martes, 28 de agosto de 2012
P.Horacio Bojorge - El demonio de la acedia 13/13
La Civilización del Amor
Eco:
Estimado Padre:
Gracias por esa serie sobre el demonio de la acedia.
Reconozco en ella un sentimiento que me ha atacado durante toda mi vida-ahora tengo 72 años.
He seguido proclamando la palabra como profesora de Biblia pero lo que enseñaba no tacaba mi alma.
A veces preguntaba, ¿qué es la alegría o el gozo en el Señor?
Era algo que no se había hecho para mí. Quiero orar para que este demonio de la acedia se aparte de mí.
¿Recomienda alguna oración además de la de s. Miguel Arcángel?
Alina
Muy estimada Alina:
¡Muchas gracias por su eco a estos videos!
En cuanto a su pregunta, la remito al capítulo séptimo de mi libro “En mi sed me dieron vinagre”. Puede verlo en Catholic.net: http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=143&capitulo=1304
Y también trato acerca de los remedios en los video 11 y 12 de la serie "El Demonio de la Acedia":
El 11: http://www.youtube.com/watch?v=hcFG79xf2Sg
El 12: http://www.youtube.com/watch?v=zhyYHe42fow
Lo adecuado no es enfrentar al demonio, sino contemplar los bienes divinos con el corazón.
La letra de la Escritura también puede matar si no se la lee con el Espíritu y el corazón.
Le recomiendo que lea pero sobre todo escuche explicaciones de las Sagradas Escrituras animadas por el Espíritu de Amor que inspiró a los que las escribieron.
Habría muchas para indicarle.
Me limitaré a aconsejarle las abundantes y profundas del P. Jesús Villarroel O.P. que contagian amor divino y enseñan cómo hacer actos de amor a Dios, ya que la virtud infusa de la caridad pide que hagamos actos de amor a Dios.
Le adjunto los enlaces a los comentarios al Cantar de los Cantares del P. Villarroel. http://gratuidad.com/09_Ejercicios/071201_Oseira/071201_Oseira.htm
Todas sus predicaciones las podrá buscar y escuchar en la página http://www.frayescoba.info/
Y también le ofrezco mis mucho más modestas meditaciones sobre la vida filial a la luz del Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas
¡Cómo desearía que el Señor les diera eficacia para que incendiaran el mundo entero en el amor divino!
http://es.catholic.net/escritoresactuales/403/2083/articulo.php?id=1968
sábado, 25 de agosto de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (10 de 27)
2.- El goelato: institución familiar
Hemos dicho que si en otros pueblos predominan las epifanías de orden cósmico, uránicos, astrales, de los ciclos de la naturaleza y del orden político, en la cultura bíblica, Dios es considerado ante todo como un pariente, de manera que la visión de Dios en Israel hunde su raíz en la realidad familiar de los patriarcas bíblicos.
[La imagen: Jacob vuelve a Canán. Luca Giordano]
De ahí que convenga comenzar por recordar los rasgos y características de la familia, como institución del Antiguo Testamento, ya que es el lugar de epifanía o manifestación de los rasgos y atributos divinos del Dios bíblico.
2.1. La familia israelita
En el pueblo bíblico del Antiguo Testamento - como en otras culturas tribales del Oriente Próximo - correspondía al pariente el deber de proteger a sus parientes en la medida de sus posibilidades.
Hemos dicho que si en otros pueblos predominan las epifanías de orden cósmico, uránicos, astrales, de los ciclos de la naturaleza y del orden político, en la cultura bíblica, Dios es considerado ante todo como un pariente, de manera que la visión de Dios en Israel hunde su raíz en la realidad familiar de los patriarcas bíblicos.
[La imagen: Jacob vuelve a Canán. Luca Giordano]
De ahí que convenga comenzar por recordar los rasgos y características de la familia, como institución del Antiguo Testamento, ya que es el lugar de epifanía o manifestación de los rasgos y atributos divinos del Dios bíblico.
2.1. La familia israelita
En el pueblo bíblico del Antiguo Testamento - como en otras culturas tribales del Oriente Próximo - correspondía al pariente el deber de proteger a sus parientes en la medida de sus posibilidades.
La fuerza de esta obligación era proporcional y correlativa al grado de proximidad del parentesco. Algunos aspectos de esta obligación inviolable que en tiempos patriarcales derivaba su fuerza del derecho oral y tradicional propio de la sociedad clánica, fueron más tarde reconocidos, asumidos, sancionados, regulados y estipulados, por la Ley mosaica.
Como esta obligación de piedad familiar deriva de la estructura de la familia israelita, conviene detenernos en recordar algunos rasgos de esa realidad familiar.
La familia patriarcal israelita.
Según el testimonio de los documentos más antiguos, la familia israelita es claramente patriarcal. El término propio para designarla es "casa paterna", bêt 'ab. Las genealogías se nos dan siempre siguiendo la línea paterna, aunque a veces, por razones particulares se menciona también a las madres. [Seguimos a R. De Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento pp.50ss].
El pariente más cercano por línea colateral es el tío paterno El padre tiene autoridad sobre los hijos, incluso los casados, si viven con él, y sobre sus mujeres. La familia-hogar se compone de los miembros unidos por la comunidad de sangre y a la vez por la comunidad de habitación. La familia es una casa, y "fundar una familia" se dice "construir una casa" (cf Neh 7,4).
La familia de Noé comprende su esposa, los hijos y las esposas de los hijos: "Después dijo el Señor a Noé: entra en el Arca tú y toda tu casa [...] Y ante el diluvio entró en el arca Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos" (Gn 7,1.7). La familia de Jacob agrupa tres generaciones (Gn 46,8-26).
Debido al origen nómade o pastoril del pueblo, se mantiene una equivalencia entre la tienda y la casa. En la arenga bélica de los benjaminitas, invitando a vengar el crimen de Gueba, leemos: "no vuelva nadie a sus tiendas ni se vaya nadie a su casa" (Jueces 20,8). A la familia pertenecen también los siervos, los residentes extranjeros o guerim, los apátridas, las viudas o huérfanos que viven bajo la protección del jefe de familia. Nosotros diríamos: los allegados.
