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martes, 24 de diciembre de 2013
"Sissel - In The Bleak Mid-Winter"
lunes, 23 de diciembre de 2013
SANTA Y FELIZ NAVIDAD 2012
DIOS SE HACE VISIBLE A LOS HOMBRES
CON LA VENIDA DE CRISTO
San Ireneo de Lyon

Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.
Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre entre los hombres para reunir el término con el comienzo [El fin con el principio = Alfa y Omega] es decir al hombre con Dios.
Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de la misma Palabra, anunciaron su venida según la carne. Por esta venida se realizó la unión y comunión de Dios y el hombre, conforme a la voluntad del Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de antemano que Dios sería visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había anunciado que hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y había anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian, es decir de todo espíritu de pecado, nos haría servirle con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días, a fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al Padre.
Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los hombres, y así lo proclamó el mismo Señor cuando dijo: dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Pero nadie puede ver a Dios en su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aún este don concedió a los que lo aman: ver a Dios. Y esto también lo anunciaron los profetas: Lo que para los hombres es imposible, es posible para Dios.
El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el Reino de los Cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.
Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben su claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la vida.
[San Ireneo de Lyon, Tratado contra las Herejías, L.IV, 20, 4-5. S. C. 100, 634-640 (Liturgia de las Horas, 2ª Lectura en el Miércoles de la Segunda Semana de Adviento)]
CON LA VENIDA DE CRISTO
San Ireneo de Lyon

Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.
Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre entre los hombres para reunir el término con el comienzo [El fin con el principio = Alfa y Omega] es decir al hombre con Dios.
Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de la misma Palabra, anunciaron su venida según la carne. Por esta venida se realizó la unión y comunión de Dios y el hombre, conforme a la voluntad del Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de antemano que Dios sería visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había anunciado que hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y había anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian, es decir de todo espíritu de pecado, nos haría servirle con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días, a fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al Padre.
Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los hombres, y así lo proclamó el mismo Señor cuando dijo: dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Pero nadie puede ver a Dios en su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aún este don concedió a los que lo aman: ver a Dios. Y esto también lo anunciaron los profetas: Lo que para los hombres es imposible, es posible para Dios.
El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el Reino de los Cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.
Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben su claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la vida.
[San Ireneo de Lyon, Tratado contra las Herejías, L.IV, 20, 4-5. S. C. 100, 634-640 (Liturgia de las Horas, 2ª Lectura en el Miércoles de la Segunda Semana de Adviento)]
sábado, 21 de diciembre de 2013
MEDITACIONES DE NAVIDAD Y EPIFANÍA
EJERCICIOS ESPIRITUALES
SOBRE LA INFANCIA DE JESÚS
Pedicados por el
R.P. Fr. JESÚS VILLARROEL O.P.
03. La herida de Isabel
SOBRE LA INFANCIA DE JESÚS
Pedicados por el
R.P. Fr. JESÚS VILLARROEL O.P.
viernes, 13 de diciembre de 2013
DOS ACTITUDES ANTE EL EVANGELIO
Dimas Antuña Gadea
Del Evangelio sólo pueden hablar: el Sacerdote ―que ha recibido potestad de leer el Evangelio a los vivos y a los muertos―, y el Santo a quien la unción interior del Espíritu le sugiere toda la verdad y le da ciencia de voz. Yo no hablaré del Evangelio pues. Yo sólo hablaré de dos entradas que hace el hombre al Evangelio.
Y la primera entrada es así: cuando la soberbia del hombre, quiero decir, cuando la alta crítica inventada por los herejes del siglo de las luces, se digna a entrar en el Evangelio de Jesu-Cristo, Hijo de Dios, hace su entrada con hinchazón ―porque la ciencia hincha―, y no como quiera, sino armada de todas las armas. Harnack, Loisy, Sabatier, cuando entran al Evangelio, entran para juzgar al Hijo de Dios.
Entran armados de arqueología, y epigrafía, y paleografía, y saben (lo que no supo Jesús, como dice Renán) saben griego y latin y hebreo y caldeo , y arameo, saben muchas otras cosas; aunque no saben distinguir la derecha de la izquierda del Hijo del Hombre.
Estos escribas, pues, hacen su lectura, y no para tomar lección sino para darla. Pero Dios ciega a los que quiere perder; el Evangelio se escurre de sus manos, y creyendo que leen el Evangelio, lo único que leen son las palabras del Evangelio. Esa es, pues, una entrada al Evangelio, la entrada de los escribas y los doctores, la entrada de los exegetas de la letra que mata.
La otra entrada es la entrada de los hijos, es la entrada de los hijos de la Iglesia, a quienes la Iglesia, como madre que los dio a luz en el bautismo, y los fortificó en la confirmación, y los purifica en la penitencia, y los alimenta en la Eucaristía, les abre esa puerta del Evangelio para que no los pierdan las palabras; antes, superando las palabras del Evangelio, tengan la inteligencia del Evangelio.
