viernes, 20 de enero de 2017

El coro y el decoro pueblo o multitud en la misa

Quitado el Coro, la Iglesia pierde el decoro. 
Roto el nexo entre el altar y el pueblo, se relaja el vínculo de la unidad, y, el pueblo (que insensiblemente ya no es pueblo sino público) pierde el sentido de la ceremonia.
Todos van a la Iglesia pero cada uno va a lo suyo. Cada uno tiene una intención privada, cada uno tiene una iniciativa, a cada uno se le ha ocurrido, una idea. 
Cuando toda esa multiplicidad hace su irrupción en la casa, ya no se trata de que  ésta sirva, toda ella, al fin espiritual que la especifica. 
No se trata ya de que sea como Bethania, casa de obediencia. Se trata simplemente de saber qué cantidad de cosas será posible meterle dentro para dar gusto a los ojos, y, hasta dónde, un edificio que después de todo es un espacio limitado, podrá seguir recibiendo los aportes de las iniciativas.
¡Ay del pueblo, si no está formado por el Coro! 
¡Ay de la casa, si no recibe su ley de la oración! 
 Asimilada al teatro, al club, a la sala de conciertos, ya no llevará el Nombre de Dios sobre los hijos, ya no será la nave maternal. 
De casa de oración ha parado en casa de distracción. 
O de competición, cuando empiezan los celos; 
o de audición, cuando se desata el órgano.

​Dimas Antuña, Córdoba 1937​