El término bêt, "casa", al igual que el término "familia" en nuestra lenguas modernas, es lo suficientemente elástico para comprender tanto el hogar o micro-familia como la macro-familia o clan, e incluso al pueblo entero: la "casa de Jacob" o la "casa de Israel"; o bien una fracción importante del pueblo: la "casa de José", la "casa de Judá".
Esa expresión puede designar el parentesco en sentido lato. En este sentido lato, la "casa" es la macro-familia y se confunde con el clan: la mishpajáh. Los miembros de la mishpajáh habitan en un mismo lugar, o bien ocupan una o varias aldeas según su diversa magnitud. Así, por ejemplo, la mishpajá de los danitas ocupa Sereá y Eshtaol, Jue 18,11.
O bien varios mishpajót se hallan en el interior de una misma ciudad como los grupos judíos y benjaminitas registrados en Jerusalén por Nehemías 11,4-8 y por 1 Cro 9,4-9.
El clan tiene intereses y deberes comunes y sus miembros se sienten conscientes de los lazos de sangre que los unen. Se llaman entre sí "hermanos", 'ajím, David ruega a Saúl: "Te ruego que me des permiso para ir, pues tenemos mañana en la ciudad un sacrificio de familia, y mis hermanos me han llamado. si pues, he hallado gracia a tus ojos, permíteme que vaya de una escapada a ver a mis hermanos" (1 Sam 21,29).
El término hermanos 'ajím'
se llaman “hermanos” ‘ajim’ aunque puedan contarse decenas, centenares y aún miles de "hermanos" de un clan. Por ejemplo:"Sus hermanos ('ajím) de todas las familias de Isacar, eran 87.000 esforzados guerreros" (1 Cro 7,5); "De los hijos de Zéraj, Yeuel y sus hermanos: 690" (1 Cro 9,6); "Masay, hijo de Adiel..y sus hermanos, jefes de sus casas paternas: 1760 hombres" (vv.13-14).
La unidad social que constituye la familia es una unidad religiosa. La pascua es una fiesta familiar que se celebra en cada casa: "El día diez de ese mes tome cada uno según las casas paternas una res menor por cada casa. Si la casa fuere menor de lo necesario para comer la res, toma a su vecino, al de la casa cercana, según el número de personas, computándolo para la res según lo que cada cual puede comer.[...] Se comerá todo en casa, y no sacaréis fuera de ella nada de sus carnes, ni quebrantaréis ninguno de sus huesos" (Ex 12,3-4.46).
Sobre el cordero pascual como símbolo de la unidad o del "cuerpo" familiar, [Véase: Eugenio (Israel) Zolli, Il concetto de corpo-famiglia nel pensiero religioso e sociale, en: Israele. Studi Storico-Religiosi, Udine 1935, pp. 158.
El padre, jefe religioso de la familia
Cada año el padre conduce a toda la familia en peregrinación al santuario: "Subía de su ciudad este hombre [Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliu, hijo de Toú, hijo de Suf, efraimita] de año en año para adorar al Señor de los Ejércitos y ofrecerle sacrificios en Silo" (1 Sam 1,3).
Esta fuerte constitución de la familia es una herencia de la organización tribal. El paso a la vida sedentaria y, sobre todo, el desarrollo de la vida urbana introducirán transformaciones sociales que habrán de afectar mucho a las costumbres familiares, sin embargo, la impronta primitiva perdurará y ejercerá la atracción de los ideales de una edad de oro.
La familia patriarcal israelita.
Según el testimonio de los documentos más antiguos, la familia israelita es claramente patriarcal. El término propio para designarla es "casa paterna", bêt 'ab. Las genealogías se nos dan siempre siguiendo la línea paterna, aunque a veces, por razones particulares se menciona también a las madres. [Seguimos a R. De Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento pp.50ss].
El pariente más cercano por línea colateral es el tío paterno El padre tiene autoridad sobre los hijos, incluso los casados, si viven con él, y sobre sus mujeres. La familia-hogar se compone de los miembros unidos por la comunidad de sangre y a la vez por la comunidad de habitación. La familia es una casa, y "fundar una familia" se dice "construir una casa" (cf Neh 7,4).
La familia de Noé comprende su esposa, los hijos y las esposas de los hijos: "Después dijo el Señor a Noé: entra en el Arca tú y toda tu casa [...] Y ante el diluvio entró en el arca Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos" (Gn 7,1.7). La familia de Jacob agrupa tres generaciones (Gn 46,8-26).
Debido al origen nómade o pastoril del pueblo, se mantiene una equivalencia entre la tienda y la casa. En la arenga bélica de los benjaminitas, invitando a vengar el crimen de Gueba, leemos: "no vuelva nadie a sus tiendas ni se vaya nadie a su casa" (Jueces 20,8). A la familia pertenecen también los siervos, los residentes extranjeros o guerim, los apátridas, las viudas o huérfanos que viven bajo la protección del jefe de familia. Nosotros diríamos: los allegados.
El término bêt, "casa", al igual que el término "familia" en nuestra lenguas modernas, es lo suficientemente elástico para comprender tanto el hogar o micro-familia como la macro-familia o clan, e incluso al pueblo entero: la "casa de Jacob" o la "casa de Israel"; o bien una fracción importante del pueblo: la "casa de José", la "casa de Judá".
Esa expresión puede designar el parentesco en sentido lato. En este sentido lato, la "casa" es la macro-familia y se confunde con el clan: la mishpajáh. Los miembros de la mishpajáh habitan en un mismo lugar, o bien ocupan una o varias aldeas según su diversa magnitud. Así, por ejemplo, la mishpajá de los danitas ocupa Sereá y Eshtaol, Jue 18,11.
O bien varios mishpajót se hallan en el interior de una misma ciudad como los grupos judíos y benjaminitas registrados en Jerusalén por Nehemías 11,4-8 y por 1 Cro 9,4-9.
