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viernes, 12 de abril de 2013

LECTIO DIVINA [5] A LOS SEMINARISTAS DE ROMA


LECTIO DIVINA DEL SANTO PADRE
 BENEDICTO XVI
VISITA AL PONTIFICIO SEMINARIO ROMANO MAYOR 
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CONFIANZA

Primera Carta de Pedro 1, 3-5
Capilla del Seminario,
Viernes 8 de febrero de 2013


Eminencia, queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos amigos:
Cada año es para mí una gran alegría estar aquí con vosotros, ver a tantos jóvenes que caminan hacia el sacerdocio, que están atentos a la voz del Señor, que quieren seguir esta voz y buscan el camino para servir al Señor en este tiempo nuestro.

Hemos escuchado tres versículos de la Primera Carta de San Pedro (cf. 1, 3-5). Antes de entrar en este texto, me parece importante estar atentos precisamente al hecho de que es Pedro quien habla. Las dos primeras palabras de la Carta son «Petrus apostolus» (cf. v. 1): él habla, y habla a las Iglesias en Asia y llama a los fieles «elegidos y extranjeros en la diáspora» (ibidem). Reflexionemos un poco sobre esto. Es Pedro quien habla, y habla —como se escucha al final de la Carta— desde Roma, a la que ha llamado «Babilonia» (cf. 5, 13). Pedro habla: es casi una primera encíclica, con la cual el primer apóstol, vicario de Cristo, habla a la Iglesia de todos los tiempos.

Pedro, apóstol. Habla entonces aquél que encontró en Cristo Jesús al Mesías de Dios, que habló el primero en nombre de la Iglesia futura: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (cf. Mt 16, 16). Habla aquél que nos ha introducido en esta fe. Habla aquél a quien dijo el Señor: : «Te entrego las llaves del reino de los cielos» (cf. Jn 16, 19), a quien confió su rebaño después de la Resurrección, diciéndole tres veces: «Apacienta mi rebaño, mis ovejas» (cf. Jn 21, 15-17). Habla también el hombre que cayó, que negó a Jesús y que tuvo la gracia de contemplar la mirada de Jesús, de ser tocado en su corazón y de haber encontrado el perdón y una renovación de su misión. Pero es sobre todo importante que este hombre, lleno de pasión, de deseo de Dios, de deseo del reino de Dios, del Mesías, que este hombre que encontró a Jesús, el Señor y el Mesías, es también el hombre que pecó, que cayó, y sin embargo permaneció bajo la mirada del Señor y así permaneció el responsable de la Iglesia de Dios, encargado por Cristo, portador de su amor.

viernes, 15 de marzo de 2013

LECTIO DIVINA [4]
Al Clero de Roma en Cuaresma

ENCUENTRO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
CON EL CLERO DE ROMA POR EL INICIO DE LA CUARESMA
LECTIO DIVINA
EFESIOS 4, 1-16
Aula Pablo VI,
Jueves 23 de febrero de 2012

Queridos hermanos:

Para mí es una gran alegría ver cada año, al inicio de la Cuaresma, a mi clero, el clero de Roma, y me complace ver que hoy somos numerosos. Yo pensaba que en esta gran aula íbamos a ser un grupo casi perdido, pero veo que somos un fuerte ejército de Dios y podemos entrar con fuerza en este tiempo nuestro, en las batallas necesarias para promover, para hacer que avance el reino de Dios. Ayer entramos por la puerta de la Cuaresma, renovación anual de nuestro Bautismo; repetimos casi nuestro catecumenado, yendo de nuevo a la profundidad de nuestra realidad de bautizados, retomando, volviendo a nuestra realidad de bautizados y así incorporados a Cristo. De este modo, también podemos tratar de guiar nuevamente a nuestras comunidades a esta comunión íntima con la muerte y resurrección de Cristo, llegando a ser cada vez más conformes a Cristo, llegando a ser cada vez más cristianos realmente.

El pasaje de la Carta de san Pablo a los Efesios que acabamos de escuchar (4, 1-16) es uno de los grandes textos eclesiales del Nuevo Testamento. Comienza con la autopresentación del autor: «Yo Pablo, prisionero por el Señor» (v. 1). La palabra griega desmios dice «encadenado»: Pablo, como un criminal, está entre cadenas, encadenado por Cristo y así comienza en la comunión con la pasión de Cristo. Este es el primer elemento de la autopresentación: él habla encadenado, habla en la comunión de la pasión de Cristo y así está en comunión también con la resurrección de Cristo, con su nueva vida. También nosotros, cuando hablamos, debemos hacerlo en comunión con su pasión, aceptando nuestras pasiones, nuestros sufrimientos y pruebas, en este sentido: son precisamente pruebas de la presencia de Cristo, de que él está con nosotros y de que, en la comunión con su pasión, vamos hacia la novedad de la vida, hacia la resurrección. Así pues, «encadenado» es en primer lugar una palabra de la teología de la cruz, de la comunión necesaria de todo evangelizador, de todo pastor con el Pastor supremo, que nos ha redimido «entregándose», sufriendo por nosotros. El amor es sufrimiento, es entregarse, es perderse, y

