "bueno" (en este mismo caso, la "desobediencia"... o la "desunión"). Siempre en el caso de conflicto entre el superior y el súbdito - y cuando la tentación de éste es "debajo de especie de bien" - no es un despropósito pensar que el superior ceda, como lo hizo, en un caso, San Ignacio con Rodrigues, pues dice: "...no favoreciendo tanto como él quisiera a las muchas mociones para aprovechar las ánimas en tierras de infieles; con todo, pienso yo, según que ha más de diez años que este espíritu le sigue, y a nosotros mismos nos escribe, que será menester condescender a sus deseos, esperando que, si son de Dios Nuestro Señor, todo redundará a su mayor gloria y honor; y si son de otro, siendo su voluntad sana y buena intención, el mismo Señor le hará vencedor y le dará victoria sobre todo, a mayor gloria suya" (Cartas de San Ignacio 2,307). En todos estos casos de "conflicto" intraeclesial la tentación no es "grosera y abierta..." (EE 9), sino debajo de especie de bien" (EE 10).
Esta es la primera entrada de ocho, en que presentaré un pasaje del libro “Mujer ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia” (Editorial Lumen, Buenos Aires 1999),
Una primera versión más breve de este escrito se publicó en forma de artículo titulado: Ungido contra Ungido, en: Boletín de Espiritualidad (Prov. Argentina de la Compañía de Jesús (Set.-Oct. 1991) Nº 131, pp.8-15 [A propósito de Lucas 24,26-27 en el contexto de los Ejercicios y del Oficio de consolar que Cristo trae, EE 224,303]
miércoles, 21 de abril de 2010
JESUCRISTO SABIDURÍA DEL PADRE
Prólogo de Santo Tomás de Aquino a su comentario al Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo "Yo, la Sabiduría, derramé los ríos;
yo, como un canal de un río de ingentes aguas;
Yo [soy] como un acueducto [derivado] de un río,
y como una acequia salí del Paraíso.
Dije: regaré el huerto de mis plantíos,
y me embriagaré con el fruto de mi prado [variante: parto]"
(Eclesiástico 24, 40ss)
Entre las muchísimas definiciones que se han dado de la verdadera Sabiduría, el Apóstol Pablo dio una, particularmente cierta y verdadera, cuando dijo:
"Cristo es el poder y la sabiduría de Dios... y ha sido constituido por Dios en sabiduría nuestra" (1 Cor 1,24.30).
Con lo cual no quiso decir que sólo el Hijo sea Sabiduría; puesto que tanto el Padre como el Hijo, como también el Espíritu Santo, son una misma Sabiduría, así como son una misma esencia. Sino que la sabiduría se dice con cierta propiedad del Hijo, debido a que las obras de la Sabiduría parecen convenir mucho con las obras que son propias del Hijo.
En efecto,
1) QUE LA REVELACIÓN DE LAS COSAS DIVINAS PERTENEZCA A LA SABIDURÍA DE DIOS, ES EVIDENTE:
por el motivo de que el mismo Dios se conoce a sí mismo en su Sabiduría.
Por lo cual, si nosotros conocemos algo de Él, es necesario que lo que de Él conocemos, venga de su Sabiduría, pues el conocimiento imperfecto viene del perfecto, por lo que dice el libro de la Sabiduría 9, 17: "¿quién conocerá tu voluntad si tú no le das sabiduría?".
Pues bien: este don o revelación sucede especialmente por medio del Hijo, pues es el Verbo del Padre, según dice S. Juan 1; por lo cual se ve que le es propia la revelación del Padre que se dice a sí mismo y de toda la Trinidad. Por esto dice Mt 11, 27: "nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quisiere revelar" y Jn 1,18: "A Dios nadie lo vio jamás, sino el Unigénito que está en el seno del Padre".
Por eso se dice con verdad de la Persona del Hijo: "Yo, la Sabiduría derramé los ríos". Entiendo por estos ríos, el fluir de la Procesión eterna, por la cual, de manera inefable, procede del Padre el Hijo, y el Espíritu Santo de ambos. Estos ríos (de la procesión eterna) estaban antes ocultos y como confundidos en la semejanza de las creaturas, o también en los enigmas de las Sagradas Escrituras, de tal manera que apenas algunos sabios pudieran alcanzar por la fe el misterio de la Trinidad. Vino el Hijo de Dios, y como que derramó aquellos contenidos ríos, publicando el Nombre de la Trinidad: "Enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19). Por lo cual dice Job: "escrutó la profundidad de los ríos y sacó a luz las cosas ocultas" (Job 28, 11).
