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viernes, 7 de febrero de 2014

SANTO, SANTO, SANTO - Dimas Antuña [1 de 3]

La Visión de Isaías se cumple con la venida de Cristo. En la Santa Misa, la Iglesia hace profesión de ello en el Prefacio acoplando el Trisagio de Isaías (Santo Santo Santo) con el Bendito el que viene y el Hosanna. Dimas Antuña, el grande e ignorado mistico de la Eucaristía nos lo hace contemplar en la siguiente meditación.

SANCTUS,  SANCTUS, SANCTUS
En Isaías, en el Apocalipsis en la Misa
Por Dimas Antuña

"El Sanctus de Isaías no es el Sanctus del Apocalipsis. Y ni el uno ni el otro es el Sanctus de la Misa. ¡Pero en los tres está el mismo misterio! Profetizado por Isaías, realizado en el Apocalipsis, 'sacramentado' en la Misa. Y en los tres el misterio es éste: Primero: la confesión de la santidad de Dios; segundo: la de su venida santificadora.

En los tres el triángulo es idéntico: Santo, Santo, Santo.
En Isaías: Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus exercituum.
Plena es omnis terra gloria eius.
En el Apocalipsis: Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus omnipotens,
Qui erat, et qui est, et qui venturus est.
En la Misa : Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth
Pleni sunt coeli et terra gloria tua, Hosanna in excelsis
Benedictus qui venit in Nomine Domini, Hosanna in excelsis.

*  *  *

El canto de los serafines revela la santidad de Dios: Sanctus, Sanctus, Sanctus. Pero cuando queda purificado – tetigit hoc labia tua: 'esto tocó tus labios – y puede oír, no ya a los ángeles, sino a Dios mismo en su silencio divino, oye el: Quem mittam? Et quis ibit nobis?,  '¿A quién enviaré? ¿Y quién irá de parte nuestra?'
Dios sólo revela su santidad para santificarnos.

*  *  *

El Sanctus en Isaías
En Isaías, a la confesión por los serafines de la santidad y trascendencia de Dios, siguen dos efectos; uno cósmico, el otro moral. El efecto cósmico: se estremecen los quiciales de las puertas y la casa se llena de humo. El efecto moral: el ¡ay! del profeta que reconoce su miseria.

Dije: ¡Ay de mí! que soy muerto: que siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de un pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Señor de los ejércitos. Vae mihi! Quia tacui! Quia vir pollutus labiis sum et in medio populi polluta labia habentis ego habito et Regem, Dominum excercituum vidi oculis meis!

En entonces "voló hacia mí uno de los serafines teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas y tocó con él mis labios y dijo: Ecce, tetigit hoc labia tua et auferetur iniquitas tua et peccatum tuum mundabitur: 'Mira, esto tocó tus labios y es quitada tu culpa y limpio tu pecado'.

Después oí la voz del Señor que decía: Quem mittam et quis ibit nobis? '¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?' Entonces respondí: Ecce ego, mitte me, 'Heme aquí, aquí estoy, envíame'.

*  *  *
En Isaías la alabanza cósmica que los cielos presentan a Dios estremece los quiciales de las puertas del Templo: a esa voz los quiciales se estremecen. Y cuando el serafín purifica al profeta (que no puede unirse al Sanctus eterno porque halla tener labios inmundos y porque su pueblo los tiene igualmente[1]) el profeta oye la consecuencia de ese canto, es decir, lo que estaba en Dios, lo que los serafines que cantan el Sanctus ven en él, y debido a eso lo cantan ¿qué es lo que ven? ven el designio santificador:
"¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?"

Quem mittam? Voz del Padre: et quis ibit nobis? Consejo de la Trinidad: ¿quién irá de nosotros? ¿quién irá por nosotros? El que vaya será el Enviado. El que vaya será recibido como enviado: Benedictus qui venit in Nomine Domini, 'Bendito el que viene en el nombre del Señor'. Tal es la realización histórica.

*  *  *

El Sanctus en el Apocalipsis
Y por eso el Apocalipsis canta el Sanctus eterno a 'El que era y que es y que viene' y llama al Señor no sólo Deus Sabaoth, Señor de los Ejércitos (nombre del Creador) sino Señor Dios Omnipotente, porque está al cabo de toda la obra de Dios, tanto de la Creación, como de la Economía[2].

Esta es la obra máxima, la que continuamente exige que se recuerde la Omnipotencia como lo hace el Ángel a María: 'Ninguna cosa es imposible para Dios'. Y como lo dice Cristo: 'Para Dios todo es posible, para el que cree todo es posible'.
[Continúa en una próxima entrada]



[1] Nota del editor: Para profesar la santidad divina es necesario tener labios puros y corazón puro.
[2] La Economía salvífica, santificadora