martes, 24 de mayo de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (9 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”5. - El gozo de la amistad de predilección
Después de ubicar la frase en su contexto y de explicar el sentido de la palabra jedwáh y la naturaleza religiosa de ese gozo, detengámonos ahora por un momento a meditar sobre lo que este texto puede enseñarnos.
La jedwáh de la caridad es aquél gozo propio de la caridad total.
Un gozo como ningún gozo, porque es ocasionado por un Bien como ningún otro bien: es el gozo de la amistad divina.
Es el gozo de la amistad con Dios, que no se queda en un acto solamente espiritual sino que también.
Me viene al pensamiento aquí el ejemplo del pequeño mártir cristero José Luis Sánchez del Río, de trece años, que le argumentaba a su mamacita: "nunca estuvo el cielo tan barato"[en la foto]
1) hace "exultar el corazón y la carne"
[Salmo 83,3: mi corazón y mi carne se regocijan con el Dios vivo: libbí ubesarí yerannenú 'el-'el jáy]
2) y se somatiza hasta en los huesos y en las entrañas [Salmo 51,10: exulten los huesos: tagélna 'atsamót]
Un gozo superior a todos los que producen los bienes de este mundo.
Sólo el creyente que ama a Dios con todo el corazón y todas las fuerzas, - es decir no solamente con un acto puramente mental, sino con un acto del espíritu que redunda también en su alma, su carne y sus entrañas, es decir con todo su ser -, podrá permanecer adherido al Bien y triunfar y resistir en la lucha contra el mal.
Ya que sólo la caridad, es decir sólo el amor total a Dios, la ‘caridad perfecta’de San Juan [1 Juan 4,18] hace fuertes a sus hijos, los cristianos, porque los consuela, los conforta, los hace gozosos en la realización de la voluntad del Padre hasta la muerte [Mujer: ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia. Ed. Lumen, Buenos Aires, 1999].
Obviamente, esta caridad, gozosa por ser perfecta, y la fortaleza que redunda de ella, no son un programa sino una gracia.
Pero uno se dispone a recibir ese ciento por uno, dejando el uno. Lo que le impida correr por el camino de ese amor, para reencontrarlo salvo y transfigurado por el amor divino, con una plenitud centuplicada.
La caridad divina es un amor que se llama de predilección porque supone siempre, incesantemente, actos de elección, durante toda la vida. La elección supone que uno siempre está dejando cosas para quedarse con lo que considera más importante. La dilección supone una elección y por lo tanto un sacrificio, aunque gozoso. Se sacrifican y ofrecen cosas, pero alegremente: "laetus obtuli universa" [1 Crónicas 29,17: 'ani beyósher lebabí hitnaddábti khol-'élleh]
El que deja cosas a cambio de permanecer en la amistad con Dios y crecer en ella, puede decir como David en su Bendición y testamento: "te he ofrecido de corazón todas estas cosas y ahora veo con regocijo que tu pueblo que está aquí también te ofrece alegremente sus dones" [1 Crónicas 29,17].
A esta elección gozosa se refiere Jesús con las parábolas de la Perla preciosa [Mateo 13,45] y del Tesoro escondido [Mateo 13,44], por el que se vende todo lo que uno tiene. La caridad de predilección hace fuertes y gozosos en la renuncia, que se convierte, más que en un sacrificio, en un buen negocio.
Me viene al pensamiento aquí el ejemplo del pequeño mártir cristero José Luis Sánchez del Río, de trece años, que le argumentaba a su mamacita: "nunca estuvo el cielo tan barato".
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
2) y se somatiza hasta en los huesos y en las entrañas [Salmo 51,10: exulten los huesos: tagélna 'atsamót]
Un gozo superior a todos los que producen los bienes de este mundo.
Sólo el creyente que ama a Dios con todo el corazón y todas las fuerzas, - es decir no solamente con un acto puramente mental, sino con un acto del espíritu que redunda también en su alma, su carne y sus entrañas, es decir con todo su ser -, podrá permanecer adherido al Bien y triunfar y resistir en la lucha contra el mal.
Ya que sólo la caridad, es decir sólo el amor total a Dios, la ‘caridad perfecta’de San Juan [1 Juan 4,18] hace fuertes a sus hijos, los cristianos, porque los consuela, los conforta, los hace gozosos en la realización de la voluntad del Padre hasta la muerte [Mujer: ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia. Ed. Lumen, Buenos Aires, 1999].
Obviamente, esta caridad, gozosa por ser perfecta, y la fortaleza que redunda de ella, no son un programa sino una gracia.
Pero uno se dispone a recibir ese ciento por uno, dejando el uno. Lo que le impida correr por el camino de ese amor, para reencontrarlo salvo y transfigurado por el amor divino, con una plenitud centuplicada.
La caridad divina es un amor que se llama de predilección porque supone siempre, incesantemente, actos de elección, durante toda la vida. La elección supone que uno siempre está dejando cosas para quedarse con lo que considera más importante. La dilección supone una elección y por lo tanto un sacrificio, aunque gozoso. Se sacrifican y ofrecen cosas, pero alegremente: "laetus obtuli universa" [1 Crónicas 29,17: 'ani beyósher lebabí hitnaddábti khol-'élleh]
El que deja cosas a cambio de permanecer en la amistad con Dios y crecer en ella, puede decir como David en su Bendición y testamento: "te he ofrecido de corazón todas estas cosas y ahora veo con regocijo que tu pueblo que está aquí también te ofrece alegremente sus dones" [1 Crónicas 29,17].
A esta elección gozosa se refiere Jesús con las parábolas de la Perla preciosa [Mateo 13,45] y del Tesoro escondido [Mateo 13,44], por el que se vende todo lo que uno tiene. La caridad de predilección hace fuertes y gozosos en la renuncia, que se convierte, más que en un sacrificio, en un buen negocio.