Esta entrada de los hijos es la entrada que nos es abierta en la Misa. Es ésta de la que venimos hablando.
Porque el Evangelio es la palabra de Dios, y para entender palabra de Dios es necesario de algún modo ser igual a Dios. Ahora bien, el hombre no puede ser igual a Dios sino es por gracia y para recibir esta primera gracia y despertarnos y movernos hacia Dios, la Iglesia nos da la Epístola.
Pero aún por gracia el hombre no puede tener inteligencia de Dios si la gracia no lo ha llevado a perfección e igualdad del amor, y para eso está la lección inspirada: el Gradual, el Alleluia, el Tracto. El hombre, pues, que entra al Evangelio no como ladrón para destrozar por esa puerta falsa de la crítica, sino como hijo, por la puerta que le abre quien tiene las llaves para abrirla; el hombre que entra al Evangelio con conocimiento y desprecio de sí, según la Epístola, y con olvido de sí y de todo, por perfección de amor, según el Gradual, ese sí, entra realmente al Evangelio ―y oyendo las palabras del Evangelio con los oídos, halla en su corazón la palabra del Evangelio y es transformado en su vida por la virtud del Evangelio.
Porque en el Evangelio hay palabras, hay muchas palabras si queréis, y una son griegas y otras latinas; pero el Evangelio no está en las palabras, porque el Evangelio es palabra, es la sola palabra del Padre, y es virtud, es decir, es la virtud, la fuerza del Espíritu Santo.
Los hijos, pues, no entran al Evangelio armados sino protegidos; no entran para destrozarlo como el ladrón que entra armado por una puerta falsa, antes, entran por la puerta que les es abierta de par en par por quien tiene las llaves, ―y las dos hojas de esta puerta abierta de par en par son la Epístola y el Gradual.
La Epístola es una palabra que se enuncia, es una lección dada en extensión.
El Gradual es una palabra que brota, es lección dada en profundidad. Una y otra, las dos lecciones, son extensión y profundidad del Evangelio; porque la extensión del Evangelio es la predicación de la palabra, y eso comienza en la Epístola, y la profanidad del Evangelio es el peso del amor, y eso rebosa en el Gradual.
Versión de la segunda conferencia pronunciada el 5º Domingo, después de Pentecostés, por
iniciativa de la Acción Católica, en el salón parroquial de la iglesia de los Padres Benedictinos, en Buenos Aires. Publicada luego como «Lectura sobre la misa», en la revista ARX del Instituto Santo Tomás de Aquino, Córdoba, RA, 1933, pp. 47-82. [Digitalizada y amablemente comunicada por la investigadora Alejandra Niño Amieva]
jueves, 12 de diciembre de 2013
miércoles, 11 de diciembre de 2013
sábado, 7 de diciembre de 2013
AVE MARIA GRATIA PLENA: INMACULADA
"BIENAVENTURADA ME LLAMARÁN
TODAS LAS GENERACIONES"
Joven católica de 12 años de edad canta a la Virgen en Inglaterra
viernes, 6 de diciembre de 2013
EL SALTERIO MICROCOSMOS SIMBÓLICO (2 de 2)

Continúo y termino la traducción
del escrito de Mons. Gianfranco Ravasi, hoy Cardenal de la Iglesia,
en el que explora el mundo simbólico de los Salmos.
b) Línea horizontal antropológica.
Si para cifrar el misterio de Dios se usaba el otro extremo, e.d. el hombre, para definir el del hombre se usa a menudo el animal.
El primer campo simbólico horizontal es, por lo tanto, zoomorfo y, en la variante "demoníaca", teriomorfo (fieras y monstruos). En el salterio existe un verdadero y propio bestiario coloreado como en ciertas miniaturas medievales: como modelo puede valer el Sal 104.
Pero los animales son a menudo metáforas para designar la experiencia humana: la cierva que brama de sed (42,2) o que corre veloz (18,334), las golondrinas y su amor por el nido (84,4), la grey (23), el águila (103,5), la sombra de las alas (36,8-9), la ignorancia torpe del hipopótamo (73,22), la soledad del buho y del pelícano (102,7).
También símbolos inferiores respecto del animal apuntan al hombre. Es el caso del segundo campo simbólico horizontal, el ilemórfico, e.d. tomado de la naturaleza material.
