viernes, 19 de abril de 2019

PROCESO A JESUCRISTO
Nuevo libro del Padre Javier Olivera Ravasi


El Padre Javier Olivera Ravasi, conocido por su blog apologético me ha honrado pidiéndome el prólogo para este nuevo libro suyo que recomiendo encarecidamente a todos los visitantes
Me complace enormemente poder subir esta entrada hoy, Viernes santo, 19 de abril de 2019.

Prólogo del P. Horacio Bojorge 
Dice Santo Tomás de Aquino que la justicia se establece en el proceso. Consiguientemente, doble injusticia es la que comete un juez que procesa injustamente. Más grave aún es la injusticia que condena a muerte al inocente. Y la más atroz y suprema injusticia es la que se comete contra Dios.

El Padre Javier Olivera Ravasi convoca para una nueva instancia a un tribunal de apelación integrado por él y por otros tres jueces que han entendido en el más afamado juicio de la historia de la humanidad.

Son ellos Josef Blinzler y los hermanos Agustín y José Lémann, judíos conversos. Con ellos, nos ofrece hoy en este nuevo libro suyo, el análisis histórico-legal de la injusticia cometida por el tribunal que condenó a morir a Jesucristo. En esta nueva instancia nos reabre el expediente de ese inicuo proceso, –en este libro que es un juicio público y ante la sala del juzgado colmada por nuestra generación y nuestro tiempo– y se lo descalifica una vez más.

Este tribunal, convocado y presidido por el Padre Olivera Ravasi, reconsidera ante nosotros las atrocidades acumuladas en un proceso tan injusto que uno se pregunta si no fue el peor que creaturas humanas hayan podido perpetrar. Los hermanos Lémann han señalado en él veintisiete irregularidades procesales invalidantes.

Y el Padre Olivera Ravasi estaba particularmente capacitado para convocar e integrar esta sala de justicia, para reexaminar el proceso y someterlo a juicio en una instancia histórica ulterior. Capacitado profesionalmente como Abogado y hombre de Derecho. Capacitado humana y católicamente por su pertenencia a la cultura hispana en su versión criolla. La tradición de la gran nación hispanoamericana, viva aún, a pesar de una conjura genocida, es portadora de un profundo y afinado sentido de la justicia y del honor debidos. En la gran nación hispanoamericana a la que pertenecen aún nuestras naciones, sobrevive todavía un instinto de justicia y una ciencia jurídica que se origina en los Fueros españoles, se plasma en las Partidas del Rey Alfonso el Sabio y alcanza cumbres inigualadas en la pléyade de juristas católicos del Consejo de Indias entre los que descuella Francisco de Vitoria y otros grandes juristas de la escuela de Salamanca.

No me ciega la amistad sino que afina mi percepción –ni me hace desistir el temor de herir la modestia del autor– para señalarle al lector que se asoma a las páginas de este libro lo que –precisamente gracias a la amistad– percibo. Y es un pulso de escritor –la lectura del texto es un deleite pues se lee como una crónica histórico-periodística de crimen– que conjuga lo que debe su autor a las condiciones de abogado, de historiador, de periodista, de hombre de confianza de Jesucristo elegido por eso para el sacerdocio, de hombre de fe, de teólogo y apologista defensor de la fe de los sencillos agredida (Que no te la cuenten).

¿Acaso todas esas capacitaciones apuntaban a su destinación para convocar y presidir este tribunal en la reapertura de este proceso?

Como los jueces y abogados construyen su fama en sus éxitos de juicios famosos; ¿no puede considerarse este libro, en su brevedad, como una cumbre entre los numerosos que el Padre Olivera Ravasi nos ha brindado hasta ahora? Mientras escribo se me evoca el velo de la Verónica, la que vino a enjugar el rostro escupido y difamado, a restaurar la fama del Dios y Hombre inocente, injustamente condenado como blasfemo, por el sólo hecho de revelar su verdadera identidad. También este libro repara y limpia la faz de Cristo de la injuria inferida.

Aparece este libro en tiempo de Cuaresma, Semana Santa y Pasión. Es de esas obras que no caducan sino que será siempre actual. Será una obra a la que volveremos siempre con provecho espiritual; en cada Cuaresma, en cada Semana Santa y en cada Viernes Santo. Este libro nos pondrá delante de “Aquél a Quien traspasaron” pero aún no lo tienen en cuenta. Aquél que, no obstante, ilumina el rostro de quienes lo contemplamos.

El injustamente condenado ha sido erigido por su Padre en Juez. Cada Viernes Santo somete a su pueblo a un interrogatorio y a un reproche que apunta a suscitar compunción y conversión:

Popule meus, quid feci tibi? Aut in quo contristavi te? Responde mihi.

¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho? ¿O en qué te he contristado? ¡Respóndeme! (Miqueas 6,3)

La demanda de Dios está entablada. Los improperios de cada Viernes Santo vuelven a establecer el interrogatorio judicial divino. Parece percibirse el silencio expectante de los coros angélicos aguardando la respuesta de los demandados.

Me entero, por estas páginas que, en vano, se ha solicitado por lo menos dos veces, la revisión y la revocación del juicio. Es, pues, una causa pendiente, cuya reconsideración y revocación aguarda Dios expectante, y con él sus Ángeles y sus Hijos, y la Iglesia Esposa.

Es Dios mismo quien mantiene abierta la causa contra los jueces injustos de todos los tiempos.
R.P. Horacio Bojorge

Más información sobre el libro y formas de adquirirlo en Amazon, etc.
http://www.quenotelacuenten.org/2019/04/19/nuevo-libro-crucificalo-analisis-historico-legal-de-un-deicidio/

viernes, 5 de abril de 2019

¿POR QUÉ NO FUE GRATA AL SEÑOR
LA OFRENDA DE CAÍN? [2]

PORQUE CAÍN NO BUSCABA CON SU OFRENDA SIMPLEMENTE AGRADECER Y GRATIFICAR A DIOS 
COMO ERA LA INTENCIÓN DE ABEL

Este relato pone de relieve las consecuencias de considerar el mundo como obra del amor, o de negar que tenga que ver con el amor como motivo y razón de ser.

Lo traigo a colación porque, como se verá, tiene relación directa con el misterio del cainismo y del abelismo en la historia humana.
La humanidad - nos enseña el pasaje bíblico - se divide en cainitas y abelitas.

"Amor sólo con amor se paga".
Si Caín niega que el mundo sea obra de amor de Dios, no puede amar a Dios. (Véase la entrada [1]). Pero tampoco puede agradar a Dios con ninguna ofrenda ya que no puede ofecer nada grato a Dios que no vaya salado con la sal de la Alianza (Levítico 2,13) La Alianza es un pacto de amor y lo que le da el sabor que agrada es el amor con el que se sella.
Para Caín Dios es el Supremo Arquitecto. No convive con el hombre en la creación ni, menos, puede ser el Padre.
Ni las buenas o malas obras del ser humano le afectan ni para bien ni para mal. Tampoco le afectan la indiferencia, la ingratitud, la tibieza ni siquiera el odio mismo.

En el texto del Génesis que relata el diálogo de Caín y Abel que se lee actualmente, este relato ha desaparecido. Sólo se conserva en la traducción aramea de los tiempos de Jesucristo.

También en Génesis 1, 2 según el actual texto masorético, ha desaparecido el carácter amoroso que tiene el Espíritu de Dios que inspira la obra creadora y sobrevuela las aguas.
En la traducción aramea, por el contrario, se lee que "un Espíritu de amor de delante de YYY soplaba sobre la faz de las aguas" (Génesis 1, 2).
Panim significa superficie pero también rostro de las aguas. Esto sugiere una cierta personificación de este elemento.

La expresión evoca el soplo de Dios sobre la faz o el rostro del ser humano recién amasado de la tierra (Génesis 2,7).

Uno puede preguntarse ¿Por qué razón omitir mencionar el amor divino? ¿Acaso existía en los textos hebreos antiguos y fué censurado después? 

Ciertamente ya en el Levítico (masorético) encontramos la tradición de la necesidad del amor en la ofrenda (Lev, 2, 13). O en el primer mandamiento del Decálogo como obligación derivada de la Alianza para el miembro del pueblo elegido.
Ya sea que se omitiera  intencionalmente o por mero descuido con algo tan importante como es el amor... ¿no es algo hiriente en las relaciones de amor?

Pero agreguemos otra consideración:
Si Caín hubiese ofrecido su ofrenda con la intención (amorosa) de agradar a Dios, Caín hubiese sido capaz de alegrarse con el agrado de Dios por la ofrenda amorosa de su hermano.
La acedia de Caín denota que su ofrenda no iba dirigida a complacer a Dios.
Fue incapaz de alegrarse con la satisfacción divina por la ofrenda de su hermano Abel.
¿Qué otros móviles pudo tener Caín que no agradaron al Señor? ¿Iba acaso su ofrenca dirigida a "forzar" a Dios, o a "coaccionarlo"? Es decir, ¿dirigida a conseguir algo de Dios, en vez de reconocer lo ya recibido como un don del amor divino?
Ese corazón sin amor a Dios se traiciona en el discurso cainita.

Por el contrario, Dios declara explícitamente:
"Amor quiero y no  sacrificios" dice el Señor (ki jésed jafátsti welô_závaj: Oseas 6, 6  retomado por Mateo 9, 13).
Y es lo que reprocha Jesucristo, el Hijo, a los sacrificios en el Templo de Jerusalén, Casa de su Padre.