El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo
Corinto: El matrimonio bajo el signo de la lujuria [1] La posesividad física del varón 7) Vamos a ir a los comienzos mismos. Y empezamos por la Primera Carta a los Corintios. ¿Qué se encuentra Pablo en la ciudad de Corinto? ¿Cómo era esta ciudad? Era muy rica, tenía dos puertos porque había una pequeña lengua de tierra, el istmo de Corinto, que comunicaba el continente con la península griega y dos golfos que se encontraban en ese istmo. Y todos los caminos que bajaban pasaban por ahí. De un puerto al otro se pasaban las naves, incluso a veces enteras sobre un camino de rollos de madera. Pasaban la nave entera o se descargaba de una nave la mercadería, se transportaba unos kilómetros por tierra y se cargaba en otra nave en el puerto del otro golfo. Había pues, en Corinto, marineros y comerciantes de todo el mundo. 8) Pero no sólo era un centro portuario y comercial, sino que era también un afamado centro religioso.
La Acrópolis de Corinto, que era un cerro que se levantaba abruptamente como 500 metros al lado de la ciudad, como sucede en las ciudades griegas, como en la Acrópolis de Atenas, estaba coronado de templos imponentes. 9) Había sobre la acrópolis de Corinto varios templos, uno de Juno y otros, pero el más famoso era el templo de Venus Afrodita, que era la diosa del amor erótico. 10) En la antigua religión griega había distintos tipos de deidades femeninas: estaba Juno, que era la esposa de Zeus, Júpiter, que personificaba más bien, a la dueña de casa, a la mujer esposa, a la matrona. 11) Pero estaba también la diosa Venus Afrodita, o Venus Porné, tipo de la mujer erótica, la mujer idealizada como símbolo del erotismo sexual femenino, de la mujer hermosa, un poco como las vedettes de Hollywood actuales. Imaginen lo que significaba ese santuario de Venus. 12) Para nosotros ahora la mujer erótica no es una diosa. No se plantea hoy, por lo menos explícitamente, como un camino religioso el camino de la lujuria. ¡Gracias a Dios! Pero en aquel tiempo, antes del cristianismo, se planteaba como una especie de mística de la lujuria, una adoración de las fuerzas de la naturaleza y entre ellas, ¿por qué no, también?: la fuerza sexual. Una fuerza divina que está en la naturaleza, que tiene relación con el poder de dar la vida, pero que tiene también un poder pasional capaz de dominar al hombre. De alguna manera es como una divinidad. 13) Entre las divinidades estaba esa también. Hay que adorar tantas cosas a las que el hombre está sometido… ¡Una divinidad más! Eso estaba como establecido en el mundo griego y también divinizado. Y el santuario de Venus Afrodita estaba rodeado de casitas de las hieródulas, que eran las prostitutas sagradas. El santuario tenía una cantidad de prostitutas que tenían sus casitas con sus jardincitos… ¡Todo religioso, todo místico! Y había un turismo de peregrinos de la sexualidad que venían a Corinto, en peregrinación al templo de la diosa Venus. 14) Imagínense lo que era entrar a evangelizar una ciudad así, donde la sexualidad no sólo estaba dominando como actualmente, en un mundo erotizado, y cada vez más erotizado, con la televisión, Internet, la industria de la pornografía, sino que estaba, además, sacralizada. Y, como sucedía en los templos griegos, lo sagrado funcionaba como el motor de una empresa económica poderosa. 15) Corinto era pues un lugar de mucho turismo sexual; vamos a llamarlo así, pero en realidad se trataba de peregrinaciones religiosas de una religión del sexo, de un culto a un ídolo sexual. Se iba en peregrinación a Corinto.
16) En ese mundo erotizado Pablo va a evangelizar. Y ahí el Evangelio tiene más éxito que en Atenas, que era una cuidad más bien universitaria, de gente inteligente. Lo escuchaban a Pablo y le decían: “Otra vez te escucharemos”. Pienso que en Corinto, a diferencia de Atenas, la gente tocaba tanto fondo en los abismos del vicio, que al fin se abría a lo espiritual. En el hombre hay un fondo sano; puede desviarse pero en el fondo se encuentra con el drama de su desviación. Y creo que al mismo tiempo que ellos divinizaban una fuerza que se daban cuenta que no podían dominar, que tenía algo de divino y adorable, experimentaban también que había ahí algo de terrible. 17) En general las divinidades femeninas de la antigüedad eran ambivalentes, eran también divinidades destructoras, devoradoras. Y en ese sentido da para reflexionar la tumba de la más famosa de las prostitutas de Corinto. A Lais, que era algo así como la Marilyn Monroe, la máxima representante, la más famosa de todas esas mujeres del templo de Venus, que había tenido sus historias con hombres famosos de la Antigüedad, le habían puesto una tumba en el camino de entrada que iba de Corinto a los puertos, Una tumba adornada por una estatua esculpida nada menos que por Fidias, el famoso escultor. 18) Seguramente Pablo pasaba por delante de esa tumba. Todos pasaban por ahí y veían la tumba de esta hieródula. Y, ¿cuál era el emblema que este escultor había ideado para la tumba? Era una leona que devoraba a un macho cabrío, que se comía a un chivo. Fíjense qué percepción había tenido el artista de lo que es la seducción de la mujer como Venus, de la hembra erótica, sobre el hombre macho lujurioso. A Fidias no se le ocurrió ese símbolo por sugerencia de ningún cristiano. Este pagano, había comprendido por sí mismo, por haberlo visto, que el hombre es devorado por la lujuria cuando se relaciona con la mujer así, y que ese tipo de sacerdotisa de Venus, es capaz de devorarlo por la pasión de la lujuria. Creo que ahí hay una percepción de la verdad de lo que los mismos paganos se daban cuenta que había en el fondo de este culto de Venus. “Es una diosa que te devora.” Así que, pienso yo, en esa sociedad, al mismo tiempo que la desviación existía también la percepción de que en la mujer puede haber, para el varón, algo a la vez encantador y terrible, una fuerza tan seductora como destructora. 19) Lo cierto es que Pablo se instala en esa ciudad. Y en esa ciudad tiene que convertir a sus habitantes a Cristo. Y una vez convertidos a Cristo y al cristianismo tiene que ayudarlos a empezar a vivir su vida matrimonial ahí, en una ciudad erotizada.