Y de esto trata la materia del primer libro.
2) LO SEGUNDO QUE TOCA A LA SABIDURÍA DE DIOS ES LA PRODUCCIÓN DE LAS CREATURAS.
Porque Él, tiene una Sabiduría de las cosas creadas que no sólo es especulativa, sino también práctica, como la que tiene el artista o artesano de sus creaciones. Por lo que dice el Salmo "Todo lo hiciste con Sabiduría" (Sal 103). Y en los Proverbios dice la misma Sabiduría: "Estaba con Él, haciéndolo todo" (Prov. 8, 30).
Y esto también se encuentra atribuido en forma especial al Hijo, en cuanto que es imagen de Dios invisible, según cuya forma todo recibió forma. Por eso dice Col 1,1 5: "Que es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura, pues en Él fueron fundadas todas las cosas". Y Jn 1,3: "todas fueron creadas por Él".
Por lo tanto, se dice con razón de la persona del Hijo: "Yo soy como un canal de un río de ingentes aguas". Con lo cual se apunta tanto al orden como al modo de la creación.
Al orden: pues así como el canal deriva del río, así el proceso temporal de las creaturas, deriva del proceso eterno de las Personas divinas. Por lo cual dice el Salmo 148,5: "Dijo y fueron hechas". Esto es: Dijo, que es: engendró al Verbo, en el cual estaba el que se hiciera (in quo erat ut fieret), según explica San Agustín (De Genesi ad Litteram 1,2). Pues siempre lo que es primero es causa de lo que es después, según Aristóteles (2 Metaf. 4). Por lo que el primer proceso es causa y razón de toda procesión ulterior.
En cuanto al modo, se significa en relación a dos términos: es decir:
1) de parte del Creador, que aunque llene todas las cosas (como el agua el canal o el lecho del río) no es conmensurable con ellas, y esto se señala diciendo: inmensas, ingentes aguas.
2) Y de parte de la creatura, porque así como el canal procede del cauce del río, así la creatura procede de Dios, pero fuera de la unidad de la Esencia, en la cual está como en su propio cauce, la procesión de las Personas divinas. Y de esto se ocupa el segundo libro.
3) LO TERCERO QUE TOCA A LA SABIDURÍA DE DIOS ES LA RESTAURACIÓN DE SUS OBRAS.
Porque una cosa debe ser restaurada por aquello mismo por lo que fue hecha. Y lo que ha sido hecho por la Sabiduría debe ser reparado por ella. Como dice Sabiduría 9, 19: "Por la Sabiduría fueron sanados los que te agradaron desde un principio".
Pues bien, esta reparación fue hecha de manera especial por el Hijo en cuanto que éste se hizo hombre, y reparado el estado del hombre, reparó de alguna manera todo lo que había sido creado para el hombre, por lo cual dice Col 1,20: "Reconciliando por Él todas las cosas, en los cielos y en la tierra"
Y por esto se dice con razón de la persona del Hijo: "Yo [soy] como un acueducto [derivado] de un río, y como una acequia salí del Paraíso". Este Paraíso es la gloria del Padre, desde donde se derramó en el valle de nuestra miseria. No perdió su gloria. Esta se ocultó. Por lo cual dice Jn 16,28: "Salí del Padre y vine al mundo". Y acerca de este salir, hay que notar dos cosas: 1) el modo; 2) el fruto.
Pues el acueducto es un torrente impetuosísimo, con lo cual se describe el modo, que fue con un ímpetu de amor, como Cristo consumó el misterio de nuestra reparación. Por lo cual dice Isa 59,19: "habiendo venido como un torrente impetuoso y empujado por un Espíritu de Dios".
Y al fruto alude la frase: "como una acequia". O sea como éstas se separan y dividen a partir de un mismo origen para fecundar el terreno, así Cristo, del cual fluyeron diversidad de gracias para implantar la Iglesia, según se dice en Ef 4,11: "A unos dio el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores, para la consumación de los santos en la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo".
Y a esto toca la materia del tercer libro, en cuya primera parte se trata del misterio de nuestra reparación y en la segunda de las gracias que nos otorgó Cristo.
4) LO CUARTO QUE PERTENECE A LA SABIDURÍA DE DIOS, ES LA PERFECCIÓN, O EL PERFECCIONAMIENTO, CON EL QUE LA CREATURA SE CONSERVA PARA SU FIN.
Pues quitado el fin, sólo queda la vanidad, cosa que la Sabiduría no tolera; por lo que dice Sabiduría 8,1 que la Sabiduría: "abarca fuertemente de un extremo al otro y todo lo dispone suavemente". Cada cosa, cada uno, se dice que está dispuesto cuando está colocado en aquel fin al cual tiene por naturaleza.
