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martes, 25 de noviembre de 2014

EL ECLIPSE DE DIOS PADRE (2) EN LA TEOLOGÍA

EL ECLIPSE DE DIOS PADRE (2)
EN LA TEOLOGÍA

“El teólogo no puede pensar algo con profundidad
si no lo vive en el Espíritu”

1) El eclipse del Padre que tantos comprueban como un hecho generalizado en la vida espiritual, en la piedad litúrgica, en la proclamación del kerygma, en la tradición catequística de la fe, se pone también de manifiesto, en forma científicamente, comprobable en el campo teológico.
Hay un acuerdo generalizado en reconocerlo.
Como observa el Padre J.-M. LE GUILLOU OP en una cita que repetiremos textualmente más adelante: “El teólogo no puede pensar con profundidad sino lo que experimenta in Spiritu sancto del misterio del que tiene que dar razón”.
Si no habla del Padre -- o lo hace desprolijamente -- eso es un índice muy elocuente de la calidad filial de su espíritu.

P. Domingo GARCÍA GUILLÉN:
“Padre es nombre de relación”
2) En una obra sobre la teología del Padre en san Gregorio Nacianceno, el P. Domingo García Guillén comprueba que:
“El teólogo interesado en la teología del Padre descubre algunas dificultades con sólo asomarse a un elenco bibliográfico. El primer hecho que sorprende es la escasez de bibliografía especializada: el número de trabajos dedicados a la teología del Padre es mínimo, más aún si se compara con el ingente volumen de trabajos que cada año se dedican a la cristología y pneumatología. La situación mejoró significativamente con dos hechos del pontificado de Juan Pablo II: La publicación de la Encíclica Dives in Misericordia (1980) y el año 1999, dedicado a Dios Padre en la preparación del Gran Jubileo.  Ese último hecho dio un gran impulso a la teología del Padre: las revistas teológicas dedicaron números especiales y se publicaron obras colectivas sobre el tema, que ha ido ganando terreno en la producción teológica reciente. Aún así el número de títulos sigue siendo, en comparación, exiguo” [DOMINGO GARCÍA GUILLEN, “Padre es nombre de relación” Dios Padre en la teología de Gregorio Nacianceno Analecta Gregoriana 308, Gregorian Biblical Press 2008]

3) Este autor continúa comprobando que con el Padre se incurre en desprolijidades metódicas severas: “la teología del Padre no encuentra un ‘lugar’ propio en estos elencos, y se ve confinada al discurso sobre los ‘atributos divinos’, junto con la providencia o la omnipotencia. Dios es ‘Padre’ en un doble sentido: Padre de Jesucristo (y emisor de Espíritu), y también Padre de los seres humanos (‘Padre nuestro’). La paternidad divina sobre los hombres puede situarse sin dificultad entre los atributos divinos, no así la relación eterna del Padre con su Unigénito; sin embargo, no es infrecuente que ambos modos de paternidad divina aparezcan juntos en las bibliografías”.

4) En tercer lugar este autor señala que: “la paternidad ha sido objeto de revisión durante el siglo XX: autores como SIGMUND FREUD o LOUIS ALTHUSSER introdujeron la sospecha frente a la figura paterna, más aún frente a un Dios Padre que contemplaban como proyección eterna del padre terreno. En la producción teológica, expresiones como ‘sociedad sin padres’ (A. MITSCHERLICH, Au dem weg zu vaterlosen Gesellschaft (1963); ‘eclipse del Padre’ (Card. P. J. CORDES) o ‘crisis de la paternidad’ (Tony ANATRELLA) se han vuelto de uso común”.
5) “La teología se ha visto obligada a responder a nuevos retos (como los del feminismo [la biblia feminista por ejemplo]) y a entrar en diálogo con las ciencias humanas; la puesta en crisis de la paternidad ha generado una revisión del lenguaje sobre Dios, mostrando que una mala experiencia de paternidad-filiación humana tiene un influjo negativo para la fe en Dios Padre.  (A. VERGOTE – A. TAMAYO: ‘The parental figures’. En teología: S. FUSTER, Sobre los equívocos).

4) Una cuarta dificultad que comprueba este autor al consultar las bibliografías es que la teología del Padre es una teología ‘sin nombre’, o más exactamente con muchos nombres: ‘teología de la primera persona’, paterlogía, patrilogía, patrología, abbalogía. Más allá de la cuestión terminológica, resulta evidente que se trata de un área teológica que está en fase de clarificación.