El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo Charla del Padre Horacio Bojorge a un grupo de matrimonios Sábado 21 de junio de 2003
Introducción 1) San Pablo funda en sus Cartas una nueva cultura matrimonial. Los cristianos eran judíos que habían vivido su matrimonio a lo judío o eran paganos que habían vivido su matrimonio a lo pagano. Pero ahora empezaban a vivir a lo cristiano. ¿Cómo vivir el matrimonio a lo cristiano? ¿Cuál es el horizonte cristiano del matrimonio? Y, ¿cómo hacer, de repente, para que esos paganos que estaban viviendo a lo pagano fueran subiendo lentamente al nivel cristiano del matrimonio? 2) Podemos explorar un poco, y yo les propongo eso, cómo San Pablo va levantando a esos paganos de Corinto hacia un nivel matrimonial cristiano,
lentamente, en un proceso, cómo lo hace también en Galacia y por fin, a lo que llega en la Carta a los Efesios, que sería el modelo del matrimonio místico cristiano entre un hijo de Dios y una hija de Dios. Ya con una experiencia cristiana más profunda pueden alcanzar la Gracia matrimonial cristiana y yo diría como la mística matrimonial cristiana. 3) Son tres situaciones distintas: la de Corinto, la de los Gálatas y la de Éfeso, que representan, al mismo tiempo, un proceso en las etapas del matrimonio por las que suelen pasar muchos matrimonios... 4) Todos los matrimonios, de alguna manera u otra, pasan por esas tres etapas. Así que no son sólo tres situaciones o tres comunidades cristianas de tres ciudades distintas, (Corinto, Galacia, Éfeso), sino que son como un proceso en la vida matrimonial o como tres etapas. 5) Es lo que sucede en la historia de la cultura cristiana del matrimonio. Se trata del surgimiento de una cultura esponsal nueva, que fue dando lugar progresivamente a través de los años a una nueva cultura social. Se estableció y fue creciendo a lo largo de los siglos.
Un ejemplo 6) Fíjense que en la Iglesia, sobre todo a lo largo de la Edad Media, va surgiendo un nuevo tipo de hombre y mujer, que son el caballero y la dama. El caballero y la dama son una creación cristiana, contra la cual después la cultura posmoderna iluminada reacciona violentamente. De alguna manera ese modelo es como ridiculizado o atacado. Pero fue un modelo creado por el cristianismo: el del caballero que era capaz de morir por hacer la justicia, se ofrecía y corría riesgos por defender la justicia, morir por la justicia, cosa que, en tiempos de la gran corrupción actual, no sé si no tendríamos necesidad de que volvieran los caballeros, pero no ya a lo Quijote, con lanza y coraza, sino, de alguna manera, siendo capaces de sufrir por la justicia, un nuevo tipo de hombre que sea capaz de sufrir por la justicia y de defender a su propia costa la justicia. Yo no sé si no sería el ideal caballeresco como una fuente de inspiración nueva para nosotros. Y también la dama… Pero, ¡en fin! No vamos a entrar allí porque tendríamos que ir a la Edad Media, al Dante y la Vita Nuova, donde se refleja ese tipo de ideal del caballero y la dama y un nuevo tipo de relacionamiento entre hombre y mujer, entre hijos de Dios.
Estilo coloquial Los amables lectores tendrán en cuenta que la que les presento es una desgrabación de una charla. No me pidan la corrección de un escrito destinado a la publicación. Corregirla y pulirla me exigiría un tiempo del que no dispongo actualmente. Y como lo mejor es enemigo de lo bueno, así también lo mejor es enemigo de lo posible cuando lo más perfecto sería imposible. Prefiero pues entregarles esta desgrabación así, antes que no entregarla nunca. La persona que la desgrabó, no quiere ser mencionada. Sin embargo nos obliga con ella una deuda de gratitud y pido para ella y su familia, una oración agradecida.
JESÚS ES MAESTRO DE LA OBEDIENCIA FILIAL 21) A La palabra de Dios a su Hijo, corresponde la escucha perfecta del Hijo. La Carta a los Hebreos nos presenta esta obediencia de Cristo como la razón de ser de la encarnación y como el verdadero y perfecto sacrificio agradable a Dios: "Por eso al entrar [Cristo] al entrar en este mundo dice: No quisiste ni sacrificios ni ofrendas pero me has formado un cuerpo. Ni te agradaron los holocaustos o los sacrificios por el pecado. Entonces dije: ¡heme aquí! Vengo - como está escrito de mí en el comienzo del libro - porque quiero hacer ¡oh Dios! Tu voluntad [Cita del Salmo 40, 7-9]. Dice primero: No quisiste ni sacrificios ni ofrendas. Ni te agradaron los holocaustos o los sacrificios por el pecado - cosas todas ofrecidas conforme a la Ley - entonces - añade - ¡heme aquí! Vengo a hacer ¡oh Dios! Tu voluntad. Abroga lo primero para establecer lo segundo. Y en virtud de eta voluntad somos salvados, merced a la oblación, de una vez para siempre, del cuerpo de Cristo" (Hebreos 10, 5-10): en cumplimiento de la voluntad del Padre. He aquí el paso del culto de la Ley, del culto del Antiguo Testamento, al culto del Nuevo Testamento que consistirá en hacer la voluntad del Padre como Jesucristo. El Hijo no solamente está atento a su voluntad, sino a su beneplácito. 22) Discípulo de Cristo es el que aprende de él la escucha filial de la palabra del Padre.
Esta manera filial de escuchar la voz del Padre es una nueva forma de obediencia: la obediencia filial, que es la obediencia perfecta, porque es la escucha perfecta de la Palabra perfecta del Padre, que es su Hijo muy amado. La obediencia filial, como escucha perfecta con el corazón, en el Espíritu Santo, en Espíritu y en Verdad, corresponde al modo perfecto de hablar Dios, como Padre, a través de su Hijo, derramando Espíritu filializador. Esta obediencia atiende al querer del Padre como la complacencia del Padre. 23) Esta obediencia perfecta se llama también perfecta justicia que supera la justicia de los escribas y fariseos: "Si vuestra justicia, (es decir, la justicia filial que consiste en la perfecta obediencia filial) no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (es decir en la condición filial). (Mateo 5, 20) 24) Esta escucha atenta y obediencia filial a la Palabra del Padre imitando a Jesús, nos hace no solamente discípulos suyos, sino hermanos, porque nos hace hijos del Padre como Él, primogénito de muchos hermanos: "Los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8,29) La semejanza de imagen la da el Espíritu que clama ‘Abba' y hace obedientes. 25) Esta condición de hermanos la declara Jesús en múltiples oportunidades: "Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3, 35) "Y extendiendo la mano hacia sus discípulos dijo: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y madre" (Mateo 12, 50) "No el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos - es decir en la condición filial - sino el que hace la voluntad de mi Padre" (Mateo 7, 21). "Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lucas 8, 21). "Bienaventurados más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan" (Lucas 1, 28). 26) Esa escucha de la palabra de Dios pasa por escuchar al Hijo, o lo que es lo mismo creer en él y obedecerle: "Este es mi hijo amado en quien me complazco, escuchadle" (Mateo 17, 5; Marcos 8, 7; Lucas 8, 35) "A los que creen en su nombre les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios" (Juan 1, 12). Como puede verse la fe, es otro de los nombres de la obediencia. Por eso se dice que la fe viene, como la obediencia, por el oído: "La fe viene por el oído, y el oír por la [escucha de la] Palabra de Cristo" (Romanos 10, 17).