Y esto también pertenece de modo especial al Hijo, quien siendo el Hijo verdadero y natural de Dios, nos introdujo en la gloria de la herencia paterna, según Hebr. 2,10: "Convenía que Aquél por quien fueron creadas todas las cosas, llevara muchos hijos a la gloria".
Por esto se dice bien: "regaré el huerto...". Pues para conseguir el fin, se exige una preparación que quite lo que no ayuda para obtenerlo. Así Cristo, preparó la medicina de los sacramentos, que, curando la herida del pecado, nos introduce en la meta de la gloria.
Por lo cual, en lo dicho notemos dos cosas:
1) la preparación por los sacramentos;
2) la introducción en la gloria.
Lo primero lo sugieren las palabras: "dije: regaré el huerto", o sea la Iglesia, según el Cantar 4,12: "Huerto cerrado, hermana, esposa mía", en la cual hay variados plantíos: los diversos órdenes de santos, plantados por la mano de Dios. Y este huerto lo riega Cristo con los ríos de los sacramentos, que brotaron de su costado. Por eso, encomiando la belleza de su Iglesia dice en Num 25,5: "¡Qué bellas son tus tiendas Jacob!" Y sigue: "como huertos junto a ríos abundantes". Y los ministros de la Iglesia riegan (1 Cor 3,6): "Yo planté, Apolo regó".
Y la introducción en la gloria: "me embriagaré en el fruto de mi parto" [o prado: San Tomás escoge aquí y comenta una variante textual, que lee partus en vez de pratus]. Cristo engendró a sus fieles como una madre, con su dolor. Dice Isa 66,9: "Acaso yo que hago dar a luz ¿no daré a luz yo mismo?". El fruto de la fecundidad de Dios son los santos que están en la gloria, Cant 5,1: "Vendrá mi amado y comerá el fruto de sus manzanos". Estos santos están embriagados de gozo, Salmo 35,9: "Se embriagarán en la abundancia de su casa". Se la llama embriaguez, porque excede toda medida de la razón o del deseo, Isa 64, 4: "Ni ojo vio, Señor, fuera de ti, lo que tienes preparado a los que te buscan". Y aquí se toca la materia del cuarto Libro (1. Sacramentos y 2. Resurrección).
Y queda clara, por lo dicho, la intención del libro de las Sentencias de Pedro Lombardo.
(Traducción del P. Horacio Bojorge)
miércoles, 14 de abril de 2010
EN UN PRINCIPIO ERA EL VERBO
Para entender mejor el prólogo
del evangelio según san Juan
En el Targum palestino del Pentateuco:
Neophyti 1

1) El Verbo de Dios, o la Palabra de Dios, (en griego el Lógos tou Theou), es el Personaje principal del prólogo del Evangelio según San Juan. Él era, es y será. Por eso Juan lo llamará "Alfa y Omega".
El Verbo de Dios, hecho carne en Jesucristo, es el personaje central no solamente del Prólogo sino de todo el Evangelio y a él se refieren también las Cartas y el Apocalipsis.
2) El Verbo era antes de todo. De ahí que el Evangelio de Juan comienza con una mirada hacia “el principio”. Pero el Verbo será hasta el fin: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Y por eso, el Evangelio según san Juan termina con una mirada hacia el fin de los tiempos, que tiene su prolongación en el libro del Apocalipsis. Alfa y Omega, Principio y fin. Entre esos dos paréntesis, se encierra la manifestación histórica de la Palabra hecha Carne: el ministerio público del Señor en Palestina.
3) Durante mucho tiempo, muchos estudiosos de la Sagrada Escritura pensaban que Juan había tomado el término “Logos” del universo cultural griego-helenístico. De hecho autores judíos como Filón de Alejandría habían entrado en diálogo con la cultura helenística, la cual dejó su impronta en su pensamiento y en sus obras. No hay que asombrarse de que esa cultura hubiera influido en el judaísmo palestino a consecuencia de la prolongada dominación griega sobre el judaísmo palestino y de la diáspora de muchos judíos en el mundo mediterráneo.
Pero en 1956
Este descubrimiento vino a demostrar, que el Logos o Verbo del evangelio según San Juan no era el Logos griego helenístico, sino la traducción del davar o palabra del Señor del Pentateuco hebreo, con el término "memrá" en el arameo palestinense, que era la lengua vulgar en la Palestina de los tiempos de Jesús. La lengua en que habló y predicó Jesucristo.
