viernes, 12 de agosto de 2016

HIMNO A LA MADRE DE DIOS
"ZARZA ARDIENTE”

Fiesta Ortodoxa del Icono 
de la Madre de Dios 
“Zarza Ardiente” 
4 de septiembre

Contaquio I
A Ti, invencible jefa de los ejércitos, oh virgen purísima Theotokos, que alegraste a Dios, y alegraste también a la Iglesia de Cristo a través de la revelación en tu icono radiante de fuego, te dirigimos estas oraciones: ¡Oh Theotokos, a quien llamamos la de la “Zarza Ardiente”; así como posees dominio invencible y gran bondad de corazón, apresúrate por tu intercesión para ayudarnos en nuestras necesidades, y líbranos de todas las desgracias, pues te clamamos: ¡Alégrate, oh llena de gracia, Zarza Ardiente que nos libras de arder por el fuego!

viernes, 5 de agosto de 2016

LA ZARZA ARDIENTE
Según los Santos Padres [3]

SAN AGUSTÍN


San Agustín, siguiendo a San Ireneo, San Gregorio de Nisa y otros santos Padres, enseña que fue el Verbo quien se manifestó a Moisés en forma de llama de fuego, dentro de la zarza sin consumirla. 
Ya hemos explicado en la entrada dedicada a la zarza ardiente y los Sagrados Corazones que ese texto puede estarnos hablando de corazones de fuego, o de corazones humanos que estando entre las espinas no las destruyen.

El Señor se le manifestó a Moisés en la zarza como antes se había mostrado y hablado con Adán llamándolo en el Edén cuando se ocultaba de su mirada, o con Noé instruyéndolo para construir el  arca y mostrándose en el  arco iris, o con Abraham, Jacob y Moisés. 

Así nos lo enseña a enteder la Carta a los Hebreos cuando comienza diciendo:
“Dios, que en los tiempos pasados había hablado con nuestros padres de muchas  e imperfectas maneras  por medio de los profetas, al final de estos días nos habló ahora a nosotros en el Hijo” (Hebreos 1, 1-2)

Veamos pues la enseñanza de San Agustín al  respecto:

 “Todo lo hizo [el Padre] por su Verbo, y, según nos enseña la regla ortodoxa de la fe, el Verbo es el Hijo unigénito. Y si Dios Padre habló al primer hombre y Él paseaba por el edén en la penumbra del atardecer, y de su rostro se escondió en la floresta al pecador, ¿por qué no admitir que fue Él quien se apareció a Moisés, a Abrahán y a todos aquellos a quienes plugo manifestarse por medio de la criatura visible y caduca, sujeta a su dominio soberano, permaneciendo Él inmutable e invisible en su esencia? Con todo, cabe en la Escritura un paso inadvertido de persona a persona, de suerte que al decir Dios Padre: “sea la luz”, y todas las demás cosas que se dicen hechas por el Verbo, se quiera indicar que fue el Hijo el que habló al primer hombre, aunque esto no se diga claramente, sino tan sólo se insinúe a un buen entendedor” (Tratado De Trinitate II,10,17).

Y en otro lugar, en uno de sus sermones, San Agustín explica que cuando en este pasaje de la zarza ardiente y en otros lugares del Antiguo Testamento, se habla de la aparición del Ángel del Señor, el que se aparece es el Hijo, enviado del Padre:

“Algunos dicen que se llama ángel del Señor y Señor porque era Cristo, de quien claramente dice el profeta que es “ángel del gran consejo”. Porque ángel es nombre de función[y significa enviado a anunciar o a enseñar, mensajero], no de naturaleza (Hijo). Se dice ángel en griego a quien en latín llamamos mensajero. Mensajero es vocablo de acción: obrando, es decir, anunciando, se llama nuncio. ¿Y quién niega que Cristo nos anunció el reino de los cielos? Además, el ángel, es decir, el nuncio, es enviado por alguien que por medio de él anuncia una cosa. ¿Y quién duda de que fue enviado Cristo, el cual dice tantas veces: “no vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquel que me envió?” Por eso es propiamente enviado...
    Pues del mismo modo Dios, aunque apareció en el fuego, no es fuego; si apareció en el humo, no es humo; si apareció en un sonido, no es sonido. Estas realidades no son Dios, sino que indican a Dios. Habida cuenta de esto, creemos con seguridad que el Hijo, que se apareció a Moisés, era el Señor y el ángel del Señor” 
(Sermón 7, 3.4).