Dominante es la metáfora vegetal de matriz sapiencial que representa al justo como árbol verdegueante (1,3), palma o cedro (92,13-15), mientras que los árboles típicos del paisaje medterráneo, el olivo y la vid, se convierten en símbolos de la familia ideal (128,3). El aceite del ceremonial levítico anima el salmo de la fraternidad, el 133 (v.2), mientras la brutalidad de la imagen del lavado de pies en la sangre de los enemigos (58,11; 68,24) se inspira en el pisado de las uvas en la vendimia.
En el otro polo del horizonte está el hombre verdadero y propio, figurado de acuerdo a un tercer campo simbólico específico: el fisiológico. Dada la profunda unidad psico-física de la simbología bíblica, el cuerpo es un compendio alusivo al entero ser humano: los huesos que arden como brasas en la fiebre y en el sufrimiento (102,4), los ojos que se consumen de llanto (6,8); los días que son sombras que se estiran y declinan (102,12), el latido del corazón (55,5), la llagas purulentas y fétidas (38,6), las vísceras que se estrujan, el vigor sexual debilitado (31,10-11), etc.
c) Línea horizontal-cosmológica.
Los dos extremos de esta línea son la nada y lo creado.
La congénita incapacidad semítica para la abstracción induce a los autores bíblicos a construir símbolos "monstruosos" para definir la idea de la "nada" y de anti-creación. Rahab y Leviatán se convierten entonces en metáforas para celebrar la victoria del orden cósmico, conservado providencialmente por Dios contra los atentados del caos (74,13-14; 89,10-11; 104,26).
Pero junto a estas "máquinas" monstruosas se extiende la naturaleza contemplada con pasión y con amor y vista como el compendio cifrado de las perfecciones divinas.
Un mundo bipartito en tierra y mar, cantado en páginas insuperables, libres de todo animismo panteísta oriental (Sal 8; 19A; 29; 104; 139), pintado en su milagroso sucederse temporal de luz y tiniebla (Sal 19A; 104), en la sucesión de las estaciones (primavera: Sal 65; otoño e invierno: Sal 126; 147), un mundo cuyos horizontes, centrados sobre Jerusalén, se extienden hasta fuera de Palestina, hasta el Hermón, las cataratas del Jordán, las islas de Tarshish, un mundo que puede ser descifrado como silenciosa palabra de Dios (Sal 19,2-5).
d) Línea vertical-infernal.
En las antípodas de Dios, bajo la línea horizontal del cosmos, está el Sheol, nombrado en el salterio con una treintena de vocablos simbólicos diferentes.
Es un no-tierra, una ciudad de espectros, una masa de aguas devastadoras y oscuras (18,17; 32,6; 42,8; 46,4; 66,12; 69,2-3; 88,18; 93,4; 124,4; 144,7), es una especie de "hueco negro" cósmico.
La imagen más frecuente es la de una "fosa" hacia la cual "se desciende" irreversiblemente (16,10; 28,1; 30,4.10; 35,6; 40,3; 44,20; 88,5.13; 107,10.14; 143,7); pero se asocian también símbolos de silencio (115,17), de polvo (22,16; 119,25), de monstruos (74,13; 91,13; 104,26; 148,7).
El Sheol tiene su anticipación terrestre en el sepulcro y en las realidades negativas que, sobre todo en las súplicas, se incluyen bajo el nombre de enemigo (o mal).
Los esquemas simbólicos del Adversario (que algunas veces es la muerte personificada) son tomadas a menudo en imitación o préstamo de lamentaciones sumero-acádicas.
Pero "los salmistas de Israel tienden más que sus similares babilonios, a dramatizar su caso, o a radicalizar el problema; la dificultad que ellos deben afrontar asume el aspecto de una lucha contra las fuerzas del mal" (Beaucamp).
Se pasa de una visión mágico-demoníaca a otra impostación, teológica. La descripción del mal es confiada a un sistema simbólico muy articulado.
Está primero, la simbología bélica: guerra (27,3; 35,1), arco-flechas (7,14; 11,2; 37,14-15), escudo (3,4; 7,11), espada (17,13; 22,21), ejército acampado al asedio (3,7; 27,3), feroces agresores (55,19; 56,2). Está después la simbología venatoria: la presa (el orante) es "perseguida, alcanzada, volteada a tierra, pisoteada, revolcada en el polvo" (7,6) o atrapada en el lazo tendido (31,5; 35,7-8; 57,7; 140,6).
Está también la simbología teriomorfa: el hombre es abandonado a las fauces de un león que quiere despedazarlo (7,3; 22,14), un león implacable (10,9; 17,12; 34,11; 58,7) de fauces abiertas (35,21) y de dientes que "desgarran las carnes" (27,2).
También hay una simbología cósmica negativa: lo nocturno, que el Talmud atribuirá a Adán y Eva como signo de su creaturalidad ("vieron con terror a la noche cubrir el horizonte y al horror de la muerte invadir sus corazones temblorosos") y que los salmos pintan como signo infernal (18,29; 22,3; 23,4; 91,5-6; 104,20-21; 139,11-15).