En la traducción del Pentateuco al arameo palestinense, el equivalente al davar hebreo y al logos griego, es el término "memrá", o "memrá de Adonay".
4) ¿Cuál era el origen de esa traducción del Pentateuco hebreo al arameo vulgar palestino? Su origen estaba en el culto sinagogal. Los judíos del tiempo de Jesús ya no hablaban ni entendían el hebreo. Por lo tanto, aunque en sus sinagogas la lectura del Pentateuco y los profetas se siguiera haciendo en hebreo, era necesario traducirles a los asistentes lo que habían oído leer en hebreo a la lengua arameo-palestina que ellos hablaban y entendían.
Por los mismos motivos, entre los judíos de la diáspora egipcia y griega había surgido la traducción griega de los Setenta o Septuaginta, del Antiguo Testamento. Pues los judíos de la diáspora tampoco entendían ya el hebreo de los textos que se les leían en sus sinagogas, y debía dárseles una traducción en griego que pudieran entender.
En las sinagogas palestinas de los tiempos de Jesús la traducción se hacía al arameo palestino, que era una forma del arameo occidental y era la lengua que habló Jesús desde niño.
5) Después de leer el texto hebreo, un traductor traducía oralmente lo antes leído. Esta traducción oral se llamaba el Targum, y el traductor era el meturgeman. La traducción no se leía, para evitar que se creara confusión entre el texto sagrado escrito y la traducción no sagrada.
Sólo más tarde esas traducciones se fueron fijando por escrito dando lugar a diversos textos targúmicos que hoy se conocen como Targum Onkelos, Jonathan, de Job, etc. etc.
6) Hasta el año 1956 no se conocía ningún texto escrito que diera acceso al Targum palestino de los tiempos de Jesús. Solamente se conocían algunos fragmentos que aparecían en los márgenes de los otros targumes posteriores y que se atribuían por hipótesis a un más antiguo Targum palestino, conocido como “Targum fragmentario”.
Pues bien, en 1956, el P. Alejandro Díez Macho encontró en la Biblioteca Vaticana un manuscrito clasificado como Targum Onkelos Pero cotejándolo con los demás targumes, comprobó que no era tal, sino ¡un “Targum fragmentario”! pero ¡Oh sorpresa! ¡Completo! ¡Contenía todos los fragmentos marginales conocidos a través de los targumes posteriores! Los targumes posteriores habían citado en sus márgenes, fragmentos de este antiguo Targum Palestino.
El estudio científico del Targum descubierto por Díez Macho, mostró - ¡oh gratísima sorpresa! - que era, nada menos que la traducción del Pentateuco al arameo palestinense que se recitaba en las sinagogas en el tiempo de Jesús. O sea el Targum que Jesús y sus contemporáneos oían en sus sinagogas después de la lectura del texto hebreo.
7) ¿Cómo había llegado ese manuscrito arameo que contenía el Targum Palestinense a la Biblioteca Vaticana?
San Ignacio de Loyola, estando en Roma, había iniciado la idea de erigir una casa donde acoger y proteger a judíos y musulmanes convertidos al cristianismo. El 1 de setiembre de 1577 el Papa Gregorio XIII fundó la “Pia Domus Neophytorum”, o sea un hogar para los neófitos que llevó el nombre de Collegium Ecclesiasticum adolescentium neophytorum.
A ese colegio llegaron algunos neófitos judíos que trajeron consigo manuscritos entre los cuales estaba el Targum palestino de los tiempos de Jesús conocido y publicado ahora como Targum Neophyti 1.
8) Los targumim arameos no son traducciones literales del texto hebreo. Contienen sus glosas o paráfrasis, es decir breves comentarios explicativos. Estos comentarios, sin embargo, no son caprichosos ni arbitrarios, sino que tienen su fundamento exegético y explican las palabras de un texto a la luz de su sentido en otros pasajes. Lo mismo sucede con el Targum Neophythi, que contiene algunas glosas muy notables para explicarnos ciertos pasajes del evangelio según san Juan como argumentaciones basadas en la tradición oral existente en el judaísmo palestino de los tiempos de Jesús.
9) Esto ha permitido revisar muchas afirmaciones acerca del carácter helenístico y griego del evangelio de San Juan, y afirmar que por el contrario, sería el más palestino de los cuatro evangelios y por eso, quizás, aunque no fuese el más antiguo, recogería la tradición más primitiva y cercana a la cuna palestina de la Iglesia.