FORMAS ECLESIALES DE LA OBEDIENCIA FILIAL 27) La obediencia filial se hace obediencia eclesial. Dios habla en la Iglesia por mediaciones: los apóstoles, enviados de su hijo y por sus sucesores que trasmiten la tradición y las Sagradas Escritura legítimamente interpretadas por el Magisterio infalible del Papa y de los obispos unidos a él. Hay además profetas y doctores, carismáticos, animados por el Espíritu Santos. Además, todo el pueblo de Dios es ahora un pueblo profético, donde "vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán", pues escucharán la palabra de Dios y la cumplirán obedientemente (en la medida que vivan como hijos según el Espíritu) 28) En conclusión: según las Sagradas Escrituras, obedecer a Dios es escuchar como hijos atenta y permanentemente a un Dios que es Padre porque no cesa de engendrarnos con su palabra, y nos habla permanentemente en su Hijo y su Iglesia, con su Espíritu. Y la complacencia del Padre es que obedezcamos a su Hijo. "El que a vosotros escucha a mí me escucha y el que me escucha a mí, escucha al que me envió" (Lc 10, 16)
GALERÍA DE DESOBEDIENCIAS 10) La primera desobediencia es la de Eva y Adán. Eva oye a la serpiente, desoye a Dios y Adán por escuchar a Eva desoye a Dios.11) La desobediencia del Pueblo elegido al profeta Moisés, es arquetipo de la rebeldía del pueblo a la voluntad de Dios, que se manifestará en la desatención a la voz de Dios trasmitida por los profetas. 12) Entre esas múltiples y frecuentes desobediencias está la desobediencia que incuba en el pedido al juez y profeta Samuel de que Dios les de un rey. De esta desobediencia del pueblo que pide un rey, nacerá la desobediencia de su rey Saúl, que escucha al pueblo en vez de escuchar a Dios que le había hablado a través de Samuel. 13) A la desobediencia del rey Saúl le presta la Sagrada Escritura especial atención
y la trata atenta y largamente. Aquí la enseñanza de la Escritura acerca de la naturaleza de la desobediencia alcanza una cumbre: Desobedecer a Dios es como un pecado de idolatría 14) La mayoría de los reyes de Israel y de Judá fueron desobedientes. Hasta Salomón, lo fue al final de su vida. Es debido a esa interminable cadena de desobediencias de los reyes y de idolatrías del pueblo, que Israel y luego Judá son llevados al exilio y a la esclavitud lejos de la tierra prometida. 15) Esta situación de rebeldía universal es la que pinta san Pablo en la Carta a los Romanos. No hay un justo ni uno solo (Rom 3,10; ver Sal 14,1) "Dios nos encerró a todos en la cárcel de la desobediencia para tener con todos misericordia" (Rom 11, 32).
DIOS NOS HABLÓ DE MUCHAS MANERAS Y POR FIN EN SU HIJO... 16) Leemos en la Carta a los Hebreos: "Dios, que de muchas maneras y de diversas cosas había hablado en el pasado a nuestros Padres, por medio de los profetas; en estos últimos días nos habló por medio de su Hijo" (Hebreos 1,1-2). 17) Si obedecer a Dios tiene que ver con escuchar a Dios, parece lógico que para cada forma de hablar de Dios corresponderá una forma diversa de obediencia. Y cuanto más perfecta es la forma de hablar, tanto más perfecta ha de ser la forma de escuchar y de obedecer. 18) Una es la forma de hablar que tuvo a los patriarcas. A esa forma de hablarles corresponde la obediencia de ellos y de sus familias. Otra es la forma de hablar que tuvo Dios con Moisés, cara a cara, en el Sinaí y en el Tabernáculo. Arón y María murmuran contra él diciendo: "¿Es que el Señor no ha hablado más que a Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?" (Núm. 12, 2). El Señor los corrige: "Escuchad mis palabras: si hay entre vosotros un profeta, en visión me revelo a él y hablo con él en sueños. No así con mi siervo Moisés, él es de toda mi confianza al frente de mi casa; cara a cara, boca a boca hablo con él, abiertamente y no en enigmas y contempla la imagen del Señor. ¿Por qué habéis osado hablar contra mi siervo Moisés?" (Núm. 12, 6-8). A esta forma de hablar corresponde también la forma de obedecer, como siervo, de Moisés, que fue el más humilde de los hombres, y el más fiel de los servidores de Dios, hasta que advino el Hijo: "Moisés - como lo llama el Señor: mi siervo Moisés - era un hombre humilde más que hombre alguno sobre el haz de la tierra" (Nm.12, 3). 19) Más tarde hablará Dios a los profetas para recordar su Alianza a su pueblo y sobre todo a los reyes impíos y reclamar de ellos la pureza del culto, la obediencia debida a la Ley de la Alianza del Sinaí. 20) Pero la forma perfectísima de hablar, es la que tiene el Padre con su Hijo y la que su Hijo, que es su Palabra, nos comunica por voluntad del Padre. Él es el Hijo obedientísimo y que nos enseña el camino de la obediencia filial. Es tan perfecta su obediencia a la Palabra del Padre, que el Hijo mismo es la Palabra del Padre. Él es de Dios y por eso escucha su Palabra: "El que es de Dios - el hijo engendrado por el Padre - escucha la palabra de Dios" (Juan 8, 47) En él se dice, se expresa, se espeja el Padre, en forma perfectísima. Jesús dice: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" (Juan 14, 9) y análogamente afirma que "El que me oye a mí oye al Padre" cuando dice en otras palabras: "Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado" (Juan 7, 18). Él solamente puede obrar lo que ve obrar a su Padre y las obras que recibe de su Padre: "El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre" (Juan 5, 14).
1.- LA OBEDIENCIA FILIAL 1.1.- OBEDECER A DIOS ES ESCUCHAR SU PALABRA 1) Obedecer viene del latín ob-audire, que quiere decir escuchar, oír atentamente lo que dice alguien, prestar oído. En el Antiguo Testamento, se invita al pueblo a obedecer a Dios, invitándolo a escuchar la voz del Señor: Shemá’ Israel, escucha Israel (Deuteronomio 4,1; 5,1.23; 6,4; 9,1) 2) Expresiones sinónimas de este escuchar son también: guardar en el corazón, guardar en la memoria, practicar, grabar en el corazón las palabras de Dios, no olvidarlas nunca: "Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, como recordatorio ante vuestros ojos. Enseñádselas a vuestros hijos, hablando de ello cuando estés en casa y cuando vayas de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las escribirás en los postes de entrada de tu casa y en tus puertas" (Deut 11, 18-20).