Está por fin una simbología psico-física en la cual la enfermedad es considerada como el primer girón de Sheol (6,3; 30,3; 32; 38; 41; 88; 103,3-4; 107,12-22; 118,17-18; 130).
BIBLIOGRAFIA
(Ravasi, I,31 nota 39)
HARTLICH C.-SACHS W., Der Ursprung des Mythosbegriffes in der modernen Bibelwissenschaft, Tübingen 1952
CHILDS B.S., Myth and reality in The O.T., London 1960
HAULOTTE E., Symbolique du vëtement selon la Bible, Paris 1966
ANDERS-RICHARDS D., The drama of the Psalms, Valley Forge 1970
OHLER A., Elementi mitologici dell'AT, Torino 1973
BERNARD CH.A., Symbolisme et présence au monde, en: Gregorianum 55(1974)749-771
ROGERSON J.W., Myth n the OT Interpretation, Berlin 1974;
RAVASI G., Simbolo, mito, stilistica, en: Scuola Cattolica 104(1976)83-93
KEEL O., Die Welt der altorientalischen Bildsymbolik und des AT. Am Beispiel der Psalmen. Neukirchen-Vluyn2 1977 (Vers. Ingl. NY 1978)
GOTTLIEB H., Myth in the Psalms, en: AAVV., Myth in the OT, London 1980
MONLOUBOU L., L'imaginaire des Psalmistes. Psaumes et symboles, Paris 1980
-- -- -- Les Psaumes-le symbole-le corps, en: NRTh 102(1980)35-42
RIZZI A., Simbolismo e fede biblica, en: Servitium 14(1980)452-459
LACK R., La symbolique du Livre d'Isaïe, Roma 1973
-- -- L'image symbolique littéraire dans la Bible, en: AAVV, Symbolisme et théologie, Roma 1974, pp. 137-139
COLLOQUIO INTERNAT. SOBRE EL SÍMBOLO, Relaciones en: RSR 49(1975)nn. 1-2
Los dos extremos de esta línea son la nada y lo creado.
La congénita incapacidad semítica para la abstracción induce a los autores bíblicos a construir símbolos "monstruosos" para definir la idea de la "nada" y de anti-creación. Rahab y Leviatán se convierten entonces en metáforas para celebrar la victoria del orden cósmico, conservado providencialmente por Dios contra los atentados del caos (74,13-14; 89,10-11; 104,26).
Pero junto a estas "máquinas" monstruosas se extiende la naturaleza contemplada con pasión y con amor y vista como el compendio cifrado de las perfecciones divinas.
Un mundo bipartito en tierra y mar, cantado en páginas insuperables, libres de todo animismo panteísta oriental (Sal 8; 19A; 29; 104; 139), pintado en su milagroso sucederse temporal de luz y tiniebla (Sal 19A; 104), en la sucesión de las estaciones (primavera: Sal 65; otoño e invierno: Sal 126; 147), un mundo cuyos horizontes, centrados sobre Jerusalén, se extienden hasta fuera de Palestina, hasta el Hermón, las cataratas del Jordán, las islas de Tarshish, un mundo que puede ser descifrado como silenciosa palabra de Dios (Sal 19,2-5).
d) Línea vertical-infernal.
En las antípodas de Dios, bajo la línea horizontal del cosmos, está el Sheol, nombrado en el salterio con una treintena de vocablos simbólicos diferentes.
Es un no-tierra, una ciudad de espectros, una masa de aguas devastadoras y oscuras (18,17; 32,6; 42,8; 46,4; 66,12; 69,2-3; 88,18; 93,4; 124,4; 144,7), es una especie de "hueco negro" cósmico.
La imagen más frecuente es la de una "fosa" hacia la cual "se desciende" irreversiblemente (16,10; 28,1; 30,4.10; 35,6; 40,3; 44,20; 88,5.13; 107,10.14; 143,7); pero se asocian también símbolos de silencio (115,17), de polvo (22,16; 119,25), de monstruos (74,13; 91,13; 104,26; 148,7).
El Sheol tiene su anticipación terrestre en el sepulcro y en las realidades negativas que, sobre todo en las súplicas, se incluyen bajo el nombre de enemigo (o mal).
Los esquemas simbólicos del Adversario (que algunas veces es la muerte personificada) son tomadas a menudo en imitación o préstamo de lamentaciones sumero-acádicas.
Pero "los salmistas de Israel tienden más que sus similares babilonios, a dramatizar su caso, o a radicalizar el problema; la dificultad que ellos deben afrontar asume el aspecto de una lucha contra las fuerzas del mal" (Beaucamp).