El clan tiene intereses y deberes comunes y sus miembros se sienten conscientes de los lazos de sangre que los unen. Se llaman entre sí "hermanos", 'ajím, David ruega a Saúl: "Te ruego que me des permiso para ir, pues tenemos mañana en la ciudad un sacrificio de familia, y mis hermanos me han llamado. si pues, he hallado gracia a tus ojos, permíteme que vaya de una escapada a ver a mis hermanos" (1 Sam 21,29).
El término hermanos 'ajím'
se llaman “hermanos” ‘ajim’ aunque puedan contarse decenas, centenares y aún miles de "hermanos" de un clan. Por ejemplo:"Sus hermanos ('ajím) de todas las familias de Isacar, eran 87.000 esforzados guerreros" (1 Cro 7,5); "De los hijos de Zéraj, Yeuel y sus hermanos: 690" (1 Cro 9,6); "Masay, hijo de Adiel..y sus hermanos, jefes de sus casas paternas: 1760 hombres" (vv.13-14).
La unidad social que constituye la familia es una unidad religiosa. La pascua es una fiesta familiar que se celebra en cada casa: "El día diez de ese mes tome cada uno según las casas paternas una res menor por cada casa. Si la casa fuere menor de lo necesario para comer la res, toma a su vecino, al de la casa cercana, según el número de personas, computándolo para la res según lo que cada cual puede comer.[...] Se comerá todo en casa, y no sacaréis fuera de ella nada de sus carnes, ni quebrantaréis ninguno de sus huesos" (Ex 12,3-4.46).
Sobre el cordero pascual como símbolo de la unidad o del "cuerpo" familiar, [Véase: Eugenio (Israel) Zolli, Il concetto de corpo-famiglia nel pensiero religioso e sociale, en: Israele. Studi Storico-Religiosi, Udine 1935, pp. 158.
El padre, jefe religioso de la familia
Cada año el padre conduce a toda la familia en peregrinación al santuario: "Subía de su ciudad este hombre [Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliu, hijo de Toú, hijo de Suf, efraimita] de año en año para adorar al Señor de los Ejércitos y ofrecerle sacrificios en Silo" (1 Sam 1,3).
Esta fuerte constitución de la familia es una herencia de la organización tribal. El paso a la vida sedentaria y, sobre todo, el desarrollo de la vida urbana introducirán transformaciones sociales que habrán de afectar mucho a las costumbres familiares, sin embargo, la impronta primitiva perdurará y ejercerá la atracción de los ideales de una edad de oro.
miércoles, 22 de agosto de 2012
ECO AL "DEMONIO DE LA ACEDIA"
HE RECIBIDO Y PUBLICO ESTE ECO
(Como siempre con autorización del autor)
[En las fotos: Templos desacralizados. La acedia ante la tradición católica del arte y la arquitectura sagrada]
¡Qué gracia encontrarme con sus charlas! Desde
siempre me he preguntado qué sucedió, cuándo sucedió, en qué momento muchos de
mis amigos comenzaron a sentir rechazo a todo lo que los relacionara con
Nuestro Señor. Fuimos al mismo colegio, escuchamos a los mismos hermanos, sacerdotes
y profesores. Le pregunto a mis padres por qué solo su generación se la
encuentra en las misas; qué paso con sus hijos que son mis amigos. Muchas veces
siento sus pensamientos como una murmuración, como una pequeña burla a mis
ideales ,Una parte de nosotros se encerró en congregaciones más tradicionales. Pero, a mi entender, no lograría nada escondiéndome en lugares seguros. Me mantuve en el campo de batalla.
Soy arquitecto y tengo la
gracia que a veces me consultan para remodelaciones en algunas iglesias.
Y ahí
comencé a comprender que EL DEMONIO DE LA ACEDIA, que hasta hoy no conocía su
nombre está en permanente acecho. Comenzamos a recuperar lo sagrado a través
de la arquitectura, y nos fue tomando el corazón. No le puedo mentir: amo
profundamente lo solemne, cuando estoy con Dios para mí todo brilla, pero, soy
atacado permanentemente por el demonio de la acedia, logro reponerme,
gracias a la ayuda de Nuestro Creador. Sí, muchas veces pienso que estoy
equivocado y quisiera escaparme , y es cuando las enseñanzas de mis educadores
, me protegen , y recuerdo lo que siempre nos enseñaba mi padre , ENVIDIARÁN CÓMO
SE DIVIERTEN LOS PAGANOS ,
Tengo cinco hijos y una mujer maravillosa, que aunque pasen los años seguimos siendo siempre novios , ella me sigue sin poner obstáculos , a esta hermosa locura de estar enamorados de Dios , a pesar de que su familia , si bien nacieron católicos , con el tiempo fueron atrapados por el olvido.
Me gustaría poder contarle mil circunstancias , a las que su artículo me dio luz , no puedo casi ordenarlas en mis pensamientos , pero sí tengo claro , que deseo decirle GRACIAS con todas las palabras , el conocimiento de el POR QUÉ y PARA QUÉ , el ir descubriendo algunos de los motivos , que condicionan el transitar el momento que nos toca vivir , me da CLARIDAD , ME DA FUERZAS , cuando a mis hijos les quieran mostrar que sus padres están equivocados , de que afuera es todo mejor ,pero el contar con herramientas que nos permitan educarlos en la verdad , la única que los hace libres , la única que los llevara al encuentro con Dios , que si bien el camino ancho y fácil es tentador ,y el tener respuestas para que tomen el más angosto y difícil , es un gran regalo , que no me perdonaría el no agradecerles a todos aquéllos que como usted dieron su corazón para que conozcamos cada vez mejor al AMOR DE LOS AMORES.
Lo saludo con el mejor de mis abrazos en Cristo Jesús y María Santísima
JR
Mendoza Argentina
lunes, 20 de agosto de 2012
viernes, 17 de agosto de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (9 de 27)
El Dios Pariente por Alianza
es la epifanía de Dios en el ámbito de lo interpersonal
y esta es la idea central de la fe de Israel.
