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domingo, 26 de enero de 2014

LA REDENCION DE LOS LABIOS
Por Dimas Antuña


LA PALABRA, EL BESO, EL SILENCIO
EN LA LITURGIA:
tanto eucarística como matrimonial 


El texto siguiente lo he tomado de una obra inédita de Dimas Antuña (+1968) sobre la santa misa. 
Esta reflexión del autor está dirigida a introducir en el misterio de la liturgia eucarística, de las Bodas del Cordero, porque en la santa misa hay palabra, canto, beso y silencio. 
El Canon se inicia con un beso del Sacerdote al altar, que sucede en varias ocasiones en la misa. Todo lo que aquí se reflexiona sobre el beso ilumina ese rito. 
Pero también ilumina la necesidad de redención que tiene todo hablar, besar o callar humano. Y se aplica al hablar, besar y callar de los esposos en el sacramento del matrimonio.
Por eso lo publico tanto en el Blog Toma y Lee como en el Blog del Buen Amor.

Los labios son el instrumento y el símbolo del pensamiento y de toda la vida interior en la cual yace el pecado; para que los labios puedan orar, gritar, unirse al Sanctus de los serafines es necesario que sean purificados por el fuego. Los labios del sacerdote tienen la ciencia; los del profeta llevan el mensaje: si Dios quiere usar de esos labios para su obra o su mensaje, es necesario que él mismo los purifique. “Esto tocó tus labios” el fuego en la brasa, es decir: el Espíritu Santo de Dios en la economía de Cristo.

Leamos el pasaje de Isaías, pero advertidos de que este texto religioso ilumina todo palabra, beso y silencio humano, que necesita ser purificado por el fuego de toda su capacidad de maldad en el hablar, el besar o el callar inter humano también:
"¡Ay de mí que estoy perdido - gime Isaías -  pues soy un hombre de labios impuros y entre un pueblo de labios impuros habito [labios impuros en el hablar, besar y callar]... Entonces voló hacia mi uno de los Serafines con una brasa en la mano que había tomado de sobre el altar con unas tenazas, y tocó mi boca y dijo: 'He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado" [Isaías 6, 4-7]

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La palabra, el canto, el beso
Tres misterios del espíritu del hombre se expresan en los labios del hombre: la palabra, el canto y el beso En la palabra racional que dice, es decir: juzga y discierne, está la expresión de su inteligencia, de su ser como persona. En el canto, afectivo, esa palabra es movida por el cielo, es decir: por lo concreto que hay en el corazón del hombre, y expresa el afecto: – todas las pasiones. En el beso, el elemento afectivo no se desposa con la palabra, como en el canto, sino con el deseo: con lo más hondo, más íntimo, más impetuoso de su ser. En el beso hay una entrega, una comunicación de vida íntima, secreta y total.

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El beso
Para los griegos ‘besar’ (kunein) tiene parentesco con ‘adorar, venerar’ (proskunein). El que venera, el que adora, se rinde, se entrega. En la adoración puede haber un simple reconocimiento, un simple anonadamiento ante el Ser. Y esto produce el ‘silencio’ de la adoración, es decir: el callar ‘ad ore’. Puede haber también un deseo de oblación, de transfusión, de ‘nada’ que quisiera pasar por amor al ‘ser’ y sólo en ese Ser: el beso sería la expresión de esa entrega.

La adoración calla y de ese silencio brota el himno, el canto. El amor que adora, desea y de ese deseo nace el beso. En todo esto hay un solo acto de amor intenso y total.

El himno, expresión del silencio lo expresa a modo de luz: Te decet himnus, tibi silentium laus [Salmo 64, 2 “A Ti conviene el himno” que en el texto hebreo y la traducción de los Setenta se lee: “a Ti te alaba el silencio”].