5) Pero el hecho que más lo sorprende es que la renovación de la teología trinitaria que viene operándose en los dos últimos decenios, haya llevado a algunos teólogos a relativizar la condición de Origen propio del Padre en nombre de una teología trinitaria basada en la communio o la perijóresis trinitaria. [Nota:  Perijóresis significa su compenetración, el estar recíproco de cada una de las personas en las otras dos de la Trinidad, morando una en la otra en una única substancia, como circulación de amor sin mezcla ni confusión de personas (De SS. Trinitate, c. 9 y 10). Las hipóstasis divinas están la una en la otra sin confundirse, morando y residiendo siempre juntas, sin que sea posible concebirlas por separado. Así pues, en la Santa Trinidad hay tres hipóstasis unidas por su perijóresis, que expresan el grado máximo de compenetración y de comunión de amor en el grado máximo de diversidad. La categoría de perijóresis recuerda las categorías correspondientes latinas de circuminsessio (residir en torno) y circumincessio (avanzar alrededor).

6) Cita como ejemplos más conocidos: Gisbert GRESHAKE, que propone prescindir de las procesiones trinitarias de generación y espiración porque indicarían un ‘movimiento unilateral’ desde el Padre. Jürgen MOLTMANN, aun reconociendo al Padre como fuente de la divinidad, prefiere destacar el ‘círculo eterno de la vida divina’, insistiendo en la perijóresis. Alexander GANOCZY considera que se debe abandonar el paradigma del Padre como ‘Principio’ (que él denomina ‘patrocentrismo’) por ser incompatible con la comunión e igualdad de los divinos Tres.

7) El status quaestionis que traza este investigador pone de manifiesto la actualidad y urgencia de una renovada teología del Padre y justifica su investigación sobre la teología del Padre en san Gregorio Nacianceno colocando su trabajo al servicio del objetivo señalado por Juan Pablo II: ‘ampliar los horizontes del creyente según la visión misma de Cristo: la visión del Padre celestial [Tertio Millenio Adveniente 49]. Y a la luz del texto: “Doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Ef. 2, 14-19).

8) El P. García Guillén ha percibido que la profundización de la teología acerca del Padre debe nacer de una renovada vida de piedad filial, y que la atrofia que padece delata una anemia de la piedad y la espiritualidad filial del pueblo católico que se pone de manifiesto en la academia teológica con un cierto daltonismo o mancha en la retina espiritual para la contemplación del Padre.

9) En el dominio de la patrística comprueba el mismo descuido de la teología del Padre. Y los estudios sobre el pensamiento acerca del Padre en la obra de Gregorio Nacianceno no es una excepción. “El lugar del Padre – afirma – no se trata específicamente o se reduce al mínimo. Sorprende aún más que, en trabajos específicamente trinitarios, se estudie la cristología o pneumatología del Nacianceno pero la teología del Padre quede descuidada. El Padre se da por supuesto, como si no hubiera que decir nada de Él. Las palabras del Nacianceno parecen volverse contra algunos de sus estudiosos: “Sobre el Padre, ¿qué más se puede decir? La mayoría evitan hablar de Él, llenos de prejuicios y vencidos de antemano por las ideas que se hacen naturalmente de Él” [Or (Discursos) 34, 10 (Sources Chr 318, 214, 1-3)]. [Domingo García Guillen. Padre es nombre de relación Dios Padre en la teología de Gregorio Nacianceno Analecta Gregoriana 308, Gregorian Biblical Press 2008]
              
P. François-Xavier DURRWELL CSsR:
10) La misma comprobación llevó al P. Redentorista F.-X. Durrwell a escribir su obra sobre el Padre en la década 1980: “He tenido ya la oportunidad de escribir varios libros sobre Cristo y sobre su misterio filial de muerte y de gloria. También he escrito otro libro sobre el Espíritu Santo, en el que se celebra este misterio. Pero la tarea estaba sin terminar hasta que dedicara un estudio a aquél que es la fuente del misterio filial, el ‘Dios que resucitó (a Jesús) de entre los muertos’ (Gal. 1,1).
– Abundan las obras sobre Cristo y la teología se ha interesado también mucho por el Espíritu santo, pero son raros los estudios sobre Dios en su paternidad. Es urgente que la teología intente colmar esta laguna, ya que la Iglesia tiene la misión de anunciar la resurrección de Jesús. Pues bien, este ‘evangelio de Dios’, como lo llama san Pablo (Rom 1,1), es la buena nueva de un Dios-Padre que engendra para nosotros a su Hijo en el mundo: ‘Os anunciamos la buena nueva...: Dios... ha resucitado a Jesús, según dice el salmo: – Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy’ (Hech. 13, 32s).
– Este deber de proclamar el evangelio de la paternidad de Dios se impone especialmente en nuestros días, cuando la Iglesia tiene que restablecer en su verdad indudable el rostro de ese Padre que tan a menudo desfiguran los hombres, bien sea por la imagen que de él se hacen, bien por la que de él dan a los demás. [...]

