sábado, 21 de julio de 2012
P.Horacio Bojorge - El demonio de la acedia
7/13 - Acedia contra matrimonio y familia
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viernes, 20 de julio de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (5 de 27)
1.4. Los inefables bíblicos comunes a nuestras culturas
De ahí la dificultad de exponer y describir una cultura, que, como la bíblica, funda, en gran medida, a la cultura occidental. Aún después de que ésta ha tomado distancia de los aspectos explícitamente religiosos de sus raíces bíblicas, no le ha sido siempre posible tomar distancia de sus raíces más ocultas.
La crítica a las religiones, - por ejemplo - tan característica de la cultura occidental, implica, quizás, en el fondo, una actitud religiosa, no tan distante de lo que dentro del mundo bíblico fueron las críticas de los profetas, no sólo al sincretismo cultual, sino también incluso al culto ortodoxo del templo de Jerusalén.
Diríamos que la crítica a la religión proviene, en nuestra cultura, de la cultura bíblica. Occidente se la debe a esta raíz de su cultura; la hereda del mundo bíblico, aunque luego la desarrolle por sus propios caminos, incluso en contra de elementos de la tradición cultural bíblica.
Exploramos lo que las Sagradas Escrituras nos revelan acerca del parentesco divino, uno de los supuestos fundantes del mundo judeo-cristiano, que, junto con el mundo latino y el mundo griego, son las tres grandes corrientes culturales en las que abrevó la cultura occidental.
1.5. De los descensos
Lo que vengo diciendo, sobre las huellas de pensadores, filósofos e historiadores de la religión y de las religiones comparadas, se expresaba ya en la antigüedad con el patrón mítico de los descensos.
De ahí la dificultad de exponer y describir una cultura, que, como la bíblica, funda, en gran medida, a la cultura occidental. Aún después de que ésta ha tomado distancia de los aspectos explícitamente religiosos de sus raíces bíblicas, no le ha sido siempre posible tomar distancia de sus raíces más ocultas.
La crítica a las religiones, - por ejemplo - tan característica de la cultura occidental, implica, quizás, en el fondo, una actitud religiosa, no tan distante de lo que dentro del mundo bíblico fueron las críticas de los profetas, no sólo al sincretismo cultual, sino también incluso al culto ortodoxo del templo de Jerusalén.
Diríamos que la crítica a la religión proviene, en nuestra cultura, de la cultura bíblica. Occidente se la debe a esta raíz de su cultura; la hereda del mundo bíblico, aunque luego la desarrolle por sus propios caminos, incluso en contra de elementos de la tradición cultural bíblica.
Exploramos lo que las Sagradas Escrituras nos revelan acerca del parentesco divino, uno de los supuestos fundantes del mundo judeo-cristiano, que, junto con el mundo latino y el mundo griego, son las tres grandes corrientes culturales en las que abrevó la cultura occidental.
1.5. De los descensos
Lo que vengo diciendo, sobre las huellas de pensadores, filósofos e historiadores de la religión y de las religiones comparadas, se expresaba ya en la antigüedad con el patrón mítico de los descensos.
Para ocuparnos de los elementos fundantes de una cultura, de aquéllos que la hacen comprensible y de alguna manera revivible por el observador, hay que descender, hay que internarse en napas profundas que, por eso mismo, no son las que se explicitan ni con más frecuencia ni con más profusión.
Suelen estar rodeadas de discreto y aún de sagrado silencio [Véase también nuestro Estudio Preliminar a la obra del P. Alfredo Sáenz S.J., Las Parábolas Evangélicas según los Santos Padres, T.2: Las Parábolas de la Misericordia con el Prójimo Ed. Gladius, Bs. As. 1995, pp. 13-38.]. No hay que extrañarse, por lo tanto, de que, dentro de la cultura bíblica, el tema del Dios Pariente se haya explicitado tardíamente y más bien a consecuencia de la crisis cultural preexílica y exílica.
Ni tampoco ha de extrañar que, debido al mismo hecho, este tema sea por lo general sobrevolado o apenas reconocido por las teologías bíblicas actuales.
Para tratar de este tema, que sin embargo nos parece el corazón de la cultura bíblica, tendremos que iniciar algo así como un descenso.
Con el arquetipo de los descensos, las culturas antiguas, expresaron la inefabilidad y la condición nefanda de sus presupuestos culturales más constitutivos e identificatorios, y, por otro lado, el deseo de ir a su encuentro y comprenderlos, sobre todo en los momentos de crisis.
La literatura del descenso, se vuelca en el molde de la epopeya, y desde el viaje de la diosa Inana a los Infiernos, pasando por la Odisea, la Eneida y la Divina Comedia, y entre nosotros por el Tabaré, está vinculada a los orígenes de la ciudad, a la figura arquetípica de sus fundadores.
Para encontrarse con las raíces pasadas de lo presente es necesario ir al encuentro de los que fueron. Como lo dice Zorrilla de San Martín al comienzo del Tabaré: "levantaré la losa de una tumba y adentrándome en ella, alumbraré la soledad inmensa".
No hay pleno encuentro con el presente si no es por el largo camino de su historia. No hay comprensión del destino de los que viven sin un encuentro iniciático con los que fueron. Lo que hemos intentado decir en términos actuales, lo decía ya, a su manera, el pensamiento mítico y poético.
En otro lugar hemos puesto como ejemplo de descenso, el poema Tabaré, de Juan Zorrilla de San Martín. Y hemos hecho notar allí que esa epopeya latinoamericana conduce, "por vías oníricas, hasta el conflicto de razas fundante de las actuales naciones iberoamericanas.
Conduce hasta los, a veces aún no digeridos pecados, agravios y rencores; que pueden sorprendernos con inesperadas y tan violentas como inexplicables erupciones. De esos pecados, que frustraron hermosas posibilidades humanas, nacerían las violencias y sufrimientos de inocentes que, para muchos observadores, son el baldón de estos pueblos.
El Tabaré, en su epicidad apenas disimulable bajo el atuendo de sus galas románticas, tiene algo de afloración onírica del inconsciente del blanco hispanoamericano, o más específicamente del alma bíblica de la cultura criollo-católica.
En el Tabaré, Zorrilla dice lo mismo que dirá años después en El Sermón de la Paz. Ambas son meditaciones culturales, cada una en su género: la una épica, la otra en el género del ensayo. En lo más profundo del Tabaré, el conflicto épico se entabla entre la fuerza del bautismo y la del pecado. Las consecuencias son históricas.
La imposibilidad de comunicarse en paz que experimentan los hombres, frustra las reales posibilidades humanas. Esta dimensión profunda del poema, se hace perceptible sólo a partir del conocimiento de la cultura bíblica, a la que Zorrilla está vinculado.
Diríamos que El Sermón de la Paz, ha de ser una de las claves de lectura del Tabaré".
Suelen estar rodeadas de discreto y aún de sagrado silencio [Véase también nuestro Estudio Preliminar a la obra del P. Alfredo Sáenz S.J., Las Parábolas Evangélicas según los Santos Padres, T.2: Las Parábolas de la Misericordia con el Prójimo Ed. Gladius, Bs. As. 1995, pp. 13-38.]. No hay que extrañarse, por lo tanto, de que, dentro de la cultura bíblica, el tema del Dios Pariente se haya explicitado tardíamente y más bien a consecuencia de la crisis cultural preexílica y exílica.
Ni tampoco ha de extrañar que, debido al mismo hecho, este tema sea por lo general sobrevolado o apenas reconocido por las teologías bíblicas actuales.
Para tratar de este tema, que sin embargo nos parece el corazón de la cultura bíblica, tendremos que iniciar algo así como un descenso.
Con el arquetipo de los descensos, las culturas antiguas, expresaron la inefabilidad y la condición nefanda de sus presupuestos culturales más constitutivos e identificatorios, y, por otro lado, el deseo de ir a su encuentro y comprenderlos, sobre todo en los momentos de crisis.
La literatura del descenso, se vuelca en el molde de la epopeya, y desde el viaje de la diosa Inana a los Infiernos, pasando por la Odisea, la Eneida y la Divina Comedia, y entre nosotros por el Tabaré, está vinculada a los orígenes de la ciudad, a la figura arquetípica de sus fundadores.