10) Veamos por ejemplo cómo traduce el comienzo del libro del Génesis el Targum Neophyti 1 y podremos comprobar cómo esta traducción ilumina el sentido del Prólogo del evangelio según san Juan:
11) Génesis 1,1 - 2,4 traducido e interpretado por el Targum Neophyti 1
1 “Desde el principio, con sabiduría, el Hijo de Yahveh (bará’ di yy) terminó los cielos y la tierra.
2 Y la tierra estaba vacía y caótica y deshabitada de hombres y bestias y vacía de todo cultivo de plantas y de árboles y la oscuridad se extendía sobre la faz del abismo y un espíritu de amor de delante de Yahweh (rúaj dirajamim miqédem yy) soplaba sobre la faz de las aguas.
3 Y dijo el Verbo de Yahweh (‘amar memrá’ diyy ) : haya luz; y hubo luz según la orden de su Verbo.
4 Y fue manifiesto ante Yahweh que la luz era buena; y el Verbo de Yahweh separó la luz de las tinieblas.
[Compárese con el evangelio según san Juan: "La palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba y el mundo fue hecho por ella, pero el mundo no la conoció Juan 1, 9-10; La luz brilla en las tinieblas pero las tinieblas no la recibieron" Juan 1,5]]
5 Y llamó el Verbo de Yahweh a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y hubo tarde y hubo mañana; el orden (seder) del trabajo de la creación: el día primero.
6 Y dijo el Verbo de Yahweh: haya el firmamento en medio de las aguas y divida las aguas inferiores de las aguas superiores.
7 Y creó (bara’) Yahweh el firmamento y separó (parash) las aguas que estaban debajo (min tájat) del firmamento de las aguas que estaban encima (di mel'al) del firmamento, y fue así según su Palabra (memrá).
8 Y el Verbo de Yahweh llamó cielos al firmamento. Y hubo tarde y hubo mañana; el orden (seder) de la creación: día segundo.
9 Y el Verbo de Yahweh dijo (‘amar): congréguense las aguas de debajo de los cielos en un lugar y déjese ver lo seco. Y fue así según su Palabra (memrá)
10 Y el Verbo de Yahweh llamó a lo seco tierra y al lugar de la reunión de las aguas llamó el mar. Y fue manifiesto delante de Yahweh que era hermoso y bueno.
11 Y dijo el Verbo de Yahweh: brote la tierra brotes de hierba que germinen semilla (y) árboles frutales productores de frutos según su especie, (árboles) de los que y en los que (broten) plantas sobre la tierra. Y así fue según su Palabra. (memrá)
12 Y la tierra brotó brotes de hierba germinadores de semilla según sus especies (y) árboles frutales productores de frutos (árboles) de los que y en los que (broten) plantas según sus especies. Y fue manifiesto delante de Yahweh que era hermoso y bueno.
13 Y hubo tarde y hubo mañana; orden del trabajo de la creación: día tercero.
14 Y Yahweh dijo: haya lumbreras en el firmamento de los cielos para dividir el día de la noche y hagan de señales de tiempos (sagrados) y sirvan para consagrar con ellos la intercalación de lunas y meses.
15 Y brillen en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y así fue según su Palabra (memrá)
16 Y el Verbo de Yahweh creó (bará’) las dos lumbreras grandes - la lumbrera grande para ser regidora (shlit) del día y la lumbrera pequeña para ser regidora de la noche - y el orden (sedur) de las estrellas.
17 Y la gloria de Yahweh (yiqar yy) los puso en el firmamento de los cielos para iluminar (lemenaráh) sobre la tierra. [Compárese con: Y vimos su gloria Jn 1,14]
18 Y para ser regidores (shalit) en el día y en la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y fue manifiesto delante de Yahweh que era hermoso y bueno.
19 Y hubo tarde y mañana, orden de la creación: día cuarto
20 Y dijo el Verbo de Yahweh (memrá’ ): pululen las aguas un pulular de seres vivientes y las aves que vuelan sobre la tierra, sobre el aire del firmamento de los cielos.
21 Y Yahwe creó los dos grandes monstruos marinos y todo ser vivo serpenteante que las aguas hicieron pulular según su especie y toda ave que vuela según su especie. Y fue manifiesto delante de Yahweh que era hermoso y bueno.
22 Y el Verbo de Yahweh los bendijo diciendo: Fortaleceos y multiplicaos y llenad las aguas en los mares y las aves multiplíquense sobre la tierra.
23 Y hubo tarde y hubo mañana, orden del trabajo de la creación: día quinto.
24 Y dijo el Verbo de Yahweh (‘amar memrá’ diyy ): produzca la tierra seres vivientes según su especie: animales domésticos y reptiles y bestias de la tierra, según su especie. Y fue así según la orden de su Palabra.