Me viene al pensamiento aquí el ejemplo del pequeño mártir cristero José Luis Sánchez del Río, de trece años, que le argumentaba a su mamacita: "nunca estuvo el cielo tan barato".
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
viernes, 13 de mayo de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (8 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”4. - El gozo específico de la amistad con Dios
Examinemos ahora un poco más de cerca a qué clase de gozo pertenece esta jedwáh que recomienda Esdras al pueblo como fuente de fortaleza.
La palabra hebrea jedwáh, que las versiones castellanas de este pasaje vierten por gozo, procede de la raíz jadáh: gozarse religiosamente o por un motivo religioso.
[Curiosamente, la palabra yijád (guerra santa)proviene en árabe de esta misma raíz]
Bien podría traducirse como: " el consuelo del Señor es vuestra fortaleza" Jedwah y jadáh, pues, a diferencia de otros términos hebreos como simjá, saméaj o ranán, designan en la Biblia Hebrea un gozo de carácter religioso. Un gozo espiritual
pero que, desde el espíritu, contagia al alma y al cuerpo, al corazón, las entrañas y los huesos.
Es el gozo que nace de lo que san Juan llamará: "la caridad perfecta" [1 Juan 4,18]
Ese gozo, o la memoria de él, sostiene en el combate de la tribulación. El salmista reconforta a su alma entristecida recordándoselo: "¿Por qué estás triste alma mía y por qué me conturbas? Espera en Dios que volverás a alabarlo"
[Salmo 42,6: mah-tishtojají nafshí watehmí 'aláy, hojíli le'lohím ki-'ód 'odénu yeshu'ót panáw]
Es el gozo de hacer la voluntad del Padre lo que sostiene a Jesús en la agonía del Huerto de los Olivos, cuando su alma se entristece hasta la muerte. Y es también el gozo que sostiene a María a los pies de la Cruz, cuando la espada predicha por Simeón le atraviesa el alma. Su Hijo, desde la Cruz, le anuncia el gozo de una nueva maternidad, entregándole, para alegría de parturienta, a Juan, primogénito que inaugura su maternidad sobre todos los creyentes.
Un examen de los lugares donde aparecen jedwáh y jadáh en la Escritura muestra que se trata de:
1) un gozo que produce en los hombres de Dios la contemplación de sus obras
2) o del consuelo que experimentan en el culto del templo en la presencia del Señor;
3) o bien del gozo que produce estar en la presencia de Dios.
Veamos unos ejemplos:
1) Jetró, el suegro de Moisés, al reecontrarlo después del paso del Mar Rojo: "se alegró (=wayyijád) de todo el bien que Yahvé había hecho a Israel librándolo de la mano de los egipcios" [Éxodo 18,9]
2) En el libro primero de las Crónicas [1 Crónicas 16,27], David, en ocasión de establecer el culto del santuario en la traslación del Arca, entrega a Asaf y a sus hermanos un himno en el que, refiriéndose a la alegría propia del culto litúrgico en el templo, dice:
"Gloria y majestad están ante Él, fortaleza y alegría ('oz wejedwáh ) en su Morada" [1 Crónicas 16,27]
¿Cómo podemos imaginarnos que se asocian la fortaleza y la alegría en el contexto del culto del templo? David, nos cuenta la Escritura, "bailaba con todas sus fuerzas delante del Señor" [2 Samuel 6,14: wedawid mekharkér bekhol-'oz lifné 'adonay]
El gozo del Señor lo hacía infatigable, aún físicamente, en la expresión de la gratitud y de la alabanza. Se comprende la gravedad de la incomprensión de Mikal de la naturaleza religiosa de aquella jedwáh.
3) Tercero y último ejemplo: Dios colma de alegría al rey Mesías del que David es siempre el arquetipo: "lo regocijas (tejaddéhu) de alegría (besimjáh) delante de tu rostro (e.d.: en tu presencia)" [Salmo 21,7: tejaddéhu besimjáh 'et-panékha. La alegría propia de los que aman a Dios por estar o vivir en su presencia, la canta también el salmista con otra palabra simjáh que se usa también para designar alegrías profanas: "saciedad de alegrías en tu presencia" = sábac semajót 'et panékha, Salmo 15,11]
Es por lo tanto el gozo de los que aman a Dios y contemplan sus obras o se encuentran en su presencia. No se excluye un contexto bélico y guerrero, de lucha y victoria. Puede concebirse que el gozo de los cantos de victoria que entonan las mujeres al recibir a los guerreros que regresan, pertenezca a este tipo de júbilo religioso por las obras de Dios en favor de su pueblo [Véase el canto de María en Éxodo 15, o el de Déborah en Jueces 5, o el baile de la hija de Jefté aludido en Jueces 11,34; o el canto de las mujeres que provoca los celos de Saúl por David en 1 Samuel 18,7].
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
viernes, 6 de mayo de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (7 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”3. - La frase en su contexto
Conviene ubicar, ahora, en su contexto la frase de Esdras que nos habla del gozo como fuente de fortaleza, para comprender mejor lo que implica.
Con esta frase, el gobernador Nehemías y el sacerdote Esdras, exhortan al pueblo de Dios en un momento crucial de su historia que se considera como el día del nacimiento del Judaísmo. Esdras lee la ley en la fiesta de las Tiendas delante de la puerta del Agua de la Jerusalén recién reconstruida. Sus habitantes han levantado las murallas hostigados por los vecinos y teniendo la herramienta en una mano y la espada en la otra. Han terminado su obra y es un día inaugural para la ciudad entera.
De pie sobre un estrado para que lo vea y escuche todo el pueblo, Esdras abre el libro
y después de bendecir al pueblo, lee en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que se comprenda la lectura. Todo el pueblo llora al oír las palabras de la Ley. Es un llanto de compunción, porque la lectura de los designios del amor divino hacen resaltar la gravedad de los pecados que arrastraron a su ruina y al destierro al pueblo elegido.