Para encontrarse con las raíces pasadas de lo presente es necesario ir al encuentro de los que fueron. Como lo dice Zorrilla de San Martín al comienzo del Tabaré: "levantaré la losa de una tumba y adentrándome en ella, alumbraré la soledad inmensa".
No hay pleno encuentro con el presente si no es por el largo camino de su historia. No hay comprensión del destino de los que viven sin un encuentro iniciático con los que fueron. Lo que hemos intentado decir en términos actuales, lo decía ya, a su manera, el pensamiento mítico y poético.
En otro lugar hemos puesto como ejemplo de descenso, el poema Tabaré, de Juan Zorrilla de San Martín. Y hemos hecho notar allí que esa epopeya latinoamericana conduce, "por vías oníricas, hasta el conflicto de razas fundante de las actuales naciones iberoamericanas.
Conduce hasta los, a veces aún no digeridos pecados, agravios y rencores; que pueden sorprendernos con inesperadas y tan violentas como inexplicables erupciones. De esos pecados, que frustraron hermosas posibilidades humanas, nacerían las violencias y sufrimientos de inocentes que, para muchos observadores, son el baldón de estos pueblos.
El Tabaré, en su epicidad apenas disimulable bajo el atuendo de sus galas románticas, tiene algo de afloración onírica del inconsciente del blanco hispanoamericano, o más específicamente del alma bíblica de la cultura criollo-católica.
En el Tabaré, Zorrilla dice lo mismo que dirá años después en El Sermón de la Paz. Ambas son meditaciones culturales, cada una en su género: la una épica, la otra en el género del ensayo. En lo más profundo del Tabaré, el conflicto épico se entabla entre la fuerza del bautismo y la del pecado. Las consecuencias son históricas.
La imposibilidad de comunicarse en paz que experimentan los hombres, frustra las reales posibilidades humanas. Esta dimensión profunda del poema, se hace perceptible sólo a partir del conocimiento de la cultura bíblica, a la que Zorrilla está vinculado.
Diríamos que El Sermón de la Paz, ha de ser una de las claves de lectura del Tabaré".
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martes, 17 de julio de 2012
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN PARA LA TRASMISIÓN DE LA FE
Y EL DEMONIO DE LA ACEDIA
En el año de la fe y del
Sínodo de los Obispos
sobre la Nueva Evangelización y la trasmisión de la fe.
7 al 28 de octubre de 2012
"El poder que la Iglesia tiene sobre el demonio, que es el mismo poder que tenía Cristo, forma parte integral e irrenunciable - aunque frecuentemente renunciada - de su misión evangelizadora. Esta es la tesis principal de mi reflexíón en ocasión del Año de la Fe y del próximo Sínodo sobre la Evangelización y la trasmisión de la fe.
Monseñor Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro denuncia hoy la presencia diabólica en la mentalidad contemporánea y afirma que: “es un fenómeno de gran profundidad, complejidad y perversidad. Se trata de la acción del demonio que condiciona la vida tratando de socavar la fe del corazón de los hombres. De hecho, hay una presencia diabólica en la mentalidad que domina nuestra sociedad, una mentalidad sustancialmente atea, diabólica en el sentido de decir: si se quita a Dios el hombre se realiza plenamente…
El poder que la Iglesia tiene sobre el demonio, que es el mismo poder que tenía Cristo, forma parte integral de su misión… por eso se trata de dar un juicio claro sobre la presencia del mal, del demonio en la en la vida cultural y social, y acompañar a aquellos que son agredidos por el poder del demonio con un amplio y significativo camino de caridad, a cuyo término de ciertas situaciones está, de hecho, el exorcismo” (“L’Osservatore Romano” 23/24 de abril de 2012).
MI APORTE INDIVIDUAL
tiene conexión con la serie "El Demonio de la acedia" que se está emitiendo por EWTN. La ponencia que sigue la presenté en un Congreso Internacional preparatorio para la Conferencia Episcopal de Aparecida convocado en Lima por el Sodalicio de Vida Cristiana. Vuelvo a presentarlo ahora en relación con el Sínodo y el Año de la fe.
¿Cómo evangelizar la Civilización de la acedia sin reconocer el carácter demoníaco de la acedia del Príncipe de este Mundo que la impregna y la caracteriza? Los enviados a evangelizarla sin conocimiento del carácter demoníaco del fenómeno e ignorando su nombre y sus rostros han sucumbido por miles ante ese demonio que no conocían y mal hubieran podido exorcizar.
1) Jesús confiere a sus discípulos, al enviarlos a predicar, entre otros varios poderes, derramar la paz, sanar enfermos, perdonar pecados, el poder para expulsar demonios. En el discurso eclesial acerca de la nueva evangelización echo de menos referencias y doctrina explícita acerca de este aspecto de la misión de los discípulos y misioneros.
La mención del Maligno en el Mensaje Cuaresmal de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2007, resulta por eso mismo, llamativa;
"El poder que la Iglesia tiene sobre el demonio, que es el mismo poder que tenía Cristo, forma parte integral e irrenunciable - aunque frecuentemente renunciada - de su misión evangelizadora. Esta es la tesis principal de mi reflexíón en ocasión del Año de la Fe y del próximo Sínodo sobre la Evangelización y la trasmisión de la fe.
Monseñor Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro denuncia hoy la presencia diabólica en la mentalidad contemporánea y afirma que: “es un fenómeno de gran profundidad, complejidad y perversidad. Se trata de la acción del demonio que condiciona la vida tratando de socavar la fe del corazón de los hombres. De hecho, hay una presencia diabólica en la mentalidad que domina nuestra sociedad, una mentalidad sustancialmente atea, diabólica en el sentido de decir: si se quita a Dios el hombre se realiza plenamente…
El poder que la Iglesia tiene sobre el demonio, que es el mismo poder que tenía Cristo, forma parte integral de su misión… por eso se trata de dar un juicio claro sobre la presencia del mal, del demonio en la en la vida cultural y social, y acompañar a aquellos que son agredidos por el poder del demonio con un amplio y significativo camino de caridad, a cuyo término de ciertas situaciones está, de hecho, el exorcismo” (“L’Osservatore Romano” 23/24 de abril de 2012).
MI APORTE INDIVIDUAL
tiene conexión con la serie "El Demonio de la acedia" que se está emitiendo por EWTN. La ponencia que sigue la presenté en un Congreso Internacional preparatorio para la Conferencia Episcopal de Aparecida convocado en Lima por el Sodalicio de Vida Cristiana. Vuelvo a presentarlo ahora en relación con el Sínodo y el Año de la fe.
¿Cómo evangelizar la Civilización de la acedia sin reconocer el carácter demoníaco de la acedia del Príncipe de este Mundo que la impregna y la caracteriza? Los enviados a evangelizarla sin conocimiento del carácter demoníaco del fenómeno e ignorando su nombre y sus rostros han sucumbido por miles ante ese demonio que no conocían y mal hubieran podido exorcizar.
1) Jesús confiere a sus discípulos, al enviarlos a predicar, entre otros varios poderes, derramar la paz, sanar enfermos, perdonar pecados, el poder para expulsar demonios. En el discurso eclesial acerca de la nueva evangelización echo de menos referencias y doctrina explícita acerca de este aspecto de la misión de los discípulos y misioneros.
La mención del Maligno en el Mensaje Cuaresmal de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2007, resulta por eso mismo, llamativa;
aunque muchos lectores puedan previsiblemente pasarla por alto sin prestarle atención, como una pura fórmula de rigor sin particular intención docente. Es verdad que tampoco se suelen tomar en consideración, cuando se habla de la nueva evangelización, los demás componentes del envío. Por consiguiente ni se los explicita, ni se los prescribe, ni se los suele tener en cuenta en la práctica kerygmática, catequística y pastoral.
Sin embargo el Señor instituye en forma inseparable el envío apostólico con la misión del anuncio evangélico, los sacramentos (bautismo,penitencia) , anuncio evangélico y sanación de enfermos, anuncio y mendicidad apostólica, con sus implicancias de hospitalidad, y por lo tanto convivencia doméstica de evangelizadores y evangelizados.
