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viernes, 31 de enero de 2014

LA REDENCIÓN DE LOS LABIOS - Testimonio de una lectora



"...me quedé en medio de los chicos todo el día, y los miré jugar, y atendí sus 10.000 requerimientos y 80.000 preguntas... Y el dolor se llenó de paz, y la paz de alegría. 
Creo que ya encontré el camino que le estuve pidiendo tanto a Dios... " 

 "¡Qué hermoso texto de Dimas Antuña publicaste, Padre!
Tengo mucho que decir porque lo "mastiqué" todo el día con la mente y con el alma.

¡Cuánta verdad! A mi alma no le basta la palabra de Dios. Por supuesto que cuando trae Luz a mi vida, me provoca gran felicidad. Es alimento, pero no necesariamente sacia mi hambre de Su Amor. 

Mi alma teme el silencio de Dios, cuando me oculta Su presencia, cuando no se da a mí. Mi alma quiere el beso, la entrega total, con tanto ímpetu muchas veces que es penoso vivir. Y entonces mi deseo se expresa en canto, que alivia el dolor ante la ausencia de mi Amado
Así tengo que vivir muchas veces, tironeada entre mi realidad y mi deseo y dolor. En la obediencia y entrega completa a mi vocación de esposa y madre busco mi alivio y felicidad. Hoy, gracias al texto que me mandaste, pude comprender que en esta obediencia voy a poder llevar con paz esta pena
.
Porque tantas veces me sucedía, que al sentirme añorando, sufriendo, deseando con tanta intensidad, mi primera reacción era aislarme, buscar el silencio y la soledad de la oración para unirme con Dios. ¡Pero no soy monja! ¡No puedo pasarme el día rezando!

Otra reacción es ponerme a leer libros de espiritualidad. Pero no puedo pasármelas leyendo, aunque mucho leo ya. Me "sumerjo" y no le doy bolilla a mi esposo a la noche, por ejemplo, o desatiendo a los chicos durante el día. Otra reacción es buscar a quién me hable de Dios y me conecte con Él, para sentirme amada, o no olvidada. Y aquí me refiero a los sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Y por eso te molesto a vos. Porque me llevás a Dios. Y por eso es que te quiero.


Supongo que vas a decirme otra vez que me falta fe en el amor de Dios. Quizás sea así. Pero es que sufro, duele, quema, la ausencia del amado. Ahora me doy cuenta que cuando buscaba a Dios aislándome, finalmente estaba desasosegada e inquieta porque también me aislaba de mi familia. 

Hoy me dije:" no me escapo a ningún lado, aunque tenga ganas de ponerme en oración y estar sola, no lo voy a hacer, la virtud que más agrada a Dios es la obediencia y yo quiero agradar a Dios", y me quedé en medio de los chicos todo el día en el jardín, y los miré jugar, y atendí sus 10.000 requerimientos y 80.000 preguntas. 

Y el dolor se llenó de paz, y la paz en alegría. Creo que ya encontré el camino. Se lo estuve pidiendo mucho a Dios".

Teresinha