Es en esta ocasión y en esta situación espiritual del pueblo, - en la que Nehemías el gobernador, Esdras el sacerdote y los levitas que explican al pueblo lo que se está leyendo -, le dicen: ‘este día está consagrado a Yahvé vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis, porque el gozo del Señor (jedwat 'adonáy) es vuestra fortaleza” [ ki jedwat 'adonáy hi' macuzzekhém]
Las murallas de Jerusalén acababan de ser reconstruidas y Sión era de nuevo una plaza fuerte. Sin embargo, no es ésta la fortaleza en la que ponían la confianza, ni la que celebraban los refundadores de la ciudad santa. La historia del pueblo les había enseñado que las antiguas murallas de nada habían servido y que, más que por los arietes de los enemigos exteriores, habían sido derribadas desde dentro al debilitarse el amor a Dios. Habían abierto brecha en ellas el olvido de Dios y el desamor, la infidelidad a la Alianza y los pecados del pueblo.
Israel sabía que la fortaleza es en parte una virtud y en parte un don de Dios. Y que la seguridad es un don divino, que no depende sólo de la preparación militar y la capacidad defensiva: "Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la construyen. Si el Señor no guarda la ciudad, el centinela se desvela en vano" [Salmo 126,1. Cuánto tiene que aprender esta sabiduría la ideología de la seguridad nacional es evidente.]
El Señor defiende al pueblo cuando es fiel y le somete los enemigos, pero cuando es infiel, cuando se aparta de su amor y se va tras los ídolos, ingrato, indiferente o tibio, lo abandona a sus propias fuerzas, que es decir: lo abandona a su debilidad, entregándolo en manos de los que lo odian, vendiéndolos por nada [Salmo 43,13:].
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
Es en esta ocasión y en esta situación espiritual del pueblo, - en la que Nehemías el gobernador, Esdras el sacerdote y los levitas que explican al pueblo lo que se está leyendo -, le dicen: ‘este día está consagrado a Yahvé vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis, porque el gozo del Señor (jedwat 'adonáy) es vuestra fortaleza” [ ki jedwat 'adonáy hi' macuzzekhém]
Las murallas de Jerusalén acababan de ser reconstruidas y Sión era de nuevo una plaza fuerte. Sin embargo, no es ésta la fortaleza en la que ponían la confianza, ni la que celebraban los refundadores de la ciudad santa. La historia del pueblo les había enseñado que las antiguas murallas de nada habían servido y que, más que por los arietes de los enemigos exteriores, habían sido derribadas desde dentro al debilitarse el amor a Dios. Habían abierto brecha en ellas el olvido de Dios y el desamor, la infidelidad a la Alianza y los pecados del pueblo.
Israel sabía que la fortaleza es en parte una virtud y en parte un don de Dios. Y que la seguridad es un don divino, que no depende sólo de la preparación militar y la capacidad defensiva: "Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la construyen. Si el Señor no guarda la ciudad, el centinela se desvela en vano" [Salmo 126,1. Cuánto tiene que aprender esta sabiduría la ideología de la seguridad nacional es evidente.]
El Señor defiende al pueblo cuando es fiel y le somete los enemigos, pero cuando es infiel, cuando se aparta de su amor y se va tras los ídolos, ingrato, indiferente o tibio, lo abandona a sus propias fuerzas, que es decir: lo abandona a su debilidad, entregándolo en manos de los que lo odian, vendiéndolos por nada [Salmo 43,13:].
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
viernes, 29 de abril de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (6 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”CARIDAD Y FORTALEZA - ACEDIA Y DEBILIDAD
2. - Un punto de partida convencional:
“El gozo de la caridad es vuestra fortaleza”
Dos motivos para esta elección
Los motivos de haber elegido la frase bíblica del subtítulo para punto de partida de mi exposición, son dos:
El primero es de orden puramente personal:
tenía más a mano y más presente esta frase en el ánimo, ya que a ella y al gozo del Señor como fortaleza de los que lo aman, me he venido refiriendo a menudo, desde que me ocupé de él en el capítulo séptimo del primer libro sobre la civilización de la acedia: “En mi sed me dieron vinagre” [En mi sed me dieron vinagre. La civilización de la acedia. Ensayo de teología pastoral. Ed. Lumen, Buenos Aires, 19992, páginas 167-172. Y en el ulterior: Mujer: ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia. Ed. Lumen, Buenos Aires, 1999]
El segundo motivo es resultado de aquellos estudios y consiste
en que esta frase pone, aunque implícitamente, una conexión entre la fortaleza y la caridad. En efecto, el gozo es fruto de la caridad. Y decir que el gozo del Señor nos hace fuertes, implica enseñar que la fortaleza cristiana es una consecuencia de la amistad con Dios.
En ocasión de mis observaciones y reflexiones sobre la acedia me llamó poderosamente la atención la frase de Esdras, pues en aquel entonces, no me resultaba a primera vista tan evidente cómo ni porqué el secreto de la fortaleza pudiera estar en la alegría. Más precisamente, en el gozo del amor a Dios.
Esta frase de Esdras enseñaba, para mi intriga, que el gozo es la fuente de la fuerza para el creyente. De donde deducía yo que, correlativa e inversamente, el vicio de acedia, que es la tristeza opuesta a dicho gozo, tenía que ser la causa de los pecados opuestos a la fortaleza: La temeridad, pero también sus contrarios, el miedo, la cobardía, la pusilanimidad, la impaciencia, la agresividad, la desesperación y la apostasía.
