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viernes, 25 de abril de 2014

QUÉ ES LA SANTIDAD DE DIOS [1 de 3]

LA CERCANÍA DEL LEJANO. 
LA LEJANÍA DEL CERCANO

1) ¿Qué significa santidad? ¿Cómo debemos entender este misterioso atributo divino que usamos a menudo más por lo que nos sugiere que por lo que en verdad  significa.

2) La santidad es el resultado de la conjugación de otros dos atributos divinos: Su grandeza que lo separa y su caridad que lo aproxima. Por su grandeza, Dios es trascendente y merece ser adorado. Por su caridad se comunica y relaciona, bondadoso y misericordioso, y merece ser alabado por esa bondad.                                              
3) Si se afirma uno sólo de los atributos -- la separación – se la define erróneamente. Si se afirma uno de los dos atributos con detrimento del otro, se falsea el significado del atributo de la santidad, se evapora la noción de santidad. La santidad de Dios resulta del hecho de que su trascendencia ontológica no impide ni su acción creadora ni su cercanía amorosa, su presencia, ni su acción histórica, salvífica.

4) Algunos biblistas y teólogos, por el deseo de salvar la trascendencia, la afirman a costa de la comunión, la alianza y la cercanía.
Según ellos, al Dios, totalmente Otro, la creatura no puede tocarlo ni comunicarse con él. Como consecuencia se hace inútil la oración, pues no llega a sus oídos o no lo mueve a responder. Y tampoco influye en la vida humana, porque no lo afecta nuestra bondad, ni tampoco nuestro pecado. En su versión vulgar, esta visión suele expresarse así: "mire si a Dios le va a interesar lo que nos pasa", "mire si Dios va andar ocupándose de estas pequeñeces". En esta visión, la reverencia ahoga la piedad.

5) Otros, por deseo de acentuar la cercanía, sacrifican la memoria de su grandeza y de su trascendencia. Entonces el Hijo encarnado se convierte exclusivamente en "mi amigo Jesús" o es, confianzudamente, "el flaco". Entonces también, el Padre se convierte en el Barba, o El viejo. Lo que aquí se pierde es la reverencia por afán de intimidad y confianza. La piedad se convierte así en irreverencia.

6) Por ambos caminos se llega a la pérdida del sentido de la santidad y de lo sagrado. En el crisol de la in-cultura dominante convergen ambos y se refuerzan ambos errores dando lugar a la desacralización y secularización . Dios se inmanentiza y la creación se diviniza panteísticamente. Ya no es el hombre quien ha de servir a Dios, sino Dios quien está al servicio del hombre: “para una vida más humana” y Jesús es “el hombre para los demás”.

7) Estas tendencias se reflejan, naturalmente, en liturgia, pastoral, espiritualidad, arte sagrado y catequesis. En la liturgia tiende a predominar un afán pedagógico que desplaza la meta teocéntrica y cultual convirtiendo la instancia de culto en una instancia de catequesis antropocéntrica. El contenido de los textos de los manuales de catequesis donde se impone dogmática y rígidamente partir del hecho de vida, y se considera inadecuado predicar el misterio para suscitar la fe. Un método que parece haber descreído de que la fe se suscita por la predicación. Una nueva forma de iconoclastia rechaza el icono y la imaginería religiosa tradicional y la sustituye por estilizaciones o por caricaturas.

8) Lo que está detrás de ambas amputaciones, es la ideología religiosa de la herejía modernista. Ésta sostiene que no tenemos acceso a Dios a través de una revelación histórica sino que Dios se revela al hombre en su propia conciencia, en una experiencia o sentimiento interior. Para el modernismo Dios es tan trascendente a la historia que no puede manifestarse en ella. Por otro lado, es tan inmanente a la naturaleza del hombre y a su conciencia que el hombre puede experimentarlo en sí mismo, aunque sea en forma de sentimiento confuso o símbolos imaginarios [Jung]. Esta ideología combina, así, la negación de los dos atributos que componen el atributo divino y la condición humana de santidad.

9) La fe católica, por el contrario, salvaguarda la verdad del atributo de la santidad. Dios se revela históricamente, en su Hijo encarnado: "habiendo hablado de muchas maneras, en los últimos tiempos nos habló en su hijo" (Hb 1,1). Y "a los que creen en su nombre, les concedió poder ser hechos hijos de Dios" (Jn 1, 12). El hombre que acepta con fe la revelación histórica predicada, puede acceder a las experiencias que derivan de la fe, pues es el medio adecuado para la comunicación con Dios y la vía de la divina regeneración. La revelación histórica salvaguarda la libertad divina para revelarse.

10) Es esencial tener claro el atributo de santidad divina, porque de lo contrario no es posible la santidad para el hombre. Dios es el modelo ejemplar, el arquetipo divino, el fundamento de la conducta del fiel y del pueblo creyente. “Sed Santos porque yo Yahveh vuestro Dios soy santo” (Lev 19,2).
Imperativo que reasume Jesús en términos de caridad perfecta y misericordia, invitando a ser perfectos y misericordiosos “como vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48; Lc  6,36).
Pedro enseña que en esta invitación de Jesús se cumple la invitación del Levítico a la santidad:” Como el que os ha llamado es santo, así sed vosotros santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Sed santos porque santo soy Yo” (1ª Pedro 1,15-16)