1.11. Goel: el Dios Pariente por Alianza
La teología de la Alianza, es lo que la cultura bíblica tiene de afable, en el sentido opuesto a lo inefable. La Alianza define y explica muy bien el núcleo característico y caracterizante, individual e individuante de esa cultura frente a otras. Pero creemos que no es todavía lo más profundo, no es aquello con cuya señalación y tratamiento debíamos iniciar nuestro estudio del rasgo fontal de la cultura bíblica, o del "centro del Antiguo Testamento".
Decíamos que la conducta del Dios de la Alianza es el fundamento, el modelo ejemplar y el precedente posibilitante a la vez, de la moral y de la cultura de la Alianza.
Pues bien, esa conducta divina se define por dos términos que son casi atributos divinos. Jen gracia y Jésed misericordia. Por gracia y misericordia Dios elige. Ellas son también las dos virtudes del antes y después de la Alianza, las virtudes del Dios de la Alianza. Jen y jésed, la gracia y la misericordia divina expresan la Alianza.
La Alianza debe perdurar y perpetuarse, expandirse y universalizarse por ejercicio de gracia y misericordia, primero dentro del pueblo mismo de la Alianza y después a nivel de toda la Humanidad.
Pero he aquí que la gracia y la misericordia, jen y jésed, son, en el ámbito de la cultura bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas (es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones familiares y sociales (es decir inter-humanas).
Ya veremos lo que esto significa. Pertenece al corazón oculto e inefable (difícilmente expresable y por eso raramente mencionado) de la cultura bíblica, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante categorías comunes como los términos jen y jésed.
Este hecho cultural nos sugiere que la cultura bíblica ha visto en ciertas relaciones interhumanas, y particularmente en las relaciones familiares de parentesco una epifanía divina. Pero sobre todo que ha experimentado la epifanía divina como una comunicación interpersonal, como una vinculación de parentesco.
1.12 Epifanía en el ámbito de lo interpersonal
Nos ha enseñado Mircea Eliade que no hay dimensión de la naturaleza o del cosmos que no haya sido o no pueda ser considerada como una epifanía, como una manifestación de la divinidad, de su dynamis o de su gloria.
La piedra, la fuente, el bosque, la montaña, el mar, los cielos, el sol, la luna, los astros, la naturaleza entera o sus partes, sus ciclos y sus cataclismos.
Pero no sólo el orden cósmico, también el orden político se ha prestado a lo largo de la historia de las religiones a funcionar como epifanía de lo divino. El Rey, el Emperador y los dioses monarcas ya sea del Olimpo ya sea de los Infiernos.
También el orden moral, de las fuerzas del alma, ha dado lugar a la divinización de las virtudes, o a la consideración de que en ciertas virtudes o actitudes humanas hay un destello sobrehumano y divino.
Pues bien, tanto la Alianza (en hebreo Berít) como sus virtudes características: La gracia y la misericordia apuntan nuestra atención en la dirección de las relaciones de parentesco como analogado de un parentesco divino con el hombre: el Dios Pariente.
1.13 La idea central del Antiguo Testamento
Un tema que se ha agitado en los estudios bíblicos es el de la idea central o unificante del Antiguo Testamento, o el del centro estructurante de las instituciones del Antiguo Testamento.
Se ha propuesto, por ejemplo, que la idea y la institución de la Alianza sería esa idea y ese hecho central, que explicaría todos los demás. Y puede decirse que esta propuesta goza de amplia, si no general, aceptación.
El término go'el, que he elegido para presentar en este estudio es un término perteneciente al vocabulario familiar, aparentemente secundario, pero que, como se verá, ocupa un lugar clave en la Gestalt o Weltanschauung cultural bíblica, y que por lo tanto es -diríamos- de valor estratégico para su comprensión.
Puede disputarle, con ventaja, a la Alianza, tanto la centralidad como la prioridad, a pesar de lo cual, por otra parte, no se le ha dado el relieve que merece.
1.11. Goel: el Dios Pariente por Alianza
La teología de la Alianza, es lo que la cultura bíblica tiene de afable, en el sentido opuesto a lo inefable. La Alianza define y explica muy bien el núcleo característico y caracterizante, individual e individuante de esa cultura frente a otras. Pero creemos que no es todavía lo más profundo, no es aquello con cuya señalación y tratamiento debíamos iniciar nuestro estudio del rasgo fontal de la cultura bíblica, o del "centro del Antiguo Testamento".
Decíamos que la conducta del Dios de la Alianza es el fundamento, el modelo ejemplar y el precedente posibilitante a la vez, de la moral y de la cultura de la Alianza.
Pues bien, esa conducta divina se define por dos términos que son casi atributos divinos. Jen gracia y Jésed misericordia. Por gracia y misericordia Dios elige. Ellas son también las dos virtudes del antes y después de la Alianza, las virtudes del Dios de la Alianza. Jen y jésed, la gracia y la misericordia divina expresan la Alianza.
La Alianza debe perdurar y perpetuarse, expandirse y universalizarse por ejercicio de gracia y misericordia, primero dentro del pueblo mismo de la Alianza y después a nivel de toda la Humanidad.
Pero he aquí que la gracia y la misericordia, jen y jésed, son, en el ámbito de la cultura bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas (es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones familiares y sociales (es decir inter-humanas).
Ya veremos lo que esto significa. Pertenece al corazón oculto e inefable (difícilmente expresable y por eso raramente mencionado) de la cultura bíblica, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante categorías comunes como los términos jen y jésed.
Este hecho cultural nos sugiere que la cultura bíblica ha visto en ciertas relaciones interhumanas, y particularmente en las relaciones familiares de parentesco una epifanía divina. Pero sobre todo que ha experimentado la epifanía divina como una comunicación interpersonal, como una vinculación de parentesco.
1.12 Epifanía en el ámbito de lo interpersonal
Nos ha enseñado Mircea Eliade que no hay dimensión de la naturaleza o del cosmos que no haya sido o no pueda ser considerada como una epifanía, como una manifestación de la divinidad, de su dynamis o de su gloria.
La piedra, la fuente, el bosque, la montaña, el mar, los cielos, el sol, la luna, los astros, la naturaleza entera o sus partes, sus ciclos y sus cataclismos.