11) El P. Durrwell señala la fuente escriturística donde está contenida la fuente del conocimiento del Padre
– Jesús es, en su pascua, la fuente de la teología del Padre y del Hijo y del Espíritu santo. Es allí (en su pascua) donde se realiza plenamente en el mundo y se revela la paternidad de Dios respecto al Hijo único. También es allí donde alcanza su verdad aquella palabra: ‘El que me ve, ve a mi Padre’ (Jn 14,9). Allí es, finalmente, de donde brota para el mundo el Espíritu de la filiación divina, tal como resplandece en la vida eterna de Dios.

12) Y sugiere una causa del déficit de atención al Padre de la inteligencia de los creyentes: – La escasez de estudios sobre Dios Padre tiene quizás su explicación en una teología que no se ha preocupado mucho hasta ahora de explorar en sus profundidades el misterio filial de la pascua de Jesús.

13) La afirmación implica que Durrwell percibe una desatención a la filialidad del Hijo. O sea desatención a la relacionalidad implicada en los nombres Padre-Hijo. Déficit que, como es lógico, proviene de un defecto de la relacionalidad o llanamente dicho “la religiosidad” vivida en el catolicismo contemporáneo.

14) – “He dedicado – concluye Durrwell declarando los fines que se propuso con su obra – una gran importancia a dos verdades que, a mi juicio, se desprenden claramente de la Escritura. La primera se enuncia así: en Dios que engendra a un Hijo único, el Espíritu de Dios, Espíritu de amor, es en persona el engendramiento divino. (Porque amando es como el Padre engendra a un Hijo al que ama). Y la segunda es inseparable de la primera: en ese Espíritu de engendramiento se encuentran personalizados todos los atributos de Dios, todo lo que puede decirse del ser divino [Nuestro Padre. Dios en su misterio. Ed. Sígueme 1990. (Citas en p. 9-10 y 11) (Original: Le Père. Dieu en son mystère , Ed. Du Cerf 1987)]

P. M.-J. LE GUILLOU O.P.:
El enturbiamiento histórico del rostro del Padre
15) – “Todas las cosas vienen del Padre y todas deben volver a él en el misterio de Cristo. Debido a ello el pensamiento humano, lo sepa o no, lleva el peso del misterio de la Paternidad divina. Por lo cual no resolverá sus propias dificultades mientras no se deje prender por el movimiento de ascensión pascual hacia el Padre. En consecuencia de lo cual es imposible detener nuestro esfuerzo por clarificar teológicamente las oscuridades actuales de la fe, sin antes haber situado el conjunto de ese esfuerzo bajo la mirada del Padre. (Pág. 250)

 16) – El enturbiamiento histórico del rostro del Padre:
“Dado que el mundo y la historia reposan en el misterio de la Iglesia, toda perturbación profunda en la relación vital de un hombre con su familia eclesial afectará su aptitud para entrar en una auténtica relación con el Padre. Ahí no está sólo la consecuencia de un descenso o de una laguna en la ‘idea’ que haya conservado del misterio trinitario. Al mismo tiempo y más fundamentalmente es la insuficiencia de su relación con el ser eclesial la que le pondrá en dificultades respecto al misterio trinitario, y en primer lugar respecto del Padre.

17) Evocar con este objeto la analogía de lo que vive el niño en el interior del orden familiar no es sólo recurrir a una imagen, es aportar un elemento de explicación.
18) – Efectivamente, igual que, según la estructura normal de las relaciones familiares, el acceso al padre para el niño está mediatizado por su relación más directa con la madre, así también a través de la actitud de esposa e hija de la Iglesia respecto a Cristo y el Padre, el creyente se encuentra situado y se hace capaz de situarse él mismo ante el Padre.

19) Recíprocamente también, el acceso a la madre está 
mediatizado por el padre, de manera que el niño encuentra en relación con ella la justa distancia entre el alejamiento que es abandono y la proximidad peligrosa y recibe así del Padre también para con ella, el don de la libertad y del amor.
20) – Así la ‘seguridad plena’ que hace posible el amor perfecto no se da fuera de la experiencia que la Iglesia tiene del Padre en Cristo. Y lo cierto es que esta actitud de esposa e hija, en la que se traduce la experiencia de la Iglesia, no es cosa teórica y abstracta que sólo existiría ‘en principio’ o sólo en algunos santos. Está inscrita en la misma estructura de la Iglesia, en el papel que cumple respecto de sus hijos, en las funciones de que reviste a los que en ella tienen misión de significar algo del misterio trinitario.

21) Es el caso particularmente del rol del cuerpo sacerdotal en el que debe reflejarse el sentido que tiene la Iglesia del don recibido del Padre en Cristo. El orden jerárquico constituye en sí mismo en el interior de la Iglesia una representación del orden trinitario. No sólo una representación, sino un dispositivo sacramental eficaz sobre cuya base cada creyente debe aprender a vivir su relación personal con el Padre, según el Espíritu de su Hijo.
22) – Cuando la imagen del Padre no es discernible suficientemente a través de la actitud pastoral de aquellos en los que debería expresarse el misterio del amor, no es sólo la teología, es la fe los creyentes la que sufre un cierto oscurecimiento.