viernes, 29 de julio de 2016

SAN IGNACIO DE LOYOLA
31 de julio
50º ANIVERSARIO DE MI ORDENACIÓN

San Ignacio de Loyola
+ Roma, 31 de julio 1556


CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR
Primero conviene advertir en dos cosas.
La primera es,
que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
La segunda:
el amor consiste en comunicación de las dos partes,
es a saber, en dar y comunicar
el amante al amado lo que tiene,
o de lo que tiene o puede,
y así, por el contrario, el amado al amante;
de manera que si el uno tiene ciencia,
dar al que no la tiene,
si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

(Ejercicios Espirituales 231)

¡Y QUÉ LE DARÉ
AL QUE ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ?


"Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento, y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno;
todo es vuestro,
disponed a toda vuestra voluntad;
dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta".

(Ejercicios Espirituales Nº 234)

VIDA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
Narrada por el Padre Horacio Bojorge S.J.
puede escucharla en el Blog del Diácono Jorge Novoa:
http://diaconojorge.blogspot.com/2009/07/padre-horacio-bojorge-sj-san-ignacio-de.html

SAN IGNACIO DE LOYOLA
+ 31 DE JULIO de 1556

SAN IGNACIO DE LOYOLA
Su fiesta se celebra
el 31 de Julio
Si desea oir la narración de su vidapuede oirla narrada en: http://diaconojorge.blogspot.com/2009/07/padre-horacio-bojorge-sj-san-ignacio-de.html

"Las Sagradas Escrituras suponen que tenemos entendimiento"



... después que Cristo expiró en la Cruz ...
viniendo al sepulcro y resucitado
apareció a su bendita Madre
en cuerpo y alma... "
(Ejercicios Espirituales Nº 219)



Primero apareció a la Virgen María,
lo cual, aunque no se diga en la Escritura,
se tiene por dicho al decir que
se apareció a tantos otros,
porque la Escritura
supone que tenemos entendimiento,
como está escrito:
'¿También vosotros estáis sin entendimiento?'"
(Ejercicios Espirituales N" 299)

San Ignacio de Loyola

¡¡¡Ruega por nosotros!!!

viernes, 22 de julio de 2016

LA ZARZA ARDIENTE
Según los Santos Padres [2]

SAN GREGORIO DE NISA 

En su obra Vida de Moisés interpreta la zarza ardiente, aposento de la luz, como tipo de la Virgen María, que llevó dentro de sí, en cuerpo y alma,  a la Luz del Mundo, y al que quiso inflamar al mundo con su fuego: "Fuego he venido a traer a la tierra"

El relato bíblico de la zarza en el Antiguo Testamento y su sentido espiritual en el Nuevo Testamento

El tipo: La letra en el  Antiguo Testamento

“Nos cuenta la historia (Éxodo 3, 1-6) que, habiendo pasado un poco de tiempo en este género de vida, [Moisés] recibió una sobrecogedora aparición de Dios. 

En el tranquilo mediodía, relampagueó ante sus ojos una luz más fuerte que la luz del sol. 

Extrañado por lo inusitado del espectáculo, elevó los ojos hacia la montaña y vio una zarza de la que de donde salía una luz como de llama de fuego. Pero puesto que las ramas de la zarza permanecían tan frescas en la llama como bajo el rocío. Se dijo a sí mismo: Vayamos a ver ese espectáculo tan grande. Pero apenas había dicho eso, el milagro de la zarza no sólo se mostró a sus ojos, sino que, lo que es más sorprendente de todo, sus oídos fuero iluminados con los resplandores de la luz.
En efecto, la gracia de la luz fue distribuida a ambos sentidos, los ojos fueron iluminados con los destellos de la luz y los oídos fueron llevados a la luz con enseñanzas purísimas. Esto es, la voz que salía de aquella luz pohibió a Moisés acercarse a la montaña, calzado con sandalias hechas con pieles muertas [de animales muertos]. Cuando él liberó a su pies de aquél calzado [impuro], tocó así [con sus pies] aquella tierra que estaba iluminada por la luz divina.