Se pasa de una visión mágico-demoníaca a otra impostación, teológica. La descripción del mal es confiada a un sistema simbólico muy articulado.
Está primero, la simbología bélica: guerra (27,3; 35,1), arco-flechas (7,14; 11,2; 37,14-15), escudo (3,4; 7,11), espada (17,13; 22,21), ejército acampado al asedio (3,7; 27,3), feroces agresores (55,19; 56,2). Está después la simbología venatoria: la presa (el orante) es "perseguida, alcanzada, volteada a tierra, pisoteada, revolcada en el polvo" (7,6) o atrapada en el lazo tendido (31,5; 35,7-8; 57,7; 140,6).
Está también la simbología teriomorfa: el hombre es abandonado a las fauces de un león que quiere despedazarlo (7,3; 22,14), un león implacable (10,9; 17,12; 34,11; 58,7) de fauces abiertas (35,21) y de dientes que "desgarran las carnes" (27,2).
También hay una simbología cósmica negativa: lo nocturno, que el Talmud atribuirá a Adán y Eva como signo de su creaturalidad ("vieron con terror a la noche cubrir el horizonte y al horror de la muerte invadir sus corazones temblorosos") y que los salmos pintan como signo infernal (18,29; 22,3; 23,4; 91,5-6; 104,20-21; 139,11-15).
Está por fin una simbología psico-física en la cual la enfermedad es considerada como el primer girón de Sheol (6,3; 30,3; 32; 38; 41; 88; 103,3-4; 107,12-22; 118,17-18; 130).
BIBLIOGRAFIA
(Ravasi, I,31 nota 39)
HARTLICH C.-SACHS W., Der Ursprung des Mythosbegriffes in der modernen Bibelwissenschaft, Tübingen 1952
CHILDS B.S., Myth and reality in The O.T., London 1960
HAULOTTE E., Symbolique du vëtement selon la Bible, Paris 1966
ANDERS-RICHARDS D., The drama of the Psalms, Valley Forge 1970
OHLER A., Elementi mitologici dell'AT, Torino 1973
BERNARD CH.A., Symbolisme et présence au monde, en: Gregorianum 55(1974)749-771
ROGERSON J.W., Myth n the OT Interpretation, Berlin 1974;
RAVASI G., Simbolo, mito, stilistica, en: Scuola Cattolica 104(1976)83-93
KEEL O., Die Welt der altorientalischen Bildsymbolik und des AT. Am Beispiel der Psalmen. Neukirchen-Vluyn2 1977 (Vers. Ingl. NY 1978)
GOTTLIEB H., Myth in the Psalms, en: AAVV., Myth in the OT, London 1980
MONLOUBOU L., L'imaginaire des Psalmistes. Psaumes et symboles, Paris 1980
-- -- -- Les Psaumes-le symbole-le corps, en: NRTh 102(1980)35-42
RIZZI A., Simbolismo e fede biblica, en: Servitium 14(1980)452-459
LACK R., La symbolique du Livre d'Isaïe, Roma 1973
-- -- L'image symbolique littéraire dans la Bible, en: AAVV, Symbolisme et théologie, Roma 1974, pp. 137-139
COLLOQUIO INTERNAT. SOBRE EL SÍMBOLO, Relaciones en: RSR 49(1975)nn. 1-2
viernes, 29 de noviembre de 2013
EL SALTERIO MICROCOSMOS SIMBOLICO (1 de 2)
He traducido para nuestros visitantes el siguiente capítulo del monumental comentario a los Salmos del hoy eminentísimo Cardenal Gianfranco Ravasi: Il Libro dei Salmi. Commento e Attualizzazione.
(Ed. Dehoniane, Bologna 19851-19884, 3 Ts. 916,1066 y 1018pp.)
El capítulo que aquí y en la próxima entrada traduzco lo he tomado del tomo primero páginas.30-31
Los Salmos son poesía
Los salmos - escribe G. Ravasi - son ante todo
poesía. La oración tiene un "pre-texto" que está anclado no sólo en
el Sitz im Leben [= Lugar en la vida] de las formas literarias sino también en el Sitz im
Mensch, [= Lugar en el ser humano] esto es en la humanidad misma, en sus estructuras simbólicas,
imaginarias, poéticas.
La lírica de los salmos es también un canto radical del
hombre y del espíritu con sus exhuberantes repertorios simbólicos, verdadero
"jardín de la imaginación" (Th. Eliot).
"La vocación del
espíritu - escribía C. Lévi Strauss - es insubordinación a la existencia y a la
muerte; la fantasía y la fe lo guían en esa revuelta". La verdadera
teología de los salmos no debería ignorar la fuerza provocativa de los grandes
ejes simbólicos, alrededor de los cuales se organizan los arsenales metafóricos
y poéticos de cada salmo; léase por ejemplo, la cascada de símbolos
"enlazados" libre y espontáneamente entre sí, presente en el Sal 58,
o, en cambio, examínese el riguroso equilibrio entre paisaje simbólico-cósmico
y paisaje psicológico-cósmico del Sal 69,2-4.