25 Y el Verbo de Yahweh creó las bestias de la tierra según su especie y los animales domésticos según su especie y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y fue manifiesto delante de Yahweh que era hermoso y bueno.
26 creemos al hijo del hombre [bar nash] a nuestra semejanza, como parecido a nosotros, y domine en los peces del mar y en las aves de los cielos y en los animales domésticos y en toda la tierrra y en todos los reptiles que reptan sobre la tierra.
27 Y el Verbo de Yahweh creó al Hijo del Hombre a su semejanza, lo creó a la imagen de delante de Yahweh, macho y comparte (dakhar wezugíah) los creó.
28 Y la Gloria de Yahweh los bendijo y el Verbo de Yahweh les dijo: Fortaleceos y multiplicaos y llenad la tierra y sojuzgadla y dominad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todos los animales que reptan sobre la tierra.
29 Y les dijo la Gloria de Yahweh. He aquí que os he dado todas las plantas que producen simiente (ashab demizrac) que existen sobre la faz de toda la tierra y todos los árboles en los que hay fruto - árboles que producen semilla - os los he dado para alimento.
30 Y a todas las bestias de la tierra y a todas las aves de los cielos y a todo lo que repta sobre la tierra en que hay alma viviente (nefesh dijay) toda hierba verde como alimento. Y fue así según su Palabra.
31 Y fue manifiesto delante de Yahweh todo lo que había hecho y aquí que era muy hermoso y bueno. Y hubo tarde y mañana; el orden de la creación día sexto.
2, 1 Y terminaron las creaturas de los cielos y todos sus ejércitos.
2 Y el Verbo de Yawheh terminó en el día séptimo la obra suya que había creado y en el séptimo día hubo descanso y quietud delante de Él de toda la obra suya que había creado
[Compárese con: "Todo se hizo por él y sin él no fue hecho nada de lo que existe" Juan 1, 3]
3 Y la Gloria de Yahweh bendijo el día séptimo y lo declaró santo porque en él hubo delante de Dios gran descanso y reposo de toda la obra suya que la Gloria del Verbo de Yahweh había creado al obrar
[Compárese con "Y vimos su Gloria, Gloria que recibe del Padre como Hijo único lleno de gracia y de verdad" Juan 1, 14]
4 Esta es la génesis de los orígenes del cielo y de la tierra en su creación. En el día en que el Verbo de Yahweh Elohim creó los cielos y la tierra.
[Compárese con: "Todo se hizo por él y sin él no fue hecho nada de lo que existe" Juan 1, 3].
[Hasta aquí el texto del Targum Neophyti 1]
Su Nombre es La Palabra de Dios
12) En el Prólogo de su Evangelio, san Juan no usa la expresión “Verbo o Palabra ‘de Dios’”.
Lo llama simplemente “El Verbo” y afirma que estaba en Dios y que era Dios.
Pero en el Apocalipsis revela que el nombre del Mesías, del Rey de Reyes y el Señor de los Señores es “La Palabra de Dios”, como en el Targum.
13) " Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco: el que lo monta se llama «Fiel» y «Veraz»; y juzga y combate con justicia. Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza, muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de lino blanco puro, le seguían sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a los paganos; él los regirá con cetro de hierro; él pisa el lagar del vino de la furiosa ira de Dios, el Todopoderoso. Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores. (Apocalipsis 19, 11-16)
Bibliografía utilizada
- Alejandro Díez Macho, El Targum. Introducción a las traducciones aramaicas de la Biblia. Ed. Textos y Estudios “Cardenal Cisneros” Cons. Sup. De Inv. Cient. Madríd 1979
- Alejandro Díez Macho, Targum Neophyti Targum Palestinense, Ms. De la Biblioteca Vaticana. Vol. I, Génesis, Introd. Gral. Ed. Príncipe y Versión Castellana.Cons. Sup. De Inv. Cient. Madríd 1968
- Domingo Muñoz León, Dios Palabra. Memrá en los Targumim del Pentateuco, Institución San Jerónimo, 4, Granada 1974
lunes, 5 de abril de 2010
MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PASCUA 2010
«Cantemus Domino: gloriose enim magnificatus est».«Cantaré al Señor, sublime es su victoria»
(Liturgia de las Horas, Pacua, Oficio de Lecturas, Ant. 1).