Luego no quiero insistir  demasiado en las cuestiones puramente históricas, a fin de mantenerme dentro de mis objetivos, fortificado por la visión de la teofanía, recibe la orden de liberar a su pueblo de la esclavitud de los egipcios. Y para estar plenamente instruido del poder que le es confiado por Dios, experimenta, bajo las órdenes de éste, con lo que tiene a mano. La experiencia consistió en esto: un cayado que su mano dejó caer cobró vida y se convirtió en un animal el animal era una serpiente; luego, al recogerlo, volvió a ser lo que era antes de la metamorfosis; por otra parte, la piel de su mano, cuando la alejó de su seno, cobró la blancura de la nieve, luego, cuando la volvió a acercar, retornó a su apariencia natural.
San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, Primera Parte Nº 20
Edit. Ciudad Nueva, Madrid 1993

El Antitipo: sentido espiritual cumplido en el Nuevo Testamento

“Este pasaje nos enseña el misterio de la Virgen: la luz de la divinidad, que gracias a su parto ilumina desde ella la vida humana, ha guardado incorrupta la zarza que ardía, sin que la flor de la virginidad se agostase en el parto
De esta luz aprendemos lo que tenemos que hacer para permanecer dentro de los  resplandores de la luz verdadera: que no es posible correr con los pies calzados [con obras muertas] hacia aquella altura [montaña de Horeb] en la cual se contempla la luz de la verdad, sino que es necesario descalzar los pies del alma de su envoltura de pieles, muerta y terrena, de la cual fue revestida la naturaleza [humana] desde el principio, cuando fuimos desnudados a causa de la desobediencia a la voluntad divina [Génesis 3, 21: Dios les hizo vestidos de pieles de animales muertos, en el bautismo hay que revestirse de la túnica blanca de la vida inmortal].
Si hacemos esto, se seguirá el conocimiento de la verdad, pues ella misma se manifestará a sí misma, ya que el conocimiento de lo que es [Yo soy el que soy y está] se convierte en purificación de la opinión en torno a lo que no es”.
 San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, Segunda Parte Nº 21-22
Edit. Ciudad Nueva, Madrid 1993

El Cardenal Jean Daniélou 
anota que San Gregorio de Nisa es el primero en presentar la zarza que arde sin consumirse como una figura de la maternidad de María.  
(Grégoire de Nisse: La Vie de Moïse, Paris 1968, pág. 119 nota 3 citando ) 

Lo que san Gregorio dice aquí se halla algo ampliado en su Sermón sobre la Anunciación del Señor por el Ángel Gabriel: “Lo significado entonces por la zarza y la llama (que ardía en medio de ella, dentro de ella, sin consumirla) fue manifestado con el paso del tiempo en el misterio de la Virgen. Pues así como allí se encuentra una zarza encendida por el fuego y no se consume, aquí se encuentra una virgen que da a luz y no se corrompe. No te extrañe de que se signifique por medio de una zarza el cuerpo de la Virgen que dio a luz a Dios, pues toda carne, a causa de la recepción del pecado y por el hecho de ser carne, es espina" (Patrología Griega Migne Tomo 46, columna 1136).

Por último, recordemos que San Gregorio de Nisa considera que Moisés había sido preparado por Dios para poder recibir la revelación de la zarza y la misióno de volver a Egipto para liberar al pueblo de la esclavitud, por una estadía de 40 años en el desierto, lejos de Egipto y purificado en  el  desierto.:

“Hemos de huir de aquí [de Egipto, país de la  esclavitud] lo más rápidamente posible siguiendo el ejemplo de la historia [el relato del Antiguo Testamento], hacia una enseñanza mejor y más sublime de los misterios.
Y si fuese necesario vivir de nuevo en el extranjero, esto es, si hubiese necesidad que nos forzase a tratar con la filosofía pagana [la falsa filosofía de este mundo], hagámoslo tras haber apartado a los perversos pastores del uso injusto de los pozos [ver Éxodo 2, 17] esto es, tras haber refutado a los maestros de maldades por el mal uso de la educación.
De este modo viviremos a solas con nosotros mismos [como Moisés 40 años en el desierto] sin llegar a las manos con los adversarios [como Moisés mató al Egipto], ni ponernos en medio [como se interpuso entre el egipcio y la víctima], sino que viviremos en compañía de los que están apacentados por nosotros, iguales en el sentir y en el pensar: de todos los movimientos del alma que hay en nosotros, a modo de ovejas, apacentados por el querer de la razón, que es la que preside.”