23) El teólogo no piensa con profundidad sino lo que experimenta in Spiritu sancto del misterio del que tiene que dar razón. También él tiene necesidad de mediaciones vivas para aprender a relacionarse con el Padre. Pero si de ahí viene a concebir a éste como un super ego trascendente, ¿qué idea va a dar a los que tiene misión de instruir? Y si el pueblo cristiano, en su necesidad de ver que en el interior de las relaciones de la Iglesia se refleja el amor que une al Hijo con el Padre, carece de representaciones del verdadero rostro paterno; si funciona mal el sistema de mediación, a causa de una secularización de estilo de vida y del ejercicio de la autoridad de muchos de los que deberían ser los mediadores del encuentro con el Padre ¿qué sucederá?

24) – Sucederá que ya no será comprendida por sus propios hijos la especificidad de la Iglesia. En la sumisión o en la revuelta, éstos desconocerán el sentido del misterio del amor del que ésta dispone para ellos. Por deteriorar la enseñanza teológica el estilo de vida eclesial y a la inversa, el proyecto inconsciente o semiconsciente de liquidación del Padre tomará cuerpo a través de la jerarquía explotadora, hasta la identificación luterana del Papa con el Anticristo.
25) Pero ello no impide, guste o no guste, que el papa pertenece al ordo ecclesiae en virtud del ordo trinitatis. Cuando se rechaza, falta el Padre para manifestarse eficazmente a sus hijos. El sistema jerárquico más o menos secularizado, constituido sin él y sin episcopado, de hecho y también de derecho ha dejado de ser significante de la economía que procede del Padre
 
26) – Las trascendencias de reemplazo
Nos parece imposible que se pueda llegar  comprender lo que ha sucedido en las profundidades del alma y del pensamiento occidentales desde hace varios siglos, si no se miden las consecuencias de la descalificación – dentro del sistema protestante y del tipo de sociedad que va a suscitar -- de todo un mecanismo mediador destinado a significar el misterio de la Paternidad divina.
27) Realmente, donde subsiste este mecanismo sin cumplir honrosamente su función, el malestar de los hombres es profundo. Pero su desdicha se hace aún mayor cuando se ataca el principio mismo de la mediación [como hace la Reforma]. De ese modo, allí donde se ha arrebatado a los sucesores de los Apóstoles la gestión de la Verdad revelada para pasarla a ‘teólogos’ privados y luego a su descendencia universitaria – los pensadores religiosos – queda parcialmente destruida la estructura del testimonio eclesial. De ahí en adelante, las ‘autoridades’ que dispensan el saber ya no pueden legítimamente ampararse en un envío. Ya no hablan, como Jesús, como testigos del Padre, sino en su propio nombre. Su exégesis de la Escritura, su hermenéutica del ser proceden de principios que ya no son adecuados al Principio.
28) – En el orden social, el organismo político del Estado tiende a constituirse de tal modo que engloba la existencia individual y colectiva. El poder, tal como lo conciben las filosofías del derecho de inspiración hegeliana, se convierte en una forma abstracta que supone que expresa y promueve el reino de la razón. Durante cierto tiempo se hacen esfuerzos por convencer al pueblo de que ese poder es el lugarteniente secular de la Providencia. Es más difícil convencerlo de que les basta para colma su necesidad filial y para representar válidamente para la inteligencia y el corazón el rostro sagrado del Padre. Porque esa necesidad permanece, pero como ya no hay a quién referirse, se convierte en protesta contra la autoridad. [Protesta que expresa la decepción por un ejercicio decepcionante]
29) – La misma idea de que aquí abajo pueda ejercerse una autoridad en virtud de otro imperativo distinto de la ‘organización’ [es decir en el nombre de Dios Padre] y la eficacia es rechazada como incompatible con las exigencias de la dignidad humana y de la libertad personal. Toda intervención que se apoye en la autoridad jerárquica recibida del Padre se hace sospechosa. Como consecuencia de la destrucción de las inteligencias y de las afectividades privadas de verdadera experiencia filial, la invocación de los derechos de la libertad individual o de los imperativos de la ‘liberación’ colectiva se hace con detrimento de la auténtica libertad, que supone una referencia viva a la voluntad del Padre, a través de las mediaciones humanas requeridas por la economía trinitaria.