[Interpretación del himno de Éxodo 15]
4 de abril de 2010
Queridos hermanos y hermanas:
Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: «Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar». Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual,
El Evangelio nos ha revelado el cumplimiento de las figuras antiguas: Jesucristo, con su muerte y resurrección, ha liberado al hombre de aquella esclavitud radical que es el pecado, abriéndole el camino hacia la verdadera Tierra prometida, el Reino de Dios, Reino universal de justicia, de amor y de paz. Este “éxodo” se cumple ante todo dentro del hombre mismo, y consiste en un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo, fruto del Bautismo que Cristo nos ha dado precisamente en el misterio pascual.
El hombre viejo deja el puesto al hombre nuevo; la vida anterior queda atrás, se puede caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4). Pero, el “éxodo” espiritual es fuente de una liberación integral, capaz de renovar cualquier dimensión humana, personal y social.
Sí, hermanos, la Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón. ¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria».
El pueblo cristiano, nacido de las aguas del Bautismo, está llamado a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. La Iglesia es el pueblo del éxodo, porque constantemente vive el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora siempre y en todas partes. También hoy la humanidad necesita un “éxodo”, que consista no sólo en retoques superficiales, sino en una conversión espiritual y moral. Necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda y que, por consiguiente, pide cambios profundos, comenzando por las conciencias.
Le pido al Señor Jesús que en Medio Oriente, y en particular en la Tierra santificada con su muerte y resurrección, los Pueblos lleven a cabo un “éxodo” verdadero y definitivo de la guerra y la violencia a la paz y la concordia. Que el Resucitado se dirija a las comunidades cristianas que sufren y son probadas, especialmente en Iraq, dirigiéndoles las palabras de consuelo y de ánimo con que saludó a los Apóstoles en el Cenáculo: “Paz a vosotros” (Jn20,21).
Que la Pascua de Cristo represente, para aquellos Países Latinoamericanos y del Caribe que sufren un peligroso recrudecimiento de los crímenes relacionados con el narcotráfico, la victoria de la convivencia pacífica y del respeto del bien común. Que la querida población de Haití, devastada por la terrible tragedia del terremoto, lleve a cabo su “éxodo” del luto y la desesperación a una nueva esperanza, con la ayuda de la solidaridad internacional. Que los amados ciudadanos chilenos, asolados por otra grave catástrofe, afronten con tenacidad, y sostenidos por la fe, los trabajos de reconstrucción.
Que se ponga fin, con la fuerza de Jesús resucitado, a los conflictos que siguen provocando en África destrucción y sufrimiento, y se alcance la paz y la reconciliación imprescindibles para el desarrollo. De modo particular, confío al Señor el futuro de la República Democrática del Congo, de Guínea y de Nigeria.
Que el Resucitado sostenga a los cristianos que, como en Pakistán, sufren persecución e incluso la muerte por su fe. Que Él conceda la fuerza para emprender caminos de diálogo y de convivencia serena a los Países afligidos por el terrorismo y las discriminaciones sociales o religiosas. Que la Pascua de Cristo traiga luz y fortaleza a los responsables de todas las Naciones, para que la actividad económica y financiera se rija finalmente por criterios de verdad, de justicia y de ayuda fraterna. Que la potencia salvadora de la resurrección de Cristo colme a toda la humanidad, para que superando las múltiples y trágicas expresiones de una “cultura de la muerte” que se va difundiendo, pueda construir un futuro de amor y de verdad, en el que toda vida humana sea respetada y acogida.
Queridos hermanos y hermanas. La Pascua no consiste en magia alguna. De la misma manera que el pueblo hebreo se encontró con el desierto, más allá del Mar Rojo, así también la Iglesia, después de la Resurrección, se encuentra con los gozos y esperanzas, los dolores y angustias de la historia. Y, sin embargo, esta historia ha cambiado, ha sido marcada por una alianza nueva y eterna, está realmente abierta al futuro. Por eso, salvados en esperanza, proseguimos nuestra peregrinación llevando en el corazón el canto antiguo y siempre nuevo: “Cantaré al Señor, sublime es su victoria».
