Mostrando entradas con la etiqueta Mesías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mesías. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de junio de 2010

ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (9 de 9)

Ungido contra Ungido

7 Conclusión
He partido de las palabras de Jesús a los de Emaús y he tratado de reconstruir los que pudieron ser los cauces de su argumentación escriturística. Jesús, recorriendo las Sagradas Escrituras les demostró con una evidencia espiritual que encendía sus corazones, que el Mesías (el Ungido, el Elegido) debía necesariamente padecer estas cosas (griego: tauta) para entrar así en su gloria. Hemos querido mostrar a qué se refiere ese tauta: estas cosas. Es la contradicción por parte de otros ungidos, elegidos y amados de Dios: los suyos no lo recibieron. Este clásico camino bíblico del rechazo de un elegido por otro, es el que debía recorrer Jesús para corregirlo. Y en esto mismo estaba el título que lo hace acreedor a su gloria. En eso está la manifestación de lo más íntimo de su grandeza propia, humana y divina.

miércoles, 9 de junio de 2010

ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (7 de 9)

Ungido contra Ungido

6 Galería de Ungidos contra Ungidos
El texto de Melitón de Sardes citado antes, enumeraba una galería de figuras bíblicas. A Melitón le interesa mostrar que son justos sufrientes y enseñar que en ellos era Cristo quien padecía. A nosotros, en cambio, nos interesa observar aquí que en dichos ejemplos se trata de parejas de elegidos, en las que uno sufre a manos del otro: Abel-Caín, Isaac-Abraham; Jacob-Labán; Jacob-Esaú; José-sus hermanos; David-Saúl; Moisés-su pueblo; los profetas-los reyes impíos: los profetas-los profetas del rey, los sacerdotes, el pueblo rebelde.
Consideremos dos eslabones de esta cadena de ejemplos: Moisés y David.

6.1 Moisés
Moisés merece especial atención porque padece la rebeldía del pueblo elegido,

miércoles, 28 de abril de 2010

ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (1 de 9)

Ungido contra Ungido

"Era necesario que el Mesías padeciera estas cosas"
(Lucas 24,26)
" El Oficio de Consolar que Cristo trae"
(EE 224 y 303)

El drama de la acedia, que no entendían los discípulos de Emaús, es un misterio que se encuentra a lo largo de toda la historia de la salvación. Ese drama ilumina particularmente las situaciones de acedia eclesial. Por eso me pareció oportuno reproducir aquí este estudio que se ocupa de la acedia ante la Cruz, de la rivalidad entre miembros de un mismo pueblo de Dios, y de los remedios que Dios mismo quiso poner a este mal. A lo largo de las siguientes ocho entradas trato de explorar cuál pudo ser el contenido de la explicación de las Sagradas Escrituras que Jesús les dio a los discípulos y con la que les ardía el corazón por el camino.


1 El Escándalo de la Cruz

La muerte de Nuestro Señor Jesucristo les resultaba a los discípulos de Emaús particularmente incomprensible porque había sucedido por sentencia de "nuestros sumos sacerdotes y magistrados". Lo que les resultaba más desconsolador y escandaloso era que hubiese muerto así.

Se trata del hecho doloroso e incomprensible de la muerte de un ungido a manos de otro ungido. De "un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo" a manos de "nuestros sacerdotes y magistrados", o sea del pueblo elegido de Dios representado por sus autoridades.