30) – La idea de ‘poder opresivo’ se convierte en algo alucinante. Se proyecta sistemáticamente”.
[J.-M. LE GUILLOU, El Misterio del Padre. Fe de los Apóstoles. Gnosis actuales. Ediciones Encuentro, Madrid 1998 Citas en pp. 258 y ss.
Título original: Le mystère Du Père. Foi des Apôtres. Gnoses actuelles. Librairie Arthème Fayard, Paris 1973]


P. HORACIO BOJORGE






martes, 18 de noviembre de 2014

EL ECLIPSE DE DIOS PADRE (1)

1) Ya desde los comienzos de la Iglesia, San Juan percibe la existencia, dentro de la comunidad, de quienes rechazan a Jesucristo y a Dios Padre, a quien el Hijo viene a revelar. “Muchos anticristos han aparecido”, “estaban entre nosotros” – afirma San Juan en su primera Carta 2, 22-23 – “Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco admite al Padre; quien reconoce al Hijo también admite al Padre”.

2) ¿Se manifiesta actualmente el mismo hecho? ¿Cómo? Voy a ocuparme de una de esas manifestaciones que me parece particularmente común y característica de la modernidad. Consiste, dicho brevemente, en la implicitación de la figura del Padre en la presentación del kerygma, en la catequesis, en la predicación y en la espiritualidad. Y eso explica el tema de este retiro. Vivir como hijos, vivir como el Hijo, hechos modelo de la grey.

Del Jesús sin Padre al Jesús contra el Padre
3) Se ha llamado jesuanismo a la presentación de un Jesús arriano, sin Padre y consiguientemente no Hijo. Un Jesús histórico, puramente humano y por lo tanto de ninguna manera Dios hijo, separado del Cristo de la fe, y por lo tanto sin la referencia al Padre que la fe católica le reconoce como a Dios Hijo, como horizonte último del anuncio evangélico. 
4) En el discurso teológico y pastoral que de allí dimana, el Padre queda relegado al silencio de los supuestos que solamente se explicitan a pedido.
5) De ese jesuanismo contemporáneo ha dicho el Padre dominico Le Guillou que: “Sitúa a Cristo no con el Padre, sino en lugar del Padre. De ese modo se ve diseñar vagamente una especie de cristicismo o de jesusismo (dejando en silencio generalmente el nombre del Padre) que trata de hacerse pasar por el verdadero cristianismo” [Ver:  M.-J. Le Guillou O.P. El Misterio del Padre. Fe de los Apóstoles. Gnosis Actuales. Ed. Encuentro, Madrid 1998, p. 196].
6) Como dice San Pablo: “¿cómo invocarán a aquél [en este caso al Padre] en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquél [el Padre] a quien no han oído? ¿Cómo oirán si no se les anuncia?” [Rom. 10, 14]. Lo que no se predica no se cree. Y si el Padre queda implícito, va cayendo fuera de la conciencia del predicador y de los creyentes.
7) Este hecho lo ha señalado 
el Cardenal Paul Josef Cordes en su obra: El Eclipse del Padre en estos términos: “Cuando se pregunta a grandes teólogos contemporáneos de ambas confesiones (protestantes y católicos) por el Padre de Jesucristo, se obtiene una perspectiva sorprendente: los investigadores piensan más frecuentemente y más expresamente en ‘Dios’ que en el ‘Padre eterno’; si se hace una estadística sobre las veces que en la relación Padre-Hijo utilizan en sus investigaciones la palabra ‘Padre’, ésta queda desconsoladoramente relegada” [ Mons. Paul Josef Cordes, El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, 1967, cita en p. 167].
8) ¿A qué se debe esto? a que la infección modernista contagia el sentido común de una cultura y termina refluyendo sobre los creyentes y afectándolos, sin excluir a los predicadores. Sucede así que, glosando a San Pablo, podría decirse de la incapacidad del  predicador modernista para anunciar al Padre: ¿cómo predicarán si no creen? “¿Si no conocen al Padre ni a mí?” [Juan 16,3].
9) El jesuanismo, o cristicismo dogmático y pastoral, es frecuente en la propuesta de las sectas y comunidades protestantes. Pensemos en lo que se oye predicar en algunas carpas y audiciones radiales de predicadores protestantes, donde todo se queda en el anuncio de Cristo tu salvador personal, sin referencia al Padre ni a la entrada en comunión con Él, como punto de llegada de la salvación que se anuncia.
10) Pero el mismo mal se ha venido extendiendo y penetrando también en el sentido común de los católicos, sacerdotes y teólogos incluidos. Los remito a su experiencia propia como oyentes de la predicación habitual en nuestros templos. Y me pregunto si no es un signo y a la vez una causa de esa extensión del silencio acerca del Padre y del Hijo, la prevalencia del uso del Credo Apostólico sobre el Credo de Nicea en las celebraciones de la santa Misa dominical. La rebelión psicoanalítica contra el Padre.
11) El fenómeno que vengo describiendo, de la creciente desvinculación de Jesús del Padre, se acentúa hasta llegar a un paroxismo por efecto de la difusión del psicoanálisis freudiano.
“El psicoanálisis de Freud, como método y técnica, - ha escrito el Padre Ignacio Andereggen - es intrínsecamente solidario de su intento fundamental de hacer consciente del modo más pleno la rebelión del hombre contra Dios Padre, radicada en la estructura inconsciente de sus vicios y pasiones no restauradas por el influjo de la gracia. Para Freud, como para Nietzsche, consiste en su oposición consciente contra Dios y en la pretensión de ocupar su lugar” [Ignacio Andereggen: “Santo Tomás de Aquino, Psicólogo” Sapientia, 205 (1999) 59-68. El R.P. Andereggen refiere estas afirmaciones de S. Freud a esta cita: Sigmund Freud, Totem y Tabú, Buenos Aires 1993, 155-156]
12) Como nota el Card. Paul Josef Cordes: “Freud – que conocía la analogía entre el padre terrenal y el celestial -, para terminar con el Padre celestial, tenía que liberarse primero del terrenal” [Mons. Paul Josef Cordes, El Eclipse del Padre, p. 179]  y por eso – afirma – lo ataca, en el alma del analizado, mediante el psicoanálisis.