Aquí, sin embargo quiero limitarme al aspecto de la función de exorcismo como integrante de la misión de los discípulos. Si Jesús envía a predicar con poder de expulsar demonios y de perdonar pecados es porque lo hace en el Espíritu Santo: "Recibid el Espíritu Santo, así como el Padre me envió yo os envío"
2) Pablo afirma que ha predicado a los Corintios, no solamente una doctrina expuesta con habilidad retórica, sino en ostentación de fuerza espiritual. El está convencido de que la sola ciencia hincha y solamente la caridad edifica, es decir la predicación que anuncia la fe informada por la caridad. Solamente la caridad, es decir el carisma mejor, la obra suprema del Espíritu Santo, da fecundidad a la predicación, como la da a la vida cristiana. Este principio lo aplica al caso de la inconveniencia de comer carne inmolada a los ídolos cuando esto es motivo de escándalo para los débiles en la fe: "La ciencia sola hincha, la caridad edifica. El que crea estar en posesión de la ciencia [es decir de la verdad evangélica] completa aún no comenzó a saber como conviene saber. Sólo quien ama a Dios posee la verdadera ciencia de Dios" . Y por lo tanto, sólo quien ama a Dios es capaz de anunciar el evangelio de modo que suscite, juntamente, la fe, la esperanza y la caridad, en los corazones de los oyentes.
3) La doctrina de San Ignacio de Antioquía es coincidente y confirma, a la vez que ilumina, la doctrina evangélica y paulina acerca del cómo complejo de la evangelización: "Más vale callar y ser que hablando no ser. Bien está enseñar, a condición de que, quien enseña, obre [según lo que enseña]. Ahora bien: Uno es el Maestro que "habló y se hizo" y el que, también aquéllas cosas que hizo callando, fueron dignas del Padre. El que posee de verdad la palabra de Jesús, puede también oír su silencio (esujía) a fin de ser perfecto (teleíos ). " . Se trata pues de evangelizar con "palabras y obras". Y entre esas obras, una sobre la que parece oportuno detenerse, es el poder para la expulsión de demonios.
4) San Juan explicita que ese poder espiritual procede de la caridad, es decir, del Espíritu Santo, cuando afirma que "la caridad perfecta exorciza el miedo"
5) Parece evidente que existe una relación entre el debilitamiento de la fe de muchos bautizados en algunas de las verdades reveladas, con un defecto o debilitamiento de la predicación relativa a esos artículos. Hay verdades que, no son negados explícitamente, pero que tampoco son explicitados suficientemente. Se los acepta en teoría, pero se los silencia en la práctica evangelizadora y pastoral: en la catequesis, la homilética, el confesonario, la dirección espiritual y el aconsejamiento. Han caído en el silencio, y si no los niega, los ministros de la predicación y de la enseñanza los van dejando en el dominio de lo implícito. Pero, puesto que la fe viene por el oído ¿cómo creerán si no se les predica? Entre las verdades reveladas menos predicadas están aquellos artículos de la profesión de fe relativos a la demonología, que tienen estrecha relación con la soteriología y los novísimos; la angelelogía, la vida eterna y el juicio.
No hay que extrañarse de que una omisión práctica en la predicación produzca un debilitamiento de la fe. Y que sobre la llaga de una fe herida, pululen las moscas de Belzebul, el Señor de las moscas, que son las desviaciones doctrinales, los errores, la herejía y la apostasía. Más aún, no hay que extrañarse de que ese silencio sea interpretado por quienes niegan esos artículos de fe, -tales como la existencia del demonio, y el carácter y entidad demoníaca de sus obras-, como un otorgamiento de parte de la jerarquía docente. De modo que ese silencio no suscita la fe donde no está ni pone remedio a los que ya no creen, o están en camino de dejar de creer esos artículos de fe.
Sin embargo: es innegable que Cristo vino para "deshacer las obras del diablo" y si no se sabe que el diablo existe ni cuáles son sus obras, ni se entiende bien la palabra que los discípulos y misioneros son enviados a anunciar, ni se conoce el nombre de los demonios que se oponen a su recepción y a la recepción creyente por parte de las almas. De modo que el silencio sobre estas verdades reveladas afectan gravemente la verdad revelada sobre la salvación, la verdad completa sobre la soteriología.
Un signo de ese silencio e implicitación en el discurso eclesial, incluido el del magisterio. Cuando se enumeran las dificultades para la misión de la Iglesia, o las debilidades de los mismos discípulos y ministros, la enumeración de los males se detiene antes de llegar a un diagnóstico acerca de su naturaleza espiritual. Sin embargo, todos los obstáculos para la fe, vienen del espíritu impuro, así llamado porque es opuesto al Espíritu puro, al santo.
Pero:
a) si se ignora la entidad pneumática de esos hechos, si solamente se perciben, con una mirada naturalista, como fenómenos de naturaleza pura y exclusivamente política, psicológica, social, económica, ¿cómo se los expulsará si se desconoce sus nombres, es decir su verdadera esencia espiritual?
b) esta consideración superficial lleva a un tratamiento de los síntomas que distrae de la aplicación de los verdaderos remedios, ya que a males espirituales se han de aplicar remedios espirituales.
c) Peor aún, produce reformas o intentos de reforma que queriendo limpiar la casa sin ponerla bajo la protección del fuerte, la prepara para la invasión de otros males peores. Así sucede que a los males ideológicos se le oponen recetas ideológicas y se incurre en enfoques pastorales ideologizados, con un implícito menosprecio de los medios de gracia y con total ignorancia de los niveles y formas diversas de acción del espíritu impuro, opuesto al Espíritu Santo. Recetas que han llevado a la pérdida del sentido religioso, al desmantelamiento del culto sacramental y a la demonización del orden devocional y de sus prácticas.
¿Por qué motivo se ha abandonado, por ejemplo, la recitación de la oración a San Miguel Arcángel después de la Misa, o la invocación de San José como patrono de la Iglesia Universal, que fueron medios de oración imperados por León XIII ante males semejantes de orden social y político de su tiempo, que no eran sino la fuente y el comienzo de los actuales y que tienen la misma naturaleza espiritual? Y no me refiero al hecho de que casi haya desaparecido entre sacerdotes y aún de obispos la disposición para admitir las formas más específicas y espectaculares de la acción demoníaca como es la posesión, la obsesión o las infestaciones.
Me refiero a que todos los pecados contra la caridad, contra la fe o la esperanza, como son la anónima apostasía de los bautizados que abandonan la Iglesia católica, el desafecto por la celebración del culto dominical, la creciente incredulidad, el desinterés y la indiferencia por Dios y la convicción de que se puede vivir sin él, la tibieza, la falta de esperanza en que Dios pueda hacer feliz al hombre, la inmanentización del horizonte vital que lleva a vivir de espaldas a la vida eterna y al juicio, quitándole fundamento interior a la conducta moral...
Todos esos son los espíritus impuros sobre los que Jesús comunica el poder a los que envía... Pero para expulsarlos es imprescindible reconocer su verdadera naturaleza. Si se los trata puramente como fenómenos psicológicos o como determinismos culturales ignorando su causalidad demoníaca, el evangelizador comienza a azotar el aire y a dar vueltas en círculos en la noche de su ceguera espiritual. En efecto, si se pierde de vista la relación causal que existe entre las configuraciones perversas de este mundo, como por ejemplo las configuraciones legales de la prepotente cultura de la muerte, de la droga y de la perversión moral, tienen relación de efecto a causa con la voluntad homicida del Príncipe de este mundo, entonces se deja de tener en cuenta cómo se llaman los demonios que enfrentan los discípulos y misioneros.