3) Jesús nos va a remitir a las palabras que salen de la boca del Padre como al Pan del cual él tiene hambre y del cual vive realmente el hombre. Si en el Antiguo Testamento Dios habló en el pasado y se lo escucha guardando memoria, al Hijo y a los hijos les habla continuamente y se lo escucha prestando atención espiritual: a las inspiraciones interiores del Espíritu Santo, a los profetas de la comunidad, al magisterio profético infalible del Papa y de la Iglesia y a las instancias de autoridad jerárquica legítimas.
1.2.- OBEDIENCIA Y DESOBEDIENCIA 4) Las Sagradas Escrituras nos hablan de la obediencia y la desobediencia desde las primeras páginas hasta las últimas. 5) Con la desobediencia de Adán y Eva empieza la historia del pecado de la humanidad y con la obediencia de María empieza la historia de la salvación, que culmina y se consuma con la obediencia filial de Jesús, cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia, y ha de completarse con la obediencia de sus miembros. La Iglesia obedece a Cristo y Cristo al Padre (Efesios 5, 24; 1 Cor 3, 22-23) 6) Podríamos decir que desobediencia es el nombre propio de la incredulidad y del pecado y obediencia es el nombre propio de la fe y de la caridad filial: Obedecer a Jesús, es creer en él, obedecer al Padre es amarlo como hijo, y amarlo como hijo es obedecerle. Hijo es el que hace la voluntad del Padre: "No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos - es decir, en la condición filial - sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7,21). 7) Discípulo es no solamente el que escucha a Jesús Maestro, sino el que pone en práctica lo que le oye decir: "Todo el que escuche mis palabras y las ponga en práctica es como el que edifica sobre roca " (Mateo 7, 24) El que no, es como quien edificó sobre arena. 8) María es dichosa, es bienaventurada porque escuchó la voz de Dios y la obedeció. Jesús proclama a su Madre María como Bienaventurada, porque escuchó la palabra de Dios y la puso en práctica: "Estando Jesús diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer del pueblo, y dijo: ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron! Pero él le dijo: "Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan" (Lucas 11, 27.28) es decir los obedientes. 9) Por eso María fue Madre y como Madre, Maestra del Niño Jesús obediente a Dios: "No sabían que tengo que estar en lo de mi Padre?" (Lucas 2, 49). En lo de: en la Casa Padre y en sus cosas. En este momento María pasa de Maestra a discípula de Jesús, hijo obediente del Padre celestial.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE Y VENGA TU REINO 13) Volviendo al Padre Nuestro, podemos entender ahora por qué el Reino es del Padre: "Venga tu Reino". Él es el Rey Anciano sentado en el trono real, de la visión de Daniel 7 y el Dios excelso sobre el trono real, en la visión de Isaías 6. 14) El Padre entrega el Reino a su Hijo encarnado, al Hombre Dios Jesucristo, en virtud de su humillación obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. El Hijo no se aferró a su gloria independientemente de la del Padre. Por eso Dios lo exaltó a su derecha y le dió un nombre sobre todo nombre para que a su nombre se doble toda rodilla... para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2, 8-11). Aún la exaltación del Hijo, nótese bien, es para gloria del Padre, para manifestación de la santidad del Padre. 15) De este modo se ve mejor la lógica relación existente entre el primero y el segundo deseo del Padre Nuestro: "Santificado sea tu Nombre, Venga tu Reino".
Este Reino es entregado a Jesucristo y a todos los que son re-engendrados, por haber reconocido al Padre y haber entrado en la condición filial por via de la obediencia y la pobreza de espíritu.. 16) El Reino del Padre es entregado al Hijo por su humillación y su obediencia. Con lo que queda también de manifiesto la relación entre el segundo y tercer deseo: "Venga tu Reno, Hágse tu voluntad". Porque el Reino del Padre adviene por la obediencia del Hijo y de los Hijos. 17) Acerca de su condición de Rey, Jesús afirma ante Pilatos que su Reino no es como los de este mundo (Jn 18, 36). Y a sus discípulos que lo imaginan así, y se disputan los primeros puestos en el Reino de Cristo, contrapone la conducta de los "que son tneidos como jefes de las naciones" y "las gobiernan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder" (Mc 10,42).. El Reino de Dios, el que el Padre concede al Hijo, constituyéndolo en juez de todas las naciones, no es como esos. Jesús reinará haciendo la voluntad del Padre y sufriendo, como el Servidor sufriente que entrega su vida en expiación (Isa 53, 10) y de esta manera dicta la ley a las naciones.lejanas (Isa 42, 1-3). 18) El sentido del mesianismo davídico de Jesús no fue, pues, intramundano y político. La verdadera naturaleza de su condición de Mesías, Hijo de David, está enriquecida y completada, por un lado, por los rasgos del Siervo, (obediente y expiatorio), y por otro lado por los rasgos del Hijo del Hombre, es decir, el Hombre restaurado por Dios en su imagen y semejanza. Nueva creación bajada del cielo para que se le entregue el dominio sobre las bestias: una humanidad que ha perdido su primitiva imagen y semejanza, y lo es de fieras. 19) Los discípulos de Jesús, configurándose con el Hijo, también toman parte en su realeza, es decir en su condición filial. Jesús lo afirma cuando dice: "No temas pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha complacido daros a vosotros el Reino" (Mt 12, 32). 20) Una de las atribuciones del rey consiste en el juicio. El rey es juez. El trono, que aparece en las epifanías de Dios, es un atributo de la realeza y sede desde donde se imparte justicia y derecho. Jesús afirma que sus discípulos, los que lo hayan seguido en la regeneración, compartirán su realeza y se sentarán en doce tronos para juzgar junto con él "Vosotros, los que me habéis seguido en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloia, os sentaréis tamie´n vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mt 19,28). 21) Y en el Juicio final de las Naciones, el Hijo del Hombre las juzgará junto con sus hermanitos más pequeños por la conducta que han tenido respecto de ellos (Mt 25, 31-46) 22) El deseo "Venga tu Reino" brota de un corazón creyente, de discípulo, que no ignora que el Reino del Padre, ha sido entregado a su Hijo y éste lo compartirá con sus discípulos fieles. Al desear y pedir el advenimiento del Reino del Padre, reconoce que es obra del Padre, aunque se realice entregándolo a Cristo, Cabeza y Cuerpo Místico. 23) Expresa de otra forma el deseo de que el Padre manifieste la santidad de su nombre en Jesús su Hijo y en sus discípulos, completando la obra de filialización de la humanidad mediante la condición filial, que los hará obedientes para "cumplir su voluntad" así en la tierra fermentada por la gracia de su Hijo encarnado, como en el Cielo, donde el Verbo eterno es reflejo del querer del Padre. 24) Cristo no sólo ha anunciado el Reino, sino que en él el Reino mismo se ha hecho presente y ha llegado a su cumplimiento: « Sobre todo, el Reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino "a servir y a dar su vida para la redención de muchos" (Mc 10, 45) ».22 El Reino de Dios no es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboración, sino que es ante todo una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible.23 Si se separa el Reino de la persona de Jesús, no existe ya el reino de Dios revelado por él, y se termina por distorsionar tanto el significado del Reino —que corre el riesgo de transformarse en un objetivo puramente humano o ideológico— como la identidad de Cristo, que no aparece ya como el Señor, al cual debe someterse todo (cf. 1 Cor l5,27). (RM 18).
