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viernes, 13 de septiembre de 2013

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [2 de 12]

Visión de un autor judío [1ª parte] 

Los temas mayores de los Salmos son estos: la oposición entre el justo y el malvado, el reino de uno y la desaparición del otro, la perennidad del pueblo de Israel y su confianza inquebrantable, la alianza eterna de Dios con Israel, la venida del Mesías y la gloria divina. 
Todos ellos se encuentran en el "testamento del Rey David"

Dije en la primera entrada de esta serie que me proponía exponer tres de los raros intentos que conozco de mostrar que el Salterio tiene una unidad temática. Uno judío, otro católico y otro calvinista. Comienzo a exponer en esta entrada la visión de un autor judío.

La comparación de estas perspectivas puede enriquecer nuestra comprensión del Salterio como expresión del drama de la salvación universal, que consiste en la entrada en comunión con Dios, ya sea en la visión de la dispensación judía ya sea en la de la dispensación cristiana.

Un católico puede suscribir los análisis del autor judío cambiando el alcance y el sentido de algunas afirmaciones. En la frase “palabras del hombre puesto en alto” puede ver una alusión a las últimas palabras de Cristo en la Cruz. El Justo que gobierna a los hombres, será Jesucristo y, en su dimensión colectiva, su Cuerpo Místico, o sea el pueblo mesiánico que es la Iglesia Santa. La Humanidad filial. La Casa que está delante de Dios es también Iglesia, la comunión de los santos . La alianza, que en el texto bíblico parece claramente ser la davídica y no la de Abraham, se realiza en la de Cristo, en quien, en efecto, consideramos que ha germinado toda la salud y los deseos del Rey David.
“En los Salmos – dice el Catecismo de la Iglesia Católica N° 2579 – David, inspirado por el Espíritu Santo, es el primer profeta de la oración judía y cristiana. La oración de Cristo, verdadero Mesías e hijo de David, revelará y llevará a su plenitud el sentido de esta oración”.  

 3.- UNA VISIÓN JUDÍA DE LA UNIDAD DEL SALTERIO.
La tomamos de “Un comentario judío a los Salmos” (Paris, Payot 1963), firmada por un autor anónimo bajo el seudónimo Emmanuel. Traduzco de la Introducción-Prólogo, páginas 11-18:

 3.1. “Dios está con nosotros (= Immanu-’El) – dice esta autor al comenzar su obra -- a cada instante de nuestra vida. Al final de la suya, el Rey David, pronunció la más elevada oración que labios mortales hayan pronunciado jamás:
1 Palabra de David, hijo de Jesé, palabra del hombre puesto en alto, el Mesías del Dios de Jacob, el suave cantor de los Salmos de Israel: 2 El Espíritu del Señor habla por mí Su palabra está en mi lengua. 3 El Dios de Jacob ha hablado me ha hablado la Roca de Israel. El Justo gobierna a los hombres, Gobierna en el temor de Dios, 4 como luz matinal al romper el sol en una mañana sin nubes haciendo brillar tras la lluvia sobre el césped de la tierra. 5 Pues así está mi casa delante de Dios. Porque ha hecho conmigo una alianza eterna, estable y segura Él hará germinar toda mi salud y mis deseos. 6 Pero los malvados son como las espinas del desierto que uno rechaza porque no puede tocar con la mano. 7 Nadie los toca si no es con el hierro o con el madero de la lanza para ser consumidos por el fuego” (1 Samuel 23) 3.2.

Antes de morir, David pronuncia estas palabras de las cuales la Escritura atestigua que fueron las últimas en la boca del Rey (2 Sam 23, 1-7). Esta oración resume el Salterio todo entero y enumera sus temas mayores. Difiere del Salterio en el orden de presentación. Si el Salterio parte del hombre para llegar a Dios, el testamento del Salmista comienza por Dios y se termina en la destrucción del malvado.

Y prosigue:
“Desde el comienzo de estos siete versículos esenciales para la comprensión del Salterio, David es colocado en el rango de los profetas. La palabra que nos es trasmitida es de David, pero es el Espíritu de Dios el que habla por su lengua.