Para ser enviados, no es suficientes capacitar a los actuales discípulos y evangelizadores para anunciar la doctrina sana y ortodoxa. Tienen que ser enseñados a reconocer clínicamente los síntomas de los espíritus impuros, que se oponen a la acción del Espíritu santo que los envía y de quienes han de ser ministros. Felizmente, en el cuaresmal, del año 2007 SS Benedicto XVI no ha vacilado en referirse al Maligno: "Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible." De vez en cuando, algo excepcionalmente los sumos pontífices se han referido a Satanás. Pero esas menciones excepcionales no han bastado para constituirse en principios prácticos de discernimiento eclesial cuando los partidarios del método del "ver, juzgar y actuar" hacen sus análisis de situación.
Por otra parte, el "mundo" y sus medios masivos de comunicación social, suelen reaccionar como ante ofensas al sentido común, cuando alguna instancia jerárquica o algún ministro de la palabra trata del tema. O cuando declara explícitamente el carácter demoníaco de ciertos hechos públicos, de la cultura, la política. Y los gritos sólo sirven para crear más confusión tras cada intento de clarificación. Esto explica que, a veces por temor a los gritos de los demonios, se prefiera no mencionarlos. Sin embargo, el ejemplo de Nuestro Señor nos convence de que hay que proclamar con más énfasis aquellos artículos de la fe que el mundo más rechaza.
En primer lugar en atención a confortar a los fieles en su fe y en segundo lugar porque la misma proclamación que suscita la auténtica caridad pastoral, obra como exorcismo. La fe de los fieles, en efecto, está más amenazada por la duda y más tentada de flaquear en la confesión o de olvidar positivamente aquellas verdades reveladas que son más rechazadas por el mundo incrédulo en el que peregrinan dispersos. Por lo cual es conveniente reduplicar la predicación y el anuncio de esas verdades, para que prestándoles oído, ejerciten su fe, y esa virtud se fortalezca en ellos por el frecuente ejercicio. De lo contrario, cuando cesan de poner actos de fe, la virtud infusa se debilita. Y sabemos que basta dejar de creer en un artículo para que tenga lugar la apostasía, es decir, el apartarse de la fe, para convertirse en opinante. Pero, en segundo lugar, la proclamación de los artículos rechazados por el mundo incrédulo, es hoy más necesaria que nunca, porque tiene, por sí misma, una virtualidad de exorcismo. Los gritos que provoca lo demuestran.
El Evangelio nos enseña que los demonios gritan, pero salen. Y que si se teme que griten se renuncia a expulsarlos. El mundo que está regido por el Príncipe de este mundo, suele ejercitar así, por temor a los gritos, una censura ya sea previa ya sea concomitante, sobre el magisterio eclesial. Logra influir en el ánimo de muchos pastores, ya sea por convicción ya sea por intimidación. Así consigue acallar la predicación pública de la Iglesia y poner sordina al discurso intraeclesial, cuando éste contradice el sentido común mundano. Si al Maestro lo acusaron de loco y atribuyeron al demonio su poder de exorcismo, no ha de extrañarse el discípulo de compartir la suerte del maestro. Sin embargo, grite lo que grite el mundo, toda obra de mentira y homicidio, proviene del Homicida desde el principio y padre de la mentira.
La música y los espectáculos masificadores y corruptores. Los lugares y los medios que despersonalizan y son ocasión de pecado para las multitudes y especialmente los jóvenes. Las discotecas. Ciertos canales de televisión: no solamente los directamente pecaminosos como son los pornográficos, sino también otros que vestidos de ciencia no pierden ocasión de confundir a los creyentes mediante mentiras vestidas de prestigio pseudocientírico. Pienso en Discovery Channel. Pienso en miembros del equipo de National Geographic. Pienso en el canal Infinito. La Iglesia ha abandonado la práctica de alertar a sus fieles sobre los peligros. Confía en la capacidad de su conciencia para discernir lo bueno y lo malo. Las consecuencias están a la vista. Engañados por miles, abandonan la fe, y la Iglesia y se van tras lobos vestidos de ovejas.
¿No es un exorcismo nombrar los demonios por su nombre y darlos a conocer? ¿No es exorcismo señalar el carácter demoníaco de tantos fenómenos que se dan por inexorables e imposibles de impedir? Un obispo amigo me dijo una vez refiriéndose a este tipo de hechos: "no se puede parar el viento con la mano". Perdón, mi querido amigo. Hemos sido enviados con poder de expulsar demonios. ¿Lo creemos? ¿Lo intentamos? ¿Será porque no lo creemos, que tampoco lo intentamos? Pero entonces ¿qué predicamos? ¿Cómo predicamos, si no creemos nosotros mismos, que Cristo vino a deshacer las obras del demonio y nos envió a nosotros confiándonos los mismos poderes que el Padre le dio?
El demonio de la indiferencia, de la tibieza, la acedia, desamor y odio a Dios. Los así llamados pecados contra la caridad no son simples hechos psicológicos y morales, su más íntima naturaleza es espiritual, demoníaca. Son espíritus antes, son tentadores, que persuaden a pecar. Como me he ocupado extensamente de mostrar las manifestaciones culturales y la naturaleza espiritual y demoníaca de la acedia, no me detendré en ella, pero quisiera aquí manifestar la necesidad de enseñar a los evangelizadores a discernir la naturaleza espiritual de la acedia, porque todos los demás espíritus contrarios a la caridad son vasallos de ese espíritu, que es propiamente el espíritu opuesto al Espíritu Santo, opuesto al amor.
Si se omite el discernimiento de lo más y más extendido y el exorcismo ante la tentación generalizada del espíritu de acedia, no es de extrañarse que haya también omisión en sus manifestaciones menos frecuentemente manifiestas aunque más espectaculares. Monseñor Andrea Gemma, obispo de Isernia-Venafro decidió ejercitar su poder de exorcista y se vio confirmado en su fe por sorprendentes resultados, que, como al Padre Gabriele Amorth lo llevaron a revisar las convicciones de fe y práctica pastoral de la Iglesia católica.
Mons. Andrea Gemma observa con dolor que "la Iglesia en crisis no usa sus armas". El obispo buscó inspiración en los textos del Vaticano II, y he aquí sus conclusiones: “Id y hojead todos los documentos del Concilio Vaticano II, [...] verificad si se habla, y cuántas veces, del demonio y de sus obras. ¿Sabíais que en aquellos dieciséis documentos, pensados y ponderados, no existe siquiera la palabra infierno, ni la palabra demonio? Increíble, pero verdadero, basta verificarlo...” (Pastoral de 1991: Las puertas del infierno no prevalecerán p. 88)
2. Él se volcó sobre los textos litúrgicos antiguos y nuevos. Y quedó estupefacto: “Siempre lamenté que en la reforma de la Misa se haya sacado aquella oración a San Miguel [Exorcismo Breve], que León XIII, no sin inspiración de lo alto, quiso que fuese recitada al final de cada celebración. ¡Muchas veces el demonio, por la voz de los posesos, hizo saber que gustó muchísimo de esa abolición! [...] ¿Qué es lo que sugirió y sugiere evitarse lo más posible, en los textos litúrgicos, la mención a Satanás, a sus nefastas intervenciones, a las consecuencias de su acción destructiva? Quien pueda, que me responda. Y con argumentos válidos, por favor. [...] Hoy la obra asesina del demonio es más evidente que nunca [...]. Entonces, no solamente no era el caso de expurgar las fórmulas deprecatorias e imprecatorias, sino de multiplicarlas y reforzarlas. Sin embargo, lamentablemente no fue así” (p. 27)".
2) Pablo afirma que ha predicado a los Corintios, no solamente una doctrina expuesta con habilidad retórica, sino en ostentación de fuerza espiritual. El está convencido de que la sola ciencia hincha y solamente la caridad edifica, es decir la predicación que anuncia la fe informada por la caridad. Solamente la caridad, es decir el carisma mejor, la obra suprema del Espíritu Santo, da fecundidad a la predicación, como la da a la vida cristiana. Este principio lo aplica al caso de la inconveniencia de comer carne inmolada a los ídolos cuando esto es motivo de escándalo para los débiles en la fe: "La ciencia sola hincha, la caridad edifica. El que crea estar en posesión de la ciencia [es decir de la verdad evangélica] completa aún no comenzó a saber como conviene saber. Sólo quien ama a Dios posee la verdadera ciencia de Dios" . Y por lo tanto, sólo quien ama a Dios es capaz de anunciar el evangelio de modo que suscite, juntamente, la fe, la esperanza y la caridad, en los corazones de los oyentes.