JESÚS EL NUEVO JOSUÉ, EL EXPLORADOR DEL PADRE 7) Jesús se presenta a Nicodemo como el nuevo Josué al que no se le cree. Los que no creen son "la generación incrédula", "la generación del desierto". Como descreyeron el testimonio de Josué y Caleb acerca de esta tierra, descreen ahora al explorador celestial y a su testimonio sobre el Cielo, que su testimonio acerca del Padre, de Dios como su Padre y nuestro Padre, su Dios y nuestro Dios. "A Dios nadie lo vio jamás, el Hijo único que está vuelto hacia el seno del Padre, él nos lo ha contado" (Jn 1, 18). "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo" (Jn 3, 13).
Juan el Bautista les reprocha que no hayan aceptado el testimonio de este explorador: "El que viene del cielo... da testimonio de lo que ha visto y oído pero su testimonio nadie lo acepta" (Jn 2, 31-32) 8) En el episodio narrado en Números 14, 20-31, se advierte que los que han despreciado el testimonio del explorador fiel, no verán (14, 22-23) ni entrarán (14, 30) en la Tierra Prometida. Ellos son una comunidad, un pueblo, una generación incrédula, que quedará tendida en el desierto y no verá ni entrará en la tierra prometida. La vera y entrará en ella una nueva generación, que prefigura a los "nacidos de nuevo y de lo alto" de los que habla Jesús, como nuevo Josué y nuevo Caleb. 9) Este es el único pasaje de su evangelio en que Juan utiliza la expresión Reino de Dios. Jesús lo entiende y se lo explica a Nicodemo en términos de la nueva condición filial Es lógico que para acceder a la condición filial haya que nacer de nuevo y de lo alto, y solamente de este modo se pueda verla y entrar en ella. 10) Jesús contrapone, en su argumentación a Nicodemo, una generación carnal a otra generación espiritual. Los rabinos hablaban de "la generación -malvada- del diluvio", "la generación - agobiada por la esclavitud - de egipto", la "generación - incrédula y de dura cerviz - del desierto". Jesús, que hablará de la raza o "generación de serpientes" le reprocha a Nicodemo que siendo experto en las Sagradas Escrituras, no le entienda el planteo de una nueva generación, nacida de lo alto, es decir, de Dios, y que baja de las nubes como el Hijo del Hombre, con quien él se identifica. 9) De este Hijo del Hombre dice la Escritura: "A él se le dio imperio honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Daniel 7, 14). Nada asombroso que se interpretara el Reino de Dios daniélico, llamado también "Reino de los santos" (7, 16. 22. 26-27) como un Reino mesiánico político, entregado por Dios a sus santos. 10) Pero Jesús le plantea a Nicodemo una nueva acción divina, por obra del Espíritu Santo. También el Espíritu Santo había sido anunciado en las Escrituras como el autor de la generación humana, aún de la natural: "Así como no sabes cuál sea el camino del Espíritu en los huesos en el vientre de la mujer encinta, de la misma manera desconoces la obra de Dios que todo lo hace"(Eclesiastés 11, 5) . pero como un término de comparación para otra obra misteriosa de generación divina. 11) La acción regeneradora y resucitadora, dadora de vida, del Espíritu en los huesos secos, aparece también en la memorable visión de Ezequiel 37 1-14. "Así dice el Señor: Ven Espíritu, desde los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan... el Espiritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron" (37, 9- 10). Pablo ve la Resurrección de Cristo y nuestra vida eterna como obra del Espíritu Santo (Rm 8,11). Él es quien obra la resurrección de los dos profetas mártires (Ap 11, 11 Cfr. 20, 4). 12) El Reino de Dios que anuncia Daniel 7, Jesús lo da por cumplido en él y en el pueblo santo de los Hijos de Dios, nacidos de nuevo y de lo alto por obra del Espíritu Santo, por vía de una misteriosa re-generación (palin-genesía, anagénesis) espiritual. Este Reino de Dios es, pues una realidad interior a cada hijo y a la comunidad de los hijos: "El Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17, 21).
LA CONDICIÓN FILIAL 1) ¿Qué es el Reino de Dios? El concepto de Reino de Dios, parece escaparse como el agua o la arena entre los dedos de los exegetas e intérpretes. Hay algún acuerdo entre sus cualidades, pero su esencia, su naturaleza misma parece escapar a la definición exacta. De ahí que la predicación sea por lo general poco clara y, como consecuencia, los fieles vacilen en lo que han de creer que sea el Reino. Algunos lo conciben como una realidad mesiánica, del orden político-social-cultural, que ellos han de empeñarse en construir con un empeño pelagiano olvidando que Jesús enseña a pedirlo, como gracia y don del Padre. (Redemptoris Missio = RM 17-19 expone las desviaciones más corrientes) 2) Algo tautológicamente se explica que el Reino de Dios es el Evangelio, es la Buena Noticia de Dios, es el contenido de la predicación de Jesús. Todo esto se ajusta a la verdad evangélica: "Después que Juan fue entregado, vino Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado; convertíos y creed en el Evangelio". 3) Un paso más en la comprensión de lo que es el Reino, se da cuando se dice que al venir Jesucristo, viene el Reino. Porque Él y el Reino se identifican. Con Jesús y en Jesús, el Reino de Dios comienza. Jesús es el Reino. Jesús es el Evangelio.