Dicho sea de paso: a esa tristeza, y a sus formas, por atenuadas menos reconocibles, que son la indiferencia, la tibieza o falta de fervor, hay que atribuir, en buena parte, una cierta debilidad cultural y política de muchos católicos, una debilidad para el martirio, en su sentido amplio de testimonio de amor, que se da tanto con la vida como con la muerte [A las que me he referido en otra ocasión: véase mi conferencia La debilidad política de los católicos publicada en Gladius 18 (2000, Diciembre) N° 19, págs. 49-81. Y más tarde en forma de librito junto con otra conferencia bajo el título “Como ovejas entre Lobos. 1) Reflexiones sobre la debilidad política de los católicos y 2) Fátima y la civilización de la acedia, publicados en Editorial Narnia, Mendoza 2006, 68 pags.]
Con todo, - como he dicho - quedaba en penumbras la razón por la cual el gozo es fuente de fortaleza.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
En ocasión de mis observaciones y reflexiones sobre la acedia me llamó poderosamente la atención la frase de Esdras, pues en aquel entonces, no me resultaba a primera vista tan evidente cómo ni porqué el secreto de la fortaleza pudiera estar en la alegría. Más precisamente, en el gozo del amor a Dios.
Esta frase de Esdras enseñaba, para mi intriga, que el gozo es la fuente de la fuerza para el creyente. De donde deducía yo que, correlativa e inversamente, el vicio de acedia, que es la tristeza opuesta a dicho gozo, tenía que ser la causa de los pecados opuestos a la fortaleza: La temeridad, pero también sus contrarios, el miedo, la cobardía, la pusilanimidad, la impaciencia, la agresividad, la desesperación y la apostasía.
Dicho sea de paso: a esa tristeza, y a sus formas, por atenuadas menos reconocibles, que son la indiferencia, la tibieza o falta de fervor, hay que atribuir, en buena parte, una cierta debilidad cultural y política de muchos católicos, una debilidad para el martirio, en su sentido amplio de testimonio de amor, que se da tanto con la vida como con la muerte [A las que me he referido en otra ocasión: véase mi conferencia La debilidad política de los católicos publicada en Gladius 18 (2000, Diciembre) N° 19, págs. 49-81. Y más tarde en forma de librito junto con otra conferencia bajo el título “Como ovejas entre Lobos. 1) Reflexiones sobre la debilidad política de los católicos y 2) Fátima y la civilización de la acedia, publicados en Editorial Narnia, Mendoza 2006, 68 pags.]
Con todo, - como he dicho - quedaba en penumbras la razón por la cual el gozo es fuente de fortaleza.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
viernes, 22 de abril de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (5 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”1.3. - Continuando con los textos sobre la fortaleza
Volvamos ahora a la enumeración de textos por los que pudiéramos haber empezado esta exposición, y que interrumpimos para presentar el arquetipo de la fortaleza de los guerreros de Dios.
No sólo los rudos contextos de la guerra santa nos ofrecen enseñanzas sobre la fuerza de Dios y del creyente. También en el perfumado contexto del Cantar de los Cantares nos encontramos revelaciones nada desdeñables sobre la fortaleza.
Y ella nos orienta mejor en la dirección del secreto de la fortaleza y a su fuente que es la alianza de amor y de amistad entre Dios y su pueblo:
“Fuerte es el amor como la muerte, como el she'ol el celo, flechas incendiarias sus saetas; llamarada divina que no puede extinguirla el océano ni apagarla los ríos” [Cantar de los Cantares 8,6: ki 'azzáh khammáwet 'ahaváh, qasháh khisheol qine'áh]
Y si acudimos al Nuevo Testamento nos encontramos con aquellos textos de San Pablo que tanto nos sorprenden con sus paradojas entre fuerza y debilidad, dándonos a entender que la fortaleza cristiana es algo misteriosa y sustancialmente distinto de lo que en el mundo ajeno a la fe se entiende por tal:
"La debilidad de Dios, - en efecto - es más fuerte que la fuerza de los hombres" [1 Corintios 1,25b]
"Mi gracia te basta porque mi fuerza se consuma en la debilidad. Por lo tanto muy gustosamente seguiré gloriándome sobre todo de mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte" [2 Corintios 12,9-10]
"Hacéos fuertes en el Señor y en la fuerza de su poder" [Efesios 6,10:]
"Si Dios está con nosotros quién contra nosotros” [Romanos 8,31]
"Todo lo puedo en Aquél que me conforta" [ Filipenses 4,13. Ver también 1 Tim 1,12: "doy gracias a Aquél que me conforta"; 2 Tim 4, 17: "pero el Señor estuvo a mi lado y me confortó"; 1 Cor 16,13: "manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes, hacedlo todo en caridad"]
“En todo supervencemos por aquél que nos amó” [Romanos 8,37]
San Juan, por último, es el hagiógrafo de la victoria de Cristo y el cristiano. Nadie como él nos habla tanto ni tan explícitamente de la victoria en sus escritos:
Como testamento de su última cena, Jesús anuncia tribulaciones, pero invita a la confianza en su victoria, que adelanta la de los que lo aman:
“No temáis, yo he vencido al mundo” [ Juan 16,33]
Y el apóstol Juan exhorta a su comunidad diciendo:
"Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y habéis vencido al maligno" [1 Juan 2,1]
“Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe... ¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?” [1 Juan 5,4-5]
Por último, en las siete cartas a las Iglesias, se promete premio a los vencedores:
"No temas lo que vas a sufrir... manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida... el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda" [ Apocalipsis 2,10-11]
"Al vencedor, al que guarde mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones" [Apocalipsis 2,26]
Cualquiera de estos textos se hubiera prestado para comenzar a exponer, a partir de él, la teología bíblica de la fortaleza y en particular, su relación con la caridad.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
miércoles, 20 de abril de 2011
MULTIPLICACIÓN DE PANES Y ANOREXIA DE DIOS
Reflexiones sobre la Multiplicación de los PanesEl discurso del Pan de Vida
y los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola
1) Sentido literal y sentido acomodado de la multiplicación de los panes
En hermenéutica bíblica se llama sentido literal al que el autor inspirado quiso decir y dijo con su palabras, y es lo que Dios quiso hacerle decir y dice por boca de ese autor.