Escribía justamente C. Geffré:
"Si por dogmática se entiende la inteligencia de la fe, sería necesario
quizás dejar de pensar que solamente el lenguaje formal es "serio" en
teología. Idealmente una teología simbólica debería recoger en un discurso
hermoso las referencias simbólicas, la reflexión especulativa y la presencia
del debate contemporáneo".
En
este "festival de las imágenes", presente en el salterio, es difícil
poner orden a la manera "occidental": presenta problemas de
traducción, de filología, de montaje, de análisis comparado; está la
gnoseología semítica ligada a un tipo de conocimiento que Maritain llamaba
acertadamente "sabrosa, afectiva y operativa"; está la
imprevisibilidad de las relaciones por asonancia fonética propia de la
estilística hebrea; están las acumulaciones vertiginosas, la libertad del
"razonamiento" semítico; está la renovada importancia atribuida al
mito y al símbolo por la moderna filosofía (P. Ricoeur, E. Cassirer, A. Durand,
J. Cazeneuve, M. Eliade, M.L. Ramlot, etc.).
Nosotros
buscaremos en la lectura de cada salmo, delinear las respectivas tramas
simbólicas que constituyen casi el cuerpo vivo y poético. Numerosos han sido
los intentos de catalogación global de la simbólica de todo el salterio, en
busca de un sistema coordinador que sea la verdadera macro-estructura del
planeta de los símbolos sálmicos.
Una de las propuestas más originales es la
elaborada por L. Monloubou sobre la base de las geniales teorías de G. Durand. La
imaginación simbólica (Roma 1977) y Les structures anthropologiques de
l'imaginaire (Paris 1969). La tesis de Durand es simple: "Existe una
estrecha concomitancia entre los gestos del cuerpo y las representaciones
simbólicas" (Structures anthrop. p.61). El cuerpo, fuente escondida
y profunda, es el punto de partida primordial sobre el cual el hombre construye
sus representaciones del mundo, de la sociedad, de Dios.
Tres
son las categorías fundamentales.
La primera es la línea vertical erecta,
ascensional o discensional (el hombre de pie), un proceso de elevación de los
grandes "risvolti" culturales y sociales: piénsese en el símbolo del
cetro (Sal 2,9; 45,7; 60,9; 108,9), en el templo sobre la colina (Sion), o en
la colina (ziggurat), en el esclavo que "levanta los ojos hacia la mano de
su señor" (Sal 123,1), en el Dios `Elyon, "Altísimo", o
Shadday, "Montaña", en Yahweh-altura (Sal 92,9; 93,4; 102,20).
La
segunda componente es la horizontal, el hombre sentado, signo de
intimidad: el verbo yshb, indica ya sea el "estar sentado"
como el "habitar" (91,1), mientras existe una constelación de
preposiciones que sostienen esta dominante (be-, "en"; beqéreb,
"en medio de", "dentro"; 'et, "con",
"en compañía de...", en Sal 140,14; lifné, "en presencia
de...", en Sal 61,8).
A esta directriz pertenece pues, toda el área
simbólica de la intimidad: la casa, considerada a menudo no sólo como un lugar
en el cual vivir, sino como un ser vivo, personal ("mi casa/tu casa",
frecuente en el salterio), un microcosmos estable (26,8; 84,5; 101,7; 113,9) y
exhuberante de bienes (92,13-15; 112,3; 113,9; 128,3); el templo, centro
paradisíaco y cósmico, descrito con infraestructuras simbólicas ostétricas,
ginecológicas y maternas (los Salmos de Sion y las "alas de refugio"
en Sal 17,8; 57,2; 61,5; 63,8; 84,4; 91,3-4), alimentarios (23,5) y militares
(Sal 122 y el "refugio" en 27,5; 31,21; 32,7; 64,3; 91,1); la ciudad
santa, refugio, ciudadela, roca, escudo (18,3; 62,3.7; 144,2); Israel, viña
fructífera (Sal 80).
Existen, pues, "dos grandes temas simbólicos, el
primero que gravita alrededor de los esquemas ascensionales y dia-airéticos (de
separación) y que promueve imágenes purificadoras y heroicas; el otro, en
cambio, que se identifica en imágenes de misterio y de intimidad, a la búsqueda
obstinada del tesoro, del reposo, de la nutrición" (Structures anthrop.
p.306).