Pero no sólo el orden cósmico, también el orden político se ha prestado a lo largo de la historia de las religiones a funcionar como epifanía de lo divino. El Rey, el Emperador y los dioses monarcas ya sea del Olimpo ya sea de los Infiernos.
También el orden moral, de las fuerzas del alma, ha dado lugar a la divinización de las virtudes, o a la consideración de que en ciertas virtudes o actitudes humanas hay un destello sobrehumano y divino.
Pues bien, tanto la Alianza (en hebreo Berít) como sus virtudes características: La gracia y la misericordia apuntan nuestra atención en la dirección de las relaciones de parentesco como analogado de un parentesco divino con el hombre: el Dios Pariente.
1.13 La idea central del Antiguo Testamento
Un tema que se ha agitado en los estudios bíblicos es el de la idea central o unificante del Antiguo Testamento, o el del centro estructurante de las instituciones del Antiguo Testamento.
Se ha propuesto, por ejemplo, que la idea y la institución de la Alianza sería esa idea y ese hecho central, que explicaría todos los demás. Y puede decirse que esta propuesta goza de amplia, si no general, aceptación.
El término go'el, que he elegido para presentar en este estudio es un término perteneciente al vocabulario familiar, aparentemente secundario, pero que, como se verá, ocupa un lugar clave en la Gestalt o Weltanschauung cultural bíblica, y que por lo tanto es -diríamos- de valor estratégico para su comprensión.
Puede disputarle, con ventaja, a la Alianza, tanto la centralidad como la prioridad, a pesar de lo cual, por otra parte, no se le ha dado el relieve que merece.
lunes, 13 de agosto de 2012
APOSTASÍA ANÓNIMA DE LOS CATÓLICOS
Otra consecuencia del Demonio de la acedia
Mons. Aguer - ¿Son Católicos los Católicos Argentinos?
Como siempre, Mons. Héctor Aguer “dice la justa”.
Como siempre, Mons. Héctor Aguer “dice la justa”.
Cita al P. Leonardo Castellani que se adelantó proféticamente, hace más de 50 años, a señalar el fenómeno de la apostasía anónima en Argentina.
Pero la apostasía anónima no es sólo un hecho argentino. Es mundial.
Y en Uruguay peor.
Y en Uruguay peor.
Yo soy uruguayo y vivo en Uruguay. Y aquí la apostasía anónima está mucho más extendida, más grave y menos discernida.
Nadie habla de ella.
Nadie habla de ella.
Aquí se ignora la verdadera naturaleza espiritual del fenómeno y se sigue tratando a los apóstatas como fieles. Y a veces a los fieles como apóstatas.
Y debo decir - no me importa que me tengan por monotemático - que se trata del demonio de la acedia en uno de sus efectos terminales.
Porque lo que les pasa a esos pseudocatólicos es que se han asimilado al mundo pero siguen aferrados a la etiqueta y fingiendo la pertenencia.
San Pablo los llamó en su tiempo "falsos hermanos" (pseudadelfóis).
Los enumera entre los peores peligros por él padecidos (2ª Corintios 1, 26)
Y lo pone en guardia contra ellos a Timoteo diciendo que tienen aspecto de piedad pero niegan su eficacia, que se cuide mucho de ellos y se los describe así:
San Pablo los llamó en su tiempo "falsos hermanos" (pseudadelfóis).
Los enumera entre los peores peligros por él padecidos (2ª Corintios 1, 26)
Y lo pone en guardia contra ellos a Timoteo diciendo que tienen aspecto de piedad pero niegan su eficacia, que se cuide mucho de ellos y se los describe así:
"Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles, los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, que tendrán la apariencia de la piedad pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos" (2ª Timoteo 3, 1-5)
Siga leyendo el pasaje de la 2ª a Timoteo y reconocerá el tipo del pseudocatólico mundanizado (fiel o clérigo). Después me cuenta...
Siga leyendo el pasaje de la 2ª a Timoteo y reconocerá el tipo del pseudocatólico mundanizado (fiel o clérigo). Después me cuenta...
viernes, 10 de agosto de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (8 de 27)
Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente, o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal. El vínculo entre las personas. Y el más privilegiado entre todos los vínculos creados: el vínculo esponsal entre varón y mujer
1.10 Go'el.- La epifanía típicamente bíblica
Es esta perspectiva específicamente bíblica la que aspiramos que sea el objeto de nuestro estudio de Cultura bíblica. Y a eso apunta el tema que hemos elegido: El Dios Pariente.
Como ha observado Mircea Eliade, el Dios bíblico, llámese 'El-Shaddái o Y', es también un dios uránico, como lo es el Ba'al cananeo, su principal rival histórico en la diatriba profética. Sus rasgos uránicos: montañeros, solares, de señorío sobre el poder de los elementos, son frecuentemente acentuados en los textos bíblicos, y sin embargo, no son exclusivos, ni los más importantes y decisivos ni los más característicos suyos.
Y' manifiesta su poder en la tormenta; el trueno es su voz, y al rayo se le llama "el fuego" o "las flechas" de Y' (Sal 18,15). También se refiere al rayo la espada de fuego de los ángeles guardianes de las puertas del paraíso, luego de la caída Gn 3,24.
El Señor de Israel, cuando transmite las leyes a Moisés, se anuncia por "el trueno, el rayo y una humareda densa" (Ex 19,16). "La montaña del Sinaí estaba envuelta en humo porque Yahvé había bajado en medio del fuego..." (Ex 19,18).
Débora recuerda, llena de temor religioso, cómo "tembló la tierra, se agitaron los cielos y se fundieron en agua las nubes" al paso del Señor (Jue 5,4).
Y' advierte su llegada a Elías por una "gran tempestad que rompía los montes y hendía las rocas: el Señor no estaba en la tempestad. Después de la tempestad hubo un terremoto: el Señor no estaba en aquel terremoto. Y después del terremoto, un fuego: el Señor tampoco estaba en aquel fuego, y tras el fuego, un murmullo dulce y leve" (1Re 19,11s).
