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lunes, 4 de marzo de 2013

LECTIO DIVINA [1]

LECTURA ORANTE
DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
Recomendaciones de la Lectio Divina 
por Su Santidad Benedicto XVI

Su Santidad Benedicto XVI nos recomendó en numerosas ocasiones la práctica de la lectura meditada de las Sagradas Escrituras también llamada Lectio divina.
He aquí algunas de sus recomendaciones

«Se ha de alentar vivamente sobre todo esa praxis de la Biblia que se remonta a los orígenes cristianos y que ha acompañado a la Iglesia en su historia. Se llama tradicionalmente Lectio Divina con sus diversos momentos (lectio, meditatio, oratio, contemplatio). Ella tiene su casa  en la experiencia monástica, pero hoy el Espíritu, a través del Magisterio, la propone al clero, a las comunidades parroquiales, a los movimientos eclesiales, a la familia y a los jóvenes.»
(Lineamenta; Sínodo de los obispos; XII Asamblea General ordinaria, 2008)

«"La Lectio Divina es la lectura de la Sagrada Escritura de un modo no académico, sino espiritual", lo que nos permitirá "conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con él, estando con él", siendo sus amigos (Jn 15,15), en una comunión de pensamiento que "no es algo meramente intelectual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar" ».
(Cf. S.S. Benedicto XVI. Homilía 13 de abril del 2006; Santa Misa Crismal. Basílica de San Pedro).

«La constitución conciliar Dei Verbum ha dado un fuerte impulso a la valoración de la palabra de Dios. [...] Entre los múltiples frutos de esta primavera bíblica me complace mencionar la difusión de la antigua práctica de la lectio divina, o "lectura espiritual" de la sagrada Escritura. Consiste en reflexionar largo tiempo sobre un texto bíblico, leyéndolo y releyéndolo, casi "rumiándolo", como dicen los Padres, y exprimiendo, por decirlo así, todo su "jugo", para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a regar como linfa la vida concreta. Para la lectio divina es necesario que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu Santo, es decir, por el mismo que inspiró las Escrituras; por eso, es preciso ponerse en actitud de "escucha devota". »
(S.S Benedicto XVI. Angelus; Domingo 6 de noviembre del 2005).