Pero
hay una tercera componente, la dinámica y temporal del hombre
en camino: dérek, "camino", presente en el salterio unas
60 veces, es símbolo de la existencia, del destino (49,14; es dominante en el
Sal 119); la preposición 'el indica orientación, en la geografía
simbólica y espiritual del salterio.
Un movimiento espacial que puede
convertirse en "subida" hacia Dios, "las ascensiones" al
templo (Sal 120-134) y el holocausto-`oláh, literalmente "lo que
sube" hacia Dios. Un movimiento temporal que se convierte en recuperación
del hombre en la esfera de lo eterno (Sal 16,10-11): Dios es señor del entero
arco del tiempo, el fiel que entra en comunión con él sobre todo en el culto
puede participar de alguna manera en su señorío.
A
esta altura, y provisoriamente, buscamos también nosotros circunscribir una
cierta isotopía simbólica, para facilitar la sucesiva catalogación simbólica
presente en cada comentario de un salmo. El módulo que seguiremos es
sustancialmente estereométrico y cuaternario, sigue, en efecto los cuatro
puntos cardinales o los cuatro vientos cósmicos, unidos en el centro que es la
percepción humana.
a)
Línea vertical-teológica. La primera figuración, tratándose
de un libro de oraciones, es la vertical y desemboca en el cielo, considerado
el lugar de Dios según una metáfora obvia de la trascendencia y de la
omnisciencia.
Es natural entonces que se privilegie la simbología del
"monte santo" inaccesible (2,6; 3,5; 15,1; 24,3; 48,3; 87,1; 99,9),
que se exalte la luz, la vida (13,4; 49,20; 56,14), la paz (27,1; 97,11;
119,15), la salvación (27,1; 31,17; 67,2; 80,4.8.20),la obra divina (78,14;
104,2; 105,39; 136,7).
Se trata de símbolos que conjugan la trascendencia y la
cercanía precisamente porque es típico del símbolo la unidad dialéctica de los
extremos.
Es natural también que se intente unir entre sí estas metáforas
verticales: el monte está unido a la luz en el Sal 43,3; el monte está unido al
ala protectora de Dios en los Sal 18,11 y 104,3; luz y palabra van unidas en el
Sal 19 (sol y torah), en el 29 (trueno y palabra), en el 119 (luz y torah); el
fuego une trascendenca e inmanencia de Dios en 18,11.16; 50,3; 97,3.
La línea
vertical es trazada entre sus dos antípodas también con el verbo
"ver": la mirada perfecta de Dios desciende desde lo alto (33,13-15),
la del hombre sube hacia lo alto (121,1; 123,1).
La vertical es celebrada
también a través del audaz abordaje del antropomorfismo. Por un lado el uso de
la imagen humana "heroica" dice trascendencia. He aquí, por ejemplo,
el arcaico y monumental "Te Deum" real del Sal 18, en el que Dios cae
sobre la tierra aplastando y demoliendo (vv.9-20), librando batalla revestido
de su panoplia (vv. 21-50) hecha de lanza (v.35), de espada (v.17,13;
78,62-64), de escudo y coraza (35,2).
O bien Dios es representado como un
general que pasa revista (66,7; 94,7-1) o como un instructor militar (18,34-39)
revestido de una armadura cósmica (18,9.13.14; 29; 31,3; 46).
La más audaz y
"semítica" con-figuración de Yahweh héroe es el Sal 79,65-66 en el
que aparece como un gibbór, un militar ebrio y brutal, que estaba
dormido y se ha despertado, pronto a hacer beber hasta las heces el vino
drogado destinado a sus enemigos (75,9).
A propósito de estos símbolos, San
Agustín decía: "Nullus hoc de Deo dicere auderet, nisi Spiritus
eius!" ("Nadie se habría atrevido a decir esto acerca de Dios, sino
su propio Espíritu", PL 35,1005).
Pero contemporáneamente el antropomorfismo
tiene su nadir que dice cercanía y trata a Dios a imagen del hombre,
según el título de una obra de F. Michaeli (Neuchâtel 1959).
Aparece así la
descripción tradicional del "organismo" de Dios (rostro, nariz,
labios, brazo, pie, mano, ojo, dedo, oreja, vísceras) y de su "psicología"
(gozo, ira, venganza, indignación, arrepentimento, amor, tristeza...).
Aparecen
los arquetipos "psicoanalíticos paterno y materno (27,10; 103,13; 131,2;
139,13-15).
Aparecen símbolos cósmicos benéficos como el del labriego divino
que prepara los campos y con las lluvias de primavera los riega (65,10-12) o
como sus dedos que dibujan el esplendor de las constelaciones (8,4).
viernes, 22 de noviembre de 2013
UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [12 de 12]
Explicación de Fr. Divo Barsotti [5ª y última parte]Libros segundo al quinto
5.11. El segundo libro no modifica totalmente la situación descrita en el primero. Mientras la persecución se encarniza afuera, el alma se acerca a la luz. El orante confía en Dios, y por eso resiste. Se abandona y duerme tranquilo en el primer libro. En el segundo el alma se pone y está en camino. El viaje es tema principal del segundo libro. Ya se anunciaba en el primero, en los Salmos 14(15) y 22(23), pero inaugura el segundo libro con el Salmo 41(42).