3) La doctrina de San Ignacio de Antioquía es coincidente y confirma, a la vez que ilumina, la doctrina evangélica y paulina acerca del cómo complejo de la evangelización: "Más vale callar y ser que hablando no ser. Bien está enseñar, a condición de que, quien enseña, obre [según lo que enseña]. Ahora bien: Uno es el Maestro que "habló y se hizo" y el que, también aquéllas cosas que hizo callando, fueron dignas del Padre. El que posee de verdad la palabra de Jesús, puede también oír su silencio (esujía) a fin de ser perfecto (teleíos ). " . Se trata pues de evangelizar con "palabras y obras". Y entre esas obras, una sobre la que parece oportuno detenerse, es el poder para la expulsión de demonios.
4) San Juan explicita que ese poder espiritual procede de la caridad, es decir, del Espíritu Santo, cuando afirma que "la caridad perfecta exorciza el miedo"
5) Parece evidente que existe una relación entre el debilitamiento de la fe de muchos bautizados en algunas de las verdades reveladas, con un defecto o debilitamiento de la predicación relativa a esos artículos. Hay verdades que, no son negados explícitamente, pero que tampoco son explicitados suficientemente. Se los acepta en teoría, pero se los silencia en la práctica evangelizadora y pastoral: en la catequesis, la homilética, el confesonario, la dirección espiritual y el aconsejamiento. Han caído en el silencio, y si no los niega, los ministros de la predicación y de la enseñanza los van dejando en el dominio de lo implícito. Pero, puesto que la fe viene por el oído ¿cómo creerán si no se les predica? Entre las verdades reveladas menos predicadas están aquellos artículos de la profesión de fe relativos a la demonología, que tienen estrecha relación con la soteriología y los novísimos; la angelelogía, la vida eterna y el juicio.
No hay que extrañarse de que una omisión práctica en la predicación produzca un debilitamiento de la fe. Y que sobre la llaga de una fe herida, pululen las moscas de Belzebul, el Señor de las moscas, que son las desviaciones doctrinales, los errores, la herejía y la apostasía. Más aún, no hay que extrañarse de que ese silencio sea interpretado por quienes niegan esos artículos de fe, -tales como la existencia del demonio, y el carácter y entidad demoníaca de sus obras-, como un otorgamiento de parte de la jerarquía docente. De modo que ese silencio no suscita la fe donde no está ni pone remedio a los que ya no creen, o están en camino de dejar de creer esos artículos de fe.
Sin embargo: es innegable que Cristo vino para "deshacer las obras del diablo" y si no se sabe que el diablo existe ni cuáles son sus obras, ni se entiende bien la palabra que los discípulos y misioneros son enviados a anunciar, ni se conoce el nombre de los demonios que se oponen a su recepción y a la recepción creyente por parte de las almas. De modo que el silencio sobre estas verdades reveladas afectan gravemente la verdad revelada sobre la salvación, la verdad completa sobre la soteriología.
Un signo de ese silencio e implicitación en el discurso eclesial, incluido el del magisterio. Cuando se enumeran las dificultades para la misión de la Iglesia, o las debilidades de los mismos discípulos y ministros, la enumeración de los males se detiene antes de llegar a un diagnóstico acerca de su naturaleza espiritual. Sin embargo, todos los obstáculos para la fe, vienen del espíritu impuro, así llamado porque es opuesto al Espíritu puro, al santo.
Pero:
a) si se ignora la entidad pneumática de esos hechos, si solamente se perciben, con una mirada naturalista, como fenómenos de naturaleza pura y exclusivamente política, psicológica, social, económica, ¿cómo se los expulsará si se desconoce sus nombres, es decir su verdadera esencia espiritual?
b) esta consideración superficial lleva a un tratamiento de los síntomas que distrae de la aplicación de los verdaderos remedios, ya que a males espirituales se han de aplicar remedios espirituales.
c) Peor aún, produce reformas o intentos de reforma que queriendo limpiar la casa sin ponerla bajo la protección del fuerte, la prepara para la invasión de otros males peores. Así sucede que a los males ideológicos se le oponen recetas ideológicas y se incurre en enfoques pastorales ideologizados, con un implícito menosprecio de los medios de gracia y con total ignorancia de los niveles y formas diversas de acción del espíritu impuro, opuesto al Espíritu Santo. Recetas que han llevado a la pérdida del sentido religioso, al desmantelamiento del culto sacramental y a la demonización del orden devocional y de sus prácticas.
¿Por qué motivo se ha abandonado, por ejemplo, la recitación de la oración a San Miguel Arcángel después de la Misa, o la invocación de San José como patrono de la Iglesia Universal, que fueron medios de oración imperados por León XIII ante males semejantes de orden social y político de su tiempo, que no eran sino la fuente y el comienzo de los actuales y que tienen la misma naturaleza espiritual? Y no me refiero al hecho de que casi haya desaparecido entre sacerdotes y aún de obispos la disposición para admitir las formas más específicas y espectaculares de la acción demoníaca como es la posesión, la obsesión o las infestaciones.
Me refiero a que todos los pecados contra la caridad, contra la fe o la esperanza, como son la anónima apostasía de los bautizados que abandonan la Iglesia católica, el desafecto por la celebración del culto dominical, la creciente incredulidad, el desinterés y la indiferencia por Dios y la convicción de que se puede vivir sin él, la tibieza, la falta de esperanza en que Dios pueda hacer feliz al hombre, la inmanentización del horizonte vital que lleva a vivir de espaldas a la vida eterna y al juicio, quitándole fundamento interior a la conducta moral...
Todos esos son los espíritus impuros sobre los que Jesús comunica el poder a los que envía... Pero para expulsarlos es imprescindible reconocer su verdadera naturaleza. Si se los trata puramente como fenómenos psicológicos o como determinismos culturales ignorando su causalidad demoníaca, el evangelizador comienza a azotar el aire y a dar vueltas en círculos en la noche de su ceguera espiritual. En efecto, si se pierde de vista la relación causal que existe entre las configuraciones perversas de este mundo, como por ejemplo las configuraciones legales de la prepotente cultura de la muerte, de la droga y de la perversión moral, tienen relación de efecto a causa con la voluntad homicida del Príncipe de este mundo, entonces se deja de tener en cuenta cómo se llaman los demonios que enfrentan los discípulos y misioneros.
Para ser enviados, no es suficientes capacitar a los actuales discípulos y evangelizadores para anunciar la doctrina sana y ortodoxa. Tienen que ser enseñados a reconocer clínicamente los síntomas de los espíritus impuros, que se oponen a la acción del Espíritu santo que los envía y de quienes han de ser ministros. Felizmente, en el cuaresmal, del año 2007 SS Benedicto XVI no ha vacilado en referirse al Maligno: "Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible." De vez en cuando, algo excepcionalmente los sumos pontífices se han referido a Satanás. Pero esas menciones excepcionales no han bastado para constituirse en principios prácticos de discernimiento eclesial cuando los partidarios del método del "ver, juzgar y actuar" hacen sus análisis de situación.
Por otra parte, el "mundo" y sus medios masivos de comunicación social, suelen reaccionar como ante ofensas al sentido común, cuando alguna instancia jerárquica o algún ministro de la palabra trata del tema. O cuando declara explícitamente el carácter demoníaco de ciertos hechos públicos, de la cultura, la política. Y los gritos sólo sirven para crear más confusión tras cada intento de clarificación. Esto explica que, a veces por temor a los gritos de los demonios, se prefiera no mencionarlos. Sin embargo, el ejemplo de Nuestro Señor nos convence de que hay que proclamar con más énfasis aquellos artículos de la fe que el mundo más rechaza.