Así lo afirma, aplicándose las palabras de Isaías relativas al Ungido, enviado por el Espíritu del Señor (Lc 4, 14.21). "Al ser él la Buena Nueva, existe en Cristo plena identidad entre mensaje y mensajero, entre el decir, el actuar y el ser. Su fuerza, el secreto de la eficacia de su acción consiste en la identificación total con el mensaje que anuncia; proclama la Buena nueva no solamente con lo que dice o con lo que hace, sino también con lo que es" (Redemptoris Missio 13). 4) ¿QUÉ ES PUES EL REINO DE DIOS?: Es la misma condición filial. Primero la de Jesús, luego la nuestra 5) El diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn 3,1-13) establece una ecuación entre Reino de Dios y Nuevo nacimiento: "...Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo y de lo alto [ánothen] no puede ver el Reino de Dios». Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo y de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu» Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo».” 6) En este pasaje, Jesús traspone a la entrada en la Vida divina los hechos de la Entrada en la Tierra Prometida, frustrada por la incredulidad de la generación del desierto, y postergada para reservarla a una nueva generación. La generación de dura cerviz no creyó a los exploradores Caleb y Josué, que les dan buenas noticias de ella. Y sí creyeron a los exploradores acediosos, que calumniaron la tierra de Dios oponiéndole sus miedos humanos. Aquéllos hechos prefiguraban el testimonio del Nuevo explorador Jesús acerca del Padre, de la nueva generación y de la entrada en el Reino de Dios.
Miguelito me pregunta en un comentario lo siguiente: “Estimado Padre: La consulta que quiero hacer no tiene que ver con el presente artículo, pero como no he encontrado alguna dirección de mail, le pregunto por acá. A partir de las afirmaciones de ciertos exégetas modernistas, he caído en una gran confusión con el tema del pecado original. Quisiera saber qué elementos del Génesis son directos y qué elementos son figurados o metafóricos, y cuáles son las fuentes de la Tradición en las que podemos apoyarnos para fundamentar este tema. Por ejemplo, ¿existe alguna pronunciación del Magisterio acerca de la existencia real de la pareja primordial? ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de negar la existencia de ella? Agradecería mucho que me ilumine en este tema En Cristo y María”
Estimado Miguelito: Tengo que responderte largamente, porque tu pregunta lo exige. Pero ni aún así, mi larga respuesta te exime de un esfuerzo de estudio que tendrás que hacer para sacarte el anzuelo de la duda que me parece que mordiste. En fin. Te encomiendo. Ahí va lo que puedo responderte, por ahora, estando con un pie en el estribo para irme... Acerca de los modernistas
Los modernistas niegan el pecado original, porque niegan que haya habido una revelación histórica de Dios. Ellos proponen que la verdadera revelación de Dios se da en la experiencia interior del hombre, en sus sentimientos, etc. Para ellos: “La revelación no ha podido ser otra cosa más que la conciencia que el hombre adquiere de su relación con Dios”. Permítame que le diga fraternalmente y en toda humildad, que es una falta de prudencia y una temeridad, leer a esos autores y sus obras sin la debida preparación para detectar sus errores y responderlos. ¡La fe, es una gracia, un don! ¡Y si nos exponemos temerariamente a los maestros de la duda, la podemos perder! No podemos arriesgarnos temerariamente a perderla. Por eso le recomiendo que antes de leer autores que lo confunden, se forme primero sólidamente en su fe. Para una exposición de los errores modernistas lea la Encíclica “Pascendi” de San Pío X y su decreto “Lamentabili”.
DE LA DOCTRINA DEL MONOGENISMO Del monogenismo en los primeros capítulos del Génesis, se ocupó el Papa Pío XII en su Encíclica Humani Generis que trata “sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la Doctrina Católica. El Papa defiende en esa Encíclica los datos de la Sagrada Escritura que contienen la revelación de Dios, contra las impugnaciones que vienen del racionalismo o de impugnaciones en nombre de la ciencia. En los números 30 y 31 se lee: “30. los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protopariente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio [12]. 31. Y como en las ciencias biológicas y antropológicas, también en las históricas algunos traspasan audazmente los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido. De un modo particular es deplorable el modo extraordinariamente libre de interpretar los libros del Antiguo Testamento.” Aunque no tengo las referencias bibliográficas, he oído que los nuevos adelantos en el conocimiento del Genoma Humano y del ADN, vienen a fortalecer la revelación bíblica, acerca del monogenismo. Eso tendrá que buscarlo Usted, porque no tengo tiempo de recabar esa información ahora.
SOBRE LA INTERPRETACIÓN DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS Y SU SENTIDO LITERAL El Papa Pío XII también se ocupó de la interpretación de las Sagradas Escrituras y de su sentido literal en su Encíclica Divino Afflante Spiritu, que cito en este blog en una de las primeras entradas (21 diciembre 2008) y Usted podrá consultar allí. Pero le aconsejo que estudie esa Encíclica que da las pautas sobre cómo interpretar las Sagradas Escrituras. Esa doctrina y la de sus predecesores, fue retomada y sintetizada genialmente en la Constitución DEI VERBUM del Concilio Vaticano II, que le aconsejo estudiar también. Lea especialmente el número 12 que resume las pautas de una recta interpretación bíblica. Esta Constitución fue ignorada por muchos incluso dentro del mundo académico, teológico y exegético, del catolicismo. Benedicto XVI lo aplica en su obra Jesús de Nazareth. Me he ocupado en las primeras entradas de Toma y Lee de cómo se ha de interpretar rectamente las Sagradas Escrituras y de una ¡entre tantas! interpretación que confunde a los fieles sirviéndoles sentido acomodado no bíblico ni divinamente inspirado, como si fuera equivalente al sentido literal inspirado y divino. Pero Anselm Grün no es el único. “Vendrán muchos diciendo yo soy”. Así que, dice Jesús, ¡Cuídense!.
ACERCA DEL GÉNERO LITERARIO DE LOS PRIMEROS CAPÍTULOS DEL GÉNESIS El Papa Juan Pablo II dedicó muchas catequesis a hablarnos de la revelación bíblica sobre el varón y la mujer en los primeros capítulos del Génesis. En la del 19 de setiembre de 1979, en una nota explica en qué sentido el género literario de esos primeros capítulos puede llamarse “mítico” y por qué y cómo su carácter mítico no la desacredita como fuente de revelación divina. Te copio las tres notas, porque las tres aclaran el tema:
Notas [1] Si en el lenguaje del racionalismo del siglo XIX el término "mito" indicaba lo que no se contenía en la realidad, el producto de la imaginación (Wundt), o lo que es irracional (Lévy-Bruhl), el siglo XX ha modificado la concepción del mito. L. Walk ve en el mito la filosofía natural, primitiva y arreligiosa; R. Otto lo considera instrumento del conocimiento religioso; para C. G. Jung, en cambio, el mito es manifestación de los arquetipos y la expresión del "inconsciente colectivo", símbolo de los procesos interiores. M. Eliade descubre en el mito la estructura de la realidad que es inaccesible a la investigación racional y empírica: efectivamente, el mito transforma el suceso en categoría y hace capaz de percibir la realidad transcendente; no es sólo símbolo de los procesos interiores (como afirma Jung), sino un acto autónomo y creativo del espíritu humano, mediante el cual se actúa la revelación (Cfr. Traité d'histoire des religions, París 1949, pág. 363; Images et symboles, París 1952, págs. 199-235).