Sentido acomodado acomodado o translaticio, es el uso que se hace de textos bíblicos aplicados a otro propósito distinto del que fue intentado por el hagiógrafo. Esta acomodación, que es obra humana, se funda en cierta analogía argumental o verbal entre el texto bíblico y el propósito al que un hombre lo quiere aplicar. El hombre usa las palabras del autor sagrado en un sentido distinto, que no es el que Dios intenta, sino el que el hombre inventa.
Cuando se hace una interpretación acomodada de un pasaje bíblico, conviene confrontarla siempre con el sentido literal del texto, es decir, el sentido que el autor le quiso dar y le dio. Y además iluminar el pasaje con el contexto de pasajes paralelos o de toda la Sagrada Escritura. De esa manera, el sentido literal gobierna la acomodación para que ésta ilumine y para que aplique a la situación no solamente las palabras del texto sino su sentido bíblico literal. De otro modo, la acomodación puede dejar a oscuras aspectos del sentido literal y podría llegar a contradecirlo.
Tomo como ejemplo la multiplicación de los panes según Marcos 6, 30-44 entendido a la luz de los paralelos en los demás evangelios y principalmente a la luz del pasaje en el evangelio según San Juan 6, 1-71, que es el que más elabora el sentido teológico del milagro, como signo de otro pan, otra hambre y otra vida.
En el texto de San Juan es muy claro que Jesucristo habla y enseña a distinguir dos hambres, dos panes, dos trabajos y dos vidas.
El texto presenta primero
un hambre (biológica),
un pan común (el que él multiplicó e hizo repartir),
un trabajo (el de los que habían producido el pan repartido o repartieron el pan que algunos tenían)
y una vida (bíos leemos en griego = designando la vida humana biológica) (Juan 6, 1-15).
La muchedumbre no entiende el sentido de signo que tiene este milagro. Jesús huye porque quieren hacerlo rey al servicio de esta hambre, este pan, este trabajo y esta vida.
En una segunda sección, que se designa como “el discurso del Pan de Vida”, Jesús se refiere a otro apetito,
otro pan,
otro trabajo
y otra vida.
Jesús declara que la multiplicación es un signo o sea una realidad de orden sensible que designa una realidad de otro orden, o sea que apunta a otra realidad, de otro orden: “vosotros me buscáis no porque habéis visto “señales” (sêmeia = signos) sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Trabajad (ergazesthe) no por el alimento (brôsin) perecedero sino por el alimento que permanece para vida (zôên) eterna (aiônion)” (Juan 6, 26-27).
De modo que Jesús anuncia que él viene a satisfacer otra hambre, mediante otro pan (el que dará, y que es su cuerpo), que se consigue mediante otro trabajo (creer) y proporciona otra vida diferente (zoé).
Hambre de pan y anorexia de Dios
El problema al que se enfrenta Jesucristo en su aproximación a la muchedumbre que lo seguía es doble: por un lado, tiene ante sí una muchedumbre famélica; por otro lado tiene ante sí una muchedumbre anoréxica.
Famélica del pan biológico para esta vida (bios). Pero anoréxica para el pan que Jesús viene a ofrecerle: su cuerpo, que es a su vez signo visible de su alma humana y de su Persona divina. De su naturaleza humana que es signo creado del Verbo increado. El mensaje de Juan es que aunque Jesús mismo sea incapaz de vencer la anorexia, no se deja doblegar por ella y hasta la desafía: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Juan 6, 67).
El trabajo de repartir el pan, es pues “signo” de otra cosa. Signo del trabajo de creer y de sembrar la fe. El pan repartido en la multiplicación, es signo de otro pan: el anuncio de Cristo que revela al Padre. Y la vida (bios) que alimentan los panes (artous) es signo de otra vida (zôê, y no bíos) eterna o divina (aiônion) que Jesús viene a traer.
El trabajo para obtener este nuevo pan y esta nueva vida es creer en Jesucristo.
Esto permite alimentarse con el Amor divino por el que ofrece su propio cuerpo Permite entrar en comunión con la vida divina, con el amor divino (Zoé aiônion).
En realidad, en el fondo de este paralelo contrastante entre las dos hambres, los dos trabajos, los dos panes y las dos vidas, subyace el paralelo contrastante entre las dos Alianzas. La Antigua que prometía bienes de este Eón: hijos y tierra. La Nueva que promete bienes divinos, participación en la vida divina, divinización ya en la tierra y en esta vida, participación en la gloria después, en la casa del Padre.
Subyace un paralelo contrastante entre dos bienes, entre dos esperanzas y entre dos diversos fundamentos de esas mismas esperanzas.
2. Hambres y… anorexia
Paso ahora a encarar el segundo punto, relativo a las hambres.
Les podemos también llamar apetitos, o deseos, o pasiones, o afectos.
Es un punto central de la sabiduría espiritual ignaciana y por eso del carisma de la Compañía de Jesús fundada por San Ignacio de Loyola: Las afecciones, ya sea desordenadas ya sea ordenadas.
Para Ignacio, el punto de partida de las almas es el desorden de sus afectos, porque el pecado original ha producido el desorden de los apetitos, que ya no se dejan ordenar por la razón y según razón.
Sus Ejercicios espirituales van dirigidos al triple fin de
1) quitar las affecciones desordenadas (deseos, pasiones, hambres, apetitos)
2) después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida (bios)
3) para la salud de su alma (zôê)
“Después de quitadas”:
Esta frase de san Ignacio se refiere a la sustitución de un hambre mala por un hambre buena.
En otras palabras: la sustitución de una búsqueda por otra, la sustitución de unos deseos por otros.