En primer lugar en atención a confortar a los fieles en su fe y en segundo lugar porque la misma proclamación que suscita la auténtica caridad pastoral, obra como exorcismo. La fe de los fieles, en efecto, está más amenazada por la duda y más tentada de flaquear en la confesión o de olvidar positivamente aquellas verdades reveladas que son más rechazadas por el mundo incrédulo en el que peregrinan dispersos. Por lo cual es conveniente reduplicar la predicación y el anuncio de esas verdades, para que prestándoles oído, ejerciten su fe, y esa virtud se fortalezca en ellos por el frecuente ejercicio. De lo contrario, cuando cesan de poner actos de fe, la virtud infusa se debilita. Y sabemos que basta dejar de creer en un artículo para que tenga lugar la apostasía, es decir, el apartarse de la fe, para convertirse en opinante. Pero, en segundo lugar, la proclamación de los artículos rechazados por el mundo incrédulo, es hoy más necesaria que nunca, porque tiene, por sí misma, una virtualidad de exorcismo. Los gritos que provoca lo demuestran.
El Evangelio nos enseña que los demonios gritan, pero salen. Y que si se teme que griten se renuncia a expulsarlos. El mundo que está regido por el Príncipe de este mundo, suele ejercitar así, por temor a los gritos, una censura ya sea previa ya sea concomitante, sobre el magisterio eclesial. Logra influir en el ánimo de muchos pastores, ya sea por convicción ya sea por intimidación. Así consigue acallar la predicación pública de la Iglesia y poner sordina al discurso intraeclesial, cuando éste contradice el sentido común mundano. Si al Maestro lo acusaron de loco y atribuyeron al demonio su poder de exorcismo, no ha de extrañarse el discípulo de compartir la suerte del maestro. Sin embargo, grite lo que grite el mundo, toda obra de mentira y homicidio, proviene del Homicida desde el principio y padre de la mentira.
La música y los espectáculos masificadores y corruptores. Los lugares y los medios que despersonalizan y son ocasión de pecado para las multitudes y especialmente los jóvenes. Las discotecas. Ciertos canales de televisión: no solamente los directamente pecaminosos como son los pornográficos, sino también otros que vestidos de ciencia no pierden ocasión de confundir a los creyentes mediante mentiras vestidas de prestigio pseudocientírico. Pienso en Discovery Channel. Pienso en miembros del equipo de National Geographic. Pienso en el canal Infinito. La Iglesia ha abandonado la práctica de alertar a sus fieles sobre los peligros. Confía en la capacidad de su conciencia para discernir lo bueno y lo malo. Las consecuencias están a la vista. Engañados por miles, abandonan la fe, y la Iglesia y se van tras lobos vestidos de ovejas.
¿No es un exorcismo nombrar los demonios por su nombre y darlos a conocer? ¿No es exorcismo señalar el carácter demoníaco de tantos fenómenos que se dan por inexorables e imposibles de impedir? Un obispo amigo me dijo una vez refiriéndose a este tipo de hechos: "no se puede parar el viento con la mano". Perdón, mi querido amigo. Hemos sido enviados con poder de expulsar demonios. ¿Lo creemos? ¿Lo intentamos? ¿Será porque no lo creemos, que tampoco lo intentamos? Pero entonces ¿qué predicamos? ¿Cómo predicamos, si no creemos nosotros mismos, que Cristo vino a deshacer las obras del demonio y nos envió a nosotros confiándonos los mismos poderes que el Padre le dio?
El demonio de la indiferencia, de la tibieza, la acedia, desamor y odio a Dios. Los así llamados pecados contra la caridad no son simples hechos psicológicos y morales, su más íntima naturaleza es espiritual, demoníaca. Son espíritus antes, son tentadores, que persuaden a pecar. Como me he ocupado extensamente de mostrar las manifestaciones culturales y la naturaleza espiritual y demoníaca de la acedia, no me detendré en ella, pero quisiera aquí manifestar la necesidad de enseñar a los evangelizadores a discernir la naturaleza espiritual de la acedia, porque todos los demás espíritus contrarios a la caridad son vasallos de ese espíritu, que es propiamente el espíritu opuesto al Espíritu Santo, opuesto al amor.
Si se omite el discernimiento de lo más y más extendido y el exorcismo ante la tentación generalizada del espíritu de acedia, no es de extrañarse que haya también omisión en sus manifestaciones menos frecuentemente manifiestas aunque más espectaculares. Monseñor Andrea Gemma, obispo de Isernia-Venafro decidió ejercitar su poder de exorcista y se vio confirmado en su fe por sorprendentes resultados, que, como al Padre Gabriele Amorth lo llevaron a revisar las convicciones de fe y práctica pastoral de la Iglesia católica.
Mons. Andrea Gemma observa con dolor que "la Iglesia en crisis no usa sus armas". El obispo buscó inspiración en los textos del Vaticano II, y he aquí sus conclusiones: “Id y hojead todos los documentos del Concilio Vaticano II, [...] verificad si se habla, y cuántas veces, del demonio y de sus obras. ¿Sabíais que en aquellos dieciséis documentos, pensados y ponderados, no existe siquiera la palabra infierno, ni la palabra demonio? Increíble, pero verdadero, basta verificarlo...” (Pastoral de 1991: Las puertas del infierno no prevalecerán p. 88)
2. Él se volcó sobre los textos litúrgicos antiguos y nuevos. Y quedó estupefacto: “Siempre lamenté que en la reforma de la Misa se haya sacado aquella oración a San Miguel [Exorcismo Breve], que León XIII, no sin inspiración de lo alto, quiso que fuese recitada al final de cada celebración. ¡Muchas veces el demonio, por la voz de los posesos, hizo saber que gustó muchísimo de esa abolición! [...] ¿Qué es lo que sugirió y sugiere evitarse lo más posible, en los textos litúrgicos, la mención a Satanás, a sus nefastas intervenciones, a las consecuencias de su acción destructiva? Quien pueda, que me responda. Y con argumentos válidos, por favor. [...] Hoy la obra asesina del demonio es más evidente que nunca [...]. Entonces, no solamente no era el caso de expurgar las fórmulas deprecatorias e imprecatorias, sino de multiplicarlas y reforzarlas. Sin embargo, lamentablemente no fue así” (p. 27)".
viernes, 13 de julio de 2012
ELGO'EL: DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (4 de 27)
1.2 El inconsciente o subconsciente cultural
Una de las principales dificultades en la descripción y comparación de las culturas radica, precisamente, en el hecho de que las raíces mismas de toda cultura son de difícil acceso a la conciencia y a la reflexión. Los fundamentos de las culturas son por lo general axiomáticos e implícitos. Más aún, habitualmente la misma pertenencia cultural es un hecho que permanece inconsciente o subconsciente.
La cultura no sólo está constituida por elementos conscientes, sino que está fundada sobre supuestos implícitos y en cierta medida inefables. Nada tan difícilmente expresable como lo que, a fuerza de ser obvio dentro de una cultura, ya no necesita ser dicho. Y sin embargo es precisamente en ese nivel, de tan difícil acceso, donde están los rasgos definitorios de la identidad de una cultura.
1.3. Los inefables
Una de las principales dificultades en la descripción y comparación de las culturas radica, precisamente, en el hecho de que las raíces mismas de toda cultura son de difícil acceso a la conciencia y a la reflexión. Los fundamentos de las culturas son por lo general axiomáticos e implícitos. Más aún, habitualmente la misma pertenencia cultural es un hecho que permanece inconsciente o subconsciente.
La cultura no sólo está constituida por elementos conscientes, sino que está fundada sobre supuestos implícitos y en cierta medida inefables. Nada tan difícilmente expresable como lo que, a fuerza de ser obvio dentro de una cultura, ya no necesita ser dicho. Y sin embargo es precisamente en ese nivel, de tan difícil acceso, donde están los rasgos definitorios de la identidad de una cultura.
1.3. Los inefables
En toda cultura hay términos estructurantes y términos estructurados. Términos que explican la estructura cultural y términos que se explican desde la estructura cultural. Términos rectores, que gobiernan la inteligencia del conjunto, y términos tributarios que se comprenden por derivación, a la luz de aquéllos.
A veces los conceptos más fundamentales de una cultura no son ni los más nombrados ni los más aparentes. Como sucede con los cimientos sobre los que reposa un edificio, los supuestos sobre los que reposa una cultura son sobreentendidos y por eso habitualmente tácitos.