Según P. Tillich el mito es un símbolo, constituido por los elementos de la realidad para presentar lo absoluto y la transcendencia del ser, a los que tiende el acto religioso.
H. Schlier subraya que el mito no conoce los hechos históricos y no tiene necesidad de ellos, en cuanto describe lo que es destino cósmico del hombre que es siempre igual.
Finalmente, el mito tiende a conocer lo que es incognoscible.
[*] Según P. Ricoeur: "Le mythe est autre chose qu'une explication du monde, de l'histoire et de la destinée: il exprime, en terme de monde, voire d'outre monde ou de second monde, la compréhension que l'homme prend de lui-même par rapport au fondement et à la limite de son existence. (...) Il exprime dans un langage objectif le sens que l'homme prend de sa dépendance à que l'homme prend de su dépendance à l'egard de cela qui se tient à la limite et à l'origine de son monde". (P. Ricoeur. Le Conflict des interprétations, París [Seuil] 1969, pág. 383).
"Le mythe adamique est par excellence le mythe anthropologique; Adam veut dire Homme; mais tout mythe de Thomme primordial' n'est pas 'mythe adamique', qui... est seul proprement anthropologique; par là trois traits sont désignés: — le mythe étiologique rapporte l'origine du mal à un ancêtre de l'humanité actuelle dont la condition est homogène à la nôtre (...) — Le mythe etiologique est la tentative la plus extrême pour dédoubler l'origine du mal et du bien. L'intention de ce mythe est de donner consistance à une origine radicale du mal distincte de l'origine plus originaire de lêtre-bon des choses. (...) Cette distinction du radical et d'originaire est essentielle au caractèer anthropologique du mythe adamique; c'est elle qui fait de l'hommeun commencement du mal au sein d'une création qui a déjà son commencement absolu dans l'acte créateur de Dieu. — le mythe adamique subordonne à la figure centrale de l'homme primordial d'autres figures qui tendent à décentrer le récit, sans pourtant supprimer le primat de la figure adamique. (...) Le mythe, en nommant Adam, l'homme, explicite l'universalité concrète du mal humain; l'esprit de pénitence se donne dans le mythe adamique le symbole de cette universalité. Nous retrouvons ainsi (...) la fonction universalisante du mythe. Mais en même temps nous retrouvons les deux autres fonctions, également suscitées par l'expérience pénitentielle (...). Le mythe proto-historique servit ansi non seulement à généraliser l'experience d'Israël à l'humité de tous les temps et de tous les lieux, mais à étendre à celle-ci la grande tension de la condamnation et de la miséricorde que les prophètes avaient enseignè à discerner dans le propre destin d'Israël.
Enfin, dernière fonction du mythe, motivée dans la foi d'Israël : le mythe prépare la spéculation en explorant le point de rupture de l'ontoligique et de l'historique". (P. Ricoeur, Finitude et culpabilité: II. Symbolique du mal, París 1960 [Aubier], págs. 218-227). [2] En cuanto a la etimología, no se excluye que el término hebreo 'is se derive de una raíz que significa "fuerza" ('is o también 'ws); en cambio, 'iisâ está unido a una serie de términos semíticos, cuyo significado oscila entre "hembra y "mujer". La etimología propuesta por el texto bíblico es de carácter popular y sirve para subrayar la unidad del origen del hombre y de la mujer: esto parece confirmado por la asonancia de ambas palabras.
[3] "El mismo lenguaje religioso pide la transposición de las "imágenes", o mejor, "modalidades simbólicas" a "modalidades conceptuales" de expresión. A primera vista esta transposición puede parecer un cambio puramente extrínseco (...). El lenguaje simbólico parece inadecuado para emprender el camino del concepto por un motivo que es peculiar de la cultura occidental. En esta cultura el lenguaje religioso ha estado siempre condicionado por otro lenguaje, el filosófico, que es lenguaje conceptual por excelencia. Si es verdad que un vocabulario religioso es comprendido sólo en una comunidad que lo interpreta y según una tradición de interpretación, sin embargo también es verdad que no existe tradición de interpretación que no esté "mediatizada" por alguna concepción filosófica. He aquí que la palabra "Dios", que en los textos bíblicos recibe su significado por la convergencia de diversos modos de narración (relatos y profecías, textos de legislación y literatura sapiencial, proverbios e himnos) —vista esta convergencia, tanto como el punto de intersección, como el horizonte que se desvanece en toda y cualquier forma— debió ser absorbida en el espacio conceptual, para ser reinterpretada en los términos del Absoluto filosófico como primer motor, causa primera, Actus Essendi, ser perfecto, etc. Nuestro concepto de Dios pertenece, pues, a una onto-teología, en la que se organiza toda la constelación de las palabras-clave de la semántica teológica, pero en un marco de significados dictados por la metafísica". (Paul Ricoeur, Ermenéutica Bíblica, Brescia 1978, Morcelliana, págs. 140-141; título original: Biblical Hermeneutics. Montana 1975). La cuestión sobre si la reducción metafísica expresa realmente el contenido que oculta en sí el lenguaje simbólico y metafórico, es un tema aparte.