Pastoral de los deseos
Aquí nos encontramos con el Ignacio maestro y pastor de los deseos.
Es decir un atento observador de las “hambres” y administrador de los propios “recursos”
Entre muchos otros ejemplos posibles, esto se ve muy claramente en la anotación 18 de los Ejercicios Espirituales.
Ignacio invita al que da los ejercicios a estar atento a los deseos de las personas: “Según la disposición de las personas que quieren tomar ejercicios… “Asimismo según que se quisieren disponer… “Por tanto al que se quiere ayudar… “cierto grado de contentar su alma… (es decir saciar su deseo)
En esta misma anotación Ignacio nos enseña también la sabia administración de nuestro “recursos”: “mayormente cuando en otros se puede hacer mayor provecho, faltando tiempo para todo”.
Ignacio calibra la intensidad y calidad de los deseos. Enseña a prestar atención a todas las personas, pero a la medida de cada una, para dedicar más tiempo a los que dan “mayor provecho” porque tienen deseos más intensos y de bienes mejores.
Para él, el mayor de los bienes es “la mayor gloria de Dios”, o sea el mayor conocimiento de Dios, su servicio y alabanza.
En su primera época de convertido, en Manresa, San Ignacio pedía limosnas y las repartía con los pobres del hospital donde le daban albergue como a mendigo. Atendía pues al primer pan, trabajaba mendigando para obtenerlo y lo compartía, reconociendo que es necesario para esta vida (bios). No hay desorden en esta necesidad. No es mala esta hambre, mientras no produzca anorexia del otro pan. Pero sabemos que las preocupaciones de este mundo son espinas que ahogan la semilla [Marcos 4, 18-19] o hacen pesado el corazón, embarazándolo para las cosas de Dios: “Tengan cuidado con ustedes mismos, no sea que se embaracen vuestros corazones […] por las preocupaciones de esta vida (merimnais biôtikais)” (Lucas 21,32)
Con la visión que tuvo San Ignacio junto al puente del Río Cardoner parece producirse una inflexión en los deseos (el hambre misericordiosa) del corazón de Ignacio. El mayor conocimiento que recibe de los misterios divinos, hace nacer en él un “hambre” de repartir ahora estos nuevos “recursos” a los mismos que antes había repartido el pan mendigado por las puertas.
Así se produce en él un cambio de prioridades e intereses. Sin abandonar su compasión por los pobres ni su actividad “asistencial” se inquieta por atender a los deseos de las almas por los bienes espirituales y servirlos.
Esto lo lleva a estudiar latín y a irse a Alcalá para poder enseñar los bienes que ha entrevisto en el Cardoner y de los cuales encuentra anorexia en muchos, incluso quizás entre sus asistidos, famélicos de pan, pero a veces anoréxicos de Dios.
Entonces Ignacio quiere ser no sólo ya proveedor de pan para los mendigos hambrientos sino también médico de los anoréxicos de los misterios divinos.
Anoréxicos de Dios hartos de pan
Lo encontramos en Alcalá predicando ejercicios a los mozos y mozas en la cuadra de una panadería.
Todo un signo.
Allí no hay hambre de pan.
Pero tampoco una exagerada hambre de Dios.
Los deseos de este mundo están satisfechos pero es necesario purgar las almas de pasiones que producen anorexia de Dios.
Ignacio atiende ahora a suscitar la otra hambre: la de Dios, que aquellas almas necesitan.
Y comienza precisamente la experiencia que parece reflejarse en la anotación dieciocho. Avivar el buen deseo.
Ignacio es portador de las experiencias del Cardoner, pero la experiencia mística de Dios no es transvasable, no es comunicable directamente. Es necesaria una pastoral de los deseos del alma para que ésta se capacite para recibir directamente de la acción de la gracia.
Es aquí que Ignacio comienza a querer asociar compañeros a su tarea y junta su primer grupito en Alcalá para que lo ayuden en esta tarea.
Resumiendo:
San Ignacio es sensible a las necesidades del necesitado y el mendigo y se dedica al comienzo de su vida de converso, a una tarea asistencial para aliviar las necesidades del bios.
Pero su evolución espiritual lo lleva a querer capacitarse para ponerse al servicio de las necesidades de la zôê aiônion.
Comienza a atender y querer potenciar para esta tarea a algunas almas más selectas en las que encuentra y fomenta hambres espirituales.
Ignacio que pudo reconocer su propia anorexia en sus tiempos de juventud en los que más tarde se reconocería viviendo como un soldado “desgarrado y vano”, se ha topado con el mismo fenómeno de la anorexia por los bienes que anuncia Jesucristo.
Se lo ha topado en el mundo musulmán que encuentra en su visita a Palestina.
Pero se lo encuentra también en el mundo cristiano de su época.
Por ejemplo en su hermano y familia que se alarmaban con su conversión y querían impedirle entregar su vida a Dios.
Se trata de la misma anorexia de la muchedumbre que buscaba a Jesús, pero para hacerlo rey y que es causa del alejamiento de muchos de sus discípulos, decepcionados por su mensaje.
Ignacio tiene “recursos” para ofrecer, pero advierte que no hay demanda para ellos, por anorexia hacia Dios.
Como jesuitas discípulos suyos estamos capacitados para dirigir nuestra atención no solamente a “las hambres”, sino también a la indebida ausencia de apetito por el mensaje explícitamente religioso: a la anorexia de la cultura hoy dominante por el discurso explícitamente espiritual y evangélico y por la consideración y contemplación de las realidades reveladas. Podemos, gracias a Jesucristo e Ignacio, estar atentos a los buenos deseos, pero también a la insensibilidad anoréxica de esta civilización post cristiana.
Necesitamos una reflexión acerca de este fenómeno que no podemos tomar resignadamente como un dato de hecho, sino que tenemos que examinar con sabiduría como un hecho de naturaleza espiritual, teológica.