 De la rebelión contra Dios-Padre a la sociedad sin padres
13) El P. Le Guillou, en su obra antes citada, señala el hecho de que la abolición de Dios Padre está en la base de lo que el Card. Paul Josef Cordes ha llamado el Eclipse del Padre en nuestra cultura; una desaparición progresiva de las figuras paternas y de la cultura de la paternidad; una destrucción del varón paterno.
14) La rebelión religiosa contra Dios Padre de la civilización modernista ha tenido consecuencias sociológicas y culturales. Ha ido exterminando al varón paterno, pero también al varón filial, al varón esponsal, al varón fraterno. Si la generación actual abandona a sus padres internándolos en un hogar de ancianos es porque la generación de sus padres ya había internado a Dios Padre relegándolo al cielo como a un hogar de ancianos; ya no convivían con Dios, sino que iban a verlo de vez en cuando en días y horas de visita, y a veces nunca.
15) Podemos preguntarnos si el eclipse de la paternidad no se insinúa, por lo menos, en el ámbito del Orden sagrado, del obispo y del sacerdote paternos, que receden lógicamente con el receso simultáneo de la filialidad de los Ordenados respecto del Padre y de los fieles respecto de sus Obispos y sacerdotes.
16) El psicoterapeuta y sociólogo italiano Claudio Risé, en su libro Il Padre l’assente inaccettabile, dedica un capítulo entero a describir cómo Occidente se aleja del Padre. Claude Risé establece un paralelo entre el proceso de secularización – iniciado en la Revolución Francesa, en la que eclosionan semillas sembradas por la Reforma Luterana –, y la decadencia y desaparición de la figura paterna y – con ella – de los derechos del padre de familia en Occidente [Claudio Risé, Il Padre, l’assente inaccettabile, (=El Padre, el ausente inaceptable), San Paolo, 2003, 7ª ed. Págs. 49-70] .