San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, Segunda Parte Nº 16-18
Edit. Ciudad Nueva, Madrid 1993


sábado, 16 de julio de 2016

LA ZARZA ARDIENTE
Según los Santos Padres [1]

SAN IRENEO DE LYON


“Fue Él [el Verbo, el Hijo] quien en la zarza ardiente conversó con Moisés y dijo: “He visto los sufrimientos de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo” (Ex 3,7-8). 

Él subía y bajaba para liberar a los oprimidos arrancándonos del poder de los Egipcios, es decir, de toda clase de idolatría e impiedad; salvándonos del mar Rojo, es decir, liberándonos de las turbulencias homicidas de los Gentiles y de las aguas amargas de sus blasfemias.

Estos acontecimientos eran continua repetición de lo que a nosotros se refiere en el sentido que el Verbo de Dios mostraba entonces anticipadamente, en tipo, las cosas futuras, mientras ahora nos arranca de veras de la servidumbre cruel de los Gentiles.

Y en el desierto hizo brotar con abundancia un río de agua de una roca. Y la roca es Él. Y produjo doce fuentes, esto es, la doctrina de los doce apóstoles. 

Y a los recalcitrantes e incrédulos los hizo morir y desaparecer en el desierto. 

Pero a los que creían en Él, hechos [antes] niños por la malicia, los introdujo [ahora] en la herencia de los Padres que recibió y distribuyó [ya] no Moisés sino Jesús; todavía más, nos ha liberado de Amaleq extendiendo sus manos, y nos condujo e hizo subir al reino del Padre”

S. Ireneo de Lyon, Demostración de la Predicación Apostólica, 46 
(Editorial Ciudad Nueva, Madrid 20012).

sábado, 18 de junio de 2016

LA ZARZA ARDIENTE
Y LOS SAGRADOS CORAZONES

El Señor se muestra a Moisés  como un fuego que arde en el corazón de la zarza 
 pero que no devora las espinas

3.1 "Moisés era pastor del rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián.  
   3,1 Umoshéh hayáy ro’éh ‘et-tson yitró jotnó cohén midyán 
Y llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.  
   wayyinhág ‘et-hatsón ‘ajár hamidbár; yayyavó’ ‘el-har ha’elohym joreváh 

2 Y se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, en medio de una zarza. 
   2 wayyerá’ mal’ák Adonáy ‘eláo belabát ‘ésh mittôk hassenéh 
Y he ahí que la zarza estaba ardiendo en fuego, pero la zarza por él no era devorada 
   wehinnéh hassenéh bo’ér ba’ésh wehassenéh ‘enénnu ‘ukál 

3 Dijo, pues, Moisés: 'quiero volverme para observar este fenómeno grande 
   3 wayyó’mer moshéh ‘asuráh-ná’ we’er’éh ‘et-hammaréh haggadól hazzéh 
por qué no se consume la zarza". 
   maddúa’ lo-yiv’ar hassenéh 

4 Vió el Señor que se acercaba para mirar,
   4 wayyár’ ‘Adonáy ki sár lir’ôt ló 
llamó de Elohim desde el centro de la zarza, diciendo: '¡Moisés! ¡Moisés!'. 
   wayyiqrá’ ‘eláô ‘elohím mittôk hassenéh wayyó’mer: moshéh moshéh 
Y él respondió: 'Heme aquí'. 
    wayyó’mer hinnéni 

5 Le dijo: 'No te acerques aquí; quítate las sandalias de tus pies, 
   5 wayyó’mer: ‘ál tikrab halóm shal ne’alékha me’al raglêkha 
porque el lugar en que estás parado encima es tierra sagrada'. 
   Ki hammaqôm ‘asher ‘attáh ‘oméd ‘aláo ‘admát qôdesh hu’ 

6 Y dijo: 'Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham,  
   6 wayyó’mer: ‘anôkhí ‘elohé avíkha ‘elohé ‘avrahám 
el Dios de Isaac y el Dios de Jacob'. 
   ‘elohé yitsjáq w‘elohé ya’aqôv 
Y se cubrió Moisés el rostro, porque tuvo temor de ver a Dios" (Exodo 3,1-6). 
   wayystár moshéh panaô ki yaré’ mehabbít ‘el-‘elohím 

Razón tenía Moisés en asombrarse y considerar extraño el hecho de que este fuego no devorara la zarza, manjar apetecido por el fuego y los incendios, elemento proverbialmente combustible. 