viernes, 12 de marzo de 2010
EN EL AÑO SACERDOTAL (4 de 4)
MEDITACIONES DE CUARESMA
“NO MANDONEAR, DAR EJEMPLO”
Después de haber expuesto durante tres viernes de Cuaresma una la lectura comentada del texto de la Primera carta de Pedro: 4,19 - 5, 5, concluyo hoy con algunas reflexiones sobre lo expuesto, con la misma finalidad de mostrar que, según San Pedro, para ser un buen presbítero hay que empeñarse en ser un buen cristiano. Y, dado que ser cristiano es vivir de cara al Padre, como Hijo, para pastorear a los hijos, hay que ser, uno mismo, un buen hijo de Dios, Para espejar en sí mismo la filialidad del Hijo y ser, con el ejemplo, modelo de filialidad, como lo es Jesucristo y lo fueron Pedro y Pablo. El Obispo y el sacerdote gobiernan como hermanos mayores: con el ejemplo de hermano mayor. Se es hermano mayor por ser hijo mayor. Los hijos mayores, a su vez, viven tomando ejemplo del “Primogénito entre muchos hermanos”: Jesucristo. Decía San Agustín: "para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano". Nosotros podríamos glosarlo así: "Para vosotros puedo ser Padre, porque con vosotros anhelo y me empeño en ser hijo como el Hijo". No podemos ser buenos pastores, guardianes, defensores y nutridores del alma de nuestros fieles si no los presidimos, encabezamos, guiamos, alimentamos y defendemos en su fidelidad, en su condición de hijos. Cuanto mejores hijos somos, tanto mejores Padres resultamos.CONCLUSIÓN
George Weigel, comentando la verdadera naturaleza de la crisis de sacerdotes y obispos norteamericanos que tanto escándalo y daño de los fieles produjo, afirma:
"los abusos sexuales del clero son el resultado de una imperfecta conversión a Cristo. [...] Antes que sacerdote católico, un hombre es discípulo de Cristo. si su seguimiento de Cristo es radicalmente deficiente, su sacerdocio también estará distorsionado.
[...] Los obispos que no saben liderar de forma efectiva son, en muchos casos, hombres que no han aprendido correctamente lo que significa el episcopado. De forma esencial, los obispos que no logran enseñar, santificar y gobernar, que no logran hacer patente en su ministerio la presencia viva de la Iglesia de Cristo, el Buen Pastor, son hombres que se han convertido a Cristo en forma incompleta. Todo cristiano está llamado a ser santo [...] Todos podemos, y debemos, esperar que los hombres se hayan convertido a Cristo adecuadamente antes de que la Iglesia los llame para ser sacerdotes y obispos [...]; que los sacerdotes y los obispos hayan entregado sus vidas a Cristo de forma fundamental, irrevocable y transfiguradora, y que hayan puesto en él todas sus esperanzas [...] y que nadie sea llamado al sacerdocio ni al episcopado si no está dispuesto a dar fe pública de ese compromiso con Cristo, en todo momento, sin importar cuáles sean las consecuencias [...] Ésta es una crisis de seguimiento de Cristo. La respuesta es una mayor fidelidad" [George Weigel, El Coraje de ser católico, Ed. Emecé Editores, Buenos Aires, 2003, cita en pp.40-42].
El mal no solamente ha aquejado al clero de Norteamérica. El Año sacerdotal ha sido convocado por Benedicto XVI por una crisis del clero que puede llamarse global.
Mediante esta lectura comentada de la Primera de Pedro 4, 19 - 5, 5, he querido poner de relieve, que en este texto inspirado, en el que se nos revela la naturaleza del ministerio pastoral, éste aparece como un reflejo de la Trinidad, pero especialmente un reflejo de la condición filial, de la que es Maestro el Hijo.
Lo que los pastores, obispos y sacerdotes, tenemos que enseñar, es: vivir como hijos. Y la manera que se nos prescribe para hacerlo, es siendo modelo de hijos, hijos ejemplares, forma de la grey, se diría: causa ejemplar.
Es conveniente comprender que el carácter sacerdotal tiene que ver con la espiritualidad filial bautismal. No se puede ser buen sacerdote si no se es buen hijo del Padre. Y esto es una gracia de inmersión en el vínculo filial con el Padre, con una inmersión en la comunión trinitaria.
Y no hay gracia filial sin disposición al martirio.
San Ignacio de Antioquía, modelo de pastores, por ser modelo de cristianos, nos ha enseñado, en sus cartas rumbo al martirio, que es necesario vivir de tal manera que hasta el silencio de las obras respalde las palabras y les comunique eficacia:
"Más vale callar y ser que hablando no ser. Bien está el enseñar, a condición de que, quien enseña, haga. Ahora bien, hay un Maestro que dijo y fue [Salmo 32, 9; 148,5; refiriéndose al relato de la Creación por el Verbo, en Génesis 1]. Mas también lo que callando hizo son cosas dignas de su Padre. El que de verdad posee la palabra de Jesús, puede también escuchar su silencio, a fin de ser perfecto. De esta manera, según lo que habla, obra; y por lo que calla es conocido" [San Ignacio de Antioquía, Ad Efesios, 15, 1-2].