Porque la anorexia para Dios que, en la tradición teológica se ha llamado acedia, es un hecho de naturaleza espiritual, del orden de las mociones de mal espíritu y desoladoras a las que se refiere nuestro Padre Maestro Ignacio en sus reglas de discernimiento y en otros documentos de ejercicios y cartas
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Si por inadvertencia he publicado una foto que tiene derechos reservados le ruego me avise para bajarla del blog y le pido mis disculpas bojorgeh@gmail.com
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viernes, 15 de abril de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (4 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”1.2. - Teología de la guerra santa y fortaleza cristiana
La teología de la guerra santa se deja resumir en algunos artículos que fe y constituyen lo que podría llamarse el "Credo del guerrero”, o el "Manual de la guerra" [Ver Deuteronomio 20. He expuesto a grandes rasgos la teología de la guerra santa y su transposición a la vida cristiana en las conferencias a religiosas sobre los votos religiosos y la vida consagrada, publicadas después con el título: Signos de Su Victoria. El Carisma de los Religiosos a la Luz de la Escritura, que cité en nota 3]
La guerra santa es tan santa como un acto de culto en el templo. Los combatientes debían purificarse para el combate,
e ir a la lucha en el mismo estado de pureza ritual que se reclamaba de los sacerdotes para el culto. Era pues un acto de virtud de religión.
La guerra era considerada santa porque la convocaba el Señor y enviaba a ella por medio de sus sacerdotes y levitas. Ellos exhortaban, organizaban y enviaban las tropas al combate.
En esas guerras era Dios quien lideraba las huestes de Israel, las salvaba de la mano de sus enemigos; y las llevaba a la victoria mediante su presencia y asistencia salvíficas.
La teología de la guerra santa se expresa mediante lo que los exegetas han dado en llamar fórmulas.
Está en primer lugar el primer mandamiento del guerrero de Dios que es No temas. Desde el no temas María, siguiendo por los no temas de Jesús en el Evangelio, han de verse iluminados por este mandato de no temer, como opuesto al amor y la confianza.
Siguen los motivos y fundamentos para no temer, que se expresan en las fórmulas de vocación y envío al combate, así como en promesas de auxilio y de victoria.
La convocación de la guerra santa suele encomendársele a un líder carismático convocado al efecto, a quien el Señor le encarga convocar a la guerra (ve, sube, levántate, mira que te envío).
Hay fórmulas que expresan la promesa de victoria, o la promesa de asistencia (Yo estaré con vosotros, Dios está contigo, Dios está contigo, valiente guerrero). El mismo nombre de Yahvé, que se interpreta yo soy el que soy, pero también el que está (siempre contigo) puede considerarse un nombre que expresa la fórmula de asistencia. Y el mismo sentido tiene el nombre Emmanuel, Dios con nosotros, profetizado por Isaías y referido a Jesús. Cuando Jesús despidiéndose de los suyos les promete “yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”, emplea y hace propia la fórmula de asistencia, aplicándola a la misión y la lucha de la Iglesia en este mundo.
Pablo dirá: Si Dios está por nosotros: ¿Quién contra nosotros?
A la luz de la espiritualidad de la guerra santa se comprende lo que significó que los Israelitas le pidieran a Samuel un rey para que saliese delante de ellos a combatir sus guerras. El pedido es doblemente blasfemo y agraviante para el Señor de los ejércitos de Israel. Primero porque ya no admiten o por lo menos no aprecian más el liderazgo divino. Y segundo porque ya no consideran que las guerras de Israel sean las de Dios, sino las suyas propias. Se trata de un movimiento de desacralización y secularización de la vida nacional y política. Y la gravedad de esta apostasía, pero también la del neosecularismo sólo se mide bien a la luz de la teología de la guerra santa.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
La guerra era considerada santa porque la convocaba el Señor y enviaba a ella por medio de sus sacerdotes y levitas. Ellos exhortaban, organizaban y enviaban las tropas al combate.
En esas guerras era Dios quien lideraba las huestes de Israel, las salvaba de la mano de sus enemigos; y las llevaba a la victoria mediante su presencia y asistencia salvíficas.
La teología de la guerra santa se expresa mediante lo que los exegetas han dado en llamar fórmulas.
Está en primer lugar el primer mandamiento del guerrero de Dios que es No temas. Desde el no temas María, siguiendo por los no temas de Jesús en el Evangelio, han de verse iluminados por este mandato de no temer, como opuesto al amor y la confianza.
Siguen los motivos y fundamentos para no temer, que se expresan en las fórmulas de vocación y envío al combate, así como en promesas de auxilio y de victoria.
La convocación de la guerra santa suele encomendársele a un líder carismático convocado al efecto, a quien el Señor le encarga convocar a la guerra (ve, sube, levántate, mira que te envío).
Hay fórmulas que expresan la promesa de victoria, o la promesa de asistencia (Yo estaré con vosotros, Dios está contigo, Dios está contigo, valiente guerrero). El mismo nombre de Yahvé, que se interpreta yo soy el que soy, pero también el que está (siempre contigo) puede considerarse un nombre que expresa la fórmula de asistencia. Y el mismo sentido tiene el nombre Emmanuel, Dios con nosotros, profetizado por Isaías y referido a Jesús. Cuando Jesús despidiéndose de los suyos les promete “yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”, emplea y hace propia la fórmula de asistencia, aplicándola a la misión y la lucha de la Iglesia en este mundo.
Pablo dirá: Si Dios está por nosotros: ¿Quién contra nosotros?