Cuando Elías suplica al Señor que se muestre y que confunda a los sacerdotes de Ba'al, el fuego del Señor cae sobre los holocaustos del profeta (1Re 18,38).
La zarza ardiendo del episodio de Moisés (Ex 3), la columna de fuego y las nubes que conducían a los israelitas en el desierto son epifanías yahvistas. Y la alianza de Y' con la descendencia de Noé, que se salvó del diluvio, se manifiesta por un arco iris: "He puesto mi arco iris en la nube y él servirá de señal de alianza entre yo y la tierra" (Gn 9,13).
Igualmente pertenecen a la simbología uránica las nubes que manifiestan y ocultan la presencia divina en el desierto y en el Templo. La Shekhináh del Santuario y las nubes sobre las que viene caminando el misterioso Hijo del Hombre de la visión de Daniel 7.
Esas hierofanías celestes y atmosféricas manifiestan ante todo el "poder" de Y', cosa que no ocurre en las demás divinidades de la tormenta: "Dios es grande por su poder. ¿Quién podrá enseñar como él?" (Job 36,22). "Empuña el relámpago con la mano...se anuncia por el estrépito de un trueno...(ante este espectáculo) mi corazón tiembla, salta fuera de su sitio. ¡Oíd! ¡Oíd el retumbar de su voz, el trueno que sale de su boca! Lo hace rodar por toda la extensión de su cielo, y su rayo brilla hasta los confines de la tierra. No retiene al relámpago en cuanto suena su voz. Dios truena con su voz de manera maravillosa..." (Job 36,32-33); 37,1-4).
El Señor es el único y verdadero dueño del cosmos. Puede hacerlo todo, aniquilarlo todo. Su "poder" es absoluto; por eso tampoco su libertad conoce límites. Soberano indiscutido, mide su misericordia o su cólera a su antojo, y esa libertad absoluta del Señor es la revelación más contundente de su trascendencia y de su absoluta autonomía; porque "nada ata" al Señor, nada le obliga, ni siquiera las buenas obras y el respeto de sus leyes.
De esta intuición del "poder" de Dios como única realidad absoluta, - observa Mircea Eliade - parten todas las místicas y todas las especulaciones ulteriores en torno a la libertad del hombre y a las posibilidades de su salvación por el respeto de las leyes y por una moral rigurosa. Nadie es "inocente" ante Dios. Y' ha concertado una "alianza" con su pueblo, pero su soberanía le permite anularla en cualquier momento. Si no lo hace, no es en virtud de la fuerza vinculante de la "alianza" (nada puede "ligar" a Dios, ni siquiera sus propias promesas), sino por su bondad infinita [es decir por su fidelidad a sí mismo, que en otras palabras es su justicia y brilla en su misericordia: jésed].
Y' aparece en toda la historia religiosa de Israel como Dios del cielo y de la tormenta, creador y todopoderoso, soberano absoluto y "Señor de los Ejércitos", apoyo de los reyes del linaje de David, autor de todas las normas y de todas las leyes que permiten que la vida continúe sobre la tierra.
La "ley", cualquiera sea su forma, encuentra su fundamento y su justificación en la revelación de Yahvé. Pero a diferencia de los demás dioses supremos,que no pueden actuar en contra de las leyes. Zeus que no puede librar a Sarpedón de la muerte (Ilíada, XVI, 477ss). Y' conserva su libertad absoluta" [Hasta reproducimos el pensamiento de Mircea Eliade en: Tratado de Historia de las Religiones (Traité d'Histoire des Religions - Payot, Paris 1964), T.I. págs. 123-124; citamos por la Trad. cast.: Cristiandad, Madrid 1974].
Y sin embargo, - nos toca ahora agregar a nosotros - ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos característicos o fontales.
Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente, o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal. El vínculo entre las personas. Y el más privilegiado entre todos los vínculos creados: el vínculo esponsal entre varón y mujer
1.10 Go'el.- La epifanía típicamente bíblica
Es esta perspectiva específicamente bíblica la que aspiramos que sea el objeto de nuestro estudio de Cultura bíblica. Y a eso apunta el tema que hemos elegido: El Dios Pariente.
Como ha observado Mircea Eliade, el Dios bíblico, llámese 'El-Shaddái o Y', es también un dios uránico, como lo es el Ba'al cananeo, su principal rival histórico en la diatriba profética. Sus rasgos uránicos: montañeros, solares, de señorío sobre el poder de los elementos, son frecuentemente acentuados en los textos bíblicos, y sin embargo, no son exclusivos, ni los más importantes y decisivos ni los más característicos suyos.
Y' manifiesta su poder en la tormenta; el trueno es su voz, y al rayo se le llama "el fuego" o "las flechas" de Y' (Sal 18,15). También se refiere al rayo la espada de fuego de los ángeles guardianes de las puertas del paraíso, luego de la caída Gn 3,24.
El Señor de Israel, cuando transmite las leyes a Moisés, se anuncia por "el trueno, el rayo y una humareda densa" (Ex 19,16). "La montaña del Sinaí estaba envuelta en humo porque Yahvé había bajado en medio del fuego..." (Ex 19,18).
Débora recuerda, llena de temor religioso, cómo "tembló la tierra, se agitaron los cielos y se fundieron en agua las nubes" al paso del Señor (Jue 5,4).
Y' advierte su llegada a Elías por una "gran tempestad que rompía los montes y hendía las rocas: el Señor no estaba en la tempestad. Después de la tempestad hubo un terremoto: el Señor no estaba en aquel terremoto. Y después del terremoto, un fuego: el Señor tampoco estaba en aquel fuego, y tras el fuego, un murmullo dulce y leve" (1Re 19,11s).
Cuando Elías suplica al Señor que se muestre y que confunda a los sacerdotes de Ba'al, el fuego del Señor cae sobre los holocaustos del profeta (1Re 18,38).
La zarza ardiendo del episodio de Moisés (Ex 3), la columna de fuego y las nubes que conducían a los israelitas en el desierto son epifanías yahvistas. Y la alianza de Y' con la descendencia de Noé, que se salvó del diluvio, se manifiesta por un arco iris: "He puesto mi arco iris en la nube y él servirá de señal de alianza entre yo y la tierra" (Gn 9,13).