Las culturas reposan sobre el cimiento de lo indiscutido, de lo indiscutible. Los llamados "tabúes" -que tienen tan mala prensa en la vertiente racional y cientificista de nuestro reciente pasado cultural-, pertenecen sin embargo necesaria e inevitablemente al cimiento de toda cultura.
También la vertiente racionalista o positivista, tiene sus principios indiscutibles, intocables y por lo tanto de alguna manera sacros. Son precisamente aquellas realidades, aquellas convicciones, aquellos supuestos que no se pueden tocar sin que todo el edificio de una cultura se tambalee.
Por eso una cultura sólo puede permitirse criticar los tabúes de las demás culturas, pero lo hace desde la firmeza que le da el estar firmemente asentada sobre los suyos propios, desde los cuales censura los tabúes ajenos. El tabú es nefando y es inefable; sin que sea fácil discernir qué es lo primero: si su carácter de nefando o su carácter de inefable.
Los presupuestos definitorios de una cultura no deben ser expresados porque no pueden ser tocados. No se los debe expresar, no se considera conveniente hablar sobre ellos, porque no se los puede 'hacer objeto' de conversación sin ponerlos de alguna manera en situación de ser discutidos o vistos desde fuera, lo cual equivale a tomar una posición de alguna manera extrínseca y objetal respecto de ellos.
A veces los conceptos más fundamentales de una cultura no son ni los más nombrados ni los más aparentes. Como sucede con los cimientos sobre los que reposa un edificio, los supuestos sobre los que reposa una cultura son sobreentendidos y por eso habitualmente tácitos.
Las culturas reposan sobre el cimiento de lo indiscutido, de lo indiscutible. Los llamados "tabúes" -que tienen tan mala prensa en la vertiente racional y cientificista de nuestro reciente pasado cultural-, pertenecen sin embargo necesaria e inevitablemente al cimiento de toda cultura.
También la vertiente racionalista o positivista, tiene sus principios indiscutibles, intocables y por lo tanto de alguna manera sacros. Son precisamente aquellas realidades, aquellas convicciones, aquellos supuestos que no se pueden tocar sin que todo el edificio de una cultura se tambalee.
Por eso una cultura sólo puede permitirse criticar los tabúes de las demás culturas, pero lo hace desde la firmeza que le da el estar firmemente asentada sobre los suyos propios, desde los cuales censura los tabúes ajenos. El tabú es nefando y es inefable; sin que sea fácil discernir qué es lo primero: si su carácter de nefando o su carácter de inefable.
Los presupuestos definitorios de una cultura no deben ser expresados porque no pueden ser tocados. No se los debe expresar, no se considera conveniente hablar sobre ellos, porque no se los puede 'hacer objeto' de conversación sin ponerlos de alguna manera en situación de ser discutidos o vistos desde fuera, lo cual equivale a tomar una posición de alguna manera extrínseca y objetal respecto de ellos.
lunes, 9 de julio de 2012
Horacio Bojorge, El demonio de la acedia
6/13]
Acedia eclesia - La acedia eclesial
Eco:
Un amigo sacerdote me envía este texto de Newmann que ilustra lo que es la acedia:
"Quien tiene alma religiosa se encuentra siempre asombrado mientras que los que no tienen alma religiosa se ríen de él porque se asombra. Un alma religiosa está siempre abismada fuera de sí, está siempre considerando las palabras de Dios, está siempre "mirando dentro" de esas palabras en compañía de los ángeles, está siempre cayendo en la cuenta de que depende enteramente de Él, el que constituye el centro de toda verdad y de todo bien. Las almas carnales y soberbias se contentan consigo mismas; les gusta permanecer en su casa; cuando les llega noticia de algún misterio, carecen de una mínima devota curiosidad como para moverlos a salir y ver de qué se trata por poco que los desvíe de su camino; y cuando la maravilla atraviesa su camino, tropiezan." [Comenta el Cap. III:34-36 de San Juan y es de Newman] Pero, claro, esto de los textos que vienen a cuento, son innumerables. Como este de la Gran Simona: "El apego es fabricante de ilusiones; quien quiera ver lo real debe estar desapegado."
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sábado, 7 de julio de 2012
P.Horacio Bojorge - El demonio de la acedia[5/13]
El Demonio del Mediodía
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viernes, 6 de julio de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (3 de
Resumo lo que he venido exponiendo:
El término Go'el = pariente auxiliador o redentor, es un término del hebreo bíblico muy apto para comprender el universo cultural bíblico de símbolos y de significaciones.
Es un concepto alrededor del cual se constelan los demás términos de la cultura bíblica, y por eso configurador de la Gestalt identificatoria de la cultura bíblica.
Se trata, sin embargo, de un título, nombre, o atributo divino por lo general poco atendido en las teologías bíblicas, y al que ninguna de las que conocemos le atribuye la importancia y el lugar central que reclama. Como voy a ocuparme de este término atendiendo a su importancia para la configuración de la cultura bíblica, voy ahora a ocuparme del enfoque cultural mismo.
De las Culturas bíblicas en general y de la Cultura bíblica en particular
Nuestro enfoque, decíamos, quiere ser cultural. En la cultura bíblica, como es sabido, lo religioso no es un factor accesorio, o un factor entre otros, sino el elemento constituyente, que le da su forma propia. La Gestalt de la Cultura bíblica es ineludiblemente religiosa, teológica.
En esta cultura lo religioso es el rasgo configurante. El tema del goelato nos permite acceder al corazón de la cultura bíblica, desde varios ángulos: lingüístico, literario, histórico, antropológico, teológico.
1.1. Aproximación a una cultura
Podemos aproximarnos a una cultura de varias maneras. Una manera posible es el método descriptivo. Describir las características de esa cultura, su manera de encarar los aspectos de la vida humana, desde la cuna a la sepultura. Las instituciones religiosas, sociales y políticas y su forma propia de vivirlas. Es, por ejemplo, lo que hace el Padre De Vaux con sus Instituciones del Antiguo Testamento, y lo que hacen las teologías bíblicas.
La limitación de un enfoque puramente descriptivo consiste en que deja en la sombra la propia pertenencia cultural del que hace la descripción. Eso crea una cierta ilusión de objetividad, porque no se tienen en cuenta los condicionamientos que crea la pertenencia cultural para la descripción objetiva de otra cultura (¡y aún de la propia!)
Otra manera posible de aproximarse a una cultura, sería una aproximación comparativa con otras culturas. El método comparativo, es también un método descriptivo. Pero es una descripción no ya en el plano unidimensional de la cultura tomada en sí misma, sino una descripción a la que la comparación con otras le agrega volumen, perspectiva, escorzo.
La comparación de culturas, es un primer paso en la toma de conciencia de un hecho implícito en toda descripción de una cultura como objeto: la cultura del sujeto que describe otra cultura. Es necesario lograr por lo menos cierta conciencia refleja de lo que está implícito en toda descripción de una cultura desde otra cultura: la confrontación cultural. Las humanidad es pluricultural y las culturas están siempre en una relación de confrontación y sincretismo, de crítica y de asimilación.
Por eso, en la última parte de nuestro estudio, compararemos el parentesco divino en la cultura bíblica y en la griega.
El término Go'el = pariente auxiliador o redentor, es un término del hebreo bíblico muy apto para comprender el universo cultural bíblico de símbolos y de significaciones.
Es un concepto alrededor del cual se constelan los demás términos de la cultura bíblica, y por eso configurador de la Gestalt identificatoria de la cultura bíblica.
Se trata, sin embargo, de un título, nombre, o atributo divino por lo general poco atendido en las teologías bíblicas, y al que ninguna de las que conocemos le atribuye la importancia y el lugar central que reclama. Como voy a ocuparme de este término atendiendo a su importancia para la configuración de la cultura bíblica, voy ahora a ocuparme del enfoque cultural mismo.