El beso, expresión del deseo profundo  expresa el deseo a modo de transfusión, de entrega. (osculetur me, ‘béseme’ leemos en el Cantar de los Cantares 1, 1) El beso

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El beso, vehículo del amor, significa la comunicación del hálito de la vida que viene del fondo del corazón (su principio). El beso nace del corazón como la palabra nace de la razón. El corazón llega a los labios por el beso, la razón llega a los labios por la palabra. La razón distintamente, porque la razón discierne y distingue. El corazón unitivamente, en un deseo de entrega y unión. El beso expresa la entrega total de la persona por veneración (kunein, proskunein), por deseo (osculetur me ‘que me bese’), por amor: pneuma, beso, vínculo, nexus. Nadie que besa deja de entregarse, sea la que besa, o a lo que – simbólicamente – besa. Y esa entrega indica obediencia absoluta (veneración) o deseo de vida, es decir;: deseo de  unidad de vida con el que besamos y nos besa.

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Béseme (el que besa, el Padre) con el beso (con el Espíritu Santo) de su boca (es decir: el Hijo). Besa el Padre a la Iglesia (a la criatura) con el beso de su boca (con el Espíritu Santo de verdad) y la boca con que besa es el Hijo encarnado, es decir: hecho Mediador y Sacerdote, hecho Esposo para la Esposa, hecho ‘boca’ para darnos la palabra del Padre, en cuanto él mismo es el Verbo y para darnos el beso de su boca, en cuanto él comunica el Espíritu del Padre, en cuanto él mismo, por su Pasión, comunica el Espíritu del Padre.

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De la boca del hombre sale lo que hay en el interior del hombre: “lo que sale de la boca sale del corazón y eso contamina al hombre. Porque del corazón (por la boca) salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, maledicencias…” [Marcos 7, 20-22]
De la boca de Cristo sale lo que hay en el interior de Dios: su palabra, su Espíritu. La palabra de la boca de Cristo es el Verbo de Dios. Por eso él dice que su palabra no es suya sino de Aquél que lo envió [Ver Juan 14, 23-24]. Él ‘es’ la Palabra, pero la palabra no es suya, sino del Padre que lo engendra y lo envía. El soplo de la boca de Cristo es el Espíritu de Dio y por eso él dice: “recibid el Espíritu Santo” y sopla sobre ellos. Este espíritu es el Espíritu de ‘nuestro’ Padre. Y es el espíritu de Cristo, porque del Padre y del Hijo procede, en su procesión personal y en su misión temporal.

¿Se dice en algún lado que Cristo haya besado a alguien? A Cristo lo besa la Magdalena, la pecadora para entregarse a él por amor. Y Judas, el apóstol, para entregarlo por traición. El beso de la Magdalena es de adoración, veneración y expresa la entrega afectiva de su vida. El beso de Judas es de traición, dado ‘por señal’ y Dios quiso que un beso ‘lo entregara’.

Lo que sale de la boca del hombre mancha al hombre y lo expresa; porque esos actos son actos de la persona humana. Lo que sale de la boca de Cristo santifica al hombre y expresa a Cristo porque en la palabras y la comunicación del Espíritu está la expresión de ‘quién es’ de la Persona divina.

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Nada expresa más a la persona en el hombre que su palabra o su beso: la palabra lo compromete, el beso lo entrega. La palabra lo hace responsable, el beso lo hace ‘siervo’. Por la palabra el hombre afirma su persona, por el beso la vincula, la entrega, la ata. El beso puede vivificarla o destruirla, según sea a quién la una. En la palabra hay comunicación racional (depende de la luz que hay en el hombre). En el beso hay entrega afectiva – y efectiva (depende del ímpetu interior que hay en el hombre)

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Besar a una persona es entregarse a ella, manifestar nuestra comunión (común unión) nuestra unidad con ella. Besar una cosa no tiene sentido ninguno sino en cuanto la cosa es signo o símbolo, es decir, expresión y presencia de algo o alguien. En el beso a una cosa, hay un acto de veneración: expresa nuestra entrega a lo que la cosa expresa, representa. En el beso hay una comunicación vital.
Dimas Antuña

Nota del editor: El beso al altar tiene sentido porque el altar es Cristo. Cuando el Sacerdote besa el altar, lo hace en nombre del pueblo, besando a Cristo con un beso verdadero que lo debe desagraviar del beso falso de Judas y debe ser, por lo tanto, un beso santo, sincero, de verdadero afecto y entrega, de sumisión de la Iglesia esposa a su Esposo el Cordero inmolado. Pero ese beso es el modelo del beso esponsal para toda esposa unida en matrimonio sacramental, según Efesios 5, 21-32