Igualmente pertenecen a la simbología uránica las nubes que manifiestan y ocultan la presencia divina en el desierto y en el Templo. La Shekhináh del Santuario y las nubes sobre las que viene caminando el misterioso Hijo del Hombre de la visión de Daniel 7.
Esas hierofanías celestes y atmosféricas manifiestan ante todo el "poder" de Y', cosa que no ocurre en las demás divinidades de la tormenta: "Dios es grande por su poder. ¿Quién podrá enseñar como él?" (Job 36,22). "Empuña el relámpago con la mano...se anuncia por el estrépito de un trueno...(ante este espectáculo) mi corazón tiembla, salta fuera de su sitio. ¡Oíd! ¡Oíd el retumbar de su voz, el trueno que sale de su boca! Lo hace rodar por toda la extensión de su cielo, y su rayo brilla hasta los confines de la tierra. No retiene al relámpago en cuanto suena su voz. Dios truena con su voz de manera maravillosa..." (Job 36,32-33); 37,1-4).
El Señor es el único y verdadero dueño del cosmos. Puede hacerlo todo, aniquilarlo todo. Su "poder" es absoluto; por eso tampoco su libertad conoce límites. Soberano indiscutido, mide su misericordia o su cólera a su antojo, y esa libertad absoluta del Señor es la revelación más contundente de su trascendencia y de su absoluta autonomía; porque "nada ata" al Señor, nada le obliga, ni siquiera las buenas obras y el respeto de sus leyes.
De esta intuición del "poder" de Dios como única realidad absoluta, - observa Mircea Eliade - parten todas las místicas y todas las especulaciones ulteriores en torno a la libertad del hombre y a las posibilidades de su salvación por el respeto de las leyes y por una moral rigurosa. Nadie es "inocente" ante Dios. Y' ha concertado una "alianza" con su pueblo, pero su soberanía le permite anularla en cualquier momento. Si no lo hace, no es en virtud de la fuerza vinculante de la "alianza" (nada puede "ligar" a Dios, ni siquiera sus propias promesas), sino por su bondad infinita [es decir por su fidelidad a sí mismo, que en otras palabras es su justicia y brilla en su misericordia: jésed].
Y' aparece en toda la historia religiosa de Israel como Dios del cielo y de la tormenta, creador y todopoderoso, soberano absoluto y "Señor de los Ejércitos", apoyo de los reyes del linaje de David, autor de todas las normas y de todas las leyes que permiten que la vida continúe sobre la tierra.
La "ley", cualquiera sea su forma, encuentra su fundamento y su justificación en la revelación de Yahvé. Pero a diferencia de los demás dioses supremos,que no pueden actuar en contra de las leyes. Zeus que no puede librar a Sarpedón de la muerte (Ilíada, XVI, 477ss). Y' conserva su libertad absoluta" [Hasta reproducimos el pensamiento de Mircea Eliade en: Tratado de Historia de las Religiones (Traité d'Histoire des Religions - Payot, Paris 1964), T.I. págs. 123-124; citamos por la Trad. cast.: Cristiandad, Madrid 1974].
Y sin embargo, - nos toca ahora agregar a nosotros - ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos característicos o fontales.
Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente, o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal. El vínculo entre las personas. Y el más privilegiado entre todos los vínculos creados: el vínculo esponsal entre varón y mujer
miércoles, 8 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
GO'EL: EL DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (7 de 27)
1.8 El epos y el ethos de las Alianzas
En las religiones de origen bíblico, - como en todas las religiones - la conducta de Dios es el modelo ejemplar, el arquetipo divino, el fundamento de la conducta de la colectividad creyente.
Y la esencia de esa conducta, modo de vivir o cultura, se pone de manifiesto, se revela y juntamente se propone y se prescribe a la imitación: en las así llamadas Alianzas, testamentos o dispensaciones.
Puede decirse que las Alianzas son el argumento central del epos bíblico.
Los grandes héroes bíblicos son los hombres de las Alianzas: Adán, Noé, Abraham, sus descendientes los Patriarcas Isaac, Jacob, José; Moisés, David, Jesús, los Apóstoles.
De esas Alianzas nacen los dos pueblos bíblicos: Israel y la Iglesia. La epopeya bíblica narra los dramas y peripecias de las infidelidades humanas y las fidelidades divinas a dichas Alianzas. La Alianza con el Dios-Pariente. La Alianza con el Dios-Padre de Jesucristo y de los discípulos.
En las religiones de origen bíblico, - como en todas las religiones - la conducta de Dios es el modelo ejemplar, el arquetipo divino, el fundamento de la conducta de la colectividad creyente.
Y la esencia de esa conducta, modo de vivir o cultura, se pone de manifiesto, se revela y juntamente se propone y se prescribe a la imitación: en las así llamadas Alianzas, testamentos o dispensaciones.
Puede decirse que las Alianzas son el argumento central del epos bíblico.
Los grandes héroes bíblicos son los hombres de las Alianzas: Adán, Noé, Abraham, sus descendientes los Patriarcas Isaac, Jacob, José; Moisés, David, Jesús, los Apóstoles.
De esas Alianzas nacen los dos pueblos bíblicos: Israel y la Iglesia. La epopeya bíblica narra los dramas y peripecias de las infidelidades humanas y las fidelidades divinas a dichas Alianzas. La Alianza con el Dios-Pariente. La Alianza con el Dios-Padre de Jesucristo y de los discípulos.
Esas Alianzas son el acto en que se anudan el obrar divino con el obrar humano. Es en ese contexto donde la cultura bíblica se coloca a sí misma para entenderse y darse a entender a las demás culturas. Es en el contexto de las Alianzas donde el actuar divino se exhibe como modelo motivador y posibilitante de un determinado modo de obrar humano.
1.9 No engañarse con las semejanzas
La Ciencia de historia de las religiones, nos pone en guardia , sin embargo, contra las comparaciones precipitadas y las conclusiones falsas que se sacan a veces observando las semejanzas parciales y no advirtiendo la idiosincrasia que da una diferencia global.
