viernes, 20 de enero de 2012

AGRADECIMIENTO DE VISITANTE DEL BLOG

He recibido este testimonio de una visitante del Blog y quiero compartirla con todos ustedes.
A mí me alienta mucho, y espero que a ustedes los anime comprobar cómo la verdad se abre paso e ilumina con su luz a muchos.
Por eso agradezco a esta lectora el testimonio que les comparto. Ella me pide que lo publique bajo seudónimo y eligió firmar "Hilda".
Padre Horacio

Estimado padre Bojorge :
Le escribo en primer lugar para agradecerle por sus prédicas y libros que tanto bien hacen. Hoy quiero referirme en especial:
1) primero a su libro "En mi sed me dieron vinagre. La civilización de la acedia. Ensayo de Teología pastoral" (Ed. Lumen, Bs. As.) y
2) en segundo lugar a su explicación del pasaje del Juicio final de las naciones en Mateo 25 que encontré en la página web Fe y Razón a través del blog del diácono Jorge Novoa.

Quiero darle un testimonio mío de cuánto me han ayudado.

Hace unos 20 años "volví" a la iglesia de la cual me había alejado sin saber por qué. Solamente iba a casamientos y bautismos. Mi matrimonio, los hijos y la carrera me ocupaban por entero y lamentablemente Dios era alguien a quien recurría en caso de emergencia. Realmente me duele hoy decirlo así, pero es la verdad.

Cuando comienzo a frecuentar los sacramentos y tengo un "encuentro personal con Jesús" en la Renovación Carismática, me enamoré de Jesús y María y ese enamoramiento era como el de todo convertido que encontró El Tesoro.

Demás esta decir que iba a retiros, misas , grupo de oración, etc. y ahí entra Usted en esta historia y es de lo que quiero darle testimonio en gratitud por el bien que le han hecho a mi alma sus escritos, y en particular, hoy, agradecerle estos dos, explicándole por qué.

Un día voy a mi parroquia a una charla de una señora, escucho atentamente pero no entendía nada. Ese "idioma", mejor dicho, ese "discurso", no era el mío, hablaba mucho de política, justicia social, pobreza, latifundio, etc. ¿y Jesús?

Entonces me volví a mi casa. Y cuando llego muy triste, pensando que la rara debía ser yo, pues yo no comulgaba con todo ese discurso, me vino a la memoria que mi prima me había regalado un libro cuyo título era "En mi sed me dieron vinagre". Ahora sé que fue mi Ángel de la Guarda o el Espíritu Santo que me lo trajeron a la memoria y me impulsaron a abrirlo y empezar a leerlo.

A medida que iba pasando las páginas

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