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viernes, 15 de marzo de 2013

LECTIO DIVINA [3]
NECESIDAD DEL BAUTISMO

Luego de presentar las recomendaciones de la Lectura meditada de las Sagradas Escrituras que nos hizo el Papa Benedicto XVI vamos a presentar en sucesivas entradas algunos ejemplos de cómo el la practicó él mismo, dándonos ejemplo para hacerlo así nosotros también. Y primero veamos esta lectio dirigida a los fieles, sobre la necesidad del Bautismo

"LECTIO DIVINA" DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
SOBRE LA NECESIDAD DEL BAUTISMO
«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

ASAMBLEA ECLESIAL DE LA DIÓCESIS DE ROMA
Basílica de San Juan de Letrán 
Lunes 11 de junio de 2012

Eminencia, queridos hermanos en el sacerdocio y en el episcopado, queridos hermanos y hermanas: Para mí es una gran alegría estar aquí, en la catedral de Roma con los representantes de mi diócesis, y agradezco de corazón al cardenal vicario sus buenas palabras.

Hemos escuchado que las últimas palabras del Señor a sus discípulos en esta tierra fueron: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Haced discípulos y bautizad. ¿Por qué a los discípulos no les basta conocer las doctrinas de Jesús, conocer los valores cristianos? ¿Por qué es necesario estar bautizados? Este es el tema de nuestra reflexión, para comprender la realidad, la profundidad del sacramento del Bautismo.

Una primera puerta se abre si leemos atentamente estas palabras del Señor. 
La elección de la palabra «en el nombre del Padre» en el texto griego es muy importante: el Señor dice «eis» y no «en», es decir, no «en nombre» de la Trinidad, como nosotros decimos que un viceprefecto habla «en nombre» del prefecto, o un embajador habla «en nombre» del Gobierno. 
No; Jesús dice: «eis to onoma», o sea, una inmersión en el nombre de la Trinidad, ser insertados en el nombre de la Trinidad, una inter-penetración del ser de Dios y de nuestro ser, un ser inmerso en el Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como en el matrimonio, por ejemplo, dos personas llegan a ser una carne, convirtiéndose en una nueva y única realidad, con un nuevo y único nombre.