Así en la tierra como en el Cielo
17) Nada de extraño. Porque como ha demostrado Mircea Eliade en sus estudios de Historia de las Religiones, el hombre edifica su civilización y su cultura imitando a sus dioses: “Al reactualizar la historia sagrada, -dice - al imitar el comportamiento divino, el hombre se instala y se mantiene unido a los dioses, es decir, en lo real y significativo”.  [Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo profano, Ed. Guadarrama, Madrid 1967, p. 196]
18) En oposición a esta actitud del hombre religioso, “El hombre moderno irreligioso – dice Mircea Eliade - asume una nueva situación existencial: se  considera a sí mismo como único sujeto y agente de la Historia y rechaza toda llamada a la trascendencia […] no acepta ningún modelo de humanidad fuera de la condición humana, tal como se la puede descubrir en las diversas situaciones históricas. El hombre se hace a sí mismo y no llega a hacerse completamente más que en la medida en que se desacraliza y desacraliza el mundo. Lo sacro es [para él] el obstáculo por excelencia que se opone a su libertad. No llegará a ser él mismo hasta el momento en que se desmitifique radicalmente. No será verdaderamente libre hasta no haber dado muerte al último Dios” [Mircea Eliade, O.c. p. 197]
19) También el P. Le Guillou comprueba una cierta proporcionalidad entre el eclipse del Padre y del Hijo y la marea secularista que ha devastado las mentes y los corazones del pueblo católico tanto discente como docente.
20) La Rebelión contra Dios, que dentro del mundo y del pueblo católico, ha sido la rebelión contra Dios Padre, termina así con la disolución no solamente de la cultura paterna, motejada de paternalista, sino de toda la cultura. Y esto es así porque desata fuerzas de destrucción del corazón humano que aceleran y precipitan el desencadenamiento de las amenazas apocalípticas sobre la humanidad apartada de Dios.
21) En la ideología revolucionaria, es método usual esgrimir los abusos contra el bueno uso. En este caso esgrime los abusos de la autoridad paterna para abolir la autoridad paterna misma y el desnaturalizar el vínculo paterno-filial, a cuya esencia pertenece la autoridad del padre.
22) Mircea Eliade asevera que, “En una perspectiva judeo-cristiana podría decirse que la no-religión equivale a una nueva caída del hombre […] Después de la primera caída, la religiosidad había caído al nivel de la conciencia desgarrada; después de la segunda caída, ha caído aún más abajo, a los subsuelos de lo inconsciente,  ha sido ‘olvidada’” [Mircea Eliade, O.c. p. 207 ]. Dios vino a buscar al hombre que había caído por el pecado original. Cuando el hombre caído se rehúsa a tomar la mano que se le extiende para levantarlo, cae aún más profunda e irremediablemente.
23) En efecto, el filósofo judío-alemán Martin Buber, señaló en una serie de conferencias que se publicaron en un solo volumen bajo el nombre Eclipse de Dios, que la Ilustración ha abolido la religación con Dios al reducir a Dios a una idea, desconociéndole cualquier protagonismo histórico o interacción con los hombres.  [M. Buber, Eclipse de Dios, Ediciones Galatea, Nueva Visión. Buenos Aires 1955. Traducido del inglés Eclipse of God, Harper and Brothers; First edition (1952)].
24) Lo que ha escrito Martin Buber acerca de Dios, podemos aplicarlo adecuadamente a Dios Padre: “El pensamiento de nuestro tiempo se caracteriza porque [...] por una parte busca preservar la ‘idea’ de lo divino como si ella fuera la auténtica preocupación de la religión [e. d. de nuestra fe], y por otra, destruye la ‘realidad’ que sustenta la idea de Dios [e. d. de Dios nuestro Padre], y en esa forma, destruye también ‘la realidad’ de nuestra relación con él [e.d. de nuestra filialidad]. Esto se lleva a cabo de muchas maneras, abierta y encubiertamente, apodíctica e hipotéticamente, en el lenguaje de la metafísica (Kant, Hegel) y en el de la psicología (Jung) [...] Muchos auténticos creyentes, aunque no sepan hablar ‘sobre’ Dios ni ‘acerca de’ Dios, saben bien cómo hablar con Dios y a Dios” [...] Otra es, en cambio la situación del hombre que ya no experimenta la presencia de los divino frente a él [...] puesto que se ha alejado de esa presencia existencialmente [e.d. por la fe] ya no la reconoce como algo frente a él” [M. Buber, O.c. p. 21, 28, 29]
25) Así han surgido las “teologías” deístas, racionalistas, que tratan de Dios como idea, sentimiento, arquetipo, etc. soslayando o aún negando el acceso a Dios por vía de su revelación histórica, han florecido en el modernismo [San Pío X, Pascendi Dominici Gregis Munere] en forma de lo que bien merece el nombre de “teologías deicidas”, e.d. que, ocupándose de Dios, lo matan pues le quitan su realidad fáctica y lo reducen a un producto de la mente humana, creación humana manipulable por el hombre (Feuerbach).
26) Pionero en esta línea fue el proyecto de desacralización del Evangelio incoado por David Friedrich Strauss en su Das Leben Jesu, kritisch bearbeitet [Tübingen 1836] había separado de tal manera la idea de Jesús de la realidad de Jesucristo Hijo del Dios vivo, que sólo lo encontraba interesante como idea: – “Ésta es la clave de toda cristología: que como sujeto de los predicados que la Iglesia atribuye a Cristo, se coloque una idea en lugar de un individuo” [O.c. p. 734] – “¿Qué puede tener todavía de especial un individuo? Nuestro tiempo [ e.d. el del idealismo alemán] quiere una Cristología que lo lleve desde el hecho a la idea, desde el individuo a la especie. Una dogmática que se quede en Cristo como individuo, no es una dogmática sino una prédica” [O.c., L.c.] ¿Cómo podrían ser las ideas inclusive de Dios Padre y de Dios hijo, inspiradoras de nuestra caridad?