Se comparan los miembros perdiendo de vista el todo. "Los paralelismos fenomenológicos pueden resultar engañosos. Si se encuentra una expresión, una imagen o una idea en dos lugares diferentes, en dos culturas o religiones, no se sigue de ahí que signifiquen lo mismo en ambas, incluso cuando se pueda demostrar que ha habido una influencia o un préstamo en un sentido o en otro. Cada detalle obtiene su significación a partir de la entera estructura al que ha sido incorporado, y del que forma parte.
No se trata de probar que esta o aquella idea israelita se encuentra también en Babilonia [comparando por ejemplo los relatos de Gilgamesh con los del Génesis] o en Egipto, o que se ha tomado en préstamo de allí. La verdadera pregunta es qué significación se le ha dado a ese elemento en su nuevo contexto: ¿qué es lo que la religión de Israel hizo con él?".
[Sigmund Mowinckel, The Psalms in Israel's Worship, Ed. B. Blackwell, Oxford 1962, T.I, p.57]
Así por ejemplo, se ha observado las semejanzas entre el himno egipcio al Dios-Sol Atón, con el salmo 104 y se ha afirmado una relación directa entre ellos.
[Véase: James B. Pritchard, La Sabiduría del Antiguo Oriente, Ed. Garriga, Barcelona 1966, págs. 268-273 (Ed. orig. The Ancient Near East, Princeton Univ. Press)].
La primera parte del Salmo 18Vulgata-19Hebreo, la que abarca los vv.1-7, provienen probablemente de un antiguo himno cananeo al sol y fue adaptado a sus fines yahvísticos uniéndolo a un poema didáctico (vv. 8-15) que hacen la alabanza de la Ley, con términos que aluden al sol, iluminador, vivificante y benéfico [Véase: Mitchell Dahood, Psalms, The Anchor Bible, Doubleday, Garden City-New York 1966, T.I, pág. 121].
No es difícil encontrar influencias egipcias en la literatura sapiencial de la tradición bíblica, porque Egipto tuvo gran influencia en la corte "culturista" de Salomón y de los reyes que lo sucedieron.
En estos círculos surgió la llamada literatura "sapiencial" bíblica; sobre todo la primitiva gnómica o proverbial, que tiene sus raíces en tradiciones similares egipcias más arcaicas.
Más tarde se desarrollará el diálogo y la diatriba, planteando los grandes problemas de la "angustia vital" del hombre, como el sentido de la vida en el libro del Eclesiastés, y la razón del sufrimiento del inocente, en el libro de Job. Tanto en la literatura egipcia como en la mesopotámica encontramos textos similares, si bien con un enfoque religioso totalmente diverso respecto de la perspectiva bíblica" [Véase: M. García Cordero, Biblia y Legado del Antiguo Oriente. El entorno cultural de la historia de la Salvación. Ed. BAC, Madrid 1977, nuestra cita en pág. 577].
1.9 No engañarse con las semejanzas
La Ciencia de historia de las religiones, nos pone en guardia , sin embargo, contra las comparaciones precipitadas y las conclusiones falsas que se sacan a veces observando las semejanzas parciales y no advirtiendo la idiosincrasia que da una diferencia global.
Se comparan los miembros perdiendo de vista el todo. "Los paralelismos fenomenológicos pueden resultar engañosos. Si se encuentra una expresión, una imagen o una idea en dos lugares diferentes, en dos culturas o religiones, no se sigue de ahí que signifiquen lo mismo en ambas, incluso cuando se pueda demostrar que ha habido una influencia o un préstamo en un sentido o en otro. Cada detalle obtiene su significación a partir de la entera estructura al que ha sido incorporado, y del que forma parte.
No se trata de probar que esta o aquella idea israelita se encuentra también en Babilonia [comparando por ejemplo los relatos de Gilgamesh con los del Génesis] o en Egipto, o que se ha tomado en préstamo de allí. La verdadera pregunta es qué significación se le ha dado a ese elemento en su nuevo contexto: ¿qué es lo que la religión de Israel hizo con él?".
[Sigmund Mowinckel, The Psalms in Israel's Worship, Ed. B. Blackwell, Oxford 1962, T.I, p.57]
Así por ejemplo, se ha observado las semejanzas entre el himno egipcio al Dios-Sol Atón, con el salmo 104 y se ha afirmado una relación directa entre ellos.
[Véase: James B. Pritchard, La Sabiduría del Antiguo Oriente, Ed. Garriga, Barcelona 1966, págs. 268-273 (Ed. orig. The Ancient Near East, Princeton Univ. Press)].
La primera parte del Salmo 18Vulgata-19Hebreo, la que abarca los vv.1-7, provienen probablemente de un antiguo himno cananeo al sol y fue adaptado a sus fines yahvísticos uniéndolo a un poema didáctico (vv. 8-15) que hacen la alabanza de la Ley, con términos que aluden al sol, iluminador, vivificante y benéfico [Véase: Mitchell Dahood, Psalms, The Anchor Bible, Doubleday, Garden City-New York 1966, T.I, pág. 121].
No es difícil encontrar influencias egipcias en la literatura sapiencial de la tradición bíblica, porque Egipto tuvo gran influencia en la corte "culturista" de Salomón y de los reyes que lo sucedieron.
En estos círculos surgió la llamada literatura "sapiencial" bíblica; sobre todo la primitiva gnómica o proverbial, que tiene sus raíces en tradiciones similares egipcias más arcaicas.
Más tarde se desarrollará el diálogo y la diatriba, planteando los grandes problemas de la "angustia vital" del hombre, como el sentido de la vida en el libro del Eclesiastés, y la razón del sufrimiento del inocente, en el libro de Job. Tanto en la literatura egipcia como en la mesopotámica encontramos textos similares, si bien con un enfoque religioso totalmente diverso respecto de la perspectiva bíblica" [Véase: M. García Cordero, Biblia y Legado del Antiguo Oriente. El entorno cultural de la historia de la Salvación. Ed. BAC, Madrid 1977, nuestra cita en pág. 577].
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