El Salmo 41 (42) define bien el espíritu del libro segundo: el alma justa suspira por la patria. Lo que distingue la experiencia predominante en el segundo libro es el deseo de Dios. El Salmo 41 es uno de los preferidos de San Agustín en su comentario. Reúne en sí los grandes temas del libro: Deseo, Patria, Templo, Dios, Presencia, Memoria del desierto.
5.12. El tercer libro: El Pleno Día, va del Salmo 72(73) al 88(89). No solamente es central en relación con los demás, sino que se encuentra exactamente en el medio del plan de conjunto del Salterio, en el centro de su economía. Su doctrina es capital y central, para la vida espiritual y la fe.
Este libro sigue mostrando, como el segundo aspecto del primero, que en el camino de la vida espiritual no se deja nada atrás. El alma se profundiza y se dilata, pero sin sobrepasarse, sin dejar definitivamente detrás de ella lo que atraviesa. Si has llegado a la vía unitiva, sigues teniendo necesidad de apartarte del mal, sigues teniendo necesidad del sentido del pecado, lo mismo que los que recién comienzan su conversión a Dios.
En el libro tercero, los mismos elementos de los dos libros anteriores se profundizan, dominan, llenan toda la vida. En el primero dominaba la experiencia fundamental de la angustia, en el segundo la experiencia fundamental de la serenidad. En el tercero los sentimientos del orante alcanzan una intensidad máxima.
El hombre está aquí preparado y maduro para el encuentro con Dios.
5.13. Es ese encuentro lo que presenta el libro cuarto.
El testimonio de este libro es el de la venida y la presencia de Dios en persona. En él ya no se canta principalmente la situación del hombre, su tribulación, su alegría; sino la gloria de Dios, su realeza. El orante se olvida de sí mismo cuando tiene a Dios delante. Olvida hasta sus pecados y tribulaciones. Dios viene. No solamente exulta toda la Creación con su venida, sino que el hombre, olvidado de todo exulta y canta a Dios.
La presencia de Dios implica su realeza. No solamente el juicio sino la realeza. Porque Dios cuando aparece, destruye todo lo que se le opone. Este es el mensaje del libro IV° cuyo núcleo central son los cantos de la Realeza de Dios, de Dios-Rey. En este Reino de Dios, los enemigos desaparecen, los pueblos y la tierra jubilan.
5.14. El quinto libro es el libro del perfecto cumplimiento, de la perfecta culminación.
Pero esta culminación no tiene el carácter apocalíptico que le es habitual en los anuncios del “Fin” en los últimos escritos del judaísmo. Recuerda más bien la liturgia celeste a la que asiste el vidente del capítulo quinto del Apocalipsis de San Juan. No es solamente la culminación, es también la síntesis, la consumación, el camino del hombre que ha alcanzado ya su meta en el cuarto libro.
Así como el Deuteronomio concluye la Toráh mediante una recapitulación y un resumen de los hechos meditándolos hermosamente, así paralelamente, el quinto libro de los Salmos retoma los temas de los cuatro libros anteriores en una oración más viva, menos dramática quizás, pero no por eso menos rica ni personal.
Entre el cuarto y quinto libro, se encuentran tres salmos históricos: los Salmos 104 y 105 al final del cuarto libro, y el Salmo 106 al comienzo del quinto. Con ellos nos despedimos de la historia.
De hecho, el quinto libro de los salmos, es el libro en el que la historia encuentra su consumación en la alabanza divina. Si en el libro IV° Dios se hace presente como Rey y como Juez, el quinto libro canta sobre todo la vida de la humanidad ya rescatada, reconociendo unánime el dominio de Dios. Canta la vida de toda la creación glorificada por la presencia misma de Dios.
La reunión de todos los pueblos desde los confines de la tierra es ya un hecho: es una reunión y una liberación. En su libertad nueva, todos los pueblos no viven, desde ahora, más que la celebración de la bondad de Dios, la liturgia de la acción de gracias y de la alabanza.
En los últimos salmos de este libro quinto, la luz de Dios, en lugar de eclipsar la del universo, se derrama sobre todas las cosas y las ilumina, se difunde por el universo y lo glorifica.
La alabanza de Dios es la alegría del hombre, que al comienzo del Salterio gemía de dolor.
La atmósfera del quinto libro es de paz y de pura comunión con Dios.
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