El estudio del texto hebreo nos permite también a nosotros compartir su asombro y extrañeza; pero también entender mejor lo excepcional que hay en los sentimientos del amor divino. 

Dios se le muestra a sí mismo a Moisés en forma de fuego que no devora. 
E interpreto que el fuego que vio Moisés prefiguraba el Sagrado Corazón de Jesucristo. 

Yo tengo para mí, en efecto, que lo que vio Moisés en el SinaÍ, fue el Misterio del corazón de fuego ardiendo en las espinas: el Misterio de la Pasión salvadora, el corazón de Cristo y también el corazón de María. 

La escena de la zarza ardiendo en el libro del Éxodo, está a media distancia entre las espinas y las espadas de fuego  de los querubines del relato del Génesis 3, 24, y el fuego del amor de Cristo coronado de espinas en su Pasión.

Si leemos el texto bíblico en su lengua original, que es el hebreo, son impresionantes las diversas interpretaciones a las que se presta según las diversas vocalizaciones posibles del texto consonántico.

El texto se abre a posibilidades de significación que no siempre es fácil reflejar en las traducciones. 

Los comentaristas del texto tienen mayores posibilidades que los traductores, de explicar los múltiples sentidos posibles que el autor humano y el Autor divino pueden haber querido darle a un determinado texto. Según un dicho rabínico: La sagrada Escritura tiene setenta caras. Vale decir: una plenitud de sentidos.

A veces, el autor sagrado intenta positivamente usar expresiones ambivalentes o polivalentes. Y esa polivalencia ínsita en el texto original inspirado es imposible expresarla en una traducción, a no ser explicándolo en notas al pie del texto. 

Es bien posible leer esos varios sentidos de un mismo texto sólo consonántico, como son el texto bíblico y el arameo targúmico. 

Los traductores se ven forzados a simplificar y elegir uno de los sentidos posibles, porque no pueden acumular múltiples traducciones. Por eso suelen seguir la lectura tradicional fijada por el texto masorético.

Pero en hebreo se pueden ir variando las vocales y con ello van cambiando las palabras y sus sentidos que están abiertos, como una adivinanza divina, a la perspicacia de un "escriba bien instruido en el reino de los cielos" (Mateo 13, 52).

Los rabinos judíos, que comentaron directamente el texto hebreo con gran conocimiento de esa lengua y con métodos exegéticos propios, ofrecieron luces para entender matices de significación propios que abren al lector diversas interpretaciones de un mismo texto. Y ellos afirmaron la validez de las varias lecturas aún la intercambiabilidad de vocablos homófonos aunque se escribiesen con una consonante diversa (Por ejemplo sin y samek)

Naturalmente, por las interpretaciones de los rabinos no podemos guiarnos en cosas de fe cristiana. Pero sí son atendibles en asuntos filológicos tocantes a la lengua hebrea. Y san Pablo aplica a la interpretación de las sagradas Escrituras los recursos interpretativos aprendidos de muchacho en la escuela rabínica.

San Jerónimo y otros grandes escrituristas y teólogos católicos no han dudado en consultarlos y aprender de ellos en estos campos. Podemos pues acudir a ellos con provecho para nuestra fe. 

Pero, además, podemos leer por nuestra propia cuenta, a la luz de nuestra fe en Jesucristo, lo que los cambios vocálicos nos permiten escuchar, según diferentes lecturas. 

En esta tarea nos anima el dicho de Santa Teresita del Niño Jesús: "Si yo hubiera sido sacerdote, habría estudiado a fondo el hebreo y el griego, a fin de conocer el pensamiento divino, tal como Dios se dignó expresarlo en nuestro lenguaje humano". 

Expongo a continuación algunas conjeturas interpretativas de Éxodo 3, 1-6.

En una colección de antiguos comentarios rabínicos sobre el libro del Éxodo, llamado Midrásh Éxodo Rabbáh, encontramos un comentario a las palabras de nuestro texto: 
"y vio al Ángel de Dios, o al Enviado de Dios, en una llama de fuego en medio de las espinas".
  "wayyera’ mal’ak Adonay ‘eláo belabat ‘esh mittôk hassenéh 

El vocablo labat se puede leer y entender, y así lo reconocen los rabinos, tanto como laváh (= llama o lengua de fuego) Laváh en su forma simple se escribe con las consontantes lámed, bet y he. Pero en estado constructo o estado genitivo, se escribe lavát).
Por eso el vocablo lavat puede leerse como genitivo de laváh, o como lavat = corazón. En efecto lavat es una forma excepcional de lev, corazón, que se usa en Ezequiel 16,30. Y aún puede leerse como libot, que significaría corazones, en plural.

