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jueves, 14 de abril de 2016

SANSÓN Y DALILA
Lectura y comentarios (1)

UN ECLIPSE DE SOL:
EL SOL SE ENAMORA 
DE LA NOCHE

Estimado Lector:
Comienzo a leer y comentar 
la historia de Sansón 
en el libro de los Jueces
capítulos 13 al 16.
En un tiempo en que el varón 
está siendo agredido y demolido, 
es necesario venir en su auxilio.

Así lo ha hecho, por ejemplo, en Estados Unidos el obispo de Phoenix, Mons. Thomas J. Olmsted, en una carta pastoral notable. Si quieres enterarte de su contenido:
1) En este video se hace un resumen de su exhortación a los varones: https://youtu.be/_fARG3KUvFo
2) En este otro se le hace una entrevista a Mons. Olmsted: https://youtu.be/KlVKtGwIsIA
3) Y su Carta Apostólica puede leerse y bajarse de este enlace: http://www.intothebreach.net/firme-en-la-brecha/

La historia de Sansón en el libro de los Jueces
es la historia de un varón de Dios malogrado por la pasión de la lujuria.
Sansón, nos cuenta la Sagrada Escritura, vino destinado por Dios desde el seno de su madre. Ella era estéril. Manóaj su esposo y ella eran piadosos y temerosos de Dios. El Ángel del Señor se le aparece a ella para anunciarle el embarazo milagroso. Su hijo ha de ser consagrado a Dios para una misión divina: gobernar a su pueblo para que sea fiel a la Alianza con Dios. El niño viene precedido de un mensaje angélico a su Madre, como sucede con María y el Arcángel Gabriel en la Anunciación del nacimiento de Jesucristo.

Su madre le pone el nombre de Sansón, en hebreo: Shimshon
Shimshon es la forma diminutiva de Shémes = el Sol. Shimshon es un sol pequeño, un solcito.
Las madres suelen arrullar a sus hijos cantándoles que son su sol, la luz de su vida: "duérmete mi niño, duérmete mi sol". Para la madre de Sansón, mujer estéril, la experiencia de ser elegida por Dios para ser madre de un elegido de Dios destinado a gobernar y salvar al pueblo de Dios reconduciéndolo a la fidelidad a la Alianza, tuvo que ser tremenda. No solamente iluminaba su vida disipando las tinieblas de la desesperanza de ser madre. La iluminaba como piadosa israelita anunciándole que sería la madre de un ser comparable a Samuel o a Moisés o a Josué... hombres todos elegidos por Dios para salvar al pueblo elegido, como ministros de la acción divina.

La madre de Sansón no sólo era levantada de la humillación de la esterilidad sino exaltada a la categoría de madre de un elegido de Dios.

Podemos entender por qué ella lo llamó; Shimshon, "pequeño sol mío", nombre nacido de la más íntima experiencia de esta mujer al darlo a luz. cruzar una primera mirada con él; milagro hecho de su carne y salido de sus entrañas que se prendía a su pecho.

A esta embriagadora experiencia de su madre va asociada la de su padre llamado Manóaj. La raíz núaj de la que deriva este nombre, significa "reposo, descanso, consuelo, paz".  El nombre de Manóaj evoca el nombre del justo Noé, Nóaj, derivado de la misma raíz.
El final del diluvio, supone una calma de la ira de Dios, un apaciguamiento. También el Arca "reposa" sobre la cima de una montaña y sus ocupantes salen de aquella angustiante situación de emergencia y opresión. Es el descanso después de la calamidad lo que da nombre a Noé: Nóaj. Y es el consuelo después de la pesadilla de la esterilidad lo que convierte a Manóaj en consuelo tras la aflicción, en elevación tras la humillación, en reivindicación tras la sospecha de la esterilidad como castigo divino y a la vez como pena social motivada por la sospecha de alguna culpabilidad oculta.

Tras la noche de los progenitores, se hace la luz con el niño que nace de la estéril, portador del preanuncio de un destino de salvador del pueblo gemebundo en las tinieblas de la opresión filistea.
La Sagrada Escritura compara a los pueblos enemigos con un mar, en cuyas aguas agitadas navega por la historia el pueblo de Dios.

Este niño, pues, llamado por Dios a una misión rectora y salvadora, es suscitado por Dios como una aurora de esperanza y de luz para su pueblo. Es, efectivamente, portador de una luz de esperanza de Dios. Lo que dirá Isaías más tarde puede aplicarse a la venida de este niño en la situación de su tribu oprimida por los filisteos: "El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; a los que moraban en tierra de sombra de muerte, les resplandeció sobre ellos una luz" (Isaías 9, 2).

Sansón, Shimshon, llega al mundo trayendo un amanecer a sus padres, a su tribu y a todo Israel, trae un alivio en la noche y preanuncia la plenitud que hace exultar a Zacarías y entonar el Benedictus:
"Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian" (Lucas 1,71).

Y sin embargo, esta historia nos muestra hasta qué punto la destinación y la vocación divina puede quedar supeditada a la respuesta humana. Porque, efectivamente, la respuesta de Shimshon, la luz de este pequeño sol, la va a eclipsar la pasión de la lujuria. Hay varias mujeres en la vida de Shimshon, todas filisteas. Pero ninguna de ellas le da un hijo y lo traicionan. En ellas, filisteas, Sansón se abraza a la nación filistea opresora del pueblo de Dios a quién hubiera debido regir y salvar.

Sansón aparece en el relato como un trasgresor al preferir a las mujeres filisteas, pero también al mancharse con un cadáver de león y hasta comer de la miel procedente del león muerto.

El drama de este juez, podría resumirse en la frase: "El sol enamorado de la noche", la vida enamorada de la muerte. Mors et vita duello conflixere mirando canta la Iglesia en la Pascua: la muerte y la vida entablaron un combate admirable. La vida del juez Sansón parece como una prefiguración del combate entre el pecado y la gracia, entre la carne y el Espíritu donde brilla la debilidad del varón que parece fuerte, pero es débil para secundar la gracia (Gálatas 5, 16-17).

En la historia de Sansón, vocación divina y pasión adictiva libran varios combates en los que alternan victorias y derrotas. Es una prefiguración imperfecta del Sol que es Jesucristo. Así lo celebra Zacarías en el Benedictus. Así lo proclama san Juan en el prólogo de su evangelio. Así lo concibe el Nuevo Testamento, la tradición católica, la divina liturgia.

Nuestro Señor Jesucristo venció a las tinieblas. Su Virginidad, su libertad de toda concupiscencia carnal, su inmunidad de toda lujuria, triunfan sobre las tinieblas. Aunque las tinieblas rechacen su luz, los que creen en su nombre son hechos hijos de Dios y son, luz del mundo. Y sólo así puede el varón ser más fuerte que la pasión de la lujuria, el demonio Asmodeo (Tobías 3,8)

El drama del varón bautizado pero víctima de la adicción sexual queda así prefigurado por las derrotas de Sansón debidas a la pasión por las mujeres filisteas.

Seguiremos, si el Señor nos auxilia, leyendo y comentando la historia de Sansón y Dalila.
Hasta la próxima entrada