LECTIO DIVINA [3]
NECESIDAD DEL BAUTISMO

Luego de presentar las recomendaciones de la Lectura meditada de las Sagradas Escrituras que nos hizo el Papa Benedicto XVI vamos a presentar en sucesivas entradas algunos ejemplos de cómo el la practicó él mismo, dándonos ejemplo para hacerlo así nosotros también. Y primero veamos esta lectio dirigida a los fieles, sobre la necesidad del Bautismo

"LECTIO DIVINA" DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
SOBRE LA NECESIDAD DEL BAUTISMO
«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

ASAMBLEA ECLESIAL DE LA DIÓCESIS DE ROMA
Basílica de San Juan de Letrán 
Lunes 11 de junio de 2012

Eminencia, queridos hermanos en el sacerdocio y en el episcopado, queridos hermanos y hermanas: Para mí es una gran alegría estar aquí, en la catedral de Roma con los representantes de mi diócesis, y agradezco de corazón al cardenal vicario sus buenas palabras.

Hemos escuchado que las últimas palabras del Señor a sus discípulos en esta tierra fueron: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Haced discípulos y bautizad. ¿Por qué a los discípulos no les basta conocer las doctrinas de Jesús, conocer los valores cristianos? ¿Por qué es necesario estar bautizados? Este es el tema de nuestra reflexión, para comprender la realidad, la profundidad del sacramento del Bautismo.

Una primera puerta se abre si leemos atentamente estas palabras del Señor. 
La elección de la palabra «en el nombre del Padre» en el texto griego es muy importante: el Señor dice «eis» y no «en», es decir, no «en nombre» de la Trinidad, como nosotros decimos que un viceprefecto habla «en nombre» del prefecto, o un embajador habla «en nombre» del Gobierno. 
No; Jesús dice: «eis to onoma», o sea, una inmersión en el nombre de la Trinidad, ser insertados en el nombre de la Trinidad, una inter-penetración del ser de Dios y de nuestro ser, un ser inmerso en el Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como en el matrimonio, por ejemplo, dos personas llegan a ser una carne, convirtiéndose en una nueva y única realidad, con un nuevo y único nombre. 

miércoles, 26 de mayo de 2010

ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (5 de 8)

El drama de la persecución al Papa y a la Iglesia, que viene "principalmente" del pecado que hay en la Iglesia, muestra que el drama del "Ungido contra ungido" es intrínseco al camino de la salvación. El Papa y los discípulos fieles al Señor viven en todos los tiempos lo que vivió Jesucristo. Hoy también.

La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. También esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia.
romereportsesp — 21 de mayo de 2010 — www.romereports.com

lunes, 5 de abril de 2010

MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PASCUA 2010

«Cantemus Domino: gloriose enim magnificatus est».
«Cantaré al Señor, sublime es su victoria»

(
Liturgia de las Horas, Pacua, Oficio de Lecturas, Ant. 1).


[Interpretación del himno de Éxodo 15]

4 de abril de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: «Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar». Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual,

jueves, 3 de diciembre de 2009

FUERTE EXHORTACIÓN DEL PAPA A LOS TEÓLOGOS

PERFIL DEL TEÓLOGO VERDADERO Y DEL FALSO

En la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, que fue nuevamente abierta al culto hace algunos meses el Papa Benedicto XVI presidió el primero de diciembre de 2009 la Santa Misa, en la que participaron los miembros de la Comisión Teológica Internacional, reunida en estos días en el Vaticano para su sesión plenaria anual.
El Papa, dando una vez más el ejemplo, celebró la Santa Misa ad orientem y pronunció una fuerte homilía en la que hizo una severa crítica a la teología contemporánea.
El texto completo en:
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2009/documents/hf_ben-xvi_hom_20091201_cti_sp.html

El verdadero teólogo es aquél que no cede a la tentación de medir con la propia inteligencia el misterio de Dios, con frecuencia vaciando de sentido la figura de Cristo. Es aquél que tiene conciencia de la propia limitación, como lo fueron muchos grandes santos reconocidos también como grandes maestros.

En cambio, el prototipo del teólogo presuntuoso que estudia la Sagrada Escritura como ciertos científicos estudian la naturaleza – es decir, con una frialdad académica que pretende hacer una vivisección del misterio e ignora la chispa de lo trascendente