EL PECADO ORIGINAL EN EL MAGISTERIO DE BENEDICTO XVI CATEQUESIS DEL 03-12-2008 El Papa actual ha abordado el tema del pecado original en su Audiencia y catequesis del 03 de diciembre de 2008: Le copio aquí parte de esa catequesis que excusa todo comentario: “Como hombres de hoy, debemos preguntarnos: ¿Qué es el pecado original? ¿Qué enseña san Pablo? ¿Qué enseña la Iglesia? ¿Es sostenible también hoy esta doctrina? Muchos piensan que, a la luz de la historia de la evolución, no habría ya lugar para la doctrina de un primer pecado, que después se difundiría en toda la historia de la humanidad. Y, en consecuencia, también la cuestión de la Redención y del Redentor perdería su fundamento. Por tanto: ¿existe el pecado original o no? Para poder responder debemos distinguir dos aspectos de la doctrina sobre el pecado original. Existe un aspecto empírico, es decir, una realidad concreta, visible —yo diría, tangible— para todos; y un aspecto misterioso, que concierne al fundamento ontológico de este hecho. El dato empírico es que existe una contradicción en nuestro ser. Por una parte, todo hombre sabe que debe hacer el bien e íntimamente también lo quiere hacer. Pero, al mismo tiempo, siente otro impulso a hacer lo contrario, a seguir el camino del egoísmo, de la violencia, a hacer sólo lo que le agrada, aun sabiendo que así actúa contra el bien, contra Dios y contra el prójimo. San Pablo en su carta a los Romanos expresó esta contradicción en nuestro ser con estas palabras: "Querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero" (Rm 7, 18-19). Esta contradicción interior de nuestro ser no es una teoría. Cada uno de nosotros la experimenta todos los días. Y sobre todo vemos siempre cómo en torno a nosotros prevalece esta segunda voluntad. Basta pensar en las noticias diarias sobre injusticias, violencia, mentira, lujuria. Lo vemos cada día: es un hecho. Como consecuencia de este poder del mal en nuestra alma, se ha desarrollado en la historia un río sucio, que envenena la geografía de la historia humana. El gran pensador francés Blaise Pascal habló de una "segunda naturaleza", que se superpone a nuestra naturaleza originaria, buena. Esta "segunda naturaleza" nos presenta el mal como algo normal para el hombre. Así también la típica expresión "esto es humano" tiene un doble significado. "Esto es humano" puede querer decir: este hombre es bueno, realmente actúa como debería actuar un hombre. Pero "esto es humano" puede también querer decir algo falso: el mal es normal, es humano. El mal parece haberse convertido en una segunda naturaleza. Esta contradicción del ser humano, de nuestra historia, debe provocar, y provoca también hoy, el deseo de redención. En realidad, el deseo de que el mundo cambie y la promesa de que se creará un mundo de justicia, de paz y de bien, está presente en todas partes: por ejemplo, en la política todos hablan de la necesidad de cambiar el mundo, de crear un mundo más justo. Y precisamente esto es expresión del deseo de que haya una liberación de la contradicción que experimentamos en nosotros mismos. Por tanto, el hecho del poder del mal en el corazón humano y en la historia humana es innegable. La cuestión es: ¿Cómo se explica este mal? En la historia del pensamiento, prescindiendo de la fe cristiana, existe un modelo principal de explicación, con algunas variaciones. Este modelo dice: el ser mismo es contradictorio, lleva en sí tanto el bien como el mal. En la antigüedad esta idea implicaba la opinión de que existían dos principios igualmente originarios: un principio bueno y un principio malo. Este dualismo sería insuperable: los dos principios están al mismo nivel, y por ello existirá siempre, desde el origen del ser, esta contradicción. Así pues, la contradicción de nuestro ser reflejaría sólo la contrariedad de los dos principios divinos, por decirlo así. En la versión evolucionista, atea, del mundo vuelve de un modo nuevo esa misma visión. Aunque, en esa concepción, la visión del ser es monista, se supone que el ser como tal desde el principio lleva en sí el bien y el mal. El ser mismo no es simplemente bueno, sino abierto al bien y al mal. El mal es tan originario como el bien. Y la historia humana desarrollaría solamente el modelo ya presente en toda la evolución precedente. Lo que los cristianos llaman pecado original sólo sería en realidad el carácter mixto del ser, una mezcla de bien y de mal que, según esta teoría, pertenecería a la naturaleza misma del ser. En el fondo, es una visión desesperada: si es así, el mal es invencible. Al final sólo cuenta el propio interés. Y todo progreso habría que pagarlo necesariamente con un río de mal, y quien quisiera servir al progreso debería aceptar pagar este precio. La política, en el fondo, está planteada sobre estas premisas, y vemos sus efectos. Este pensamiento moderno, al final, sólo puede crear tristeza y cinismo. Así, preguntamos de nuevo: ¿Qué dice la fe, atestiguada por san Pablo? Como primer punto, la fe confirma el hecho de la competición entre ambas naturalezas, el hecho de este mal cuya sombra pesa sobre toda la creación. Hemos escuchado el capítulo 7 de la carta a los Romanos, pero podríamos añadir el capítulo 8. El mal existe, sencillamente. Como explicación, en contraste con los dualismos y los monismos que hemos considerado brevemente y que nos han parecido desoladores, la fe nos dice: existen dos misterios de luz y un misterio de noche, que sin embargo está rodeado por los misterios de luz. El primer misterio de luz es este: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y uno malo, sino que hay un solo principio, el Dios creador, y este principio es bueno, sólo bueno, sin sombra de mal. Por eso, tampoco el ser es una mezcla de bien y de mal; el ser como tal es bueno y por eso es un bien existir, es un bien vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: sólo hay una fuente buena, el Creador. Así pues, vivir es un bien; ser hombre, mujer, es algo bueno; la vida es un bien. Después sigue un misterio de oscuridad, de noche. El mal no viene de la fuente del ser mismo, no es igualmente originario. El mal viene de una libertad creada, de una libertad que abusa. ¿Cómo ha sido posible, cómo ha sucedido? Esto permanece oscuro. El mal no es lógico. Sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece misterioso. Se lo representa con grandes imágenes, como lo hace el capítulo 3 del Génesis, con la visión de los dos árboles, de la serpiente, del hombre pecador. Una gran imagen que nos hace adivinar, pero que no puede explicar lo que es en sí mismo ilógico. Podemos adivinar, no explicar; ni siquiera podemos narrarlo como un hecho junto a otro, porque es una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche. Pero se le añade inmediatamente un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios con su luz es más fuerte. Por eso, el mal puede ser superado. Por eso la criatura, el hombre, es curable. Las visiones dualistas, incluido el monismo del evolucionismo, no pueden decir que el hombre es curable; pero si el mal procede sólo de una fuente subordinada, es cierto que el hombre puede curarse. Y el libro de la Sabiduría dice: "Las criaturas del mundo son saludables" (Sb 1, 14). Y finalmente, como último punto, el hombre no sólo se puede curar, de hecho está curado. Dios ha introducido la curación. Ha entrado personalmente en la historia. A la permanente fuente del mal ha opuesto una fuente de puro bien. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río sucio del mal un río de luz. Y este río está presente en la historia: son los santos, los grandes santos, pero también los santos humildes, los simples fieles. El río de luz que procede de Cristo está presente, es poderoso. Hermanos y hermanas, es tiempo de Adviento. En el lenguaje de la Iglesia la palabra Adviento tiene dos significados: presencia y espera. Presencia: la luz está presente, Cristo es el nuevo Adán, está con nosotros y en medio de nosotros. Ya brilla la luz y debemos abrir los ojos del corazón para verla, para introducirnos en el río de la luz. Sobre todo, debemos agradecer el hecho de que Dios mismo ha entrado en la historia como nueva fuente de bien. Pero Adviento quiere decir también espera. La noche oscura del mal es aún fuerte. Por ello rezamos en Adviento con el antiguo pueblo de Dios: "Rorate caeli desuper". Y oramos con insistencia: Ven Jesús; ven, da fuerza a la luz y al bien; ven a donde domina la mentira, la ignorancia de Dios, la violencia, la injusticia; ven, Señor Jesús, da fuerza al bien en el mundo y ayúdanos a ser portadores de tu luz, agentes de paz, testigos de la verdad. ¡Ven, Señor Jesús! [Benedicto XVI 03/12/2009]