Immanuel Kant: el hombre no necesita de Dios para ser bueno
27) Recordemos lo que dice Kant acerca de lo que es el hombre moralmente bueno: “La moral, - dice - en cuanto que está fundada sobre el concepto del hombre como un ser ‘libre’ que por el hecho mismo de ser ‘libre’ se liga él mismo por su Razón a leyes incondicionadas, no necesita ni de la idea de otro ser por encima del hombre para conocer el deber propio, ni de otro motivo impulsor que la ley misma para observarlo […] Así pues, la moral, por causa de ella misma (tanto objetivamente por lo que toca al querer, como subjetivamente por lo que toca al poder) no necesita en modo alguno de la Religión [entiéndase la revelación cristiana] sino que se basta a sí misma en virtud de la Razón pura Práctica” [Immanuel Kant, La Religión dentro de los límites de la razón, Comienzo del Prólogo a la 1ª Edición 1793. Cito según la versión de Felipe Martínez Marzoa, Alianza Editorial, Madrid 1969, p. 19]
28) Como puede verse, Kant excluye de su idea de bondad moral lo que puede ser la vinculación del hombre con Dios y por ende con los demás. Kant concibe al hombre libre como un hombre desvinculado y que – como buen hijo de Eva – se da a sí mismo la ley de lo que es bueno: lo que él quiere es lo bueno.
29) Ésta es una perfecta expresión del nuevo intento de ser como dioses que termina, lo demuestra la historia posterior a Kant  y las ideas políticas que derivan de él, en ser como demonios. El hombre no religioso, es un hombre no religado, un hombre desvinculado. Para el anticristianismo, el hombre necesita prescindir de la voluntad del Padre para ser un buen hombre. Según la visión de la fe cristiana, por el contrario, el hombre necesita de Dios Padre para ser buen hombre, porque ser buen hombre es vivir como Hijo, vivir como el Hijo
.
Dejarse revincular al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo
30) Al volverse los hombres contra el Cielo, se vuelven unos contra otros en la tierra. Cuando se reniega del Padre de todos que hace de los hombres hijos y hermanos entre sí, se reinstala en el mundo la dialéctica hegeliana del amo o el esclavo. Y esa dialéctica desgarra a la humanidad desatando la oposición hasta oponer padres e hijos, es decir una generación contra la otra.
31) A esta luz, la profecía de Malaquías, últimas palabras del Antiguo Testamento, adquiere tintes apocalípticos: “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema” [Malaquías 3, 23-24; Mateo 17, 10-13; Lc 1, 17],
32) En nuestro mundo, los hombres irreligiosos y antirreligiosos tuvieron antepasados religiosos. Hay, junto con la rebelión contra el Dios Padre, una rebelión contra los propios padres. El corazón de los hijos se ha vuelto contra los padres y el corazón de los padres se ha vuelto contra los hijos. Se han instalado, legalmente, el aborto y la eutanasia. El abandono de los niños en el hogar, la guardería o la calle. Y el abandono de los padres en el hogar de ancianos.
33) Si tras la venida de Cristo, que reconcilió todas las cosas con la sangre de su Cruz, - también a los padres con los hijos y los hijos con los padres, como sucedió en el mundo de la cultura católica -, si tras la venida de Cristo, - digo -, el hombre vuelve a rechazar a Cristo y al Padre, como hace la modernidad, los hombres vuelven a enemistarse con Dios Padre y entre sí. Lo estamos viendo.


34) Pero así ya no hay posibilidad de una nueva reconciliación. Entonces, la única perspectiva que queda, es la de una tierra herida por el anatema. Un anatema que los hombres pudieron haber evitado pero rehusaron libremente evitar. Un anatema que libremente eligieron, mal usando su libertad para rechazar el Bien. Ese Bien es una Persona, el Padre, que nos envió al Hijo y ambos su Espíritu Santo. La fe nos introduce en una relación vital con ellos, fuera de la cual no hay Bien para el ser humano, ni puede alcanzar éste el Bien adecuado a su esencia.  
                                                                        
P. HORACIO BOJORGE

martes, 4 de noviembre de 2014

Liberalism, Sin, Iniquity
Horacio Bojorge
n traducción al inglés de Carlos Caso Rosendi


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Liberalism: Sin, Iniquity, Abomination: The quintessential sin manifested in our time [Kindle Edition]
Horacio Bojorge (Author)Carlos Caso-Rosendi (Translator)

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·        Length: 56 pages (estimated) http://g-ecx.images-amazon.com/images/G/01/x-locale/common/carrot._V192251235_.gif
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Book Description
Publication Date: October 9, 2014
In this brief opus Rev. Father Horacio Bojorge S. J. revisits the thought of a prophet of the 19th century, Fr. Sardá i Salvany one of the first voices to warn us about the arrival of this new barbarian invasion called Liberalism that is flooding Western Civilization. With great insight Fr. Bojorge identifies the core impulse of the Liberal revolt as a sinful rebellion against the paternity of God.

Product Details
·        File Size: 451 KB
·        Print Length: 56 pages
·        Sold by: Amazon Digital Services, Inc.
·        Language: English
·        ASIN: B00OC1O2WA
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