A la luz de la espiritualidad de la guerra santa se comprende lo que significó que los Israelitas le pidieran a Samuel un rey para que saliese delante de ellos a combatir sus guerras. El pedido es doblemente blasfemo y agraviante para el Señor de los ejércitos de Israel. Primero porque ya no admiten o por lo menos no aprecian más el liderazgo divino. Y segundo porque ya no consideran que las guerras de Israel sean las de Dios, sino las suyas propias. Se trata de un movimiento de desacralización y secularización de la vida nacional y política. Y la gravedad de esta apostasía, pero también la del neosecularismo sólo se mide bien a la luz de la teología de la guerra santa.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
viernes, 8 de abril de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (3 de 17)
1.1. - La Guerra Santa
Este es el lugar de abrir un paréntesis para presentar el arquetipo vetero-testamentario de la lucha y victoria del cristiano donde tiene su lugar principal la virtud de la fortaleza. Me refiero a la guerra santa, a cuyo contexto pertenecen los textos que acabo de alegar
Quizás esta propuesta cause sorpresa en algunos y les parezca anacrónica y prescindible. Pero no es así. Sabemos la importancia teológica que tienen los tipos bíblicos y cómo el sentido tipológico arroja su luz sobre el misterio de la vida cristiana. Como dice San Pablo:
"Estas cosas sucedieron en figuras para nosotros" [1 Corintios 10,6 (cfr. V.11).: ].
El sentido típico permite una transposición de los hechos del Antiguo Testamento al Nuevo. Y si hemos de explorar la transposición de los de la guerra santa al tiempo de la vida cristiana y de la Iglesia, los hallaremos especialmente concentrados en la lucha y victoria de Cristo y de su cuerpo místico.
La guerra santa, no es un tipo último. Es un tipo o figura subordinado al tema de la Tierra Prometida. Dios le entrega a su pueblo la Tierra Prometida y lo pone en posesión de ella, mediante
una serie de episodios de guerra santa.
A su vez, el tipo del cumplimiento de la Promesa de la tierra es un tema subordinado a otro: a la Alianza, dentro de la cual se dan las promesas y a la obediencia y docilidad amorosa con que debe responder el pueblo a su elección.
La Tierra Prometida es, en el Antiguo Testamento, la prefiguración de la Vida eterna, no sólo como el más allá de esta vida, sino incluyendo su comienzo, que es la caridad, (agape en griego y jésed en hebreo) como si fuese su anticipo, sus arras y su comienzo. De ahí que la guerra santa encuentre su equivalente y se encuentre traspuesto en el nuevo, en la lucha con la carne, el mundo y el demonio. La victoria que Dios daba a los suyos en el Antiguo Testamento era, un don de gracia y un premio a los luchadores en el combate de la fe y de la caridad divina.
Y lo seguirá siendo en el Nuevo Testamento.
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
A su vez, el tipo del cumplimiento de la Promesa de la tierra es un tema subordinado a otro: a la Alianza, dentro de la cual se dan las promesas y a la obediencia y docilidad amorosa con que debe responder el pueblo a su elección.
La Tierra Prometida es, en el Antiguo Testamento, la prefiguración de la Vida eterna, no sólo como el más allá de esta vida, sino incluyendo su comienzo, que es la caridad, (agape en griego y jésed en hebreo) como si fuese su anticipo, sus arras y su comienzo. De ahí que la guerra santa encuentre su equivalente y se encuentre traspuesto en el nuevo, en la lucha con la carne, el mundo y el demonio. La victoria que Dios daba a los suyos en el Antiguo Testamento era, un don de gracia y un premio a los luchadores en el combate de la fe y de la caridad divina.
Y lo seguirá siendo en el Nuevo Testamento.
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viernes, 1 de abril de 2011
LA FORTALEZA CRISTIANA (2 de 17)
“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”FORTALEZA Y CARIDAD
1. - Un recorrido por textos bíblicos
Tomo como punta del hilo de la madeja de mi exposición, la frase que he elegido para subtítulo: “El gozo del Señor es vuestra fortaleza” [Nehemías 8,10: ki jedwat 'adonáy hi' ma`uzzekhém]
Podría haber elegido otros textos bíblicos que se refieren a la fortaleza.
Por ejemplo algunos del Antiguo Testamento, que nos introducen, todos y cualquiera de ellos, desde distintos ángulos, en los misterios de la participación del creyente en la fuerza divina:
El salmista, que en muchos casos es nada menos que el Rey David podrá cantar:
“El Señor es mi fuerza”,
“Mi Dios, la Roca en que me amparo, mi escudo,...
mi Altura inexpugnable y mi Baluarte” [Salmo 18,3].
"El Señor mi fuerza", "fuerza de su pueblo", "fortaleza de salvación para su ungido" [Salmo 27,7 y 8: 'adonáy 'uzzí ... 'oz la'amó, uma'óz meshijó]
En el rudo contexto de la guerra santa los guerreros carismáticos afirmarán que tanto la fuerza como la victoria les viene del Señor:
El joven David, tras probarse las armas de los guerreros de Israel y quitárselas oprimido por su peso, va al encuentro del gigante Goliat armado de su honda de pastor y cinco guijarros del torrente. David acomete al temido enemigo: "en nombre del Dios de los Ejércitos de Israel" y proclama su convicción de que: "no por la espada ni por la lanza salva el Señor, sino que, porque esta guerra es del Señor, Él os entrega en nuestras manos" [1 Samuel 17,47]
Jonatán afirmará en pleno combate: "Nada le impide a Dios dar la victoria con pocos o con muchos" [1 Samuel 14,6].
Coincidentemente con Jonatán, siglos después, Judas Macabeo, arengará a sus tropas atemorizadas por un ejército muy superior en número, diciendo: "En la guerra no proviene la victoria de la muchedumbre del ejército sino de la fuerza que viene del Cielo" [1 Macabeos 3,19].
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Conferencia en las VII Jornadas de Espiritualidad Católica sobre: LAS VIRTUDES CRISTIANAS
Organizadas por el Oratorio Jerónimo Frassati, ”. El Volcán, San Luis, 15-17 Junio 2001
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