Esta no es una lectura antojadiza. Está fundada en los usos rabínicos de interpretación usados también en el Nuevo Testamento. Y en interpretaciones que han dado rabinos del texto de la zarza ardiente que damos a continuación.

El comentario rabínico antes citado dice así: "Otra opinión acerca de la expresión "a manera de llama de fuego', dice que estaba (la llama o el corazón de fuego) entre ambos lados de la zarza y en la parte superior de ella, de la misma manera que el corazón (lev) está puesto entre ambas partes del cuerpo y en la parte de arriba". 

El autorizado comentarista medieval judío Rabbí Salomón Isaac, más conocido como el Rashí, comenta así nuestro pasaje: 
"belavat 'esh : Es el corazón (lev) del fuego. Expresión al estilo de: 'En el corazón del cielo' (Deuteronomio 4,11), 'el corazón de la encina' (2 Samuel 18,14) que significa: 'en medio de'. Y no te extrañes de que diga lavat por leb, (con tau final), porque hay otro ejemplo de eso en Ezequiel 16,30: '¡Oh! ¡Qué frágil es tu corazón' (=libatkha)".

De manera que, en nuestro texto, podemos leer también nosotros, en coincidencia con la autoridad rabínica, que Moisés vio a Dios "en el corazón del fuego" (belivat 'esh). 

Según estos comentarios, Dios se le aparece a Moisés "en el corazón de un fuego" o bien "en un  corazón de fuego" o bien "en corazones de fuego") que estaba en medio (mittók) de la zarza. Y ese fuego estaba ardiendo en medio de la zarza en la posición equivalente a la del corazón en un pecho humano. Un corazón. Era como el corazón ígneo de la zarza. 

También podemos leer, cambiando sólo las vocales, en vez ‘esh (fuego), ‘ish (varón, hombre). Corazón de fuego y corazón de hombre, corazón humano. O en plural: "corazones humanos" belibbot ‘ish. Abarcando en uno los corazones de Jesús y María. Y esta es una posibilidad bíblica también: Porque si María guardaba todas estas cosas en su Corazón (Lucas 2, 19) entonces dentro del corazón de María se encuentra también el Corazón de su Hijo, como en uno solo que arde al unísono entre las espinas sin devorarlas.

Creo que siguiendo el consejo de Jesús, que recomendaba a todo escriba instruido en el Reino de los cielos sacar de su tesoro lo nuevo y lo viejo, me está no sólo permitido sino de alguna manera indicado, transitar este camino de la exégesis rabínica, adoptando su hermenéutica, aunque yendo más lejos que ellos, en la dirección de mi fe. 

Por este camino, leo en el texto: "Y se dejó ver el Ángel de Dios a él: "En forma de corazón de fuego, de corazón ardiente", y también, ambivalentemente, "en forma de corazón de hombre". Y aún en plural: "en forma de corazones de fuego y de hombre" (belibbot ‘ésh y 'ish).

Moisés habría entrevisto los corazones de Jesús y de María 

 Algo parecido sucede con la lectura de "en medio de la zarza" (=mitok hassenéh). 

Si las consontantes sámek, nun, he, vocalizadas como mitok hasin’áh o hasan’áh (de la raíz homófona pero escrita con consonante sin y no con sámek = `saná’) significaría “de en medio del odio” (soné’ = enemigo, adversario, contrario, rival). 

Si bien son dos raíces distintas, (una que comienza con sámek y otra con sin), sin embargo, por ser homófonas, en la lectura en voz alta, una evoca a la otra, la zarza evoca a los enemigos, al odio contra el justo. Y de hecho, esta homofonía es sugerente si se tiene en cuenta que, en el universo simbólico de las sagradas Escrituras, las zarzas simbolizan a los malvados, enemigos de Dios, enemigos del justo perseguido, enemigos entre sí y de los hombres. Es decir, en otras palabras, "corazones de humanos de fuego, que arden en medio del odio sin consumir a los que los odian".

Esto es aplicable a todos los justos del antiguo y del nuevo Testamento, desde Abraham, pasando por su descendencia en Egipto y entre las naciones, hasta Jesucristo y su descendencia en adelante hasta el fin de los tiempos.