De las Culturas bíblicas en general y de la Cultura bíblica en particular
Nuestro enfoque, decíamos, quiere ser cultural. En la cultura bíblica, como es sabido, lo religioso no es un factor accesorio, o un factor entre otros, sino el elemento constituyente, que le da su forma propia. La Gestalt de la Cultura bíblica es ineludiblemente religiosa, teológica.En esta cultura lo religioso es el rasgo configurante. El tema del goelato nos permite acceder al corazón de la cultura bíblica, desde varios ángulos: lingüístico, literario, histórico, antropológico, teológico.
1.1. Aproximación a una cultura
Podemos aproximarnos a una cultura de varias maneras. Una manera posible es el método descriptivo. Describir las características de esa cultura, su manera de encarar los aspectos de la vida humana, desde la cuna a la sepultura. Las instituciones religiosas, sociales y políticas y su forma propia de vivirlas. Es, por ejemplo, lo que hace el Padre De Vaux con sus Instituciones del Antiguo Testamento, y lo que hacen las teologías bíblicas.
La limitación de un enfoque puramente descriptivo consiste en que deja en la sombra la propia pertenencia cultural del que hace la descripción. Eso crea una cierta ilusión de objetividad, porque no se tienen en cuenta los condicionamientos que crea la pertenencia cultural para la descripción objetiva de otra cultura (¡y aún de la propia!)
Otra manera posible de aproximarse a una cultura, sería una aproximación comparativa con otras culturas. El método comparativo, es también un método descriptivo. Pero es una descripción no ya en el plano unidimensional de la cultura tomada en sí misma, sino una descripción a la que la comparación con otras le agrega volumen, perspectiva, escorzo.
La comparación de culturas, es un primer paso en la toma de conciencia de un hecho implícito en toda descripción de una cultura como objeto: la cultura del sujeto que describe otra cultura. Es necesario lograr por lo menos cierta conciencia refleja de lo que está implícito en toda descripción de una cultura desde otra cultura: la confrontación cultural. Las humanidad es pluricultural y las culturas están siempre en una relación de confrontación y sincretismo, de crítica y de asimilación.
Por eso, en la última parte de nuestro estudio, compararemos el parentesco divino en la cultura bíblica y en la griega.
viernes, 29 de junio de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (2 de 27)
Prenotandos
En la primer entrada de las que dedicaré a publicar este estudio expuse la importancia fundamental de este punto que es el corazón de la teología bíblica. Podríamos decir que es la forma de todos los temas de la teología bíblica. Todos reciben de éste su formalidad bíblica propia. Ahora adelanto algo imprescindible para entender cuál será el modo de exponer el tema.
El modo de exponer nuestro tema está marcado por su origen: una serie de conferencias dictadas, ante un público heterogéneo desde el punto de vista de su pertenencia religiosa o de su prescindencia de cualquier otro interés que no fuera el cultural. Las conferencias las dicté en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.
Se comprenderá así que nuestro enfoque y nuestro método expositivo no se ajusta al que es tradicional en estudios exegéticos y de teología bíblica. Intenta ser interdisciplinar y se aproxima al hecho religioso y teológico como a un hecho cultural.
De esa manera, sin renunciar a exponer la naturaleza del hecho religioso, se busca, por el contrario, permitir a los no creyentes asomarse a la idiosincrasia de la fe bíblica, y ayudar a los creyentes a comprender quizás más profundamente las implicaciones culturales de su fe.
Plan de la Exposición
Nuestra exposición se articula en las siguientes partes:
1) Una introducción ubica metodológicamente nuestro tema y nuestro enfoque, en el contexto de la Cultura bíblica, apoyándose en puntos de vista antropológicos y de ciencia de las religiones.
Cuando digo en adelante: 'fe bíblica o religión bíblica o cultura bíblica' entiendo abarcar ambas ramas de la religión y cultura judeo-cristiana.
Para mantener el estudio dentro de límites de extensión razonables, hemos renunciado a exponer los datos propiamente exegéticos y filológicos. Ellos están ya suficientemente estudiados y satisfactoriamente expuestos por numerosos autores y pueden verse en los diccionarios bíblicos y demás estudios que citaré a lo largo de las entradas. En una última entrada, daré la bibliografía. Pero incluir un estudio en esa bibliografía no implica un acuerdo con su contenido.
2) Luego explicamos qué es el goelato en el marco de las instituciones familiares israelitas, donde al pariente se le atribuían obligaciones dimanantes de los vínculos de parentesco y de la piedad familiar.
3) A la luz de la historia de la religión de los patriarcas. mostramos cómo Dios era considerado por ellos como un Go'el = pariente del patriarca y de su clan. Esta visión perdura en los profetas, sobre todo en el Segundo Isaías.
4) Después iluminamos el tema del parentesco por alianza desde la antropología, para mostrar que, lejos de ser una forma secundaria del parentesco respecto de los vínculos de sangre, es, por el contrario la fuente de todo parentesco de consanguinidad. Por lo que los vínculos de sangre son secundarios y derivados dentro de las estructuras de parentesco.
5) Mostramos mejor lo propio y distintivo de la concepción bíblica mediante una comparación con el tema de la syngeneia o 'parentesco con los dioses' en la cultura griega,
En la primer entrada de las que dedicaré a publicar este estudio expuse la importancia fundamental de este punto que es el corazón de la teología bíblica. Podríamos decir que es la forma de todos los temas de la teología bíblica. Todos reciben de éste su formalidad bíblica propia. Ahora adelanto algo imprescindible para entender cuál será el modo de exponer el tema.
El modo de exponer nuestro tema está marcado por su origen: una serie de conferencias dictadas, ante un público heterogéneo desde el punto de vista de su pertenencia religiosa o de su prescindencia de cualquier otro interés que no fuera el cultural. Las conferencias las dicté en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.
Se comprenderá así que nuestro enfoque y nuestro método expositivo no se ajusta al que es tradicional en estudios exegéticos y de teología bíblica. Intenta ser interdisciplinar y se aproxima al hecho religioso y teológico como a un hecho cultural.
De esa manera, sin renunciar a exponer la naturaleza del hecho religioso, se busca, por el contrario, permitir a los no creyentes asomarse a la idiosincrasia de la fe bíblica, y ayudar a los creyentes a comprender quizás más profundamente las implicaciones culturales de su fe.
Plan de la Exposición
Nuestra exposición se articula en las siguientes partes:
1) Una introducción ubica metodológicamente nuestro tema y nuestro enfoque, en el contexto de la Cultura bíblica, apoyándose en puntos de vista antropológicos y de ciencia de las religiones.
Cuando digo en adelante: 'fe bíblica o religión bíblica o cultura bíblica' entiendo abarcar ambas ramas de la religión y cultura judeo-cristiana.
Para mantener el estudio dentro de límites de extensión razonables, hemos renunciado a exponer los datos propiamente exegéticos y filológicos. Ellos están ya suficientemente estudiados y satisfactoriamente expuestos por numerosos autores y pueden verse en los diccionarios bíblicos y demás estudios que citaré a lo largo de las entradas. En una última entrada, daré la bibliografía. Pero incluir un estudio en esa bibliografía no implica un acuerdo con su contenido.
2) Luego explicamos qué es el goelato en el marco de las instituciones familiares israelitas, donde al pariente se le atribuían obligaciones dimanantes de los vínculos de parentesco y de la piedad familiar.
3) A la luz de la historia de la religión de los patriarcas. mostramos cómo Dios era considerado por ellos como un Go'el = pariente del patriarca y de su clan. Esta visión perdura en los profetas, sobre todo en el Segundo Isaías.
4) Después iluminamos el tema del parentesco por alianza desde la antropología, para mostrar que, lejos de ser una forma secundaria del parentesco respecto de los vínculos de sangre, es, por el contrario la fuente de todo parentesco de consanguinidad. Por lo que los vínculos de sangre son secundarios y derivados dentro de las estructuras de parentesco.
5) Mostramos mejor lo propio y distintivo de la concepción bíblica mediante una comparación con el tema de la syngeneia o 'parentesco con los dioses' en la cultura griega,
lunes, 25 de junio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
P. Horacio Bojorge –El demonio de la acedia
3/13 - Acedia en las Sagradas Escrituras
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